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sábado, 19 de febrero de 2011

HENRI NOUWEN

Dado el amplio ministerio oral y escrito de Henri Nouwen son amplios también los temas que trató y desarrolló, pero algunos de modo particular son puntuales y encuentran una sistematización a lo largo de toda su obra. Importante resaltar que en Nouwen se da una síntesis entre psicología y teología que redunda en beneficio de la espiritualidad. No se consideraba a sí mismo un teólogo, ni le interesaron mucho las disertaciones profundas acerca de los dogmas, pero fue capaz de articular algunas verdades esenciales de la fe cristiana en un lenguaje asequible y emotivo. Utilizó sus conocimientos psicológicos siempre con una intención pastoral, y consiguió que en sus escritos el límite entre psicología y espiritualidad sea apenas perceptible.

Los temas principales que trató en su obra se deducen fácilmente de los títulos de sus libros: El amor de Dios, somos hijos amados del Padre, estamos llamados a beber el cáliz de la vida con Cristo, el ministerio en la Iglesia a partir de nuestras propias heridas, oración, compromiso social, fragilidad, vivir escuchando la voz interior del amor. Nouwen recoge un poco de toda la espiritualidad de su siglo: Thomas Merton, Teología de la Liberación, Teresa de Calcuta, Martin Luther King, devociones, Sagrada Escritura, etc, para llevarlas en una síntesis bien armada a sus miles de lectores. Lo que Nouwen entregó en sus libros fue su propia andadura existencial, sus luchas, sus angustias, sus hallazgos espirituales, muy similares a los de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Revisando los libros de Nouwen y los estudios sobre su obra, podemos resaltar algunos temas fundamentales, de los que trata sistemáticamente, y en los que aporta algunos elementos particulares, al menos en la manera de presentarlos:

1- El Amor de Dios.
2- La Eucaristía.
3- El ministerio eclesial.
4- Una teología de la corporalidad.

miércoles, 16 de febrero de 2011

EL CANTO PERFECTO

"Las campanas doblan para recordarnos que sólo Dios es bueno, que le pertenecemos, que no vivimos para este mundo.
Suenan sobre nuestros afanes para recordarnos que todas las cosas son pasajeras y que nuestras preocupaciones no son importantes.
Nos hablan sobre nuestra libertad, que las responsabilidades y los cuidados transitorios nos hacen olvidar.
Son la voz de nuestra alianza con el Dios del Cielo.
Nos dicen que somos su templo verdadero. Nos llaman a la paz con Él en nosotros.
El Evangelio de María y de Marta se lee al final de un toque de campanas a fin de recordarnos todas estas cuestiones.
Las campanas dicen: los negocios no importan. Reposa en Dios y regocíjate, pues este mundo es solamente la imagen y la promesa de un mundo que vendrá, y sólo quienes están desapegados de las cosas transitorias pueden poseer la sustancia de una promesa eterna.
Las campanas dicen: hemos hablado durante siglos desde las torres de las grandes iglesias. Hemos hablado a los santos, a tus padres, en su tierra. Los hemos convocado, como te convocamos a ti, a la santidad. ¿Cuál es la palabra con que los llamamos?
No dijimos simplemente: Sean buenos, vengan a la iglesia. No dijimos simplemente: cumplan los mandamientos, sino sobre todo: ¡Cristo ha resucitado! Y dijimos: Ven con nosotros, Dios es bueno, la salvación no es difícil. ¡Su amor la hizo fácil!
Y éste, nuestro mensaje, siempre fue para todos, para los que acudieron y para los que no acudieron, pues nuestro canto es perfecto, así como el Padre celestial es perfecto, y derramamos nuestra caridad sobre todos”.

 
Thomas Merton
Pensamientos en la soledad.

viernes, 11 de febrero de 2011

BUSCANDO LA VERDAD DE SÍ MISMO

El autor el texto que compartimos en esta entrada, califica la obra de Merton como “una inmensa carta de amor al mundo”, y apunta:
 
“Para Merton escribir significaba dar realidad a su doble vocación, de monje y de escritor, y establecer una conciliación entre su yo exterior, compulsivo, y en perpetua necesidad de perdón, y su yo interno, esa identidad nueva, redimida, y el instrumento para la “Escritura” de otra “Palabra”, de la cual la suya propia quería ser un pálido pero sincero reflejo en verbo contemporáneo. La tensión urgía cuando las dos identidades funcionaban de forma escindida, o cuando una de ellas asumía un papel predominante sobre la otra. Eso explica también el modo narrativo en forma de diario adoptado en buena parte de su obra, y la oscilación entre sus actitudes alternas, ya como espectador ya como participante de lo descrito. Su conversación con el mundo es el resultado, y el propio proceso dinámico de su experiencia de conversión y simultáneamente una práctica “terapéutica” necesaria y creativa, más allá de los confines de su limitada personalidad.
Se pueden establecer, de un modo aproximativo y con solapamientos entre todas ellas, tres etapas en la producción de Merton: una primera de deliberada fuga mundi, otra de preocupación social, y una tercera de universalismo con un fuerte sabor ecuménico interconfesional”.

“La contemplación en la acción. Thomas Merton”.
F. Beltrán Llavador

martes, 8 de febrero de 2011

SIN FORMA

Dos reyes y Sin-Forma

El Rey del Mar del Sur era Actúa-según-tu-intuición.
El Rey del Mar del Norte era Actúa-como-el-rayo.
El Rey del lugar que había en medio era Sin-Forma.

Ahora bien, el Rey del Mar del Sur y el Rey del Mar del Norte
solían ir juntos, a menudo, a las tierras de Sin-Forma: los trataba muy bien.
De modo que consultaron entre sí y pensaron en algo bueno,
en una agradable sorpresa para Sin-Forma.
Como prueba de aprecio.
"Los hombres", dijeron, "tienen siete
aberturas
para ver, oír, comer, respirar
y demás. Pero Sin-Forma
no tiene abertura alguna. Hagámosle
unos cuantos agujeros."
De modo que, sin pensarlo dos veces,
hicieron agujeros a Sin-Forma,
uno por día, durante siete días.
Y cuando terminaron el séptimo agujero,
su amigo yacía muerto.
Lao Tan dijo:"Organizar es destruir."

 
Thomas Merton

sábado, 5 de febrero de 2011

PERSIGUIENDO LA VERDAD

“Para mí esto es lo que significa ser un cristiano y un sacerdote: no dejarse congelar por las convenciones de la gente que piensa convenientemente”. (1963)

“En la raíz, uno busca a Dios de una sola manera, o sea, persiguiendo la verdad con toda la sinceridad de la propia conciencia”. (1963)

“Dios tiene sus santos a los cuales conoce bien y vivimos en un mundo de alegría y de santidad del cual no nos damos cuenta ¡y del que especialmente los sacerdotes no se dan cuenta!”. (1967)

“Soy un ermitaño, por deseo y de hecho. Es muy bueno. Hago mi trabajo. Rezo. Medito. Estudio zen. Escribo algunos artículos sobre budismo. Y estoy “presente” para mis amigos en todas partes del mundo”. (1967)

 
Todos los textos de esta entrada están tomado de las cartas de Thomas Merton a Victoria Ocampo.

Victoria Ocampo (1891-1979), escritora, compiladora, conferencista y editora argentina, de renombre internacional. Merton habla de ella en “Semillas de destrucción”. Escribió unos 30 libros. Fue fundadora y directora de SUR, revista literaria que nació en 1931, y que constituyó un puente entre pueblos y culturas; dicha revista y la editora adjunta publicaron parte de la obra de TM.

 
Las ilusiones y las descripciones por las cuales vivimos no merecen la lealtad que les concedemos” (TM, 1963)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.