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lunes, 5 de mayo de 2008

Un nombre para la invocación.


"Yahvéh es un nombre para la invocación. Si se quiere entender como conocimiento propiamente tal, que implique dominio sobre la realidad, falla. El nombre divino se revela, a la vez que expresión de presencia, nombre de innombrable".
(J.Caffarena)
¿Es posible hablar de Dios y decir verdad?
En la Escritura hay pasajes hermosísimos que intentan describir su majestad y grandeza, pero son siempre imágenes, símbolos, comparaciones. Jesús nos dejó la mejor de todas ellas: "Padre", Abba. A Dios se le conoce invocándolo, padeciéndolo, e incluso revelándose, luchando contra Él. Se le conoce desde el amor, la sumisión, la fe.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nuestro encuentro personal con Dios es ciertamente un don y un misterio. Hermosa esta manera de definirlo, "innombrable", y al mismo tiempo aquel al que siempre clamamos, con uno u otro nombre, de una u otra manera. No importa el modo que use para revelarse a nosotros, siempre es "el que es", el Todo que da sentido a nuestra nada.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.