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sábado, 31 de mayo de 2008

El amor es nuestra medida.


"La medida de nuestra identidad, de nuestro ser (ambas cosas son lo mismo), es el monto de nuestro amor por Dios. Cuanto más amamos las cosas terrenales, la reputación, la importancia, los placeres, la comodidad y el éxito, tanto menos amamos a Dios. Nuestra identidad se disipa entre cosas que no tienen valor, y nos ahogamos y morimos tratando de vivir de las cosas materiales que nos gustaría poseer o de los proyectos que nos gustaría completar para objetivar la obra de nuestra voluntad. Entonces, cuando llegamos a la muerte, descubrimos que hemos malgastado todo nuestro amor (que es nuestro ser) en naderías y que no somos nada, que somos muerte. Entonces sobre todo, a la terrorífica luz del puro Ser y perfecto Amor, vemos lo detestable que son las naderías, la muerte. Pero si Le amamos y nos perdemos en Él, nos encontramos en Él y vivimos gozosamente por siempre.

Pero la tribulación nos separa de las naderías en que nos consuminos y morimos. Por lo tanto, la tribulación nos da la vida y la amamos, no por amor a la muerte, sino por amor a la vida.

Permíteme, pues, retirar todo mi amor de las cosas dispersas y vanas y situarlo todo en Tí, donde arraigará y vivirá, en lugar de consumirse en la esterilidad.

Mi vida se mide por mi amor a Dios, y este, a su vez, se mide por mi amor al más pequeño de Sus hijos".


Thomas Merton.

3 de septiembre de 1941.

El Amor de Dios me sostiene.


Celebré ayer la liturgia del Sagrado Corazón de Jesús. Las lecturas escogidas son realmente ricas para mostrar el amor de Dios, infinito, fundamento de nuestro ser y de toda nuestra vida espiritual. Estuve recordando una anécdota que se cuenta del Santo Cura de Ars: como no era un hombre muy brillante intelectualmente fue enviado a un pueblo apartado y poco importante, y allí desarrolló una labor espiritual de impacto; pues se cuenta que siempre predicaba el mismo sermón, una y otra vez, y el tema era el amor de Dios. En ese sentido quiero parecerme mucho a él, porque no me canso nunca de hablar de Dios, y me gusta la definición que usa San Juan para hablar de los cristianos:

"Nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en él".


Jesús nos invita a cargar su yugo, que es ligero: entiendo que ese yugo de que habla Jesús es el yugo del Amor. Y los místicos siempre acaban descubriendo, luego de una vida de peregrinaje espiritual, que nada importa más que el Amor.

Hay momentos en que necesitamos escuchar estas cosas, repetirlas en lo más profundo, abrazarnos a esta verdad espiritual, para ir más allá de lo que los otros intentan hacernos creeer.

Ahora mismo estoy abrazado al Amor de Dios, al Jesús de la Cruz, al Buen Pastor, al Cristo de la Misericordia, al Sagrado Corazón de Jesús.

Ahora mismo no hay nada más.

Memorias de Ernesto Cardenal 3.


Al día siguiente regresó Merton a mi habitación como lo había anunciado. Estuvo viendo con mucho interés los libros que yo había traído y se llevó algunos para leerlos. Lo de los libros había sido por recomendación suya. Poco antes de mi salida de Nicaragua me había escrito una carta ya personal como maestro de novicios, para infundirme tranquilidad y ánimo; y en ella me decía que no vacilara en llevar conmigo un lote de libros, aquellos de mi preferencia. De no ser así yo hubiera llegado despojado de todo libro. También le mostré algunas fotos de mis esculturas y le gustaron. Me las pidió para mostrárselas al P. Juan de la Cruz que era ceramista. Hablábamos en español, porque su español era mejor que mi inglés. Lo que me sorprendió mucho, porque en todo lo que había escrito de su vida yo no recordaba que él contara nunca que estuviera aprendiendo español; y cómo lo había aprendido muy bien en el encierro de la trapa, me parecía como milagro. Más me sorprendería después, cuando me fui dando cuenta que los idiomas que él conocía eran muchos, muchísimos; nunca supe cuántos. Y ésta no fue la única cosa suya que yo vería después como milagro. Me dijo que ahora él iba a perfeccionar más el español con mi conversación y con los libros que había llevado, porque antes había tenido muy pocas oportunidades de practicar el español. Me dijo que yo iba a practicar el inglés teniendo conversaciones con un monje que había sido un escritor de Hollywood, el que le hacía los argumentos a Beatriz Lillie, y autor de muchas otras películas. Le agradó mucho ver el librito de pájaros que yo había comprado en Miami, y me dijo que eso me iba a ser de mucha utilidad en el monasterio. Ahora yo ya iba a pasar de la casa de huéspedes al noviciado. Mucho tiempo después me contaría Merton que cuando el Abad recibió mi solicitud de ingreso, se la dio a él para que me contestara rechazándola. Algunos latinoamericanos habían llegado antes y casi no habían durado nada. El Abad pensaba que las diferencias de clima, idiosincrasia, etc., hacían que este monasterio no fuera propio para los latinoamericanos, y en caso de que debieran regresarse sin tener con qué, los pasajes en avión serían una carga para el monasterio. Pero cuando Merton recibió mi solicitud, sintió —según me dijo— muy claramente en su interior una especie de voz que le decía: “Hay que recibirlo. Es muy importante que él venga aquí”. Eso hizo que él contraviniera la orden expresa del Abad, y así fue que a mí me llegara una aceptación de ingreso. Y yo ahora pues ya iba a entrar al noviciado.

jueves, 29 de mayo de 2008

Perplejidades y nuevos nacimientos.

"Dios hace que nos hagamos preguntas en especial cuando Él pretende responderlas.
Nos da necesidades que sólo Él puede satisfacer
y suscita capacidades que Él tiene la intensión de consumar.
Cualquier perplejidad es susceptible de ser una gestación espiritual
conducente a un nuevo nacimiento y a una regeneración mística".
Thomas Merton, 1949.
Hoy disfruté mucho los pasajes bíblicos que proponía la liturgia. Especialmente la figura del ciego Bartimeo me hizo pensar en el sentido verdadero de lo que llamamos "fe". En las últimas semanas he vivido un estado anímico muy especial, y creo que está aconteciendo en mí uno de esos momentos particulares de nuestra vida espiritual. No es algo que dependa de mi capacidad, más bien todo lo contrario, pero se están suscitando "chispas", como diría alguien.
Dios está haciendo su obra, estoy seguro, y por eso, con paciencia, aprieto los puños y aguanto el dolor.

martes, 27 de mayo de 2008

Memorias de Ernesto Cardenal 2.


Al poco rato llegó a hablarme Thomas Merton. Se me presentó con mucha humildad, y no me dijo su nombre sino tan sólo: “Yo soy el maestro de novicios”. Igualmente el Abad se había referido antes a él sin mencionar su famoso nombre. Después que yo había llenado todos los requisitos exigidos junto con la solicitud de ingreso, me escribió informándome que había sido admitido, y agregaba: “Tendrá de maestro de novicios uno que también es poeta, en cierto sentido, y estudió como usted en la Universidad de Columbia”. Lo cual me había llenado de gozo doblemente: primero al saber que mi maestro de novicios sería Thomas Merton, a quien yo le había leído prácticamente todos sus libros, e incluso traducido; y segundo porque eso yo no lo había sabido antes al pedir mi admisión, y era una garantía de que yo no había escogido ese monasterio buscándolo a él sino a Dios. En su último libro él había escrito que seguramente lo enviarían a una nueva fundación. El que aun estuviera allí y además fuera el maestro de novicios era algo inesperado. Había sido nombrado maestro de novicios como un año antes que yo llegara. Y eso lo atribuí a una acción especial de Dios para mí. Más claramente lo sentiría así cuando dejó de ser maestro de novicios pocos años después de que yo me fuera. Lo primero que Merton me dijo fue que el P. Abad le había encargado que me dijera que una condición para que yo entrara al noviciado era que renunciara a escribir. Yo le dije tranquilamente que desde que había escogido entrar a esta orden ya había hecho esta renuncia. En realidad yo muy bien sabía por los libros de Merton que la trapa es una orden antiliteraria. Esto que a mí me repugna era una de las razones por las que yo había escogido esta orden. Para entregarme totalmente a Dios yo debía renunciar a todo. Podría haber escogido la orden benedictina, que es de la familia de la trapa, y que se dedican principalmente a las artes y las letras, pero entonces no habría renunciado a mi gran amor: la poesía. También podría haber entrado a un seminario y ser sacerdote en Nicaragua, pero entonces no habría renunciado a otro gran amor: mi tierra y mis lagos. Yo debía ir a Dios despojado de todo. Merton recalcaba mucho en sus libros que como trapense escritor él era una excepción. Al principio no escribía, hasta que un Abad, anterior al actual, le ordenó que lo hiciera. En cuanto al escribir, ahora me cuenta Merton que el presente Abad no está muy seguro de que él deba seguir escribiendo; en cualquier momento podría prohibírselo también a él. También era posible que a mí me permitieran escribir en el futuro. Esto no se podía saber. Pero era muy bueno para la paz interior estar con esta indiferencia. La prohibición era de escribir profesionalmente, es decir escribir para publicar. Pero sí podía tener mis cuadernos y libretas, y escribir, apuntes, notas, reflexiones. Merton tenía unos ojos vivaces y regocijados; un semblante ingenuo e inocente; la cara redonda, y empezaba a ser calvo. Era un poco más gordo que delgado, no una figura alargada del Greco como yo lo imaginaba. Los trapenses no podían ser fotografiados, y así los millones de personas que leían a Thomas Merton no podían tener una idea de cómo era. Era relativamente joven; tenía diez años más que yo, y yo entonces tenía treinta y dos años. También entre las primeras cosas que me habló fue preguntándome qué posibilidad había de una fundación trapense en Nicaragua. Precisamente la semana anterior había estado el P. Visitador y les había dicho que el próximo monasterio lo debían fundar en América Latina; porque ya habían hecho 12 fundaciones en los Estados Unidos, y de ahora en adelante todas las nuevas fundaciones debían ser hechas allá. Yo le hablé de la belleza de Nicaragua. Y también cómo había allí personas interesadas en apoyar una fundación trapense, sobre todo con motivo de mi ingreso aquí. Vi cómo le importaba mucho este tema, y me dijo que habría que hablar de esto al P. Visitador. Yo iba a pasar pronto al noviciado, porque dentro de pocos días la casa de huéspedes estaría llena de visitantes. Me dijo que la austeridad física la podría aguantar muy bien, porque se dormía lo suficiente, siete horas —y siesta si uno quería, en el verano. La dieta no excluía más que carne, huevos y pescado, y que uno podía comer hasta llenarse. Hay desayuno, y éste era de café y pan. Me dijo que sin embargo debía estar preparado para luchar, porque también tendría que sufrir, y por lo que más tendría que sufrir era por el silencio y por la vida continuamente en comunidad. En cuanto a experiencias místicas yo ya sabía, me dijo, que no había que contar con ellas. Y alguien había definido la vida del monje como un semi-éxtasis y cuarenta años de aridez. Hablaríamos más al día siguiente. Desde mi cuarto oía un tractor trabajando y muchos trinos de pájaros. Era primavera y el campo estaba lleno de miles de pájaros

Estoy de regreso.

En los últimos días no he podido mantener actualizados mis blog de la forma habitual. Diversas razones me lo impidieron, y la última de todas fue la perdida del antivirus. Ya he resuelto el problema, y espero poder volver al ritmo habitual de contactos. En el día de ayer se cumplía aniversario de la Ordenación Sacerdotal de Thomas Merton, y no quiero dejar pasar la ocasión de recordarlo. Yo lo tuve presente al celebrar la Eucaristía, y trataré de incluir algún texto relacionado con la fecha en los próximos días. Esta semana están los Carmelitas Descalzos del Caribe celebrando su Capítulo, y en Cuba se ha quedado un solo fraile en cada casa atendiendo toda la pastoral, por lo que estamos apretados de tiempo. Esperamos, con mucha oración por supuesto, las decisiones de los capitulares respecto al próximo trienio, y especialmente en Cuba queremos seguir trabajando y sembrando nuestro carisma teresiano sanjuanista. A todos los amigos y amigas del blog les he tenido presentes a pesar del obligado silencio, y espero sigamos siendo parte de esta fraternidad espiritual.

“Que el hombre lleve siempre dos bolsillos.
En uno guardará escrito:
No soy más que polvo y ceniza.
Y en el otro:
El mundo no ha sido creado más que para mí”.
(Bounam de Pssiske, autor judío)

“Dios crea el mundo como el mar los continentes: retirándose”
(Rilke)
(Rilke)

jueves, 22 de mayo de 2008

Memorias de Ernesto Cardenal.


"Cuando yo volé de Nicaragua a Estados Unidos para ingresar al monasterio trapense de Gethsemani, Kentucky, iba conmigo en el avión un tío mío; él bajó en El Salvador para cambiar de avión, y cuando yo me despedí de él me despedí de lo último que me ligaba con el mundo, y ya quedé a solas con Dios. Yo escribí pocos días después desde el monasterio a mis papás y hermanos: “¡No pueden imaginarse qué viaje más feliz! Hagan de cuenta exactamente un viaje de bodas”. Al bajarse mi tío Alejandro sentí que Dios me decía: “Bueno ya estamos solos, veniste a buscarme y aquí me tienes”. Fue como si de pronto ya todo el universo se me llenara de Dios. El vuelo fue lindísimo. El Caribe estaba calmo como una laguna. A veces se veían bancos de corales sumergidos, misteriosísimos, de un verde claro muy diferenciados en medio del azul del mar. Hicimos escala en La Habana, y antes de llegar a ella el campo de Cuba a la luz del atardecer también me pareció maravilloso. La creación entera me parecía gritar a Dios; el amor y la belleza de Dios. (Era aún la Cuba de Batista en aquel 1957; una prima me había contado que en unas montañas se había levantado en armas un joven muy popular). Y llegué a Miami. Aquel viaje lo quedé recordando para siempre como una cosa de sueño o alucinación, como un verdadero viaje al cielo, más que un vuelo rutinario de la Panamerican. En el Aeropuerto de Miami esperé casi toda la noche, hasta las dos de la mañana. Quería leer pero estaba tan feliz que apenas podía concentrarme en la lectura. En el aeropuerto las muchachas circulaban en shorts, lo que para un latinoamericano era novedoso. Una gran cantidad de anuncios y letreros para mí no tenían sentido y eran como cosa de locura: “Beba...” “Fume...” “Compre...” Coma...”. Visitar tal sitio, alquilar un auto, llevarse un yate. Entre los libros de bolsillo que vendían vi uno que era una guía para reconocer pájaros y no sé por qué lo compré. Hasta después sabría la gran utilidad que para mí iba a tener ese libro. Como tenía tanto tiempo que esperar salí a caminar en los alrededores del aeropuerto. Algo me divirtió y me sorprendió porque no lo esperaba encontrar en Estados Unidos: los cocoteros, los bananos, el bambú. Había rincones cerca del aeropuerto que a la luz de la luna parecía que uno no estuviera en los Estados Unidos sino en el río San Juan de Nicaragua o en lo que entonces era un territorio en litigio, casi despoblado, entre Nicaragua y Honduras. Creí que yo ya me había despedido de la vegetación amada de mi país y Dios se rió y me la vuelve a poner en los Estados Unidos. Parecía como que Él hubiera hecho que entrara por Miami para que me diera cuenta qué cerca están los Estados Unidos y Nicaragua, y que Estados Unidos es también un país del Caribe, y que no debía considerarlo ahora como tierra extraña —porque mi sentimiento había sido como que me iba al destierro— sino como mi misma patria. Fue entonces que recapacité en una frase que me había dicho el oficial de migración al recibir mis papeles de inmigrante —sólo en esa calidad podía entrar al monasterio porque era para vivir toda la vida— y a la que antes no presté atención: Welcome to the United States, sir!. Comprendí entonces que era Dios el que me había dado la bienvenida a los Estados Unidos, mi nueva patria. En el siguiente vuelo me tocó el amanecer sobre Kentucky. El avión iba volando bajo porque es una tierra llana, y con la salida del sol todo el estado se veía muy alegre, verde como un campo de golf. Me pareció como si los grandes llanos de Teotecacinte junto a las selvas que entonces eran el territorio en litigio con Honduras se hubieran llenado de carreteras y ferrocarriles y puentes y fábricas y pueblitos y ciudades. Yo ya sabía por experiencia que todo lo que tenía el capricho de pedirle a Dios me lo daba; y tuve un gran capricho, y fue el pedirle ver el monasterio desde el avión, y lo vi: el conjunto de edificios grandes y otras diversas instalaciones, la iglesia de estilo gótico, la muralla de la clausura como de una fortaleza medioeval —lo que yo conocía ya por las fotografías, y después que llegué a él confirmé que en efecto era el monasterio. Aterrizamos en Louisville, Kentucky, y allí tomé un bus de la Greyhound que salía después del mediodía hacia el pueblito vecino al monasterio. Debo confesar que en esta última etapa del viaje iba ligeramente nervioso. Me preguntaba si no estuviera haciendo una locura, pero también pensaba que yo ya estaba embarcado en esa aventura y que dichosamente ya era tarde para volver atrás. Me tranquilizaba la certeza de que Dios me llevaba de la mano y El sabía a dónde iba. Pero también me tranquilizaba el panorama que veía desde la ventanilla del bus. Era una tarde de primavera y todo lo veía muy alegre. En mi interior yo experimentaba la situación dramática de que ya dejaba el mundo y su civilización, pero la apariencia era de todo lo contrario; un viaje muy tranquilo como si yo fuera a un Country Club o un hotel de montaña: unos muchachos entrando a drug-stores con sus amigas, otro tirando con un rifle, otros llevando botes en trailers. Era como si Dios mudamente me estuviera diciendo con ese día de primavera: “No estés nervioso. ¿De qué te afliges? No te estás alejando de nada”. O como si yo hubiera preguntado cómo ascender al monte Calvario y un chofer de la Greyhound me hubiera dicho: “Móntese. Yo le aviso la parada”. Así fue exactamente: el chofer me hizo una seña en una parada que se llamaba New Haven. Una señora se acercó al bus a preguntar quiénes iban al monasterio. Ella era dueña de la farmacia que era al mismo tiempo la estación del bus, y me dijo que era la encargada de arreglar los viajes al monasterio. Allí esperé un poco. Entraron a la farmacia unas chavalas en shorts haciendo un gran alboroto, y cuando se fueron la señora me dijo: “Así son todo el tiempo. No saben más que rock and roll. Y no son ni siquiera inteligentes”. Llegó una señora joven que me llevó en auto al monasterio. La entrada era muy bella al fondo de una alameda de grandes árboles. La señora se despidió de mí en el portón cuando un hermano llegó a abrir, y entré a un jardín lleno de pájaros. Tras ese jardín había otro portón con un letrero grande que decía: GOD ALONE. Entré con cierto escalofrío. Era la casa de huéspedes, y me sorprendió la decoración que había: todo muy moderno, del mejor arte moderno, de gran simplicidad y elegancia; atractivos diseños en mesas, sillas, ceniceros y lámparas; y esculturas estilizadas algo semejantes a mis esculturas. Me pareció que esta vez Dios también se reía de mi miedo."

Nuevos libros.

En estos días, y por vías diversas, he recibido nuevos libros como aporte para la biblioteca de espiritualidad; aunque algunos no son propiamente idóneos para el fin que esta biblioteca persigue también encuentra utilidad y espacio entre personas ávidas de conocimiento e información. Tengo mucho que agradecer a quienes colaboran en este empeño de ofrecer una espacio para el cultivo de la interioridad, el conocimiento y la cultura en general, y poco a poco han aportado un grano de arena en este sencillo y modesto templo del Espíritu. A continuación algunos de los títulos de reciente adquisición:

1- Biografía del miedo. Los temores de la sociedad contemporánea. Enrique González Duro.
2- Escritos Esenciales. Carlo Carreto.
3- Los caminos del Oriente Cristiano. Victos Codina.
4- Imágenes de Jesús. Anselm Grün.
5- Aprender a vivir (Filosofía para mentes jóvenes).Luc Ferry.
6- Solzhenitsyn. Un alma en el exilio. Joseph Pearce.
7- Oscar Wilde. La verdad sin máscaras. Joseph Pearce.
8- La alegría, contra el desconsuelo de nuestro tiempo. Anselm Grün.

De Henri Nouwen:
1- Semillas de esperanza. Henri Nouwen. Recopilación de Robert Durback.
2- El trabajo por la paz: oración, resistencia, comunidad. Henri Nouwen.
3- Nuestro mayor don. Henri Nouwen.
4- Tú eres mi amado. La vida espiritual en un mundo secular. Henri Nouwen.
5- Abriéndonos. Los tres movimientos de la vida espiritual. Henri Nouwen.
6- Encontrar en Él la vida. Henri Nouwen.

domingo, 18 de mayo de 2008

Trinidad a quien adoro.

Este domingo la litúrgia católica celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad. Me gusta decir que en este día miramos a Dios como misterio. Aunque los teólogos han desplegado toda su capacidad para intentar mostrarnos racionalmente lo que ocurre en el ser de Dios, prefiero aquello de que "si lo entiendes, no es Dios". Dios es MISTERIO DE AMOR. Ayer en la tarde explicaba a los niños algo de esto y les decía: Dios está con nosotros, como Espíritu está en nosotros, y por eso también nosotros somos MISTERIO. Lo mismo que Dios, cada ser humano es inexplicable. En esto radica fundamentalmente nuestra DIGNIDAD. Me parece muy importante y necesario que nuestro "discurso" acerca de Dios vaya siempre a la par del descubrimiento de la hermosura de la criatura humana que tiene su fuente en Dios. Santa Teresa, en el primer capítulo de MORADAS lo dice de un modo especial, y Merton, en la EPIFANÍA DE LOUISVILLE. Cada uno de nosotros es un reflejo único del Dios UNO Y TRINO.
"!Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Me entrego a Tí como víctima. Sumérgete en mí para que yo me sumerja en Tí hasta que vaya a contemplar en Tú luz el abismo de todas tus grandezas".
(Isabel de la Trinidad)

viernes, 16 de mayo de 2008

Soledad y libertad.

Para su existencia la sociedad depende de la inviolable soledad personal de sus miembros. La sociedad, para merecer tal nombre, no debe componerse con números o unidades mecánicas, sino con personas. Ser una persona implica responsabilidad y libertad, y ambas implican cierta soledad interior, un sentido de integridad personal, un sentido de la propia realidad y la propia capacidad de brindarse a la sociedad, o de rechazar tal don.
Cuando los hombres son sumergidos en una masa de seres humanos impersonales impulsados por fuerzas automáticas, pierden su genuina humanidad, su integridad, su capacidad de amar, si idoneidad para la autodeterminación. Cuando la sociedad se compone de hombres que no conocen soledad interior alguna, no es posible que sea aglutinada por el amor; y en consecuencia es sustentada por una autoridad violenta y abusiva. Pero cuando los hombres son violentamente despojados de la soledad y la libertad que constituyen su patrimonio, la sociedad en que viven se vuelve pútrida, supura servilismo, resentimiento y odio.
Ningún caudal de progreso tecnológico curará el rencor que siempre devora lo vital de una sociedad materialista como un cáncer espiritual. La única cura es, y siempre será, espiritual. No sirve de mucho hablarles sobre Dios y el amor a los hombres, si no están en condiciones de escuchar. Los oídos con que uno escucha el mensaje del evangelio están ocultos en el corazón humano, y estos oídos nada escuchan a menos que sean favorecidos por cierta soledad y silencio interior”.

Thomas Merton.

miércoles, 14 de mayo de 2008

La oración y la fe.


“Cuando leemos en el Nuevo testamento que la fe “mueve montañas”, no debemos interpretar el lenguaje simbólico en un sentido exclusivamente literal, como si quisiera decir que la oración es un medio mágico de llevar a cabo cosas físicamente difíciles o imposibles de realizar. Ese es el tipo de absurdo que los ateos sugieren después de haber allanado una colina con una máquina excavadora o después de que un astronauta soviético haya regresado a la tierra sin haber visto ningún ángel. La fe, en efecto, tiene que ver con imposibilidades, pero en modo alguno pretende suplir a la mera fuerza física, a la medicina, al estudio o a la investigación humana.
Cuando Cristo decía a sus oyentes que debían tener fe, no pretendían que se limitasen a usarla para modificar el paisaje. Quería hacerles ver que su fe debía ser tal que no se dejara amilanar por ninguna clase de obstáculos ni de imposibilidades aparentes. La lección se refería a las cualidades de la fe, no a la naturaleza de la tarea que había de realizarse. La tarea no importaba, porque todo lo que fuese necesario para la salvación iba a concederlo Dios como respuesta a nuestras oraciones.
El significado central de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la oración, por tanto, es que el Reino de los cielos está abierto a quienes, en la oración, pidan acceder a él. Esta ayuda sobrenatural jamás le será negada a nadie que la necesite y la busque en el nombre de Cristo. La fe le será concedida a quienes sepan pedirla. La luz de la verdad divina no se le niega nunca a los humildes. Pero la oración debe ser perseverante e insistente”.

Thomas Merton. “Vida y Santidad”.

miércoles, 7 de mayo de 2008

De un corazón nuevo nace la paz: Henri Nouwen.


Estoy leyendo, o mejor he leído casi en un día, otro libro de Henri Nouwen, y de él he tomado la frase que encabeza esta entrada. Su título es "El amor en tierras de temor. Una historia en Guatemala". Fue un libro escrito por Nouwen en la decada de los 80, y recoge el testimonio de una realidad dura y trágica vivida por los pueblos de América Latina durante más de una década: la violencia, y el martirio de hombres y mujeres de fe. Es un libro sencillo, apenas 110 páginas, que no tiene las habituales reflexiones espirituales de Henri, pero imprescindible para conocerle, para seguirle experimentando amigo y cercano, a pesar de no haberle conocido personalmente. Es un libro hermoso y triste, que habla de un sacerdote mártir: Stanley Francis Rother, asesinado mientras trabajaba como misionero en Guatemala. De ese texto les comparto una frase que habla del sentido de la amistad en la vida espiritual, una frase hermoso que puedo asumir casi totalmente, y que dedico además a todos los amigos/as de este blog:


"La amistad siempre ha hecho parte del centro de mi camino espiritual. Dios me ha concedido muchos amigos, y cada uno de ellos ha jugado un rol muy importante en mi manera de pensar, de sentir, de hablar y de actuar. Algunas de estas amistades han sido intensas, dolorosas y marcadas por la confusión, mientras que otras han sido tranquilas , firmes y dulces".

lunes, 5 de mayo de 2008

Un nombre para la invocación.


"Yahvéh es un nombre para la invocación. Si se quiere entender como conocimiento propiamente tal, que implique dominio sobre la realidad, falla. El nombre divino se revela, a la vez que expresión de presencia, nombre de innombrable".
(J.Caffarena)
¿Es posible hablar de Dios y decir verdad?
En la Escritura hay pasajes hermosísimos que intentan describir su majestad y grandeza, pero son siempre imágenes, símbolos, comparaciones. Jesús nos dejó la mejor de todas ellas: "Padre", Abba. A Dios se le conoce invocándolo, padeciéndolo, e incluso revelándose, luchando contra Él. Se le conoce desde el amor, la sumisión, la fe.

Mística: manifestación y anticipo.

"Verdaderamente los místicos y las místicas no son rarezas en la historia humana, adorno inútil en la historia de la religión. Son una manifestación y un anticipo de lo que puede llegar a ser el hombre, cuando, siguiendo la vocación que lo constituye, se adentra en el misterio de Dios"
Salvador Ros
Esta frase, encontrada en medio de mis lecturas de estos días, encierra un tesoro para meditar. Es importante entender que la experiencia de Dios no es algo tan raro y excepcional como a menudo imaginamos. Muchas personas experimentan en su vida cotidiana, mientras realizan tareas simples, una presencia o una verdad que los ciega, como si de un fuerte y súbito rayo de luz se tratara. En esa "iluminación", que dura segundos, podemos vislumbrar la "verdad" de nuestro ser, la VERDAD de Dios. No es una comprensión intelectual, seguimos tan ignorantes de ello como antes; simplemente sabemos de una manera nueva, puntual, súbita, y ese "saber" nos puede transformar casi imperceptiblemente.
Otro elemento que esta frase me sugiere tiene que ver con el vínculo existente entre mística o experiencia de Dios y humanización. Lo que experimenta el místico es la posibilidad de nuestra humanidad; no es que él sea excepcional, sino que en él la humanidad es plenificada. Recuerdo que hace años, mientras recibía una conferencia acerca del vínculo entre mística y depresión, el profesor, un psiquiatra, invitaba a pensar en la posibilidad de que lo que hoy calificamos de estado patológico puede llegar a ser un día, bajo una nueva comprensión, un capacidad de la mente humana de la que no participamos todos o simplemente no desarrollamos.
Finalmente, se habla también de esa "vocación que nos constituye". Pienso en la huella de Dios en el corazón humano. Esa búsqueda que hacemos durante toda la vida, intentando hallar lo que nos dignifica.
Los místicos ayudan a dignificar nuestra humanidad, la llevan más allá, no digo de lo cotidiano, pero sí de lo mediocre, de la resignación y la conformidad.

viernes, 2 de mayo de 2008

Ascensión: despedida y consuelo.

Toda esta semana el pasaje de los evangelios que leemos en la Eucaristía va preparando la fiesta de este domingo: la Ascensión del Señor. Para prepararla, y prepararme para las homilías de este fin de semana (que parecen serán unas cuantas) estuve leyendo en el libro de Anselm Grün que lleva por título "La Resurrección de cada día". Les dejo algunas frases motivadoras:
"Allí donde yo viva y la vida brote en mí, allí veré al Resucitado y experimentaré a Dios".
"En cada despedida existe la posibilidad de algo nuevo".
"Sólo cuando tengamos el valor de trepar por nuestra humanidad, el Cielo se abrirá ante nosotros".
"El Cielo no debe buscarse en cualquier parte, sino en nosotros".
"Tu habitación es el lugar donde Dios vive junto a tí, donde desea platicar contigo, donde sana tus heridas".
"Solo seremos realmente humanos cuando nuestra naturaleza se atreva a dar un paso más allá, hacia el Cielo a donde Jesús ha ascendido en cuerpo y alma"."El gozo agranda el corazón y nos abre al encuentro con las personas".
"La misa puede ser el lugar donde vemos el cielo abierto".
"Un corazón estrecho no puede experimentar el gozo. El gozo sólo existe cuando se ensancha el corazón".
"Vida verdadera es sólo la Vida en Dios".

jueves, 1 de mayo de 2008

Thomas Merton: leer y escribir.

"Esta mañana, bajo un cielo azul cobalto, con el verano finalizado bruscamente, estoy empezando el libro de Job. No hace calor suficiente para sentarse largo rato a la sombra de los cedros. El bosque se perfila nítidamente bajo el sol, y el clamor de los distantes cuervos es agudo en un aire que ya no crepita con las langostas. Job me conmueve profundamente. Este año, más que nunca, tiene una incidencia especial.
Ahora sé que todos mis poemas acerca del sufrimiento del mundo han sido inadecuados: no han supuesto nada; se han limitado a camuflar el problema, y a mí me parece que el ardiente deseo de escribir un poema real sobre el sufrimiento y el pecado no es sino una tentación más, porque, después de todo, no lo entiendo verdaderamente.
A veces me da la sensación de que me gustaría dejar de escribir precisamente como un gesto de desafío. En cualquier caso, espero dejar de publicar durante un tiempo, porque creo que me resulta imposible dejar completamente de escribir. Puede que siga escribiendo en mi lecho de muerte y que incluso me lleve papel de amianto para seguir escribiendo en el purgatorio. Excepto porque espero que Nuestra Señora disponga una victoria milagrosa sobre mis pecados que me haga innecesario el purgatorio".
Thomas Merton.
1 de septiembre de 1949.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.