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viernes, 29 de enero de 2010

LO NUESTRO ES PASAR...

A veces es tiempo de obrar y otras veces es tiempo de orar. Hay días en que nos sentimos fuertes y entusiasmados para acometer cualquier tarea;otros, en cambio, necesitamos quedarnos quietos, e incluso contemplar nuestras heridas, y hasta lamentarnos y llorar en nuestra habitación; sólo Dios y tú. La vida es eso: alegrías y tristezas. Pero Nouwen nos dice que necesitamos vivir las dos cosas, o de lo contrario, no conoceremos la felicidad. Lo que hoy te hace reir, mañana te hará llorar, y viceversa. Es así. La espiritualidad es ver en cada acontecimiento la fuerza del amor de Dios actuando. Es recordar que en todo momento somos amados. Esta verdad es el fundamento de nuestra vida de fe, y el saber, con TM, que estamos descubriendo a Cristo constantemente, en nuevos e inesperados lugares. También en el dolor de nuestras humanas heridas, en la tristeza de perder una amistad o intuir un destino. Es importante por eso CONSERVAR LA ALEGRÍA, pedirla a Dios constantemente, y CONFIAR.
 "Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
 pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar"
Siempre dispuestos a decir: HOLA, GRACIAS Y ADIOS.

Si confío en Ti...

"Hazme confiar en Tu misericordia, no en mí mismo.
Hazme esperar en Tu amor, no en la salud, ni en la fuerza,
ni en la habilidad ni en los recursos humanos.
Si confío en Tí, todo será, para mí, fuerza, salud y sustento.
 Todo me conducirá al cielo.
 Si no confío en Tí, todo será para mi destrucción".
 (Thomas Merton, Pensamientos en la soledad)

miércoles, 20 de enero de 2010

DIÁLOGOS CON EL SILENCIO

"Enseñame, oh Dios, a aceptar con gozo mi desvalimiento en la vida espiritual.
Enseñame a contentarme con tu gracia,
que viene a mi en la oscuridad y hace cosas que yo no puedo ver.
Enseñame a ser feliz por poder depender de Tí.
Depender de Tí debería ser, en sí mismo, infinitamente más grande que cualquier otro gozo
 que mi apetito intelectual pueda desear". (61)

"Nuestro Edén es el corazón de Cristo.
Venga tu gracia, Jesús.
Tu nombre está en mis entrañas.
Tu Santo Nombre corona la torre de mi corazón.
Venga la gracia, y pase este mundo,
Jesús, Tú que vives en mi exhausto corazón". (65)

"A Ti, que duermes en mi pecho,
 no se te encuentra con palabras,
sino en la aparición de la vida dentro de la vida,
y de la sabiduría dentro de la sabiduría.
Contigo ya no hay diálogo, contienda ni oposición de ningún tipo.  
A Tí se te encuentra en la comunión!
Tú en mí, y yo en Tí; Tú en ellos, y ellos en mí:
desasimiento dentro del desasimiento,
desapasionamiento dentro del desapasionamiento,
vacuidad dentro de la vacuidad,
libertad dentro de la libertad.
 Estoy solo. Tú estás solo.
 El Padre y Yo somos Uno". (95).

Thomas Merton
"Diálogos con el silencio".

viernes, 15 de enero de 2010

MERTON Y CUBA

He dicho siempre que el legado espiritual y humanista de Thomas Merton puede constituir un aporte importante al devenir histórico salvifico de los cubanos; el hecho de que su historia personal estuviera, de diversas maneras, vinculada a esta tierra y a su gente, es un factor que puede servir de estimulo para el acercamiento de su figura a nuestra realidad concreta, a nuestra Iglesia y, en general, a la cultura, la poesía y la política que se hace en la isla. Hace tiempo, en una de mis visitas al santuario de El Cobre, donde se venera la venerada imagen de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, me pregunté y pregunté la razón por la que allí no hubiera ninguna referencia al paso de Merton, figura reconocida internacionalmente, por ese lugar.


Ahora he sabido que un próximo numero del tabloide “La Jiribilla” estará dedicado al monje trapense norteamericano, y me ha parecido una idea excelente, pues contribuirá en darle a conocer entre nuestra gente, mas allá del pequeño circulo de intelectuales entre los que suele ser popular. Fui invitado además a escribir algo en ese numero, aunque lamentablemente esa invitación llego tarde a mis manos y ya no creo tenga tiempo para hacerlo, pero por lo que puede saber la preparación del dossier esta en buenas manos.

Merton era monje y sacerdote católico, pero antes y sobre todo fue un excelente ser humano, un sabio, con esa sabiduría particular y diferente que resulta de la combinación entre inteligencia, compasión y carisma. Supo mirar muy dentro de si, pero también mirar fuera, a su alrededor, y ver la puerta del Cielo en todas partes. Su legado, humanista, monástico, espiritual, es también político, cultural, literario y ecuménico.

El próximo día 31 de enero se cumplen 95 años de su nacimiento, y en 5 años mas serán cien, buena oportunidad para difundir su mensaje, compartir su testimonio vital, y reconocerlo como uno de esos maestros invisibles que acompañan y animan nuestro camino de fe. El propósito de este blog sigue siendo el mismo, darle a conocer, y ya entramos en nuestro cuarto año de existencia; aprovecho para agradecer a todos los que me leen, amigas y amigos, y cuyos comentarios, mensajes y sugerencias, estimulan este proyecto.

Nuestras vidas, como velas, expresan
Este símbolo sencillo:
Llora como nuestra vida corporal,
Dulce obra de abejas,
Endulza el mundo, con tu lento sacrificio.
Y esta será nuestra alabanza:
Que por nuestra feliz ofrenda,
La voluntad de nuestro Padre
Nos encendió y consumió como una parábola”. (TM)

Henri NOUWEN

El 24 de enero de 1932 nació Henri Nouwen; el 31 del mismo mes, pero de 1915 vino al mundo Thomas Merton. Ellos se encontraron en algún momento de sus vidas, pero el vínculo verdadero, que es espiritual, es más difícil de rastrear en un momento concreto de la historia; se hace evidente cuando nos acercamos a sus vidas, cuando nosotros nos encontramos espiritualmente con ellos, y se convierten ambos en nuestros maestros, en nuestros compañeros de camino. Entre mis rituales personales está el vivir durante estos días, entre el 24 y el 31 de enero, unas jornadas especiales, en las cuales renuevo mi compromiso de trabajar por difundir el mensaje de estos dos amigos de fe, por la sencilla razón de que creo que en él está contenido y encarnado el mensaje liberador de Jesucristo. Cada uno a su manera encontró a Jesús en el camino, Jesús entró en sus vidas y las transformó para que pudieran convertirse en fuente de sabiduría y esperanza para quienes a su vez se encontraran con ellos. Yo me he beneficiado muchísimo del encuentro con Thomas Merton y Henri Nouwen, a través de sus libros he podido conocerles en cierta medida, y aprovecharme además de su rica y honda experiencia espiritual. Ellos, instrumentos de la Gracia de Dios, me han ayudado a transformar el dolor en gozo, el pesimismo en esperanza, la debilidad en fortaleza. Mi acercamiento a ellos no tiene pretensiones académicas, sino espirituales. Quiero conocerlos mejor, leer lo que escribieron, para alimentar mi vida interior y compartir la riqueza de sus vidas en Cristo.



“Mientras reflexiono hoy sobre mi vida, me siento realmente, como el menor de todos los hombres santos de Dios. Mirando hacia el pasado, tomo conciencia de que todavía lucho con los mismos problemas que tenía el día de mi ordenación, hace veintinueve años. A pesar de mis muchas oraciones, mis períodos de retiro, y el consejo de muchos amigos, consejeros y confesores, he cambiado muy poco, si es que algo he cambiado, en mi búsqueda de paz y unidad interior. Soy la misma persona inquieta, nerviosa, intensa, distraída e impulsiva que era cuando comencé este viaje espiritual. A veces, esta obvia falta de madurez interna me deprime mientras estoy llegando a mis años “maduros”.

Pero tengo una fuente de consuelo. Más que nunca, deseo proclamar “las riquezas inconmensurables de Cristo” y echar luz “sobre el trabajo interno del misterio mantenido oculto en Dios, a través de los tiempos”. Este deseo se ha vuelto más intenso y urgente. Quiero hablar de las riquezas de Cristo mucho más que cuando fui ordenado en 1957. Quiero, realmente, hablar alto y claro acerca de las riquezas de Cristo. Lo quiero hacer simple, directa, claramente, y con una convicción profundamente personal. Aquí siento que algo ha crecido en mí. Aquí tengo la sensación de que no soy la misma persona que fui hace veintinueve años”.

Henri Nouwen. 24 de enero de 1986.

“Camino a casa. Un viaje espiritual”. Lumen.

martes, 12 de enero de 2010

ABRIR LAS MANOS.


Cuando vivimos del aliento de Dios, podemos reconocer con placer que el mismo aliento que nos mantiene vivos es también fuente de vida de nuestros hermanos y hermanas. Este descubrimiento hace desaparecer nuestro temor al prójimo, hace deponer nuestras armas y nos trae una sonrisa a los labios. Cuando reconocemos el aliento de Dios en los demás, podemos dejar que entren en nuestra vida y recibir los regalos que nos ofrecen” (47).

Rezar significa, sobre todo, ser acogedor con Dios, que es siempre nuevo, siempre diferente. Porque Dios es un Dios profundamente dinámico, con un corazón mas grande que el nuestro. La abierta aceptación de la oración, frente a un Dios siempre renovado, nos torna libres. En la oración, estamos constantemente en camino, en peregrinación. En nuestro camino, nos encontramos con más y más personas que nos muestran algo del Dios que buscamos. Nunca sabremos con certeza si hemos alcanzado a Dios. Pero si sabemos que Dios será siempre nuevo y que no hay razones para temer” (50).
Rezar significa abrir las manos ante Dios. Implica relajar lentamente la tensión que oprime tus manos juntas y aceptar tu existencia con una predisposición cada vez mas favorable, no como una posesión que hay que defender, sino como un don que hay que recibir” (119).


Con las manos abiertas”. Henri Nouwen. Lumen, 1998.



SANTIDAD Y CATOLICIDAD

Según afirma F. Beltrán, Merton encontró en la Iglesia Católica una fraternidad real y universal, por encima de cualquier división, e incluso por encima del propio confinamiento católico (1) . Para Merton, es esencial, en su comprensión de la llamada a la santidad, el sentirse Iglesia: “El sentire cum Ecclesia es libertad. Catolicidad. El individualismo es otra forma de limitación: es la falsa libertad, la separación de Cristo” (2) . Acaba comprendiendo que su santidad depende en buena medida de los otros: “Si llego a serlo –ser santo- será por las oraciones de otras personas que, aun siendo mejores que yo, desean, no obstante, que ore por ellas” (3). Merton reconoce que su elección monástica le ayudará a descubrir su lugar o misión en el mundo, que necesita de su vocación contemplativa, tanto como él necesita de los demás para vivir su vocación. Merton, siente, sin embargo, que la pertenencia a la Iglesia ha de entenderse y vivirse de una manera nueva (4) , y en la medida en que va madurando vocacional y espiritualmente se hace preguntas nuevas (5) , y se siente convocado a una mayor apertura, a una “catolicidad” más plena. En abril de 1957 escribe:


Si soy capaz de unir en mí mismo, en mi propia vida espiritual, el pensamiento de Oriente y Occidente, de los Padres griegos y latinos, crearé en mí mismo una reunificación de la Iglesia dividida y, de esta unidad en mí mismo, podría derivarse la unidad externa y visible de la Iglesia. Porque si queremos que Oriente y Occidente alcancen la unidad, no lo conseguiremos haciendo que uno se imponga al otro. Hemos de dar cabida a ambos en nosotros mismos y trascenderlos a ambos en Cristo” (6).

En febrero del año siguiente lo expresa aun más claramente:

Ser capaz, en la medida de lo posible, de extender los brazos y abarcar todos los extremos y contenerlos en uno mismo sin confusión: sin eclecticismo, sin diletantismo, sin falso misticismo, sin experimentar divisiones interiores”(7) .

Esto, porque, según Merton, su comprensión de Dios ha estado limitada por el mundo monástico, y ese mundo es muy pequeño. Necesita ir más allá, “hacia algo nuevo y mucho más importante. Debo ver y abrazar a Dios en el mundo entero”(8) . Una gran apertura espiritual caracterizará el itinerario monástico de Merton, y está resumido en otra frase de sus diarios: “La vida cristiana, y especialmente la vida contemplativa, es un continuo descubrimiento de Cristo en nuevos e inesperados lugares”(9) . Merton puede reconocer los valores de la comunidad monástica, pero al mismo tiempo entiende que esta puede llegar a convertirse en una ficción, y que necesita abrirse a nuevos horizontes (10) .

Dicho lo anterior, es importante afirmar el amor de TM por la Iglesia, que tiene como fundamento inconmovible su propia experiencia personal en el momento de su conversión, y que no cambiará ninguna de sus posturas o reflexiones posteriores. Baste un texto suyo de 1966, que es una verdadera profesión de confianza en la Iglesia:

Puesto que soy católico, creo, por supuesto, que mi Iglesia me garantiza la más alta libertad espiritual. No sería católico si no lo creyera. No sería católico si la Iglesia fuera meramente una organización, una institución colectiva, con reglas y leyes que exigieran la conformidad externa de sus miembros. Veo las leyes de la Iglesia y todos los diversos modos como ejerce su autoridad de enseñanza y jurisdicción, como algo subordinado al Espíritu Santo y a la ley del amor. Sé que mi Iglesia no parece ser así a los que están fuera de ella: para ellos la Iglesia actúa sobre un principio de autoridad pero no de libertad. Se equivocan. En Cristo y en su Espíritu es donde se encuentra la verdadera libertad, y la Iglesia su Cuerpo, viviendo por su Espíritu” .

Notas:

1. LCA, 69. Dice F. Beltrán que para TM, el verdadero catolicismo no consiste tanto en actuar de acuerdo a un estándar de verdad abstracto, ni su universalidad se ha de confundir con un discurso teológico totalitario y uniformizador, sino antes bien con la comunión espiritual y concreta con los gozos y sufrimientos de toda la humanidad. LCA, 118.


2. SJ; 345.

3. SJ, 363.

4. En CEC, 172: “Ser verdaderamente católicos no es meramente ser correctos según un canon de verdad abstractamente universal, sino también y sobre todo, ser capaz de entrar en los problemas y las alegrías de todos, comprender a todos, serlo todo para todos”.

5. CEC, 48. “Por ejemplo, qué pasa con la santidad de la Iglesia. ¿Se trata simplemente de declarar que la Iglesia es Cristo hecho presente visiblemente en el mundo; que en ella resplandece la santidad de Cristo para que la vean todos? ¿Y habría que declararlo esto de un modo que no hiciera distinción entre la Iglesia como comunidad de personas unidas en el amor, y como institución en que los individuos están organizados por la ley, de modo que su obediencia a la ley llega a ser, de hecho, una epifanía de la santidad de Cristo? ¿Y eso significaría que eso mismo es evidente para todos los elegidos, y que no se requiere más prueba de santidad? ¿Qué la rectitud de los que obedecen a las leyes es en realidad una prenda a la vez de santidad y de felicidad? ¿Qué su disciplina es alegría? ¿Qué los que no lo ven están ciegos por mala voluntad y pecado? ¿Qué la prueba de santidad de la Iglesia es quizá que los piadosos ven que la obediencia ciega es piadosa y los impíos no la ven?”.

6. DI, 169 y CEC, 22 y 134.

7. DI, 175.

8. DI, 181.

9. SJ, 320.

10. “Creo que hemos llegado a una etapa de madurez religiosa en la cual puede ser posible que alguien permanezca fiel a su compromiso monástico cristiano y occidental y a la vez aprender en profundidad de una disciplina y experiencia, digamos, budista o hindú. Creo que algunos de nosotros necesitamos hacer eso para mejorar la calidad de nuestra propia vida monástica y para ayudar en la tarea de la renovación monástica que se ha emprendido en la Iglesia de occidente”. Thomas Merton; citado por F. Beltrán, en: LCA, 150.

martes, 5 de enero de 2010

LECTURAS

Empiezo el 2010 con nuevas lecturas o relecturas, y aprovecho para recomendar algunos titulos:
1. "Himno del Universo", Pierre Teilhard de Chardin, Trotta.
2. "Vida en comunidad", Dietrich Bonhoeffer, Sigueme.
3. "Escritos Esenciales", Dietrich Bonhoeffer, Sal Terrae.
4. "Las estaciones del corazon", John Powell, Sal Terrae.

Bonhoeffer es un autor sumamente interesante; por ejemplo, aqui dejo dos citas cortas suyas que nos haran pensar:
"Cristo ha sido eliminado de nuestras vidas. Naturalmente, le construimos un templo, pero vivimos en nuestras casas. Cristo se ha convertido en cosa de la Iglesia o de la eclesialidad de un grupo de personas, pero no en un asunto vital".
"En el fondo, solo existen dos contingencias en el encuentro del hombre con Jesus: el hombre o bien ha de morir, o bien ha de matar a Jesus".

Por otra parte, Pierre Teilhard de Chardin ha escrito:
"Dios mio, haz que para mi brille tu rostro en la vida del otro. Esta luz irresistible de tus ojos, encendida en el fondo de las cosas, me ha lanzado ya sobre todo trabajo factible, sobre todo dolor, a experimentar. Dame, sobre todo, que pueda descubrirte en lo mas intimo, en lo mas perfecto, en lo mas profundo del alma de mis hermanos".
Que sirvan estos cortos textos como invitacion para adentrarse en el universo espiritual de sus autores.

sábado, 2 de enero de 2010

UNA SANTIDAD CREATIVA

En Merton hay, respecto a la vida espiritual, una insatisfacción permanente, una búsqueda constante, y un espíritu entre irónico y contestatario que singulariza su camino monástico y su proyecto de santidad. Lo que él quiere no es repetir simplemente un modelo temporal, sino vivir en fidelidad creativa el seguimiento del Modelo, que es Cristo (1) . Merton tuvo que lidiar con muchas situaciones: sus deseos de silencio y soledad en una comunidad monástica cada vez más poblada y activa (2), llena de ruidos; sus dificultades para asumir concepciones teológicas y costumbres prácticamente medievales (3) , o la fealdad de ciertos ornamentos e imágenes, siendo él una persona de cultura amplia y buen gusto estético(4) . En esos primeros años, y luego que pasara el momento primero de idealización, tuvo Merton que reordenar su vida interior, y encontrarse de nuevo a sí mismo, su verdadero yo, su verdadera identidad, revisando sus prioridades y mirando más allá de lo inmediato, a un horizonte trascendente e inmanente al mismo tiempo.

También es crítico frente a cierta teología, y comentando sobre dos escritores rusos escribe: “Me pregunto si, después de todo, nuestra cautela teológica no es señal de una frialdad de corazón, de una terrible esterilidad nacida del temor o la desesperación. Estos dos hombres se atrevieron a equivocarse y corrieron el peligro de ser condenados por todas las Iglesias para poder decir, entre sus afirmaciones erróneas, algo grande y digno de Dios” (5) . Resalta la vocación creadora del hombre, la necesidad de ser creativos, y afirma: “por nada del mundo puedo darme el lujo de estar pasivo en este lugar ” (6). Esto lo dice un contemplativo, que ama el silencio y la soledad, que se queja de la hiperactividad del monasterio; pero aquí habla de otra actividad, la del Espíritu: “Hay cosas que cada uno ha de elaborar, siempre de nuevo, por sí mismo” (7) . Es importante buscar y discernir la voluntad de Dios, y cooperar con ella; esta voluntad no es un hado irremediable al que tenemos que someternos, sino “un acto creativo en nuestra vida que da lugar a algo absolutamente nuevo” (8) . De ahí que considerándose un hombre de Iglesia, diga a su vez que esto supone ser plenamente él mismo, y no mero número. Se trata de ser “plenamente responsable y libre ante Dios” (9).

En septiembre de 1959 anda en busca de “una nueva dirección”, de “nuevos horizontes”, en cualquier dirección en la que apunte la voluntad de Dios, que es para él como un despliegue de posibilidades nuevas; le toca a él “empujar hacia adelante, crecer interiormente, orar, romper las ataduras y desafiar los temores, crecer en la fe, que tiene su propia soledad, buscar una perspectiva totalmente nueva y una nueva dimensión en mi vida” (10) . Este es el talante inquieto, osado y creativo que estará presente hasta el final de la vida de Merton, que nunca deja de ser un hombre de preguntas, que se cuestiona y cuestiona cuanto le rodea, no con un afán iconoclasta, sino como un auténtico buscador de verdad .

Notas:
1. Reconoce como un elemento negativo en la vida monástica el hecho de que a menudo aparece el monje como fundido en un molde, en una personalidad colectiva y profesional, que ahoga toda singularidad. SJ, 285. Cree que muchos no alcanzan la santidad, porque pasan todo el tiempo intentando ser otros, y no ellos mismos. “Por muchas absurdas razones, están convencidos de que están obligados a convertirse en alguien que murió doscientos años antes y vivió en circunstancias completamente ajenas a las suyas”. Quieren poseer la santidad de otros, y eso es egoísmo. SC, 59. También en CEC, 171-172 habla de la peor tentación a la que sucumben muchos monjes al comienzo de la vida espiritual: “sencillamente renunciar a pedir y buscar. Dejárselo todo a los superiores en esta vida y a Dios en la próxima”.


2. Hay una concepción de la “santidad” vinculada con el “hacer”; en SJ, 84, narra la situación de un monje mayor, enfermo, que se resiste a quedarse en la cama: “Es imposible mantenerle alejado de la comunidad. Quiere participar en todos los ejercicios regulares hasta que se le doblen las piernas. Para los trapenses, la santidad ha consistido precisamente en eso durante generaciones y generaciones”. También: “Los trapenses creen que todo lo que les cuesta un esfuerzo es voluntad de Dios. Todo lo que les hace sufrir, voluntad de Dios. Si sudan, voluntad de Dios. Pero albergamos serias dudas acerca de las cosas que no exigen inversión alguna de energía física….y como convertimos en fetiches las dificultades, a veces trabajamos en las circunstancias más absurdas que se puedan imaginar, sacrificándonos no por Dios, sino por nosotros mismos”. SJ, 62.

3. “Pregunté al padre abad acerca de las causas de la santidad del hermano Gregory. Yo no tenía ni la menor idea de la respuesta que se me iba a dar. Me hubiera hecho feliz oír hablar de algo relacionado con el profundo y sencillo espíritu de oración, con las insospechadas alturas de la fe, la pureza de corazón, el silencio interior, la soledad y el amor a Dios. Tal vez el hermano Gregory habló con las aves, como San Francisco. Pero el padre abad me contestó prontamente: Ese hermano estaba siempre trabajando. No sabía lo que era estar ocioso. Si lo enviaba a cuidar las vacas en la pradera, siempre encontraba otras muchas cosas que hacer. Por ejemplo, traía a la casa cubos llenos de mora. No sabía estarse sin hacer nada. Al salir del cuarto del abad me sentí como un hombre que hubiera perdido un tren”. SJ, 108.

4. Coincide con un monje que visita el monasterio, cuando afirma: “No cree que se de gloria a Dios con las empalagosas melosidades a las que la gente califica de arte religioso”. SJ, 102. Como muestra de la comprensión estética de TM, “El arte sagrado y la vida espiritual”, en Humanismo cristiano: cuestiones disputadas, Barcelona, Kairós, 2001, 93-105.

5. DI, 167.

6. DI, 180.

7. DI, 169.

8. DI, 182.

9. DI, 185. En CEC, 111 también dice: “A veces puede ser necesario que vayamos contra las normas sociales para obedecer a las normas reales del bien objetivo según la palabra directa de Dios”.

10. DI, 202.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.