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sábado, 30 de junio de 2007

La poesía de Thomas Merton.


ITINERARIO POÉTICO DE THOMAS MERTON: TRAYECTO Y BÚSQUEDA.

Thomas Merton escribió diez libros de poemas. Estos abarcan un largo período que va desde 1940 hasta 1968 y podrían dividirse en tres etapas que son expresión de la evolución espiritual del poeta desde la soledad a la solidaridad, desde un contemptus mundi a una experiencia del amor universal. Sobre este tema escribió su tésis doctoral Sonia Petisco, permitiéndonos así, por su mano, adentrarnos en el mundo poético de TM, menos conocido en español. La lectura de este material extenso y a veces difícil a causa de las largas citas en inglés, me ha permitido conocer más de la obra y la vida de Merton, y por eso quiero compartirles acá algo de esas lecturas, de forma sencilla y breve, para que tengamos una idea general del universo poético de Thomas Merton.
(En general todo lo que aquí apunto es una síntesis del estudio antes mencionado).

1- La primera etapa de la poesía de TM comprende los textos publicados en la década del cuarenta, que son: Early Poems (1940-1942), Thirty Poems (1944), A Man in the Divided
Sea
(1946), Figures for an Apocalypse (1947) y The Tears of the Blind Lions (1949).
Como ha señalado con acierto Gail Ramshaw, son poemas escritos por un poeta para
quien el mundo secular y el mundo sagrado, el silencio y la escritura, lo religioso y lo
artístico, la contemplación y la acción son polos irreconciliables. Desde el gran arco iris
de su “paradisus claustralis”, el monje alza su voz combativa afanándose en denunciar las
sombras y los falsos valores de occidente y contemplando en Cristo el único camino de
redención. Símbolos y metáforas relacionadas con la desesperanza y marginación de las
metrópolis, el asedio de la guerra, el desierto, el invierno, etc., inundan algunos de sus
versos de proporciones apocalípticas, contraponiéndose al influjo de otras más felices en
las que ensalza a la Virgen a Cristo, la primavera, bautiza la mañana, la luz, la lluvia,
etc., tanto en el contexto de la liturgia monástica como dentro del mundo natural que
ofrece al hombre paz y libertad.

2- Un segundo período estaría integrado por los poemas escritos tras una pausa de ocho años,
algunos de ellos de cuño sensiblemente vanguardista: The Strange Islands (1957),
Original Child Bomb (1962) y Emblems of a Season of Fury (1963). En ellos se
describe vigorosamente el dolor, el sufrimiento, el mal en definitiva, que rodea nuestra
monótona y vulgar existencia. Asímismo, el interés y fascinación de Merton por el
budismo zen determinarán el contenido de algunas de sus composiciones y le moverán a
sacudir el orden viejo del lenguaje para configurar fragmentos absolutamente antipoéticos.
En nuestra opinión, se trata de destruir para construir algo totalmente diferente
que pueda llevarnos a otro lugar, o en rigor, a un no-lugar, un “reino” en la otra orilla de
este mundo, al otro lado del espejo y más allá de todo espejismo.

3- Ante esta perspectiva se configura el tercer y último período, con los títulos Cables
to the Ace
(1968) y The Geography of Lograire (1968), universos que Merton va a
manejar con especial originalidad desarrollando toda una copiosa imaginería. El poeta se
asombra, medita, canta, sufre, sueña e interpreta el mundo desde su rincón de Getsemaní,
desde el corazón de su ser, desde el vacío prístino e indefinible del que estamos hechos.
Con una profunda visión analítica y mágica, sus modernas intuiciones son señas de
identidad que se diversifican en una pluralidad de formas que no pertenecen a un solo
tiempo o a un exclusivo mundo, que se pierden en la noche de la memoria y así va
dibujando infinitos laberintos de lugares ignotos, mitos, rituales, leyendas, desarrollando
criptografías, paratextos o intratextos a los que nos hemos asomado modestamente, como
un surco infinito de donde dimana la complejidad y riqueza de su palabra creadora.

viernes, 29 de junio de 2007

Una tiranía de la falsedad.


Estamos viviendo bajo una tiranía de la falsedad que se afirma en el poder y establece un control más total sobre los hombres a medida que éstos se autoconvencen de que están resistiendo el error. (TM, Paz personal…).

jueves, 28 de junio de 2007

La Habana.(Emilio J:Mtnez)


Habana
En La Habana Dios es grande si nace un niño, pero también es chico o no existe y no por ello deja de haber una rosa a la que hermosea un embarazo que viene a sustituir una sonrisa poniendo otra más concertada y, quizás, ojos menos brillantes. En La Habana, si falta Dios viene algún pariente que se esconde debajo de su nombre y, en el peor de los casos, están ellas y está san Lázaro, que ese nunca nos deja aunque tenga lepra. La Habana, según donde, no huele bien, pero uno se acaba acostumbrando y sonríe si en las capitales perfumadas le viene un ramalazo de Habana sucia. La Habana es ruido y coches y negros vestidos de época, pero también es poca ropa como si tal cosa y cientos de abanicos ahuyentando un sol que casi nunca se marcha. Si acaso de noche y dejando recuerdo. En la Habana hay un Capitolio que se ve desde el cielo aunque haya tormenta y unos cuantos baches, hay obras y piedras rosas, siempre calientes y un señor de guayabera que convierte un banco en una iglesia, pero no de las de decir misa, sino de las de enseñar a la gente y con todas sus reliquias muertas. En la Habana hay puros y no son baratos y también cajas de puros que además de puros llevan palos o piedras para pesar más y comprar con ellas un pomo de aceite. En la Habana hay chícharos y un puerco mudo con dos patas de palo que no tiene nevera. Y un colegio prefabricado con una bandera y niños de uniforme rojo o ambarino si son grandes. La Habana de noche tiene helados y de día un pulover y una casa sin fachada y otra que es un palacio desconchado y un río sucio y una playa limpia llenita de camarones y un mercado de colores hechos baratijas y cuadros naïf dignos de un museo limpio, que no se cansan de ser La Bodeguita de Enmedio. En La Habana hay un coche ruso que anda de milagro y otro americano que es un milagro que ande y ya no bebe gasolina sino petróleo, pero lo venden caro y no me lo pude traer a España. Tampoco hubiera sabido cómo hacerlo. La gente de La Habana viaja en camello, todos apretados que es un gusto verlos, pero no para ellos, aunque parezca un trailer o una fiesta. Es mejor pasear, pero te salen ampollas si te asomas a la puerta del cementerio, que siempre andan las auras tiñosas revoloteando por algún monumento y esas dan para muchas metáforas. En La Habana está Lázara y luego hay más cosas más allá de La Habana, como estrellas o agua azul o una ciudad sin cadenas, pero eso no es ahora tiempo de contarlo (Emilio José)

Mística y vida.


“Místico es quien experimenta a Dios. Y todo ser humano puede experimentarlo. Para ello tiene que abrir sus sentidos, vivir conscientemente lo que vive a diario, y en todo, en el silencio y en el bullicio, en el descanso y en el trabajo, estar atento al mensaje secreto de Dios. La esencia de la mística es la experiencia. De acuerdo a su etimología, la palabra “mística” alude a la persona que ha visto algo, que ha recibido una visión profunda. Yo no he tenido visiones, sino que he mirado al fondo de mi existencia y ahí he visto a Dios como el verdadero fundamento”. (Anselm Grün)

miércoles, 27 de junio de 2007

Profetas del amor.

En la entrada anterior hemos subrayado algunas afirmaciones interesantes que pueden servirnos como motivación para nuestra propia reflexión personal respecto a nuestra vivencia humana y espiritual. Nosotros no vivimos seguramente la vida monástica tal y como Merton la vivió, pero la experiencia del camino acaba siendo la misma en cuanto que somos seres humanos en proceso y el camino verdadero es interior, hacia lo profundo de nosotros mismos. Allí está Dios y está el prójimo también como un espejo donde nos miramos. Merton insiste con razón en nuestra ignorancia, la que nos hace vivir como lo que no somos. Es es conciencia humana "escindida e ignorante"que desconoce nuestro mayor bien: nuestra condición sagrada. A través de Cristo y de la fe, podemos recuperar nuestra verdad y nuestro ser, ese cielo nuevo y tierra nueva que proclama la Escritura. Lo que distingue a Merton, y ha de distinguirnos a nosotros también, es la capacidad de encarnar en la historia concreta las verdades eternas. Una fe desafiante y esperanzadora, una fe que atraviese la noche y nos conduzca hacia el amanecer de una nueva humanidad. Encarnar esa novedad es difícil, y requiere cierta inteligencia; una inteligencia o sabiduría espiritual, que nos convierte en maestros o profetas de la sencillez y el amor.

martes, 26 de junio de 2007

Escritos Esenciales.


El pasado año Sal Terrae publicó ESCRITOS ESENCIALES, de Thomas Merton, con introducción y edición de Francisco R. de Pascual; esta selección de la obra de Merton permite que nuevos lectores se sumen a quienes ya conocen su obra y se aprovechan espiritualmente de ella. Luego de una sección introductoria, este texto nos permite repasar de modo general los diversos aspectos que TM tocó en su obra escrita, y nos estimula a buscar luego cada obra en particular y ahondar en esos contenidos. De esta sección introductoria hemos tomado algún pasaje para esta entrada, como motivación para que busquen la obra y se aprovechen de ella:


“La aventura vital de este monje cisterciense y contemplativo
universal que fue Thomas Merton (1915-1968) encontró su correlato
geográfico en tres etapas diferenciadas que cerrarían el
gran círculo de nuestro orbe y completarían un tríptico en el singular
viaje sin distancia que es el camino monástico.
Podríamos
decir, de manera gráfica, que Europa representó para Merton su
acceso primero a la fuente contemplativa, de la mano de sus
mayores representantes. Su conversión al catolicismo vendría
precedida de un «bautismo oceánico», tras haber dejado atrás el
viejo continente y su condición de viejo Adán. América (en realidad
las dos Américas) constituyó una suerte de axis mundi y
el descubrimiento de su verdadero yo («ya no vivo yo, sino que
Cristo vive en mí»), así como su zambullida en el río de la contemplación
solitaria y el compromiso solidario (en contra de la
guerra, a favor de los derechos civiles...). Finalmente, en Asia,
donde murió, se unirían para Merton los dos maderos de la cruz
en un eje de vacío y plenitud, un océano de compasión infinita.
Al término de sus días, Merton había, literalmente, abrazado el
planeta entero, acogido sus luces y sus sombras y hollado el desierto
y la ciudad antes de adentrarse en el Reino de la infinita
soledad y de la sociedad perfecta.
En su juventud, Thomas Merton se dio cuenta de que las estructuras
totalitarias de los países en perpetua contienda eran el
resultado de una conciencia humana escindida e ignorante de su
origen y su destino sagrados
. «La raíz de la guerra es el miedo»,
afirmaría más tarde Merton en Semillas de Contemplación. Tan
sólo –propone él– atreviéndonos a sumergirnos en el desierto
de nuestra propia soledad y desandando (desanudando y desnudando)
los caminos de la vieja humanidad, podremos descubrir
un cielo y una tierra nuevos.
Esa proclamación cristiana de Merton no difiere de la de sus
predecesores, pero lo que la hace relevante, como en el caso de
aquéllos, es su acento contemporáneo, la actualización de las
lecciones evangélicas en una clave absolutamente candente
.
Merton lee la historia con «ojos llenos de fe en la noche», interpretando
las noticias de un siglo desgarrado a la luz de la
Noticia del Señor de la historia. Por fortuna, su escritura no es
unidireccional o monolítica, y así su relación con el mundo es,
en tiempos que entronizan la comunicación de masas y neutralizan
la de las personas, un diálogo de corazón a corazón y una
religación de profundis.
Merton cultiva el arte de la pregunta inteligente, sin tregua,
para sacudir los cimientos de nuestros autoengaños más reconfortantes.
Conocedor, como pocos, de los caminos contemplativos
de la tradición cristiana desde los padres del desierto,
Merton no está, en realidad, tan interesado en enseñarnos formas
particulares de hacer oración como en recordarnos la posibilidad
real y la necesidad vital de ser oración
. Primero –nos
dirá– se hace necesario convertirse a Cristo. Pero eso no basta.
En rigor, la conversión cristiana reclama una revolución interior
tal que nuestra sed de ser y nuestra nostalgia de pertenencia sólo
se saciarán cuando, atravesado el río de la muerte, nazcamos
con Él y en Él, convertidos en Cristo, hombres y mujeres nuevos.
En sus propias palabras, «lo que se nos pide en este tiempo
no es tanto hablar de Cristo a los demás cuanto dejar que viva
en nosotros para que las personas puedan reconocerlo al darse
cuenta de cómo vive Él en nuestro interior».

Como muestra la riquísima selección textual que configura
este volumen, Merton hace de la escritura un «oficio divino».
Me es sumamente grato poder presentar estas páginas, ciertamente
«esenciales», de Merton, cuya compilación es el fruto de
mucho tiempo de trabajo constante y paciente, de oración y de
maduración por parte de Francisco Rafael de Pascual, monje
cisterciense con quien tengo el privilegio y la bendición de colaborar
en la difusión del mensaje contemplativo de Merton en
español a través de traducciones, ensayos y encuentros. El resultado
de ese trabajo es una composición textual plena de sentido
en nuestro tiempo: un tejido que integra, a través de un hilo
temático dibujado con trazo fino y a la vez nítido, las múltiples
facetas de Thomas Merton, dando cuenta de su profunda filiación
espiritual y de la anchura de su corazón. La introducción
y el epílogo proporcionan un marco indispensable para la comprensión
de los escritos en su contexto y para la cohesión de los
fragmentos escogidos, que tienen valor en sí mismos a la vez
que se incardinan en un conjunto armónico y congruente. La
voz de Merton es no sólo vigente, sino urgente
, como ponen de
manifiesto sus escritos en torno al misticismo, al diálogo interconfesional
y a la paz.
¿Cuál es, en suma, el legado espiritual de Merton para las
generaciones que le han seguido y para las venideras? El volumen
revela que, en la medida en que Merton fue capaz de leer
las noticias de su siglo con el ojo interior del amor, en la medida
en que supo penetrar en el corazón de la complejidad social
con sencillez y sin egoísmo, y en tanto se hizo portavoz, con
lengua de fuego y corazón herido, de una invitación universal a
la santidad (la radical cordura y la fuente de la cordialidad), sus
palabras fueron las de un verdadero profeta del siglo XX. Y es
que, al decir de Merton, «profetizar no es predecir, sino captar
la realidad en su momento de suprema expectación y tensión
hacia lo nuevo. Esta tensión se descubre, no en un entusiasmo
hipnótico, sino a la luz de la existencia diaria».

Deseamos que estos escritos arrojen luz sobre la esencia de
la contemplación, que consiste en dar testimonio, como hizo
Merton, de que en el fragor de las guerras y en medio de «el ruido
y la furia» de nuestro mundo, hoy el Verbo sigue encarnándose
y habita entre nosotros”.

FERNANDO BELTRÁN LLAVADOR
Asesor de la Sociedad Internacional Thomas Merton
Salamanca, 31 de enero de 2006

domingo, 24 de junio de 2007

ETERNIDAD.


“La eternidad está en el presente.
La eternidad está en la palma de la mano.
La eternidad es una semilla de fuego,
Cuyas súbitas raíces quiebran las barreras
Que le impiden a mi corazón ser un abismo”.
-Thomas Merton-

sábado, 23 de junio de 2007

Ser católico.


"Debido a que soy católico creo, por supuesto, que mi Iglesia me garantiza la más elevada libertad espiritual. No sería católico si no creyera esto. No sería católico si la Iglesia fuera meramente una institución colectiva con reglas y leyes que demandaren conformidad exterior a sus miembros. Veo las leyes de la Iglesia y todas sus diversas maneras en que ella ejerce su autoridad educativa y su jurisdicción, como subordinadas al Espíritu Santo y a la ley del amor. Sé que mi Iglesia no da la impresión de ser así a aquellos que están fuera de ella: para ellos la Iglesia actúa según un principio de autoridad y no de libertad. Están equivocados. Es en Cristo y en su Espíritu que se encuentra la verdadera libertad, y la Iglesia es su cuerpo, vivo por su Espíritu". (TM, Paz personal, paz social).

viernes, 22 de junio de 2007

Merton habla a los artistas.

"¿El artista debe marchar en fila como los soldados o es libre de elegir su propio destino? Todo artista sabe, o debe saber, que cuando entra a marchar como un soldado deja de ser un creador para convertirse en un destructor. Entonces, mejor preguntar: ¿Cómo puede darse cuenta el artista cuando ha entrado a marchar con la política, sin saberlo? La libertad es imposible sin conciencia: sin una conciencia única y personal totalmente capaz de una disensión madura. Por cierto, el artista no tiene la obligación de promulgar lecciones éticas como tampoco políticas o económicas. Habitualmente, las directivas morales se pierden cuando uno intenta transformarlas en un medio divorciado de la comunicación de formulas conceptuales. Pero el artista tiene la obligación moral de mantener su libertad personal y su verdad personal. Su arte y su vida son separables sólo en teoría. El artista no puede ser libre en su arte si carece de una conciencia que le haga presente cuando actúa en su vida diaria. Nada debe predicar el artista – ni siquiera su propia autonomía. Su arte debe ser portavoz de su propia verdad, y al hacerlo así estará en armonía con toda clase de verdad: moral, metafísica y mística". (T; Paz personal, paz social).

jueves, 21 de junio de 2007

Hablar desde el silencio.


“ Es esencial que los sacerdotes aprendan a silenciar sus rutinarias declaraciones de verdades acerca de las cuales no se han tomado la molestia de pensar. Si decimos tan sólo lo que pensamos, hablaremos muy poco. Sin embargo, hay que predicar también a Dios. Exactamente. Predicar la palabra de Dios implica silencio. Si la prédica no nace del silencio, es tiempo perdido”. (T.Merton, El signo de Jonás)

miércoles, 20 de junio de 2007

La soledad en el presente.


“La soledad no se encuentra asomándose uno a los contornos de nuestra morada como permaneciendo dentro de ella. La soledad no es algo que deba esperarse hallar en el futuro. Es, en realidad, una profundización del presente, y si no la buscan en el presente, jamás la encontrarán”. (SJ, 3 de enero de 1950).

martes, 19 de junio de 2007

Los peores Libros de TM.


Los dos libros que le merecieron a Thomas Merton una peor opinión, digo de los que él mismo escribiera, fueron: “ ¿Qué llagas son esas?” y “El exilio y la Gloria”. Este último fue publicado en los Estados Unidos por Merton cuatro meses antes de su autobiografía, el libro que le haría famoso, y cuenta la vida de la madre M.Berchmanns, misionera trapense en Japón. El otro narraba la vida de Santa Ludgarda de Aywieres, y vió la luz dos años después de “El exilio y la gloria” en Estados Unidos, y dos antes que ese mismo libro, en Francia. Por estos dos relatos hagiográficos Merton pidió disculpas en varias ocasiones.
Las razones que tenía Merton para sentirse insatisfecho con estos libros son varias y complejas. Creía que ambos tenían un estilo pobre, y se sentía incomodo con ellos a causa de su estilo y lenguaje, por haber sido concebidos en un marco religioso bastante restrictivo, y tener poco sentido ecuménico.
En el libro “Querido Lector…”, que recoge los prefacios de Merton a las traducciones de algunos de sus libros, aparece el prefacio de la edición francesa de “El exilio y la gloria” (PUBLICADA EN París, 1955), Y ALLÍ ENCONTRAMOS LOS DATOS QUE RESEÑAMOS AQUÍ.

lunes, 18 de junio de 2007

Evaluación que hizo Merton de su propia obra.


El 6 de febrero de 1967 Thomas Merton hizo una evaluación personal de su propia obra mediante una grafica. En ella calificaba como pobre uno de sus libros de poemas, “Figuras de un Apocalipsis”. Como muy pobre, uno de sus primeros textos, “El exilio y la gloria”, y como “horrible” (Awful), “Qué llagas son esas?”.
Menos buenas fueron para Merton las siguientes obras: “Ascenso a la verdad”, “Pan en el desierto”, “San Bernardo, el último de los Padres”, “El Pan Vivo”, “Dirección espiritual y meditación” y “Vida y Santidad”.
Buenas obras consideró: “Las aguas de Siloé”, “Los hombres no son Islas”, “Semillas de destrucción” y “Tiempos de celebración”; como las obras mejores (better) incluyó:
1- Treinta poemas.
2- La montaña de los siete círculos.
3- El signo de Jonás.
4- El hombre nuevo.
5- La vida silenciosa.
6- Pensamientos en la soledad.
7- Cuestiones disputadas.
8- Nuevas semillas de contemplación.
9- El camino de Chuang Tzu.
10- Incursiones en lo indecible.
11- Conjeturas de un espectador culpable.

Merton no asignó a ninguna obra suya el calificativo más alto de la gráfica: Best. En parte coincido con la calificación de Merton y en parte no, aunque sucede que alguna de esas obras aun no las he leído, por lo que no podría dar una opinión personal (son las menos, y casualmente las peores según TM). Para mí, las mejores son:
1- La montaña de los siete círculos.
2- El signo de Jonás.
3- Diarios en general.
4- Cuestiones discutidas.
5- Nuevas semillas….
6- Tiempos de celebración.
7- Vida y santidad.
8- Místicos y maestros Zen.

Para mí el mejor Merton es el Merton íntimo, el de diarios y cartas, el que me revelan sus amigos, el que intento vislumbrar en sus fotografías y dibujos. Estuve leyendo en Henri Nouwen que a menudo la ausencia crea más intimidad que la presencia, y eso me ha sucedido con TM: no le conocí personalmente nunca, pero siento que le conozco mucho y de una manera íntima y espiritual, gracias a sus escritos, al acercamiento a su mundo, su biografía, sus fotografías y dibujos.

domingo, 17 de junio de 2007

Contemplación: La cruz de Jesús.


“La vida contemplativa se vuelve terriblemente pobre y monótona, si se pasan varios días seguidos sin pensar de manera explicita en la Pasión del Señor. No quiero decir que sea necesariamente preciso meditar, pero sí, al menos, considerar con amor y humildad a Cristo en la Cruz. Porque Su cruz es la fuente de toda nuestra vida, y sin ella la plegaria se seca y todo muere”. (SJ, 2 de enero de 1950)

sábado, 16 de junio de 2007

Merton y San Juan de la Cruz.


"Me siento obsesionado por las Cautelas de San Juan de la Cruz, especialmente por la segunda contra la carne. Contra la atracción de las cosas materiales".


"Momentos de belleza en este día.... La cubierta de la nueva traduccion francesa de San Juan de la Cruz".


En el libro de Thomas Merton, "El signo de Jonás" aparece constantemente citado el nombre de San Juan de la Cruz, así como textos y poemas suyos. Fue una presencia importante en los años de formación monástica de TM.


"Anoche, antes de Completas, cuando me hallaba junto al granero contemplando el huerto, pensé en lo que dice San Juan de la Cruz acerca de llevar en el corazón la imagen de Jesús crucificado".

viernes, 15 de junio de 2007

Un continuo descubrimiento de Cristo.


“La vida cristiana, en especial la contemplativa,
constituye un continuo descubrimiento de Cristo
en nuevos e inesperados lugares.
Estos descubrimientos son a veces más provechosos
cuando Le hallamos en algo que tendimos a olvidar
e incluso a despreciar.
El descubrimiento es entonces más puro
y más hondos sus efectos
al darnos cuenta de que Él se hallaba tan
cerca de nosotros
y no lo habíamos visto”.

El signo de Jonás. TM.

jueves, 14 de junio de 2007

Contemplación.


Las torturadas ramas de los manzanos se han convertido en parte de mis rezos”
Thomas Merton.

El signo de Jonás.

Lo definitivo no existe en la historia de la santidad: Karl Rahner.


“No nos es permitido concebir la santidad de la Iglesia y de los santos como un simple cumplimiento perfecto de un deber ético sobrenatural, siempre igual y estático, que estuviera flotando sobre la historia de la Iglesia como un ideal invariable y que fuera continuamente realizado por las sucesivas generaciones de la Iglesia bajo su dirección. La Iglesia tiene una auténtica historia, tiene una historia de salvación y también de la santidad, una historia cuyos momentos son siempre únicos e irrepetibles. Aunque la esencia de la santidad cristiana sea siempre igual, tal santidad no “ocurre” como si fuera siempre la “misma” en todos los santos. Las diferencias entre los santos no son únicamente contingencias sublimes de tipo meramente temporal, indiferentes para la santidad misma que realizan; precisamente estas contingencias únicas de la historia, precisamente lo “individual” y lo “fisionómico” de los santos entra con ellos en la eternidad, que no es un ser puro de tipo abstracto, sino el auténtico producto individual y permanente de la historia. De otra forma habría en la Iglesia un cultus sanctitatis, pero no un cultus sanctorum; habría un recomendar la lectura de la teología, pero no de la vida de los santos.
La historia de la santidad cristiana (de la santidad, por tanto, que importa a todo cristiano, porque todos están santificados y son llamados a la santidad) es, en cuanto totalidad, una historia de hechos que ocurren una sola vez, y no la repetición eterna de lo mismo. Y por eso tiene siempre fases nuevas e imprevisibles; por eso tiene que ser inventada continuamente (aunque siempre imitando a Jesús, que es el modelo inagotable), e inventada por todos los cristianos”.

Kart Rahner.

miércoles, 13 de junio de 2007

Contemplación.

"Esperando en el desierto refectorio de los huéspedes, entre los olores de sopa y empanada caliente, mientras los hermanos traen carretadas de víveres desde la cocina, me he inclinado sobre el alféizar de la ventana y leído fragmentos de Paul Claudel. Su prosa me gusta más que sus versos. Me deleita especialmente un largo poema en prosa sobre la lluvia, en no sé qué lugar del Japón. Alguien debiera escribir todo un libro con cosas así".

TM “.El signo de Jonás”. 31 de agosto de 1947.

martes, 12 de junio de 2007

Una promesa de soledad.


"A esta sazón, ya debo conocer que Dios emplea cuanto sucede como un medio para guiarme a la soledad. Cada criatura que entra en mi vida, cada instante de mis días, tendrá por objeto ceñirme a la convicción de la insuficiencia del mundo, hasta que alcance aquel grado de desasimiento que me permita no encontrar más que a Dios en todas las cosas. Entonces, y únicamente entonces, todo me deparará alegría.
Los consuelos de la plegaria, las luces del intelecto, el sensible fervor de la voluntad y, en resumen, cuanto toco, me abrasa, aunque sea ligeramente. No consigo retener nada entre los dedos, por así decirlo. El dolor que me producen esas cosas es prenda del amor de Dios hacia mí, porque prueba que habré de superar lo muy débil que todavía soy. Este dolor es promesa de soledad.
Hoy me parece sentir la certeza de que la soledad es lo que Él quiere depararme y que es Dios, en verdad, quien me llama al desierto. Pero ese desierto no tiene que ser necesariamente geográfico. Es una soledad de corazón en la que las alegrías creadas se consumen y renacen en Dios".

Thomas Merton. “El signo de Jonás”.
13 de junio de 1947.

CONTEMPLACIÓN 2

El insomnio puede convertirse en una forma de contemplación. Apenas echado ahí, inerte, abandonado, solo y en tinieblas, uno se deja oprimir por la inescrutable tiranía del tiempo. El lecho de tablas se convierte en altar y se yace en él sin tratar de comprender en qué sentido puede uno considerar que efectúa un sacrificio. Fuera, en el mundo, durante la noche, seguramente hay alguien que, en su insomnio, recuerda de pronto alguna acción horrible que cometió. Le asaltan los más inesperados remordimientos, y se da cuenta de que tiene la oración a flor de labios…

Thomas Merton. “El signo de Jonás”
28 de abril de 1947
.

domingo, 10 de junio de 2007

Culto Eucarístico. Artículo completo.

Presentación:
La expresión culto eucarístico puede entenderse en dos sentidos: culto al Padre por medio de la celebración eucarística, supremo acto del culto cristiano; y culto al santísimo sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, es decir, reconocimiento y adoración de la presencia eucarística del Señor, presencia definida como verdadera, real y substancial por el concilio de Trento. Ahora bien, este segundo sentido de la expresión culto eucarístico se desglosa también en dos momentos: durante la celebración de la misa y fuera de ella. Esta distinción no supone ruptura ni distanciamiento entre uno y otro momento, pues es en la celebración de la misa donde tiene su origen toda expresión de culto eucarístico.
Misterio eucarístico quiere decir la eucaristía en toda su integridad y amplitud “tanto en la celebración de la misa como en el culto de las sagradas especies”. Pero no siempre se ha tenido en cuenta la unidad y continuidad entre la misa y el culto eucarístico fuera de ella.

Aspectos históricos:
Las manifestaciones del culto eucarístico fuera de la misa, como la exposición del santísimo, las procesiones, la bendición eucarística, los congresos eucarísticos y otras formas de piedad pública y privada, constituyen una práctica propia de la iglesia de occidente, más exactamente de la iglesia católica; y nacieron entre los siglos IX y XII, cuando se produce un tránsito del simbolismo que caracterizaba a la doctrina eucarística de los santos padres, a una nueva corriente más realista y cosificante. Qué significó esto? Pues que se pasó de la consideración de la celebración de la misa en relación directa con el acontecimiento de la muerte del Señor a una atención casi exclusiva de la presencia de Cristo, es decir se perdió de vista la conexión entre la acción litúrgica y el hecho histórico salvífico que la sustenta.
Lo importante pasa a ser la presencia, y el recuerdo de la pasión y muerte se queda en alegoría. La misa se convierte en un acto cada vez más privativo del sacerdote, al que el pueblo asiste para conseguir dones y gracias para vivos y difuntos. La comunión es cada vez más rara e infrecuente. El desconocimiento del latín aísla la liturgia del pueblo, y esta carencia se suple con el DESEO DE VER LA HOSTIA, reforzado por una creciente tendencia afectiva hacia la humanidad de Cristo, propia de este momento histórico. Aquí está el origen de las primeras formas de culto eucarístico: ostensión y elevación de las especies, exposición prolongada del santísimo. La mirada se convierte en un acto de fe y adoración e incluso en un acto de comunión espiritual, pues algunos místicos consideraban que se obtenía idéntico beneficio espiritual que con la comunión sacramental.
A partir de este momento comienza a desarrollarse la piedad eucarística en todas las manifestaciones que hemos conocido y que recuerdan los de más edad. El deseo de CONTEMPLAR LA SAGRADA HOSTIA alcanzó rápida difusión a nivel popular, y cuando un moribundo no podía comulgar le llevaban el sacramento para que pudiera contemplarlo. Empieza a cobrar relieve el rito de la elevación y lo acompañan de campanas, luces y cantos, y se pierde poco a poco el sentido originario de realizar el propio ofrecimiento y la comunión con Cristo en ese momento de la misa.
A partir del siglo XI empieza a hacerse sobre el altar principal la reserva eucarística: sagrarios en forma de paloma, suspendidos o en pequeñas torres, que reciben el nombre de TABERNÁCULO., y poco tiempo después el uso de la lámpara, cuyo cuidado y mantenimiento estaba a cargo de las cofradías.
En 1264 el papa Urbano IV instituye para toda la iglesia la fiesta del Corpus Christi, convirtiéndola en una de las principales solemnidades del año, sobre todo después del concilio de Trento, cuando pasó a ser un signo del catolicismo, frente a la doctrina protestante.
Otras devociones posteriores fueron las CUARENTA HORAS, la Exposición durante la misa, la adoración nocturna o perpetua, que tuvieron una orientación manifiesta de reparación hacia el Señor presente en el sacramento, hecho prisionero por nosotros, humillado y escarnecido por los pecados.
Desde comienzos del siglo XX se apreciaron síntomas de una crisis en el culto eucarístico fuera de la misa (disposiciones y reformas de Pio X y Pio XII), que se consumará después del vaticano II, pero que llevó a la par una mayor comprensión y estimación de la liturgia eucarística.

Elementos negativos:
Sin afectar la legitimidad de este culto, padecía no obstante de insuficiencias y acentuaciones propias del tiempo en que nació:
1- Posibilidad de convertirse en una realidad desgajada de la celebración eucarística.
2- Justificación autónoma a causa de una teología esencialista y apologética
3- Escasa participación del pueblo en la misa y la comunión sacramental.
4- Devocionismo e individualismo en lugar de nutrirse de las fuentes objetivas de la Palabra de Dios y la Tradición de los Padres de la Iglesia.

El vaticano II impregnó una nueva orientación al culto eucarístico, y nos ofreció unas importantes líneas teológicas a tener en cuenta:
1- El misterio eucarístico es el centro de la liturgia, y por lo mismo, de toda la vida cristiana. Por misterio eucarístico se entiende la eucaristía en la totalidad de sus aspectos, comenzando por la celebración del memorial del Señor. Esta celebración es también el centro de la vida de la iglesia local y universal.
2- La celebración eucarística es el punto de referencia y la clave de comprensión del culto a la eucaristía, es decir, el origen y el fin de todo culto eucarístico. La eucaristía está siempre destinada a la comunión, aunque mientras tanto, pueda recibir la adoración y el culto de los fieles.
3- La conservación de la eucaristía tiene como objeto primario y primordial la administración del viático, y como objeto secundario la distribución de la comunión y la adoración de Cristo, presente en el sacramento. Por tanto, el culto eucarístico debe conducir a una participación más plena y profunda en el misterio pascual, es decir: PARTICIPAR MÄS FRECUENTEMENTE EN LA EUCARISTÏA Y CON MÄS DISPOSICIÓN; y Practicar LA UNIDAD ENTRE EUCARISTIA Y CARIDAD. El culto eucarístico no puede ser ajeno a la vida; debe haber continuidad entre eucaristía y servicio al hermano.
4- Armonizar el culto eucarístico con la estructura pascual, trinitario y celebrativo del año cristiano.
5- Importantes los signos que acompañan al culto litúrgico, para no opacar la centralidad de la misa (exposición debe ser después de la misa, no estar la reserva en el altar mayor, que no sea más solemne la exposición que la misa).

Culto Eucarístico. Nota para la solemnidad de hoy.



La expresión culto eucarístico puede entenderse en dos sentidos: culto al Padre por medio de la celebración eucarística, supremo acto del culto cristiano; y culto al santísimo sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, es decir, reconocimiento y adoración de la presencia eucarística del Señor, presencia definida como verdadera, real y substancial por el concilio de Trento. Ahora bien, este segundo sentido de la expresión culto eucarístico se desglosa también en dos momentos: durante la celebración de la misa y fuera de ella.

sábado, 9 de junio de 2007

Contemplación.


¿De qué me vale quejarme de que no soy un contemplativo si no aprovecho las oportunidades que se me ofrecen para la contemplación? No es que se me pasen por alto, sino que no las empleo acertadamente. Paso el tiempo buscando cosas que leer acerca de la contemplación, para satisfacer mi insaciable apetitito espiritual, en vez de aislarme, vaciar mi ánimo y dejar mi puerta interior abierta para que el Espíritu Santo penetre desde dentro, ya que todas las puertas exteriores están cerradas y con los postigos ajustados

Thomas Merton. “El signo de Jonás”.
12 de octubre de 1947.

Thomas Merton: escribir para Dios.

La probidad de Dylan Thomas como poeta me hace avergonzarme de los versos que he escrito. Los que decimos que amamos a Dios ¿Por qué no procuramos ser tan perfectos en nuestro arte como pretendemos desear serlo en nuestro servicio de Dios? Si no intentamos ser perfectos en lo que escribimos, acaso se deba a que, a fin de cuentas, no escribimos para Dios. En cualquier caso es desalentador que tanta gente que ama y sirve a Dios escriba tan mal, mientras los que no creen en Él se esfuerzan por escribir bien. No me refiero a la gramática y la sintaxis, sino a que un autor debe tener algo que decir, y decirlo con frases que no parezcan sin vida.
Quienes tienen prisa por publicar lo pagan con imperfecciones. Los que se apresuran a publicar demasiado a menudo no lo hacen porque tengan algo que decir, sino porque les parece importante, no sé por qué, contemplar su nombre en letras de molde. El hecho de que un tema sea muy importante en sí, no implica que lo que uno escribe sobre él tenga importancia. Un libro malo consagrado al amor de Dios sigue siendo un libro malo por muy al amor de Dios que se consagre. Muchos piensan que por haber escrito sobre Dios han compuesto buenos libros. Pero las gentes toman esas obras y dicen: “Si los que afirman que creen en Dios no tienen mejor cosa que aducir al respecto, su religión no puede ser cosa que valga mucho”.

Thomas Merton. “La montaña de los siete círculos”.14 de agosto de 1947

miércoles, 6 de junio de 2007

El Dalai Lama recuerda a Thomas Merton



“Independientemente de la parte del mundo en la que vivan o de la tradición a la que pertenezcan, no abundan quienes de verdad abrazan la vida espiritual.
En tanto que practicante religioso y en particular en su calidad de monje, Thomas Merton fue en verdad alguien que marcó un punto de referencia. Tenía todas las cualidades que se derivan de haber escuchado y estudiado enseñanzas espirituales, así como de pensar sobre ellas y sumergirse en las mismas.
Además de su gran saber y disciplina, tenía un buen corazón. No solo fue capaz de llevar a cabo su propia práctica sino que poseía una perspectiva muy amplia sobre la vida espiritual en general.
Tuve el enorme placer de mantener varios encuentros con Thomas Merton en 1968 y disfruté mucho de las largas horas de conversación que entonces sostuvimos. Merton me aportó una comprensión clara de la tradición contemplativa cristiana y para mí fue como un puente entre mi tradición y la suya.
Por eso, me parece que cuantos le admiramos debiéramos expresarlo siguiendo su ejemplo. De esa forma, aunque el capítulo de su vida haya concluido, lo que él esperaba y buscaba hacer podrá sostenerse.”

Diario de Asia. Prólogo.

La tercera visita de Merton al Dalai Lama.

En entradas anteriores comentamos acerca del encuentro de Thomas Merton, en su viaje por Asia, con el Dalai Lama, y el impacto que este encuentro dejó en ambos líderes espirituales. De hecho, en la edición en español del “DIARIO DE ASIA”, publicada por Trotta, aparece un prólogo del Dalai Lama, recordando aquella oportunidad. Los encuentros fueron tres, y ya hemos comentado brevemente los dos primeros, pero dice TM que el tercer encuentro fue el mejor. El tema de conversación fue principalmente la vida monástica occidental, pues el Dalai Lama quería saber algunas cosas sobre ella: los votos, la regla de silencio, la ascesis, el crecimiento espiritual. También preguntó por cosas puntuales, como por ejemplo, si los monjes tomaban bebidas alcohólicas, si comían carne, si tenían televisión. Interesante la pregunta que formula respecto a los votos: “Tienen los votos alguna conexión con algún tipo de transmisión o iniciación espirituales?” y apunta al final: “Al Dalai Lama le interesaba la “vida espiritual” más bien que las observancias externas”.
Como Merton iba a desarrollar el tema del vínculo entre monaquismo y marxismo en la reunión de Bangkok también conversaron sobre eso, y luego volvieron a uno de los temas de los encuentros anteriores: la mente.
En resumen, escribe Merton:
“Fue una discusión entrañable y cordial, y al final tuve la sensación que de que nos habíamos hecho muy amigos y que de alguna manera estábamos más cerca el uno del otro. Personalmente siento un gran respeto y admiración por él como persona y creo, además, que existe un verdadero vínculo espiritual entre nosotros. Él señaló que yo era un “geshe católico”, lo que –según Harold- representaría la máxima alabanza posible de parte de un gelupa, ¡algo así como un doctorado honorífico!”.

Merton salió para Asia el 15 de octubre de 1968 y allí encontró la muerte, en Bangkok, el 10 de diciembre de ese mismo año, luego de haber recorrido Calcuta, Nueva Delhi, el Himalaya, Madrás y Ceilán. Fue un viaje que deseó y que acabó con su vida.

Aviso.

Estamos presentando dificultades para poner nuevas entradas en el blog. Espero pueda resolverse pronto.

lunes, 4 de junio de 2007

Merton y la Biblia.


Uno de los propósitos de TM después de su ordenación sacerdotal (Así aparece en “El Signo de Jonás”) fue adentrarse más en el conocimiento de la Sagrada Escritura, pues como reconoce él mismo, “Yo he meditado a menudo acerca de las Escrituras, pero no las he estudiado nunca seriamente, falta que lamento. Ahora que he terminado con la clase de teología y tengo unos cuantos meses para dedicarme a las Escrituras, completando el tiempo requerido por el Derecho Canónico, le pediré a Santo Domingo que me guíe en mis estudios durante estos meses y en todo el resto de mi vida”.
En los días subsiguientes aparecen algunas notas sobre el tema que apuntamos a continuación:

“! Cuán poco leí las Escrituras durante el noviciado! Recuerdo haber andado por el jardín en las mañanas de verano leyendo a Jeremías y a San Pablo, pero muy superficialmente. No obstante, sí he leído los comentarios de los Padres sobre las Escrituras, aunque más por curiosidad de conocer sus opiniones que para otra cosa. He leído también el Cantar de los Cantares varias veces – eso lo recuerdo bien-, especialmente los últimos párrafos”.

“Leyendo la Biblia me siento tan renovado que diríase que toda la naturaleza se renovara conmigo y en torno a mí. El cielo me parece de un más puro y frío azul, los árboles más intensamente verdes, más ligeros los contornos de los bosques y las montañas, y todo el mundo aparece colmado de la gloria de Dios, mientras siento brotar fuego y música de la tierra que piso”.

sábado, 2 de junio de 2007

Practica del camino interior.


"Que el hombre madure, que se emancipe, es un proceso de desarrollo que no se cumple por sí mismo, como ocurre en el ámbito de la naturaleza con la maduración de un fruto, sino que requiere su colaboración. En el campo de los impulsos naturales, basta con admitir el movimiento que se deja sentir para que se cumpla el deseo. Basta con dejarse llevar por el impulso que nos mueve con su fuerza elemental para que se siga el cumplimiento del instinto. En el terreno del espíritu eso es completamente diferente. También aquí, seguir el impulso es la premisa para el movimiento. Pero la onda del movimiento se aplana si el hombre no toma aquello que le “toma” a él, si él no decide hacer realidad aquello que le mueve, siéndole fiel, y si no se empeña en seguir lealmente ese movimiento. Progresar en la realidad espiritual supone siempre transformarse. Toda transformación exige abandonar algo que corresponde a una forma de vida aceptada hasta entonces. Ocurre así cuando, por ejemplo, se deja un hábito, una exigencia, un punto de vista o una posición teórica o práctica (incluso, si se ha ganado tras ardua lucha). A fin de cuentas, de lo que se trata es de abandonar la preponderancia natural de una concepción de la vida formada a partir del yo existencial. Porque dejar todo aquello a lo que, por costumbre, se estaba naturalmente unido es difícil, la transformación espiritual supone y es trabajo, siempre trabajo, ejercicio y siempre ejercicio. Ello no sólo requiere una práctica interior, sino también un ejercicio que abarque la forma de estar, por consiguiente un ejercicio del cuerpo. Una práctica fundamental que tiene como sentido la transformación es la meditación". (K.G. Dürckheim).

La lucidez y la paz: Merton y la misa.



Siguiendo la lectura de “El signo de Jonás”, respecto a lo que supuso el sacerdocio ministerial para TM, encuentro algunos textos que quiero compartir:

“La misa es lo más maravilloso que ha entrado a formar parte de mi vida. Cuando estoy ante el altar me siento, al fin, aquello que Dios deseaba que fuera realmente. A propósito de la lucidez y la paz de este perfecto sacrificio nada puedo decir. Pero percibo claramente el especialísimo ambiente de gracia en que se desenvuelve y respira el sacerdote durante la misa (¡y durante muchos días después!)
Cierto que esta gracia peculiar es algo personal e intransferible, pero brota también de la función social de la misa. El mayor don que se puede conceder a cualquiera es participar en el acto infinito por cuya consumación el amor de Dios desciende sobre todos los hombres. En este sentido las supremas gracias de la soledad y la sociedad coinciden y se convierten en una, y esto se opera en el sacerdote durante la Misa, a semejanza de lo que sucede con el alma de Cristo y en el Corazón de María.
¡Qué grato es recordar a las gentes por las que ruego….! Antes, cuando no me habían ordenado aún, pensaba que sus nombres supondrían una distracción. Pero lo que hacen en realidad es intensificar la radiante aureola de alegría que envuelve las profundidades de mi alma.
Y esa radiación de que hablo es, con todo, oscura, porque brilla en el silencio de una fe sin imágenes. Y yo me regocijo en esa oscuridad”.

Lo anterior lo escribe Merton un 4 de junio de 1949, víspera de Pentecostés. Luego, seis días después apunta:

Nada parece mejor en la misa que una cierta sobriedad litúrgica. El sacrificio en sí es tan inmenso, que ninguna superabundancia de ademanes acentuará su expresión”.

El Valor de las palabras. Cavafis.

“Noto a menudo la poca importancia que los hombres conceden a las palabras. Me explico. Un hombre simple (por simple no entiendo estúpido, sino sin particularidades) tiene una opinión, condena una institución o una idea trasmitida; sabiendo que la gran mayoría piensa lo contrario, se calla, convencido de que es inútil hablar pues eso no cambiaría nada. Es un gran error. Yo actúo de manera diferente. Por ejemplo, yo condeno la pena de muerte. A la primera ocasión lo proclamo, no porque crea que mis declaraciones van a llevar a los poderes a abolirla mañana, sino porque estoy convencido de que eso constituye un triunfo de mi opinión. Poco importa que nadie sea de mi opinión. Las cosas que yo he dicho no se perderán. Quizá serán repetidas y llegarán a los oídos de alguien que las escuchará y contará con ellas. Puede ser que uno de aquellos que hoy no están de acuerdo las recuerde más tarde, en otras circunstancias más favorables, y lo convenzan o al menos lo hagan vacilar. Así por otras cuestiones sociales que exigen la acción. Sé que soy tímido, incapaz de actuar, capaz solamente de hablar. Pero no creo que mis palabras sean inútiles. Otro actuará pero mis palabras, las palabras de un tímido, habrán facilitado la acción. Ellas despejan el terreno”.
Constantino Cavafis. (9-11-1902).

viernes, 1 de junio de 2007

Seguimos hablando de Merton y el sacerdocio.


En el libro “El Signo de Jonás”, Thomas Merton nos permite asomarnos a las interioridades de la vida de un monje trapense. Es un diario que recoge acontecimientos entre 1946 y 1952, y en su cuarta parte, titulada “Ante el altar de Dios” aparece todo lo relacionado con su ordenación sacerdotal. Primero, una introducción, que nos prepara para comprender la narración, y donde hace TM algunas afirmaciones fundamentales:
1- “Mi ordenación sacerdotal era el gran secreto para el que he nacido”.
2- Ningún hombre es ordenado sacerdote para sí solo”.
3- “Los dos aspectos más característicos de la caridad divina en el corazón de un sacerdote son la gratitud y la clemencia”.
4- “Después de celebrar mi primera misa comprendí perfectamente que en la vida nada hay importante fuera de amar a Dios y servirlo con sencillez y alegría”.

En una de las entras del diario, correspondiente al 8 de mayo de 1946, Merton apunta: “¿Cómo es posible que alcance yo algo tan maravilloso como el sacerdocio?”, y una semana después se pregunta: “¿Qué efectos producirá la Misa en mi vida interior?”.
Sólo once días antes de su ordenación escribe: “Me vuelvo hacia Dios y comprendo que mi vocación es ser un sacerdote y un contemplativo, que mi vocación es la plegaria. Esto me llena de ventura”.
El día 23, con su habitual sentido del humor, dirá:


Dentro de tres días, si vivo y si el arzobispo no sufre una caída y se rompe una pierna, seré sacerdote. Pienso sin cesar: Voy a cantar Misa, voy a cantar Misa. Y recuerdo a Nuestra Señora del Cobre, cuya basílica visité hace nueve años en este mes de mayo. La Virgen se ha portado muy bien conmigo. Su amor me ha seguido hasta aquí y me conducirá hasta Dios”.


Está leyendo a San Juan de la Cruz, “Llama de amor viva” y dice que no atina a leer otra cosa. Otras dos afirmaciones interesantes:

“La mayor parte de lo que se ha escrito sobre el sacerdocio no me satisface. He llegado al extremo de no poder ni siquiera leer esos textos. Los encuentro demasiado técnicos y lo que yo necesito no es literatura, sino al Dios viviente”.

“El problema del sacerdocio constituye para mí, entre otras cosas, un problema de pobreza. Ser sacerdote significa, al menos en mi caso particular, no tener nada, no desear nada y no ser nada, sino pertenecer a Cristo”.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.