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viernes, 30 de noviembre de 2007

No arrinconar el alma.


Cada tiempo litúrgico que vivimos en la Iglesia, cada celebración de nuestra fe. cada ritual, cada devoción, cada vivencia espiritual, ha de ser siempre camino para avivar el alma, para animar nuestra vida interior al punto de que entre en el dinamismo del gozo y la esperanza. Así lo expresa Santa Teresa en este texto que podríamos tomar como paradigma de todo nuestro itinerario hacia Dios. Él no quiere para nosotros angustias ni temores, sino gozo, fortaleza, esperanza. No arrinconemos el alma, ni la agobiemos, sino cuidemos nuestro ser, nuestro espíritu, nuestro cuerpo, para que todo lo que somos camine hacia Dios.
Andemos confiadamente por esas moradas interiores y miremos siempre al centro de nuestro ser donde nace Cristo cada día.

“Tornemos ahora a nuestro castillo de muchas moradas. No
habéis de entender estas moradas una en pos de otra, como cosa
en hilada, sino poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio
adonde está el rey, y considerar como un palmito, que para llegar a
lo que es de comer tiene muchas coberturas que todo lo sabroso
cercan. Así acá, enrededor de esta pieza están muchas, y encima
lo mismo. Porque las cosas del alma siempre se han de considerar
con plenitud y anchura y grandeza, pues no le levantan nada, que
capaz es de mucho más que podremos considerar, y a todas partes
de ella se comunica este sol que está en este palacio. Esto importa
mucho a cualquier alma que tenga oración, poca o mucha, que no
la arrincone ni apriete. Déjela andar por estas moradas, arriba y
abajo y a los lados, pues Dios la dio tan gran dignidad…”.

Santa Teresa, Moradas.


Para todos los amigos y amigas de este blog, que tengan un provechoso ADVIENTO.

jueves, 29 de noviembre de 2007

El amado de Dios.


Entre los libros que recibí recién está “El amado de Dios. Biografía espiritual de Henri Nouwen”, de Michael O¨Laughlin, publicado por Desclée de Brouwer, en su colección “Testigos”. Tratándose de un libro sobre Henri Nouwen ya tiene interés por adelantado, sobre todo para todos los que seguimos la obra de este maestro espiritual, y que además hemos leído otros intentos anteriores de presentar en síntesis una visión completa de la propuesta espiritual de este conocido escritor católico. Hice un paréntesis en el libro que estaba leyendo sobre el castillo interior de Santa Teresa, y me dispuse a disfrutar de esta otra propuesta, y eso hago desde hace un par de días. Lo primero que ha llamado mi atención es que el autor cuestiona la imagen que otro libro ha dado de Henri; me refiero a “El profeta herido”, de Michael Ford, texto que disfruté muchísimo y que he leído además no menos de cuatro veces, y tengo todo marcado y subrayado. Estoy intentando escuchar los criterios e interpretaciones de Michael O´Laughlin sobre Nouwen, pero hasta el momento no ha conseguido despertar el interés y motivación que consiguió el libro de Ford en mí. Aun así no quiero dar un juicio definitivo hasta que llegue al final de esta lectura, y de cualquier modo esta nueva mirada nos permitirá conocer un poco más a Henri, renovar nuestra comunión espiritual con él, y adentrarnos en su mundo de fe. Quienes se interesan por Henri y han leído otras biografías seguramente no querrán perder la oportunidad de repasar esta propuesta que ahora aparece en español, y cuya publicación en inglés data del año 2004.

Otras propuestas biográficas sobre Henri Nouwen:
1-“Henri Nouwen: Una incansable búsqueda de Dios”, de Jurgen Beumer. Lumen.
2- Escritos Esenciales. Henri Nouwen. (Incluye “El fuego del amado”, de Robert A. Jonas, extenso resumen biográfico y espiritual sobre Nouwen)

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Celebrar nos une a nuestras raíces.


Con la fiesta, el hombre rompe con toda intención su cotidianidad para superarla de una forma diferente. En la fiesta, bebe de la fuente de la vida. Se sumerge en el misterio propiamente dicho de su vida, que se representa con motivo de la festividad: por ejemplo, en el nacimiento de una persona, en el casamiento o en acontecimientos importantes de la historia de un pueblo…
La fiesta une a la persona con sus raíces de las cuales se nutre. Para la persona es sana la “unión del presente con el pasado histórico y mítico”, tal como lo concretan las festividades del calendario litúrgico. El celebrar unifica y permite ser partícipe de la corriente de la vida. Cuando una persona se aparta de su propio pasado, cuando reprime sus recuerdos y vive sin su rostro, se enferma y muchas veces se deprime. Si bien el recuerdo mira hacia el pasado, nos abre, también, un nuevo horizonte para el futuro. Nos muestra de qué somos capaces.
Por eso, celebrar las festividades es necesario para la vida, nos infunde la fuerza que necesitamos para poder llevar adelante nuestra vida. Pero no podemos celebrar sólo las fiestas que nos plazcan. Una fiesta es posible solamente cuando podemos vivir de ella, cuando se expresa algo que nos ofrece una nueva visión de nosotros mismos y de nuestra vida, un nuevo sentimiento existencial. Para los antiguos, solamente había una auténtica festividad cuando se celebraba a Dios y sus hechos. No podían concebir una fiesta puramente profana.
Al celebrar los hechos de Dios ellos buscaban convertirse en auténticas personas, en personas conscientes de su dignidad, de sus raíces, de sus posibilidades, en personas que no viven en el olvido ni disecan su interior con la actividad cotidiana.
(Anselm Grün)

Aprender el silencio




“La meditación no es tiempo de palabras, por bellas y bien fraseadas que estén. Todas nuestras palabras resultan totalmente ineficaces cuando se trata de penetrar en el misterio de Dios, en la profundidad de la comunión con Dios, cuya Palabra, presente en nuestro interior, es antes y después de todas las palabras: “Yo soy el Alfa y la Omega”, dice el Señor.
Si queremos entrar en esta santa y misteriosa comunión con la Palabra de Dios que habita dentro de nosotros, tenemos que tener el coraje de volvernos más y más silenciosos. En este profundo silencio creador encontramos a Dios de una manera que trasciende todas las capacidades de entendimiento y de lenguaje. No podemos aprehender a Dios pensando sobre él…” (John Bain)

martes, 27 de noviembre de 2007

Seguir la huella de la vida.


Cuando uno sigue la huella de la vida, puede ser totalmente correcto que proteja también esta huella, por ejemplo meditando a diario, consagrándose a un buen orden, descubriendo rituales curativos y ejercitándolos en la fidelidad y, a la vez, en libertad. Pero entonces, no se trata de un trabajo ni de una actividad piadosa, sino que se trata de la vida a la que todas las formas religiosas quieren ayudar a dar el salto. La huella de la vida es, al mismo tiempo, el sendero en el cual descubro mi esencia más primitiva, la imagen única que Dios ha hecho de mí. Allí donde algo vive en mí, allí donde me conecto con mi verdadero ser, allí donde soy íntegramente yo mismo, recién allí podré ser la criatura única que Dios ha creado. Pero allí donde soy íntegramente yo mismo, no me siento aislado de los demás, sino que me siento parte de toda la Creación. Allí entablo una profunda relación interior con las personas, con todas las criaturas.
No experimento a Dios fuera del mundo, sino justamente en relación con ese mundo, en relación con los árboles y las piedras, con las montañas y con los lagos, con las flores y los animales. No es fanatismo por la naturaleza, es la expresión de una profunda experiencia espiritual: el espíritu de Dios penetra toda la Creación y, de esta forma, nos habla a través de cada criatura de este mundo. Cuando, por las mañanas, camino meditando cerca de un arroyo, después de laudes, y me percato de lo que es, me siento uno con la Creación, siento la vida que florece y se abre por doquier también en mí. Entonces experimento a Dios en la amplitud de la respiración y en la luz de la aurora. (Anselm Grün)

lunes, 26 de noviembre de 2007

La gran escuela de la vida cristiana.


"La liturgia hace que el mismo paso del tiempo santifique nuestras vidas, pues cada nueva estación renueva un aspecto del gran Misterio de Cristo vivo y resucitado, presente en su Iglesia. Cada estación reiterada nos muestra algún nuevo modo en que vivimos en Él, en que actúa en el mundo. Cada nueva fiesta nos llama la atención hacia la gran verdad de Su presencia en medio de nosotros. El ciclo litúrgico renueva nuestra redención en Cristo, y nos muestra que aunque estemos captados en una batalla entre carne y espíritu, aunque seamos, en efecto, la “iglesia combatiente”, la iglesia militante, la victoria ya es nuestra".
(Thomas Merton, Tiempos de celebración)



"La liturgia es la gran escuela de vida cristiana y la fuerza transformadora que vuelve a dar forma a nuestras almas y a nuestros caracteres en la semejanza de Cristo.
En cada misterio litúrgico, la Iglesia abraza la historia entera de la salvación del hombre, mientras que concentra su atención, por ahora, en un momento determinado de esa historia".

(Thomas Merton, Tiempos de salvación)

A propósito del nuevo año litúrgico.


El domingo próximo comienza el nuevo año litúrgico, y es conveniente repasar el sentido espiritual que tiene para nosotros este ciclo de celebraciones anuales. Para ello nos ayudaremos de algunas citas de Merton sobre el tema.


"Para vivir en Cristo, primero hemos de desprendernos de esa huida lineal hacia la nada y recuperar el ritmo y el orden de la naturaleza real del hombre. Antes de poder hacernos dioses hemos de ser hombres.
Para el hombre en Cristo, el ciclo de las estaciones es algo enteramente nuevo. Se ha convertido en un ciclo de salvación. El año no es simplemente un año más, es el año del Señor, un año en el que el paso del tiempo mismo no sólo nos trae la natural renovación de la primavera y la fecundidad de un verano terrenal, sino también la fecundidad espiritual e interior de la gracia. La vida de la carne, que siempre está en flujo y reflujo, como las estaciones y tiende a su última decadencia, queda elevada y sustituida por una vida del espíritu que no conoce disminución, que siempre crece en los que viven con Cristo en el año litúrgico.
Al haber entrado en el tiempo la Palabra de Dios por su nacimiento de una madre virgen, ha cambiado el ciclo de las estaciones, pasándolo de prisión a liberación".
(Thomas Merton, Tiempos de Celebración)

sábado, 24 de noviembre de 2007

Reinar con Cristo. Anselm Grün.


"El año litúrgico se cierra con la fiesta de Cristo Rey. Nos quiere mostrar a Cristo como el verdadero rey. Los judíos esperaban un rey que venciera a sus enemigos, que pudiera proporcionar protección y seguridad al pueblo y garantizar la paz. Los griegos tenían otra idea de rey. Platón llama “rey” al que posee la ciencia de las ideas. Para Filón, el sabio es el rey. Cuando San Lucas llama tres veces”rey” a Jesús colgando de la cruz, quiere decir con ello que Él llena la concepción tanto judía como griega del ideal de rey. Jesús en la cruz es el sabio que tiene conocimiento de todo, del cielo y de la tierra, del bien y del mal, de la luz y de las tinieblas, de los abismos del corazón humano. Jesús es, verdaderamente, el experimentado que conoce todos los sectores de la realidad, pero es al mismo tiempo el soberano. San Juan designó a Cristo como “el que gobierna el mundo desde la cruz”. Esto parece una paradoja, porque Él ciertamente pende desvalido en la cruz; sin embargo, Cristo ha derrotado en la cruz a los verdaderos enemigos del alma: la muerte y el mal. Y en la cruz ha hecho posible la paz verdadera, porque ha reconciliado a los enemigos entre sí. (Efesios 2, 14-16)
Pero también, mientras celebramos a Cristo como rey, se nos recuerda que nosotros mismos somos reyes. Nosotros hemos nacido como Cristo, para dominar sobre nuestros enemigos, para ser dueños de nosotros mismos, en lugar de dejarnos dominar por tiranos extraños, por nuestros instintos, deseos y pasiones, o por otras personas. Estamos destinados a ser libres. Y estamos también llamados a ser sabios, a tener experiencia para conocer todos los sectores de la realidad, para reconocernos en la propia casa, desde el sótano hasta el ático. Así, rey es símbolo del sí mismo.
Se puede percibir algo del misterio de esta fiesta si uno se pone de pie y centrado en sí mismo, dice:
“Aquí estoy delante de mí, tal como soy. Puedo apoyarme en mí. Soy una persona real, estoy en Cristo, gobierno con Él”. O recordar el verso de un salmo: “Dijo el Señor a mi señor: siéntate a mi derecha y a tus enemigos los pondré bajo tus pies”. Eso es participar del dominio de Cristo. No ejercemos poder sobre otros hombres, sino sobre todos los poderes que nos quieren oprimir. Participamos de la realeza de Cristo, de su libertad, de su poder. En Él somos señores de nosotros mismos".
Anselm Grün; “Año litúrgico sanador” (Editorial Verbo Divino)

Himno a la materia.


Bendita seas tú, áspera Materia, gleba estéril, dura roca, tú que no cedes más que a la violencia y nos obligas a trabajar si queremos comer.
Bendita seas, peligrosa Materia, mar violenta, indomable pasión, tú que nos devoras si no te encadenamos.
Benditas seas, poderosa Materia, evolución irresistible, realidad siempre naciente, tú que haces estallar en cada momento nuestros esquemas y nos obligas a buscar cada vez más lejos la verdad.
Bendita seas, universal Materia, duración sin límites, éter sin orillas, triple abismo de las estrellas, de los átomos y de las generaciones, tú que desbordas y disuelves nuestras estrechas medidas y nos revelas las dimensiones de Dios.
Bendita seas, Materia mortal, tú que, disociándote un día en nosotros, nos introducirás, por fuerza, en el corazón mismo de lo que es.
Sin ti, Materia, sin tus ataques, sin tus arranques, viviríamos inertes, estancados, pueriles, ignorantes de nosotros mismo y de Dios.
Tú que castigas y que curas, tú que resistes y que cedes, tú que trastruecas y que construyes, tú que encadenas y que liberas, savia de nuestras almas, mano de Dios, carne de Cristo, Materia, yo te bendigo.
Yo te bendigo, Materia, y te saludo, no como te describen, reducida o desfigurada, los pontífices de la ciencia y los predicadores de la virtud, un amasijo, dicen de fuerzas brutales o de bajos apetitos, sino como te me apareces hoy, en tu totalidad y tu verdad.
Te saludo, inagotable capacidad de ser y de transformación en donde germina y crece la sustancia elegida.
Te saludo, potencia universal de acercamiento y de unión mediante la cual se entrelaza la muchedumbre de las mónadas y en la que todas convergen en el camino del Espíritu.
Te saludo, fuente armoniosa de las almas, cristal límpido de donde ha surgido la nueva Jerusalén.
Te saludo, medio divino, cargado de poder creador, océano agitado por el Espíritu, arcilla amasada y animada por el Verbo encarnado.
Tú, Materia, reinas en las serenas alturas en las que los santos se imaginan haberte dejado a un lado; carne tan transparente y tan móvil que ya no te distinguimos de un espíritu.
¡Arrebátanos, oh, Materia, allá arriba, mediante el esfuerzo, la separación y la muerte; arrebátame allí en donde al fin sea posible abrazar castamente al Universo.
(Fuente: Himno del Universo, de Pierre Teilhard de Chardin)

viernes, 23 de noviembre de 2007

Correspondencia.



Este blog que comparto con ustedes me trae muchas satisfacciones, y las mayores son el recibir sus mensajes personales en los que, además de comentarme lo que escribo, me animan a hacerlo, y me comparten su propia experiencia de fe. Quiero, aun sin haber consultado a su autor, compartirles uno de esos correos que me hacen recordar lo que llama la fe “comunión de los santos”. Nuestras historias se cruzan, y nos descubren que todo es GRACIA cuando amamos a Dios. Además, expresa el drama que vivimos los de esta tierra, y que es parte también de nuestro camino espiritual.


Manuel:

Que alegría recibir tu respuesta tan pronto. Si, supongo que hacer un blog desde Cuba es una hazaña. Evidentemente, Dios ha querido que tú lo pudieras realizar, y estoy seguro que ha superado con creces las posibles dificultades para que puedas dar este servicio. Hace muchos años que salí de Cuba. Era un adolescente, en el año 67. Tú eras un niño, yo ya tomaba un Iberia en el año 67, separándome de mis padres, a quienes pensaba que vería en dos años, y con quienes me fue muy difícil reunirme de nuevo. De hecho, mi madre falleció en Cuba en al año 1991, sin que nunca obtuviera el permiso de salida, y con mi padre y mi única hermana volví a reunirme 28 años después de mi salida, cuando ellos viajaron con permiso y decidieron quedarse. Ahora ellos residen en Miami. Yo vivo en New Jersey desde que llegue de Cuba. En los últimos cuarenta años he visitado Cuba cuatro veces. La última fue en 1991, dos meses después del fallecimiento de mi madre, que fue cuando obtuve permiso de entrada. Fui solo a visitar una tumba; estoy seguro que es una "tumba vacía". No radica ahí nuestra esperanza?

A pesar de los años transcurridos he seguido de cerca la realidad cubana, aunque me he injertado muy bien en mi patria de adopción. Siempre he sentido en particular una gran admiración por las carmelitas que se mantuvieron siendo faro, escondido quizás, a la altura de la vocación de hacer su trabajo desde un espacio anónimo, pero perseverante. Cuando se comenzaron a ver las primeras informaciones de la Iglesia Cubana en la red, en un momento dado, se publico el listado de los religiosos de distintas congregaciones, y me dio mucha pena ver que la mayoría de las monjas tenían fecha de consagración que bien las colocaba ya en sus cincuenta o sesenta. Supongo que encontrar a una joven, inmersa en la realidad cubana de esta última mitad de siglo, con una inquietud contemplativa ha de ser como encontrar una aguja en un pajar. Algo de eso se destilaba de la conversación publicada con la ex priora. Me alegra que me digas que han recibido refuerzo de Costa Rica. Por favor, diles que mis humildes plegarias las acompañan.
Desde mi adolescencia estuve muy activo en el seno de la Iglesia, en las áreas de catequesis y pastoral de adulto. Por los últimos veinticinco años mi participación directa ha sido mas limitada. He canalizado mi trabajo pastoral a través de mi profesión. Sigo activo en la vida de oración y sacramental, pero mucho menos pastoral. Soy un psicoterapeuta por profesión, y fui entrenado en la tradición psicoanalítica. Por muchos años trabaje en Nueva York como terapeuta de niños y adultos. También trabaje bastantes años en el campo del SIDA, cuando el SIDA era una sentencia de muerte. Pienso que fue ese tiempo uno de los que pude hacer un trabajo más cercano al Señor. Fue hermoso llevar a Cristo, sin mencionarlo, en m i contacto con los mas vulnerables: los enfermos que tanta gente creía que eran contagiosos con solo estrecharles la mano, con los homosexuales y con los drogadictos, para quienes nuestros templos no son la mas de las veces los lugares mas hospitalarios, y por ultimo y no menos importante, me sirvió para trabajar con algunos sacerdotes infectados, que buscaban en una clínica pública, la solidaridad que tristemente sus comunidades no le sabían dar. Con estos últimos era mas abierto y nuestras sesiones terapéuticas incluyan reflexiones de como el Señor los habría acompañado en ese momento. Creo que ha sido la etapa en que me he sentido mas fuerte el mandato: " me amas de verdad, apacienta mis ovejas".

También yo he tenido una predilección por los trabajos de Merton. Una amiga oblata del monasterio al que asisto al grupo de oblatos, viaja con frecuencia a Getsemaní en Kentucky. Merton es eterno.

No te canso más. Espero que mantengamos el contacto por esta maravillosa invención cibernética, si también es tu deseo. Ora por mi, yo te mantendré en mi corazón lo mas cerca de Jesús posible.

Félix Lorenzo


¡Gracias, amigo!.

La armonía esencial.

El hombre moderno se halla en un estado de profunda confusión a causa de la complejidad y fragmentación de su vida, que parecen haber destruido su personalidad. La pregunta que se hace todo hombre o mujer de hoy, y no solamente la gente religiosa, es: ¿Cómo podemos recuperar el contacto con nosotros mismos? ¿Cómo podemos recobrar la confianza en nosotros mismos, la confianza de saber que existimos por nuestro propio derecho?
Un cierto instinto universal nos advierte que la respuesta no se encuentra por la vía del auto análisis cerebral. Es preciso descubrir nuestra armonía esencial y el sentido de totalidad, que eso es lo que significa encontrarse consigo mismo. Para ello, no basta concentrarnos en sólo una parte de nuestro ser. El descubrimiento a que está llegando el hombre moderno, que es también un nuevo descubrimiento, consiste en que la realidad sólo puede conocerse como un todo, no en partes, y que esa total aprehensión de la realidad se realiza en el silencio.
Nuestra tarea en la meditación es dejar que se restablezca nuestra unidad y que nuestras partes dispersas se muevan hacia su propio y armonioso alineamiento en el centro de nuestro ser. Para conseguir esto, no debemos dispersarnos más. Tenemos que concentrarnos, movernos hacia nuestro centro, en silencio. Y es entonces cuando se libera una fuerza, la fuerza de la vida, que es la fuerza y el poder del Espíritu. (John Bain
)

jueves, 22 de noviembre de 2007

Afraates, el sabio.(Benedicto XVI)


Quisiera presentar... la gran figura de Afraates, conocido también con el sobrenombre de «Sabio», uno de los personajes más importantes y, al mismo tiempo, más enigmáticos del cristianismo siríaco del siglo IV.

Originario de la región de Nínive-Mosul, hoy Irak, vivió en la primera mitad del siglo IV. Tenemos pocas noticias sobre su vida; de todos modos, mantuvo relaciones estrechas con los ambientes ascético-monásticos de la Iglesia siríaca, sobre la que nos transmitió algunas noticias en su obra y a la cual dedicó parte de su reflexión. Según algunas fuentes, dirigió incluso un monasterio y, por último, fue consagrado obispo. Escribió veintitrés discursos conocidos con el nombre de «Exposiciones» o «Demostraciones», en los que trató diversos temas de vida cristiana, como la fe, el amor, el ayuno, la humildad, la oración, la misma vida ascética y también la relación entre judaísmo y cristianismo, entre Antiguo y Nuevo Testamento. Escribió con un estilo sencillo, con frases breves y con paralelismos a veces contrastantes; sin embargo, logró hacer una reflexión coherente, con un desarrollo bien articulado de los varios argumentos que afrontó.

Afraates era originario de una comunidad eclesial que se encontraba en la frontera entre el judaísmo y el cristianismo. Era una comunidad muy unida a la Iglesia madre de Jerusalén, y sus obispos eran elegidos tradicionalmente de entre los así llamados «familiares» de Santiago, el «hermano del Señor» (Cf. Marcos 6, 3), es decir, eran personas con vínculos de sangre y de fe con la Iglesia jerosolimitana. La lengua de Afraates era el siríaco, por tanto, una lengua semítica como el hebraico del Antiguo Testamento y el aramaico hablado por el mismo Jesús. La comunidad eclesial en la que vivió Afraates era una comunidad que trataba de permanecer fiel a la tradición judeocristiana, de la que se sentía hija. Por eso, mantenía una relación estrecha con el mundo judío y con sus libros sagrados. Afraates se definía significativamente a sí mismo como «discípulo de la Sagrada Escritura» del Antiguo y del Nuevo Testamento («Exposición» 22, 26), que consideraba su única fuente de inspiración, recurriendo a ella tan a menudo hasta el punto de convertirla en el centro de su reflexión.

Los argumentos que Afraates desarrolló en sus «Exposiciones» son variados. Fiel a la tradición siríaca, presentó a menudo la salvación realizada por Cristo como una curación y, por consiguiente, a Cristo mismo como médico. En cambio, considera el pecado como una herida, que sólo la penitencia puede sanar: «Un hombre que ha sido herido en batalla --decía Afraates--, no se avergüenza de ponerse en las manos de un médico sabio (…); del mismo modo, quien ha sido herido por Satanás no debe avergonzarse de reconocer su culpa y alejarse de ella, pidiendo el remedio de la penitencia» («Exposición» 7, 3).

Otro aspecto importante de la obra de Afraates es su enseñanza sobre la oración y, en especial, sobre Cristo como maestro de oración. El cristiano reza siguiendo la enseñanza de Jesús y su ejemplo orante: «Nuestro Salvador ha enseñado a rezar diciendo así: “Ora en lo secreto a Quien está escondido, pero ve todo”; y también: “Entra en tu aposento y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6, 6) (…). Lo que nuestro Salvador quiere mostrar es que Dios conoce los deseos y los pensamientos del corazón» («Exposición» 4, 10).Para Afraates, la vida cristiana se centra en la imitación de Cristo, en tomar su yugo y en seguirlo por el camino del Evangelio. Una de las virtudes más convenientes para el discípulo de Cristo es la humildad. No es un aspecto secundario de la vida espiritual del cristiano: la naturaleza del hombre es humilde, y Dios la eleva a su misma gloria. La humildad --observó Afraates-- no es un valor negativo: «Si la raíz del hombre está plantada en la tierra, sus frutos suben ante el Señor de la grandeza» («Exposición» 9, 14). Siendo humilde, incluso en la realidad terrena en la que vive, el cristiano puede entrar en relación con el Señor: «El humilde es humilde, pero su corazón se eleva a alturas excelsas. Los ojos de su rostro observan la tierra y los ojos de su mente la altura excelsa» («Exposición» 9, 2).

La visión del hombre y de su realidad corporal que tenía Afraates es muy positiva: el cuerpo humano, siguiendo el ejemplo de Cristo humilde, está llamado a la belleza, a la alegría y a la luz: «Dios se acerca al hombre que ama, y es justo amar la humildad y permanecer en la condición de humildad. Los humildes son sencillos, pacientes, amados, íntegros, rectos, expertos en el bien, prudentes, serenos, sabios, tranquilos, pacíficos, misericordiosos, dispuestos a convertirse, benévolos, profundos, ponderados, hermosos y deseables» («Exposición» 9, 14). En Afraates la vida cristiana se presenta a menudo con una clara dimensión ascética y espiritual: la fe es su base, su fundamento; transforma al hombre en un templo donde habita Cristo mismo. Así pues, la fe hace posible una caridad sincera, que se expresa en el amor a Dios y al prójimo.

Otro aspecto importante en Afraates es el ayuno, que interpretaba en sentido amplio. Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo y virgen, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedad de los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.Queridos hermanos y hermanas, regresemos una vez más --para concluir-- a la enseñanza de Afraates sobre la oración. Según este antiguo «Sabio», la oración se realiza cuando Cristo habita en el corazón del cristiano, y lo invita a un compromiso coherente de caridad con el prójimo. En efecto, escribió: «Consuela a los afligidos, visita a los enfermos, sé solícito con los pobres: esta es la oración. La oración es buena, y sus obras son hermosas. La oración es aceptada cuando consuela al prójimo. La oración es escuchada cuando en ella se encuentra también el perdón de las ofensas. La oración es fuerte cuando rebosa de la fuerza de Dios» («Exposición» 4, 14-16).Con estas palabras, Afraates nos invita a una oración que se convierte en vida cristiana, en vida realizada, en vida impregnada de fe, de apertura a Dios y, así, de amor al prójimo.

Experiencia cristiana: John Bain.


John Bain, fue un monje benedictino, antiguo miembro del servicio colonial británico en el Lejano Oriente, y más tarde profesor de Derecho Internacional en el Trinity College de Dublín. Falleció en 1982, dejando tras de sí una estela espiritual que sigue viva en los grupos de meditación que él inició y en los libros y grabaciones que utilizaba como instrumentos de comunicación espiritual con la comunidad de meditantes que se núcleo a su alrededor.
John Bain habla constantemente de la “experiencia cristiana”, “experiencia de la fe”, “experiencia del Espíritu, “experiencia de oración”. No basta saber y conocer. Más aun, estorban para la oración, las muchas palabras, los conceptos, los discursos, que son productos del hombre y se interponen al contacto directo con el ser de Dios. Con demostraciones no se llega a Dios Más bien con el corazón. Pero sin fomentar ningún tipo de sentimentalismo. Se trata de hacer confluir en una experiencia unitaria la mente y el corazón, integrando en una vivencia única todo lo que constituye nuestro ser, en un encuentro gozoso con el ser de Dios que se nos manifiesta en Cristo gracias a la acción del Espíritu que mora dentro de nosotros.
Sin esta experiencia profunda, el ser cristiano se nos evapora de entre las manos. No es tal. Ya lo decía Rahner: “El cristiano del futuro será un místico, o no será”. No será cristiano.

martes, 20 de noviembre de 2007

Pensamientos TM.


“La misma fe cristiana implica una cierta angustia y es una manera de afrontar e integrar el sufrimiento interior, no una fórmula mágica para hacer que desaparezcan los problemas”. (TM, Escritos Esenciales, 92)


“Nosotros mismos nos encerramos en la falsedad de nuestro amor a lo débil y a la tintineante luz de la ilusión y de los deseos. Nos resulta imposible encontrar la luz verdadera si no apagamos la falsa”. (TM, Escritos Esenciales, 85)


“El encanto de la Humanidad que Dios ha hecho suya por amor, y el milagro de cada una de las personas individuales entre ellos. Esto tiene una importancia definitiva y eterna”. (TM, Diarios)

“Estos días he rezado mucho más.
Cada día es más intensa la sensación
De estar perdido sin la oración”.
TM, Diarios.

Isabel de Hungría.


Al leer algunas vidas de santos mi mente se llena de preguntas que no consigo responder, y mi corazón se estremece. Así me sucede cada año, cuando el 17 de noviembre leo este resumen que aparece en el Misal sobre Santa Isabel de Hungría, y que quiero compartirles hoy:


Santa Isabel nació en Hungría en 1207. A los catorce años fue desposada con el duque Luis IV de Turingia. Isabel poseía un espíritu de fuego. La influencia de su marido, al que amó extraordinariamente, le proporcionó un equilibrio humano y espiritual durante los felices años de su vida en común. Por entonces, en la Iglesia destellaba una luz deslumbrante, la de Francisco de Asís. Isabel soñaba con reproducir dentro de su hogar el ideal franciscano y Luis era una persona apropiada para compartir las aspiraciones de su esposa. Pero en 1227, tuvo que partir él a la cruzada. A los tres meses moría en Italia. El golpe resultó terrible para Isabel, que esperaba su tercer hijo. Hubiera necesitado en tal coyuntura de un Francisco de Sales junto a ella, pero tenía como director espiritual a un maestro que la aterrorizaba y que incluso no dudaba en herirla. Siguiendo en pos de una alucinante búsqueda de abyección y penitencia, rompió con su familia, que la tomaba por loca, y confió a otros el cuidado de sus propios hijos con el fin de consagrarse al servicio de los pobres y enfermos más abandonados, en quienes veía a Cristo. Su salud no pudo resistir todas estas austeridades. Murió en 1231, a los veinticuatro años.

Oración: Dios y Padre nuestro, a menudo no entendemos tus caminos, o los equivocamos de tal modo que podemos convertir tu bendición en maldición. A la luz de la vida de esta santa mujer ayúdanos a discernir tus caminos, a proclamar en nuestras obras tu misericordia, y a convertir la santidad, Tu Santidad, en la meta de nuestras vidas. AMEN.

domingo, 18 de noviembre de 2007

La gozosa espectativa de la fe.


Todos esperamos algo. Nuestra existencia humana está signada por la espera. Nos ponemos metas temporales, y las vamos alcanzando y superando, para encontrar entonces nuevos propósitos. Pero el cristiano llena toda su vida de una gozosa expectativa, de una “espera” que, convertida en ESPERANZA, ilumina toda su existencia, hasta darle un sentido trascendente. Es lo que llamamos “escatología”,
y que consiste en la expectante espera de la segunda venida de Cristo. El Señor Jesús vino una vez en la plenitud del tiempo, y vendrá de nuevo para consumar la historia, y entonces aparecerá ante nosotros”un cielo nuevo y una tierra nueva”.
Nuestro quehacer cotidiano se sustenta en la confianza que hemos puesto en una promesa. En la certeza que tenemos de que la historia tendrá su final en un juicio de gracia y justicia, de verdad y de amor. Entonces todas las preguntas encontrarán respuesta, y seremos consolados, y nuestros anhelos serán finalmente resueltos. No es esto un motivo para escaparnos de la realidad que nos rodea, para la conformidad o el pesimismo frente a lo que sucede hoy a nuestro alrededor; no supone un cruzarnos de brazos y esperar pasivamente. La nuestra es una “espera activa”, un trabajar para que “venga pronto”, un hacerle presente con nuestras propias obras, “para que el mundo crea”. De ahí el compromiso histórico que tenemos los creyentes para que nuestro mundo sea cada vez más justo, más fraterno, más libre, sin dejarnos arrastrar por “utopías” que con promesas temporales acaban robándole el alma al ser humano.
Casi al final del año litúrgico, podemos decir: “Nosotros hemos creído en el amor de Dios y esperamos en él”. No nos asusta el presente, porque sabemos que en él también está Cristo trabajando, y en él nosotros estamos madurando para el momento de la siega. No nos asusta que el mundo no entienda nuestro mensaje, ya el Señor nos habló de persecuciones. Queremos perseverar a pesar de todo, y aun a pesar de nosotros mismos. Queremos ser testigos desde nuestra pobreza y nuestra pequeñez humana, pero también desde nuestros anhelos y nuestros sueños. En ellos Dios nos habla, por ellos su Reino llega a nosotros. Por eso le pedimos, como los apóstoles: “Auméntanos la fe”.
Una gozosa expectativa ha de llenar siempre nuestra vida. “El Señor viene”. Entre tantas esperas humanas, justas también, y necesarias, una “espera” diferente que las envuelve a todas nos permite a nosotros, discípulos de Cristo, mirar más allá y no perder la fuerza ni el ánimo. “No tengan miedo”, nos dice Jesús a cada instante. “Todo esto tiene que pasar”, es parte de la historia humana, de la historia personal de cada uno. Pero, “a los que honran mi nombre, los iluminará un sol de justicia, que lleva la salud en las alas”.
Así, pues, “trabajemos con tranquilidad para ganarnos el pan”, que el Señor viene. Su día está cerca, su hora es ahora, y es siempre. No hay porque temerle a ese momento, no hay que asustarse ante los que presagian calamidades sin cuento, todo está en las manos de un Padre que nos ama; sólo el mal teme la llegada del bien. Nuestro anuncio no es amenaza para nadie, no puede serlo, salvo para aquellos que egoístamente buscan sólo su propia ganancia, para quienes, creyéndose dioses, ignoran que Dios es solamente uno. Esta es nuestra fe, es nuestra esperanza, nuestra certeza, nuestra fuerza, nuestra gloria. “El Señor llega para regir la tierra con justicia”. Está con nosotros. Vendrá de nuevo. Apuremos el final que aguardamos, diciendo, no sólo con palabras, sino con la vida y con la obra: “Ven, Señor Jesús”.

sábado, 17 de noviembre de 2007

El Zen y los pájaros del deseo.


Entre los últimos libros salidos de la pluma de Thomas Merton se encuentra “El Zen y los pájaros del deseo”. Para algunos el acercamiento de Merton a otras experiencias religiosas o espirituales resulta sospechoso, y ponen en entredicho su militancia católica. Esos no entienden nada de nada. No saben que cuánto más se adentra el místico, el orante, en las sendas de la contemplación y la unión con Dios, las fronteras van desapareciendo, y todo, literalmente todo, nos conduce al mismo lugar. En su acercamiento al mundo oriental Merton no renuncia a su catolicidad, todo lo contrario.
Les comparto la primera página de esta obra, publicada por la editorial Kairós.


“Cuando en algún lugar se pudre la carroña, los pájaros carnívoros vuelan en círculos; descienden. Vida y muerte son dos. Los vivos atacan a los muertos para su propio beneficio. Nada pierden, con esto, los muertos. Salen gananciosos, tal vez, cuando de ellos alguien se sirve. O por lo menos así parece, si es que debemos considerar esto en términos de ganar y perder.
¿Nos abocaremos al estudio del Zen, entonces, en la creencia de que con ello ganaremos algo? Esta pregunta no pretende constituirse en velada acusación. Pero sin embargo es una pregunta muy seria. Allí donde se alborota en torno a la “espiritualidad”, la “iluminación” o simplemente la “puesta en onda”, a menudo no hay más que buitres bajando sobre un cadáver. Sus merodeos, su vuelo circular, su descenso, esta celebración de una victoria, en fin, no son lo que pretende el Estudio del Zen, aunque en otro contexto puedan resultar ejercicios de singular utilidad, porque enriquecen a los pájaros del deseo.
El Zen nada enriquece. No hay cuerpo alguno que podamos hallar. Las aves pueden acudir y volar en círculos, durante un tiempo, sobre el lugar donde se cree está el cadáver. Pero muy pronto se marchan hacia otros parajes. Cuando ya no están, aparece de pronto la “nada”, el “no cuerpo” que allí estaba. Este es el Zen. Lo que no ha cesado de estar allí, todo el tiempo, sin que se apercibiera las aves devoradoras de carroña: no es el tipo de presa que ellas codician”.

Un nuevo comienzo.


El 16 de noviembre de 1938 Thomas Merton fue bautizado como católico en la Iglesia del Corpus Christi, de Nueva York. Acerca de este acontecimiento escribe Merton en su autobiografía:

“Al empezar noviembre mi mente se llenó con este pensamiento: bautizarme y entrar al fin en la vida sobrenatural de la Iglesia. Era todavía infinitamente pobre y desdichado en mi apreciación de lo que iba a tener lugar dentro de mí. Estaba a punto de afirmarme en la costa, al pie de la alta montaña de los siete círculos de un purgatorio más profundo y más arduo de lo que podía imaginarme y no tenía del todo conciencia de la subida que iba a tener que afrontar.
Lo esencial era empezar la subida. El bautismo era ese principio, y muy generoso, por parte de Dios. Pues, aunque fui bautizado condicionalmente, espero que Su misericordia ahogó toda la culpabilidad y castigo temporal de mis veintitrés años negros de pecado en las aguas de la fuente bautismal y me concedió un nuevo comienzo. Pero mi naturaleza humana, mi debilidad y la tendencia de mis malos hábitos todavía tenían que ser combatidos y vencidos.
Hacia fines de la primera semana de noviembre el padre Moore me informó que sería bautizado el día dieciséis. Salí de la rectoría esa noche más feliz y más contento de lo que jamás había estado en mi vida. Miré el calendario para ver la fiesta del santo del día, e indicaba Santa Gertrudis”.

viernes, 16 de noviembre de 2007

La contemplación y la neurosis.


En primer lugar es verdad que la vida contemplativa requiere unas aptitudes mentales y espirituales especiales, y que los que no tienen los dones necesarios no han de intentar desvivirse por ir más allá de su capacidad. No quiero decir con ello que los contemplativos formen parte de una élite especial. Tampoco me estoy refiriendo sólo a la vida contemplativa en un sentido canónico, a la vida en una orden religiosa conventual. Pero nadie puede entregarse por completo y en serio a la contemplación que se ha descrito a no ser que esté preparado mental y espiritualmente. La vida contemplativa comporta un intenso conflicto interior. La paz que confiere es una paz precedida de una guerra y con frecuencia aparece en medio de ella. Cualquier persona que esté dividida en contra de sí misma y mantenga una lucha en su interior, es mejor que se una antes de iniciar la conquista de su reino de meditación ascética y oración contemplativa. De lo contrario la división que está ya presente en ella acabaría destrozándola rápidamente.Las incursiones en la recogida oscuridad de la contemplación resultan atractivas para cualquier persona con un carácter esquizoide porque es fácil confundir la reclusión esquizoide con el recogimiento contemplativo. Y algunas fórmulas de la jerga contemplativa pueden ser, para el que intenta huir de la realidad exterior refugiándose en su interior, una especie de funestas y convenientes oportunidades de racionalización. La contemplación no evita la realidad ni la rehuye, sino que penetra el ser superficial y lo trasciende, lo cual implica aceptar totalmente las cosas tal como son y evaluarlas sensatamente. La “oscuridad” de la noche contemplativa no es un rechazo de las cosas creadas, sino que, por el contrario, el contemplativo ve de algún modo y descubre las cosas tal como son, y disfruta de ellas de una forma más elevada al trascender los simples contactos sensuales y superficiales que uno mantiene con ellas.En cambio el neurótico no puede aceptar la realidad tal como es. Se recluye en sí mismo y, si llega a ver las cosas, ve sólo el aspecto que puede soportar ver y ningún otro. O al menos lo intenta. Por tanto, es fácil comprender que una clase de ascetismo poco sensato y maniqueísta puede generar una actitud patológica hacia la realidad. En tal caso uno corre el gran peligro de convertirse en un pseudomístico que se refugia en su propia oscuridad y se atrinchera en su silencio. Allí intenta disfrutar de la falsa dulzura de una reclusión narcisista y de hecho goza de ella durante un tiempo, hasta que descubre, cuando ya es demasiado tarde, que se ha envenenado con el fruto de un árbol prohibido.

Thomas Merton - Del Libro "La experiencia interior"

jueves, 15 de noviembre de 2007

Orar con Thomas Merton.


"Tú no esperas que me vuelva grande

antes de estar conmigo para escucharme y contestarme.

Son mi pequeñez y mi humanidad

las que te han llevado a hacerme tu igual

descendiendo a mi nivel y viviendo en mí

mediante tu misericordioso cuidado"


Thomas Merton.

Pensamientos en la soledad.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Una inmensa muchedumbre de hermanos nuestros.


Los Santos del Carmelo son una inmensa muchedumbre de hermanos nuestros que consagraron su vida a Dios, abrazando las enseñanzas del divino Maestro e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen María en la oración, la abnegación evangélica y el amor a las almas, sellado a veces con su sangre. Ermitaños del Carmelo, mendicantes de la Edad media, doctores y predicadores, misioneros y mártires; monjas que dilataron el pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa; religiosas que descubrieron el rostro de Cristo a sus hermanos con el apostolado sanitario o docente, sobre todo en tierras de misión; seglares que en medio del mundo supieron encarnar el espíritu de la Orden. Toda la familia del Carmelo de la patria con María, su madre, a la cabeza constituye en este día el motivo de nuestro gozo y nuestra alabanza al Padre. Recordamos a nuestros hermanos que ayer se dedicaban a la asidua oración en la tierra y hoy participan en la liturgia del cielo, y nos unimos espiritualmente a su gloria, mientras peregrinamos por los caminos que ellos, animosos, recorrieron, viviendo en obsequio de Cristo y siguiendo las huellas de nuestra Señora.

martes, 13 de noviembre de 2007

Rosmini será beato.


Antonio Rosmini, del «Índice» de libros prohibidos a beato
Su beatificación tendrá lugar en Novara el 18 de noviembreROMA, viernes, 9 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Será beatificado el 18 de noviembre Antonio Rosmini Serbati (1797-1855), sacerdote italiano, pensador de hondo calado, autor de libros que han dejado huella, quien sufrió la condena del Santo Oficio de algunos de sus escritos por interpretaciones equivocadas promovidas por algunos seguidores.Ordenado sacerdote en 1821, Antonio Rosmini fundó en 1830, en Domodossola, el Instituto de la Caridad, congregación religiosa reconocida en 1839 por el Papa Gregorio XVI, a la que, algunos años después se sumará la congregación de las Hermanas de la Providencia.A pesar de su absoluta fidelidad al Papa Pío IX, al que siguió en su exilio en Gaeta (1848), las autoridades eclesiásticas, en 1849, pusieron en el «Índice» de los libros prohibidos dos de sus obras. Más tarde, fueron condenadas con el decreto doctrinal «Post Obitum» cuarenta proposiciones suyas, extraídas de obras sobre todo póstumas y de otras editadas en vida.El 1 de julio de 2001 una «Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe», firmada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, alejó toda sombra de duda sobre la presunta culpabilidad de Rosmini.Monseñor Renato Corti, obispo de Novara (diócesis del futuro beato) presentó al gran filósofo como un apóstol de la caridad este 8 de noviembre en la sede de «Radio Vaticano»Monseñor Corti subrayó que este mensaje está presente incluso en el nombre de la congregación fundada por Rosmini: «Societas a Charitate» (Instituto de la Caridad o del amor), surgida en 1828. Fundó además las Hermanas de la Providencia en 1832.El mensaje central de Rosmini, según el obispo, es el siguiente: Jesús Crucificado es el símbolo de ese amor, que representa el fulcro de todo el cristianismo.Participarán en su beatificación, en Novara, entre siete y ocho mil personas. Por el momento, se han inscrito más de cuatrocientos sacerdotes y unos treinta obispos. La misa estará presidida en nombre del Papa por el cardenal portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

La seriedad del juego.


"No se aplique muy duramente al trabajo. Dios tomará cuidado de todo, y le dará fortaleza para hacer todo lo que será preciso hacer. El resto está en Sus manos. Realice lo suyo enteramente en Su Amor y Su cuidado y no se preocupe por nada. En estos días usted debería ser conducido por Él hacia su destino, y haga lo que sea preciso más como un juego que como un trabajo, lo cual significa que no es serio: pues lo más serio para la vida de un cristiano es jugar. La seriedad del juego cristiano es la única seriedad genuina".


Thomas Merton a Jacques Maritain. 11 de junio de 1963.

Los amigos de Merton.


Para ir a Dios hay tantos caminos como personas en el mundo. De ahí que, conocer la vida de otras personas suponga descubrir la obra de Dios realizándose de manera maravillosa, y poder así recibir luz para entender el propio camino. Es un gozo espiritual acercarse a la vida de quienes nos han precedido en el camino de la fe, y más aun cuando estos han vivido prácticamente en nuestro tiempo, cuando son nuestros contemporáneos. La aventura espiritual que he vivido al seguirle los pasos a Thomas Merton me permitió conocer a muchos que se cruzaron con él en la búsqueda de Dios, como es el caso de los esposos Maritain.
Merton conoció a Jacques Maritain en 1939, cuando Dan Walsh los presentó durante un encuentro donde Maritain daba una charla sobre la acción católica. Sólo intercambiaron unas palabras, pero la impresión que le causó fue duradera, y de hecho, Merton le incluía entre los escritores que lo habían influido positivamente en su paso por la Universidad de Columbia. La influencia de Maritain sobre Merton no fue sólo académica; Merton reconocía que el leer las obras de Maritain y Etienne Wilson fue un factor de su conversión al catolicismo romano.
Jacques Maritain (1882-1973) nació en París. En 1900 conoció a su esposa, una judía emigrada, en la Sorbona, donde ambos estudiaban. Se casaron cuatro años después y en 1906 se bautizaron en la Iglesia Católica Romana; Leon Bloy fue su padrino. La conversión al catolicismo, acoplada con el descubrimiento de la Summa Theologica de Tomás de Aquino, modeló la vida intelectual y espiritual de los esposos Maritain, iniciándolos como portavoces de una nueva escolástica. Como filósofos, poetas, críticos sociales y, sobre todo, contemplativos, grabaron su marca en el catolicismo del siglo XX. Con Merton, compartieron un compromiso con el arte, la sabiduría y la acción social, y como Merton, reconocieron a la contemplación como una fuente de la que fluía todo lo demás.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Conversión y corporeidad. Anselm Grün.

"Un camino importante de conversión es la respiración. No se trata de una determinada técnica de respiración sino de admitir la respiración natural… Algunas personas sólo pueden respirar hasta el corazón. No tienen ninguna relación con sus sentimientos y menos aun con su vitalidad y sexualidad. Trabajar con la respiración les hace conscientes de sus represiones y actitudes defectuosas, pero a la vez, produce un cambio interior. Cuando después de un largo ejercicio de respiración, al espirar se llega hasta la parte inferior del vientre, el que respira se pone en contacto con sus sentimientos y su sexualidad. Si al final de la espiración se detiene un momento y se abandona completamente, crece en él la confianza.
Cuando nos abandonamos en la respiración, ejercitamos la actitud interior de la confianza. En ese ejercicio se realiza la transformación.

Junto a la actitud, la respiración y el movimiento hay otros ejercicios en el cuerpo que fomentan la conversión al verdadero yo, por ejemplo, el canto. El alma se expresa por la voz; con frecuencia se puede descubrir a través de la voz el verdadero yo… Al cantar podemos entrar en contacto con los propios sentimientos, con la entonación interior, con la afirmación de cuerpo y alma.
Si percibo los sentimientos, los observo y los nombro, podré transformarlos lentamente. Ese camino de conversión se realiza por el cuerpo, en el que se manifiestan los sentimientos. Yo no analizo los sentimientos sino que los experimento en el cuerpo porque se han fijado en él; a la vez que se perciben y se expresan con palabras, pueden también transformarse
".

sábado, 10 de noviembre de 2007

Raïssa Maritain: poeta y contemplativa.


Raïssa Maritain, poeta y contemplativa (1883-1960) vivió siempre su vida a la sombra de la de su esposo, el famoso filósofo católico Jaques Maritain. A lo largo de su extensa vida juntos, estuvieron unidos no sólo por los lazos del matrimonio sino por una “santa amistad”, unión en la que Dios se mantuvo como un íntimo tercer integrante. Raïssa y Jaques se conocieron siendo estudiantes en la Sorbona.

Raïssa había nacido en Rusia, y sus padres, judíos ortodoxos, se habían mudado a Francia buscando mejores oportunidades educativas para su dotada hija. Ella avanzó rápidamente en sus estudios a pesar de tener que aprender una nueva lengua, y fue admitida en la universidad a los 16 años. Allí conoció a Jaques y la atracción entre ambos fue inmediata, por lo que pronto se hicieron inseparables. Contrajeron matrimonio en 1904. Ambos sentían la pasión de la poesía, el arte y la justicia social, pero fueron descubriendo una nueva pasión que los unía: el problema de la verdad y la necesidad de descubrir el sentido de la vida. Si bien ninguno de los dos tenía mucha educación religiosa, les parecía intolerable imaginar que la existencia podía ser un absurdo. Hicieron la promesa de que si en un año no encontraban la respuesta a su búsqueda, terminarían con sus vidas.
Empezaron a asistir a las conferencias del filósofo Henri Bergson, y de él obtuvieron el sentido del Absoluto. Fueron conducidos a su vez hacia el novelista Leon BLOY, quien con sus escritos y amistad los fue conduciendo al mundo del catolicismo y de las Sagradas Escrituras. Raïssa en especial se sintió conmovida por los escritos de BLOY sobre los judíos, elegidos por Dios para representar un papel especial en la historia de la salvación. En el plazo de un año luego de su encuentro con Bloy, los Maritain fueron bautizados en la Iglesia Católica.
A partir de eso momento la vida del matrimonio Maritain fue concebida siempre en términos religiosos. Tomaron los votos como oblatos de San Benito, y luego hicieron voto perpetuo de castidad. A pesar de su compromiso privado, sentían, resueltamente, que no estaban hechos para la vida monástica sino que estaban llamados a vivir su fe en medio de los círculos artísticos e intelectuales en los que se hallaban inmersos. A través de toda su vida juntos, el salón de los Maritain fue el centro de un extraordinario renacimiento intelectual católico. Jaques se transformó en el filósofo católico más importante del siglo XX; Raïssa también fue reconocida a través de publicaciones poéticas y prosa, pero permaneció siempre en un segundo plano, colaborando íntimamente en la obra de su esposo. Él dijo, más tarde, que su ayuda e inspiración habían penetrado todo lo que había escrito:

“Todo lo bueno viene de Dios. Pero como intermediaria sobre la tierra, todo lo bueno me ha llegado de ella”

Raïssa falleció el 4 de noviembre de 1960. Fue sólo entonces que Jaques descubrió sus diarios íntimos y comprendió la profundidad espiritual que había permanecido oculta hasta de él. Publicados más tarde, estos diarios reflejan la intensa vida de oración de Raïssa y la comprensión de su vocación como contemplativa “en los caminos del mundo”. De hecho, sobre la base de estos escritos, Thomas Merton la llamó “tal vez la mayor contemplativa de nuestro tiempo”.

En una de las entradas de su diario había escrito: “Tengo la sensación de que lo que se nos pide es vivir en el torbellino, sin sustraer nada de nuestra sustancia, sin guardarnos nada, ni descanso, ni amistades, ni salud, ni placeres; orar incesantemente… en realidad arrojarnos y dejarnos sacudir por las olas de la voluntad divina hasta el día en que se nos diga: es suficiente”.

Leon Bloy: peregrino del Absoluto.


El novelista LEON BLOY fue más que un simple hombre de letras. Para sus amigos era un profeta, un “peregrino del Absoluto”, un hombre inflamado del celo por la justicia y el amor a Dios. Para sus críticos era un hombre cegado por mirar demasiado tiempo al sol. En cualquier caso, fue uno de los que ayudaron a estimular el extraordinario renacimiento de la literatura católica francesa a comienzos del siglo XX.

Bloy, tenía escasa educación formal, y pasó la mayor parte de su juventud a la deriva y sin rumbo, de trabajo en trabajo. Sus relaciones con la Iglesia reflejaban similar inconstancia, sus flirteos con la piedad alternaban con la cruda rebelión. El momento decisivo de su vida llegó con la atracción por Verónica, una prostituta empobrecida. Bloy se dedicó a “rescatarla”. Ella se vio pronto inmersa en una conversión religiosa tan dramática que arrastró al propio Bloy en su despertar. Desgraciadamente su exaltación religiosa dio lugar, más tarde, a la locura, y la pobre pasó el resto de su vida en un asilo. Bloy quedó al borde de la desesperación, pero con su fe intacta, junto con un nuevo e inquebrantable sentido de su vocación: sería escritor.
Más adelante, Bloy se casaría y tuvo cuatro hijos, pero su vida permaneció signada por la aflicción. Logró publicar docenas de libros, pero pocos de ellos vendieron más de mil ejemplares. Como resultado él y su familia se vieron destinados a una atroz pobreza, pasando muchos inviernos cerca de la inanición. Dos de sus hijos murieron a causa de esto. Tal vez tenía alternativas a esta crítica situación, pero Bloy parecía sentir, con una suerte de seguridad religiosa, que estaba llamado a dedicarse a su testimonio religioso y a confiar enteramente en la providencia de Dios, así como a identificarse con aquellos que nada tenían y así dar testimonio de la santidad de la pobreza.
Bloy además sentía una santa ira ante el materialismo y la injusticia de la sociedad moderna. Entre otros males del momento, dedicó una considerable atención al auge del antisemitismo cristiano. Como pocos contemporáneos Bloy sentía una profunda veneración por las raíces judías de la Iglesia.
Bloy, sin embargo, recibió escaso reconocimiento por parte de la Iglesia, y dentro del mundo literario se le veía como un fanático católico. No obstante, sus obras le atrajeron un cierto número de lectores devotos, muchos de los cuales se hicieron amigos de él. Habría que mencionar a una joven pareja, Jaques y Raissa Maritain, quienes, inspirados por sus escritos y su amistad, entraron en la Iglesia Católica. Bloy fue su padrino, un privilegio que apreciaba más que cualquier otro honor.
Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, Bloy cayó en una creciente melancolía; esta era una vislumbre de sufrimientos aún más apocalípticos y terribles por venir. Su vida terminó el 3 de noviembre de 1917, y los que le conocieron pudieron comprobar luego que sus advertencias no eran vanas. Sus rezos y sus llantos por lo que consideraba sus fracasos eran el dolor de un profeta por el mundo que conoció.


“Dios me ha dado el sentido, la necesidad, no sé cómo decirlo, el instinto del Absoluto, de la misma manera en que dio las espinas al puerco espín y su trompa al elefante. Es un don extremadamente raro del que he estado consciente desde niño, una facultad más peligrosa y aun más colmada de sufrimiento que el genio. Porque comprende un hambre insaciable y rapaz por lo que la tierra no tiene, y su efecto en el que lo posee es una ilimitada soledad. Podría haberme convertido en un santo y hacedor de milagros. ¡Pero me convertí en un hombre de letras!”

jueves, 8 de noviembre de 2007

La oración de Isabel de la Trinidad.


ORACION A LA TRINIDAD, de la Beata Isabel.

¡ Oh, Dios mio, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mí para esta establecerme en ti, inmóvil y tranquila como si mi alma viviera ya en la eternidad. Que nada pueda alterar mi paz, ni apartarme de Ti, oh, mi Inmutable, sino que, cada momento de mi vida, me sumerja más profundamente en tu divino Misterio.
Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada predilecta, el lugar de tu descanso. Que nunca te deje solo sino que, vivificada por la fe, permanezca con todo mi ser en tu compañía, en completa adoración y entregada, sin reservas, a tu acción creadora.


¡ Oh, mi Cristo adorado, crucificado por amor ! Quisiera ser una esposa para tu corazón. Quisiera glorificarte y amarte... hasta morir de amor. Pero reconozco mi impotencia. Por eso, te pido que me revistas de Ti mismo, que identifiques mi alma con todos los sentimientos de tu alma, que me sumerjas en Ti y que me invadas ; que, tu ser sustituya mi ser para que mi vida sea solamente una irradiación de tu propia vida. Ven a mi como Adorador, como Reparador y como Salvador.
¡ Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios ! Quiero pasar mi vida escuchándote. Quiero permanecer atenta a tus inspiraciones para que seas mi único Maestro. Quiero vivir siempre en tu presencia y morar bajo tu luz infinita, a través de todas las noches, vacíos y fragilidades. ¡ Oh, mi Astro querido! Ilumíname con tu esplendor fulgurante de tal modo que ya no pueda apartarme de tu divina irradiación.


¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de amor!, desciende a mi para que se realice en mi alma como una encarnación del Verbo. Que yo sea para Él una humanidad suplementaria donde renueve su misterio. Y, Tú, ¡oh Padre!, protege a tu pobre y débil criatura. Cúbrela con tu sombra. Contempla solamente en ella a tu Hijo muy amado, en quien has puesto tu complacencia.


¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Me entrego a Tí como victima. Sumérjete en mi para que yo quede inmersa en Tí, en espera de ir a contemplar en Tu luz, el abismo de toda tu grandeza.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Gracias, Henri.2


“Dios nos deja elegir. Decir si o no al amor. Dejarme a mí la elección es respetar mi libertad de persona. Dios, que me ama en libertad, quiere mi amor en libertad. Esto significa que él no es una posibilidad. La vida eterna no es un hecho predeterminado. Es el fruto de nuestra respuesta humana”.

“Sólo tengo una cosa clara. Hay que vivir bien cada día. ¡Qué verdad tan simple! Tengo que confiar en que la pizca de amor que siembro ahora producirá muchos frutos, aquí en este mundo, y en la vida futura”.

“He de ver los sacramentos como la entrada a una experiencia nueva del poder sagrado de lo ordinario”.

“No dejo de sorprenderme ante el hecho de comprobar las muchísimas personas que hay y las pocas que conozco. De repente me acomete la sensación de soledad y me siento perdido en la multitud, como un forastero en tierra extraña”.

“Tan importante es vivir bien como recordar bien lo que se ha vivido”

“Llevar una vida espiritual significa llevar todo mi ser a la morada que le pertenece”

Henri Nouwen.

Para soportar el sufrimiento.


Dios es poderoso.
¿Hay alguien entre nosotros que va caminando al atardecer
de su vida y teme la muerte?
¿Por qué este temor?

Dios es poderoso.
¿Hay alguien entre nosotros que está desesperado
por la muerte de un ser querido?
¿Por qué desesperar?

Dios pude concederte la fuerza,
Para soportar el sufrimiento.
¿Alguien se preocupa por su mala salud?
¿Por qué preocuparse?

Que venga lo que quiera. Dios es poderoso.
Aunque nuestros días sean oscuros
Y nuestras noches sean tenebrosas
Que mil medias noches,
Queremos pensar siempre en que
En el mundo hay una gran fuerza
Que bendice, y que se llama Dios.

Dios puede abrir caminos de un callejón sin salida.
Quiero transformar el ayer oscuro
En un claro mañana
Últimamente en la mañana luminosa de la eternidad.

Martín Luther King.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Gracias, Henri.


“La comunidad es mucho más que vivir y trabajar juntos. Es un vínculo del corazón que no tiene límites físicos. Son velas que arden en diferentes partes del mundo, todas ellas rezando la misma oración silenciosa de la amistad y del amor”.

“No creo que tengamos que reprimir nuestras energías eróticas para llevar una vida ordenada. Tampoco creo que debamos olvidar toda disciplina u orden para entrar en contacto con las fuerzas salvajes de nuestra existencia. Pero sí que hace falta una concentración de esfuerzo para encontrar la única manera de llegar a ser personas íntegras”.

“El valor de la vida no depende de las horas, días o años que se vivan, ni tampoco del número de personas con las que uno se relacione, ni de la influencia que se tenga en la historia. El valor de la vida es la vida en sí misma”.

“Nuestros dones, por pequeños que parezcan, se hacen grandes cuando se reconocen como dones de Dios para el pueblo de Dios. Cuando nos refrenamos en la entrega, con una mentalidad de escasez, lo poco que tengamos se hace aún menos. Cuando damos con generosidad, con una mentalidad de abundancia, lo que entregamos se multiplica”.

“Creo personalmente que Jesús se encarnó para abrirnos la puerta de la casa de Dios, y todos los hombres pueden pasar por esa puerta, conozcan o no a Jesús”.


Henri Nouwen.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Nuestra gran fortuna.


En el blog de nuestra amiga Analía aparece recien esta historia que ya conocía por boca de Facundo Cabral; agradeciendole a ambos el traerla a nuestra memoria la reproduzco acá hoy domingo, día de fiesta cristiana, para que se siga multiplicando su mensaje, con una verdad tan grande como un templo y lamentablemente tan desconocida.


“ Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo para acercarse a la casa del zapatero en que le dijo: “ Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda encima y mis sandalias están rotas, si tu me hicieras el favor.” A lo que el zapatero le respondió: “ Aquí todo el mundo viene a pedir y nadie a dar.” Dios le dijo: “ Yo puedo darte todo aquello que tú necesites.” ¿ Tú podrías darme un millón de dólares para que yo fuera feliz?. Yo puedo darte diez veces más que eso a cambio de algo; a cambio de tus piernas. A lo que el zapatero le respondió: “ Para qué quiero yo diez millones de dólares si no voy a poder caminar sólo”. Puedo darte, continuaba el Señor, cien millones de dólares a cambio de tus brazos. El zapatero, inquieto le dijo: “¿ Qué puedo hacer yo con cien millones de dólares si no voy a poder comer solo?.” El Señor le hizo la última tentativa al zapatero. Te voy a dar mil millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero, asustado ante el mendigo le respondió: “ Qué hago yo con mil millones de dólares si no puedo ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos.” El señor le dijo: “ Ah, hermano, hermano, qué fortuna tienes y no te das cuenta”.

Noviembre de lujo.


El mes de noviembre comienza con hermosas y sentidas celebraciones litúrgicas. La Solemnidad de Todos los Santos debería ser una fiesta grande en la Iglesia, y quiero decir con esto que fuera no sólo solemne, sino alegre, gozosa, con amplia participación de todos los que somos discípulos de Cristo. Me gusta mucho esta fiesta, lo reconozco, y trato de celebrarla cada año de modo que se note su valor en el ritmo del año cristiano. Cuando cae día de semana la paso al domingo, y contagio a mi comunidad parroquial de este entusiasmo. Hoy mismo tendremos la Eucaristía en la mañana, y luego en la tarde un encuentro de comunidad, con una primera parte formativa (Doctrina Social de la Iglesia) y una segunda parte festiva: ágape fraterno, compartir entre hermanos. Cada uno pone un plato y siempre habrá quien cante o recite. Insisto mucho en que la fe es alegría y sentido de familia entre todos los que integran la comunidad, tanto como insisto en el valor del conocimiento y la formación de nuestra fe; si ambas cosas pueden ir de la mano, mucho mejor.
El día 2 de noviembre es el día de los Fieles Difuntos: memoria de aquellos que nos han precedido en la fe. Es muy importante tener memoria, tener raíces, saber de dónde venimos, pues este tesoro que llevamos en vasijas de barro nos ha sido legado, trasmitido, por generaciones anteriores. Es bueno reconocerlo y saber dar gracias. Dos sentimientos creo han de primar al orar por nuestros hermanos y hermanas difuntos. Dar gracias y perdonar o pedir perdón. Las raíces y cimientos de nuestra vida y nuestra fe han de estar sanos, tener luz. Es hermoso pensar en esa comunión que nos hace orar unos por otros hasta el fin del mundo.
Pero noviembre es también un mes muy carmelitano, pues además de celebrar a nuestros santos de la Orden y sentir la comunión con nuestros difuntos (14 y 15 de noviembre) celebramos a dos queridos beatos a los que tengo especial devoción: Francisco Palau e Isabel de la Trinidad. Es ciertamente un mes hermoso este noviembre. Hoy día 4 está celebrando su Fiesta Patronal una parroquia a la que serví varios años y que llevo en el corazón: San Carlos, Catedral de Matanzas. Y el día 16 de este mismo mes recibió Thomas Merton su bautismo en la Iglesia Católica.
Otras figuras importantes del mundo cristiano que cumplen aniversarios en este mes y que me gusta evocar para mi propia satisfacción espiritual son :Leon Bloy, Duns Escoto, Sören Kierkegaard, Leon Tolstoi, Dorothy Day y Etty Hillesum. Memoria, activar la memoria y crearse ritos propios para mantener encendida la llama interior, y cumplir lo que llama San Pablo, en la lectura de este domingo, la “Tarea de la fe”. Con estas coordenadas se adentra este blog en el mes de noviembre.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Ecos de Aparecida.


En su Palabra y en todos los sacramentos, Jesús nos ofrece un alimento para el camino. La Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad: “El que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). En ese banquete, feliz participamos de la vida eterna y, así, nuestra existencia cotidiana se convierte en una Misa prolongada. Pero, todos los dones de Dios requieren una disposición adecuada para que puedan producir frutos de cambio. Especialmente, nos exige un espíritu comunitario, abrir los ojos y servirlo en los más pobres: “En el más humilde encontramos a Jesús mismo”. Por eso san Juan Crisóstomo exhortaba: “¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez”.
Aparecida, 354.

Maduros para obedecer.


"Nadie puede llegar a ser contemplativo o santo por el mero hecho de abandonarse neciamente a un concepto excesivamente simplificado de obediencia. Tanto en el súbdito como en el superior, la obediencia presupone mucha prudencia, y la prudencia significa responsabilidad. Obedecer no es abdicar de la libertad, sino usarla con prudencia en ciertas condiciones bien definidas. Ello no hace que obedecer resulte más fácil, ni es en absoluto una huida de la sujeción a la autoridad. Todo lo contrario: esta clase de obediencia supone una mente madura, capaz de tomar decisiones difíciles y de entender correctamente órdenes difíciles, ejecutándolas con una fidelidad que puede llegar a ser, en algunos casos, genuinamente heroica. Semejante obediencia es imposible sin los recursos profundos de un amor espiritual maduro".

(Thomas Merton, Nuevas Semillas de Contemplación)


Durante varias entradas hemos compartido unos textos de TM acerca de la obediencia, tema polémico y a menudo difícil, pero fundamental en la senda espiritual. Estamos buscando otras miradas al respecto que iremos poniendo también en lo sucesivo, intercaladas entre otros temas vinculados al camino interior. Me hubiera gustado conocer algunos criterios personales sobre este tema, pueden escribir a mi dirección personal o dejar comentarios.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.