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viernes, 7 de diciembre de 2007

El poder de la intención.


El conocido autor y conferenciante de temas de autoayuda Wayne W. Dyer ha titulado uno de sus últimos libros “El poder de la intención” (Grijalbo). Estuve echándole una revisada en estos días, y encuentro algunas ideas interesantes, que pueden servirme de ayuda para animar la meditación y el trabajo interior. Esta misma mañana en el encuentro de espiritualidad que tengo cada viernes con un grupo de personas de más de 50 años presenté algunas de las ideas del libro, pero incorporándoles un sentido más cristiano, más dentro del lenguaje y categorías que utilizamos los cristianos, pero conservando los elementos básicos de Dyer. Les comparto algo, y quizá les valga:

La intención, es para casi todo el mundo, un firme propósito u objetivo unido a la decisión de alcanzar el resultado deseado. Caracteriza a las personas impulsadas por la intención una fuerza de voluntad que no permite que nada se interponga en la consecución de su deseo íntimo. Pienso que tal vez en español vendría mejor la palabra “propósito”, que la que usa el autor en inglés, “intención”, pues esta última se utiliza generalmente en un sentido más impreciso que la primera. De cualquier modo aquí se habla de algo más; no se trata de lo que la persona hace, sino de “una fuerza que existe en el universo como un campo de energía invisible”. Lo le llamaría Dios, o el poder de Dios, o usando un termino más clásico, “Providencia de Dios”. Se propone acá que vivamos en sintonía con esa fuerza o ese poder, que nos corresponde por naturaleza, pero cuyo vínculo hemos perdido a causa del crecimiento del “ego”. A través de esta propuesta Dyer nos invita a acceder a unas “fuerzas durmientes” que nos servirán de mucha ayuda en momentos clave de nuestra vida. La “intención” es aquí una fuerza o poder que todos llevamos dentro (Otra vez piensa aquí en Dios: recordar el pasaje evangélico acerca de la fe que mueve montañas).
Me gustan dos ejemplos que aparecen: el de la semilla de un árbol, y el del espermatozoide y el óvulo unidos para dar comienzo a un ser humano. ¿Qué hace que de esas realidades pueda salir luego una planta o una persona? La “intención” de Dios. Es como una potencialidad implícita, que está también en toda la creación, en todo el universo. Yo soy parte de eso, pero estoy desconectado. Imagina la electricidad, y un excelente equipo electrónico; no importa cuan moderno pueda ser, y sofisticado, si no lo conectas a la electricidad no va a funcionar. Así pasa con nosotros más o menos: estamos llenos de posibilidades (¿milagros?), pero debemos “conectarnos a Dios”.

Me gusta desarrollar estos conceptos en mi mente, darles vueltas, estimular la imaginación con ellos, y me ayudan a encontrar nuevas formas de presentar, entender y vivir la fe. En próximas entradas les digo más sobre esto.

1 comentario:

Jose dijo...

De vez en cuando deberiamos parar nuestra marcha diaria y pensar por unos instantes :"Yo soy parte de ti Dios mio y tu de mi"
Creo que eso es ( el vivir del darse cuenta).
Y creo que sí, debemos conectarnos a Dios, para poder encontrarnos a nosotros mismos y a la vez encontra a Dios...
Un saludo, P. Manuel
Jose

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.