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miércoles, 30 de marzo de 2011

JULIANA DE NORWICH

En 1961 Merton descubre fascinado a Juliana de Norwich, la mística inglesa más importante para él, en quien encuentra la combinación perfecta de experiencia y reflexión teológica; los escritos de Juliana hablan de Jesús como “nuestra madre”, y le ayudan a descubrir la dimensión femenina de Dios. Es para él “Una verdadera teóloga, con mayor claridad, profundidad y orden que Santa Teresa” . Para ella, según Merton, hay un secreto escatológico, un dinamismo oculto, que apunta a una resolución final de bondad; se trata así de no resolver la contradicción, sino permanecer en medio de ella, en paz, con la certeza de saber que ya está resuelta y sólo aguardamos su plena revelación. “Tener un corazón juicioso es vivir centrado en el dinamismo y en esa secreta esperanza, ese secreto aguardado”. Constituyó para TM un mensaje de luz que cambió algunas de sus percepciones espirituales anteriores , al introducirle en una teología de la misericordia, la alegría y la alabanza. El camino de Juliana, sin minimizar las contradicciones, ni ignorar el misterio de iniquidad que acompaña la historia humana, es un camino de confianza: Todo estará bien. Creo que supuso para TM un impulso y un salto en su comprensión de la plenitud cristiana.


AMPLIAR EN:  Conjeturas..., 196-197. También Diario II, 69-70.

 En: Místicos y Maestros Zen, 151-156, TM apunta:  “La teología de Lady Julian es una teología de la totalidad que lo abarca todo y de la plenitud del amor divino. Para ella, esa es la Realidad suprema, a la luz de la cual todo ser creado y todas las vicisitudes de la vida y de la historia se diluyen sin importancia. No ocurre que el mundo y el tiempo, el cosmos y la historia, sean irreales: pero su realidad es solamente una revelación de amor. Sin embargo, la revelación en sí no resulta inmediatamente clara. Hace falta una dádiva de Dios antes de que la luz irrumpa y el significado pleno del mundo se vea en su relación verdadera con Dios y sus eternos y amorosos designios”.

sábado, 26 de marzo de 2011

SIMONE WEIL

Simone Weil: experiencia mística.

(3 de febrero de 1909-1943) Francia, de origen judío, familia burguesa, educada en el agnosticismo. Se declara cristiana en 1938, pero, por solidaridad con los más pobres, con los incrédulos, es decir, por vocación, decide no recibir el bautismo. Según algunos testimonios más recientes antes de morir se hizo bautizar por una amiga. Vivió diversas experiencias espirituales: Portugal (1936), Asís (1937) y Solesmes (1938).

 
Ideas: “Cristo ha descendido y me ha tomado
“Sufre (Pasividad mística) la “constricción”, la “impronta” de Cristo, con quien se encuentra “cara a cara”, sin mediación de hombre, ni de conceptos, ni de esfuerzo ascético. Un encuentro absolutamente inesperado, que ella vive como si hubiera sido “violada”, y que es una auténtica experiencia mística sobrenatural.
El Cristo que ha salido a su encuentro es el Cristo crucificado: “La cruz produce en mí el mismo efecto que en otros produce la resurrección”.
La cruz, para ella centro del cristianismo, es suprema “contradicción” (fondo último de la realidad y criterio de verdad), “desventura” (histórica y ontológica), y también suprema “mediación”.

Es distancia infinita entre Dios y Dios, y cercanía infinita.

Cristo en la cruz es el “desventurado”, contradicción y mediación viva, y mediación entre Dios y Dios, Dios y el hombre, el hombre y el hombre, el hombre y las cosas, las cosas y las cosas.

La cruz es por tanto “punto de intersección entre este mundo y el otro”. Por eso es lugar de mediación, en el que los extremos irreductibles se encuentran y la contradicción se resuelve en suprema armonía.

Es el diálogo entre Dios y Jesús, regalado al universo (“En el principio era la mediación”) por eso es revelación.

 

En la creación se manifiesta, no la omnipotencia de Dios, sino su disminución: porque se retira y se esconde detrás de ella, confiada por el amor al “azar” y a la “necesidad, permitiéndole así al hombre existir como un “yo” libre. Esto es ya pasión y autovaciamiento. Desde allí Dios espera al hombre.

Al movimiento de la “creación”, el hombre responde con la “descreación”, que consiste en pasar de lo creado a lo increado, siguiendo las etapas correspondientes al descenso de Dios: renuncia a la fuerza, desprendimiento , pobreza, atención, deseo, amor, muerte. Si el hombre consciente en la muerte, el yo desaparece verdaderamente y el alma puede decir: “Soy Dios crucificado”.

El universo, infinitamente lleno de luz sobrenatural, y de símbolos, reclama ser interpretado diversamente. Es un sacramento.

También la historia camina hacia Cristo, que se ha encarnado en todos los pueblos, y se encarnó personalmente en Galilea. Él es el puente entre las culturas, las razas, las religiones y las épocas.

En la vida social y política, la fuerza ha desarraigado al hombre. Es preciso arraigarlo de nuevo a la tierra, en la familia, en la patria y en lo sobrenatural. Lo sobrenatural elimina la fuerza y hace nacer la “compasión”, virtud social por excelencia. Las estructuras sociales tienen la función de desarrollar en el hombre la facultad del “consenso”, que él, solo, ejercitará ante el misterio.

La prueba de que uno ha encontrado a Dios no está en su modo de hablar de Dios, sino en su modo de hablar de las cosas terrenas

Resumen:

Simone Weil renunció a su cátedra de filosofía y se hizo obrera y campesina, vivió entre ayunos, oraciones y luchas a favor de los pobres, buscando y recreando las relaciones perdidas y esperando a Dios y a la muerte.
Y así murió, de hecho, viviendo una muerte mística, sola, en tierra extranjera, consumida por el fuego interior.
Por la seriedad de su vida y de su búsqueda del absoluto, es una testigo que vivió anticipadamente la angustia de los tiempos nuevos, abriendo serias esperanzas de que se supere la fractura de los tiempos y se creen puentes entre lo diverso, especialmente entre lo natural y lo sobrenatural.
Por eso se propone como ejemplo de esperanza combativa y de mística resignación al misterio del dolor necesario, inserto en toda criatura humana.

 
(Resumen de: Diccionario de la mística”, Ediciones San Pablo.
Autor de la voz: Franco Castellana.

viernes, 25 de marzo de 2011

THOMAS MERTON, según el P.Segundo Llorente, S.J. (4)

“Lo que me dijo (Thomas Merton) se puede reducir a esto… En cuestiones religiosas, como liturgia y temas parecidos, él era conservador, aunque estaba abierto de par en par a cualquier cambio que fuese o pareciese conveniente. La rigidez de los conservadores extremos le repelía. Pero al mismo tiempo la arrogancia de los progresistas, con sus intentos iconoclásticos, le repelía todavía más. Y esta guerra a muerte entre los dos bandos es un escándalo. En cuestiones político sociales él era liberal beligerante. En los últimos tres o cuatro años se había granjeado la enemistad de mucha gente. Su posición clara y tajante a favor de los negros y contra la guerra del Vietnam había ofendido gravemente al sector de opinión contraria. Había dado su nombre para la lista de los que abogan por boicotear a Rodesia y a África del Sur por sus actitudes respecto a los negros dentro de sus fronteras respectivas. Quiso darme razones para probar su pacifismo, pero le rogué no detenerse en eso, porque precisamente yo era partidario de una victoria total contra el comunismo y gastaríamos el tiempo. Pero Merton no hacía más que volver sobre el tema.

Me dijo que tenía como seis libros o manuscritos en manos de editores que probablemente no los publicarían, porque trataban de estos temas y los editores sabían que serían atacados en la prensa por recensionistas conservadores. Aquí le interrumpí para hacerle ver, si tal vez con el tiempo, Merton, el ídolo de los que buscaban a Dios en la soledad, se convertiría en bandera de las masas callejeras que atacaban a la policía. Sus enemigos le acusarían de no conocer el pulso y el sentir del ciudadano medio, pues él vivía en una ermita dentro de los muros de un monasterio y no tenía que codearse por las aceras con la gente. ¿Estaba seguro de que toda la culpa estaba del lado de los blancos y toda la inocencia del lado de los negros? Pero esto era volver sobre el tema espinoso de su actitud intransigente en estas materias y le propuse no hablar ya de esto.

Ya que no teníamos más que un día para hablar, yo necesitaba preguntarle mil cosas sobre la purificación del alma en esta vida y la visión beatífica en la otra. Me lo agradeció y ya no volvimos sobre los temas espinosos del orden social. Tomó la maquinilla de sacar fotos y le conduje en el coche parroquial a ver los paisajes de la bahía. Se bajó varias veces para sacar fotos de lugares que parecían más propicios. Miró melancólicamente a los islotes llenos de árboles tan bonitos, tan solos, tan invitadores. Casi le gustó un barranco entre dos montes por donde se despeñaba un riachuelo. Casi se decidió por un altonazo desde donde se ven el cielo, el mar, la villa pesquera y la cadena de montañas coronadas de nieves perpetuas. Un recodo perdido entre la bahía y un monte cortado a tajo le dejó pensativo un momento. Al cabo de dos horas de búsqueda el resultado fue negativo.

Le conduje a casa y tomamos un refrigerio con algo de prisa, para salir inmediatamente a inspeccionar el lago Eyak que tiene 12 kilómetros de largo por tres de ancho. Nada más meternos por los recodos de aquel camino pedregoso con el monte a la izquierda y el lago a la derecha, Merton se volvió otro hombre. Aquello sí. Allí sí. Todo era fantástico, ideal, estupendo, un paraíso terrenal. Se bajó varias veces y estoy seguro que tiró lo menos cincuenta fotos para recoger vistas del monte verde tan elevado y enhiesto y con tanta arboleda; o del cielo azulado que se veía entre aquellas dos cimas nevadas; o de aquellas bandadas de patos que con sus juegos inocentes alteraban la superficie tan tersa del lago. Le recordé que durante el invierno el lago tiene una costra de hielo por el que pasan los renos como si tal cosa; pero hay inviernos en que caen dos metros de nieve, que en diciembre y enero el sol es un lujo, etc, etc. Pero Merton me escuchaba como quien oye llover. Por fin se decidió por un rincón silvestre donde levantaríamos una vivienda modestísima de una sola habitación con un camastro, una mesa, una silla, una lámpara de gas, una estufa y una máquina de escribir. Y papel, mucho papel. Los sábados caminaría él a pie hasta la casa parroquial para ayudar en las confesiones. El domingo por la mañana diría misa y predicaría. Por la tarde se volvería tranquilamente a su guarida hasta el sábado próximo. Si había mucha correspondencia, le llevaría yo en el auto.

A mí se me empezó a hacer la boca agua…”

jueves, 24 de marzo de 2011

ESPIRITUALIDAD ENCARNADA Y LIBERADORA

Creo que el cristianismo, y más el cristianismo de la comunidad católica, debería difundirse y predicarse, precisamente por origen y esencia, como fuente de una espiritualidad en la que la contemplación y el goce de vivir son inseparables de la compasión activa y el trabajo por la justicia. Una espiritualidad encarnada y de ojos abiertos que encuentra a Dios en el centro de la vida, en la lucha cotidiana por la dignidad de todos y todas, en la acción ecologista por la supervivencia de la Creación. Una espiritualidad sapiencial y profética, que se toma en serio el seguimiento de Jesús y lo traduce vitalmente en los nuevos contextos sociales. Y el compromiso para la emancipación de las mujeres que sufren dominación y exclusión (también dentro de la institución eclesial) debe estar en el centro de una espiritualidad evangélica. En definitiva exponer y proponer una espiritualidad que libere de la ley, la culpa y los miedos, para el amor y el servicio”. (E.L)

miércoles, 23 de marzo de 2011

ALEGRÍA DE VIVIR

El arte de la vida es sentir la alegría indestructible dentro de las dificultades de la vida
“La alegría es una emoción elevada y una emoción elevada hace que la persona sea amplia y sana”.
En cada uno de nosotros hay una fuente de alegría”.
“El arte consiste en desarrollar la alegría indestructible en uno, de modo que aun en el fracaso, en el colapso, esa alegría no se pierda del todo”.
Conozco a tantas personas que cortan una parte de su cuerpo cuando van a la iglesia, solo llevan su parte piadosa, así no pueden vivir”.
“Quien no hace duelo se vuelve rígido internamente, El duelo lleva de vuelta a la vida”.
No es Dios el juez inmisericorde, nosotros lo somos”.
“Ser limpio o puro no significa no tener errores, sino tener un núcleo puro y estar conectado una y otra vez con ese centro”.
Ser pacífico significa no solamente hacer la paz hacia fuera, sino justamente hacia adentro”.
“En nuestras debilidades y en nuestras fortalezas, en nuestras enfermedades y en nuestra salud, seamos permeables para Dios”.
En cada situación, en cada pérdida uno encuentra un nuevo desafío para lograr felicidad”.
“Yo experimento la vida así como la interpreto y esa es nuestra propia responsabilidad”.
La alegría quizás a lo largo del tiempo se hace más silenciosa, más tierna, más dulce, más suave”.

 
Anselm Grün

sábado, 19 de marzo de 2011

THOMAS MERTON, según el P.Segundo Llorente, S.J. (3)

“En septiembre de 1968 una llamada telefónica de Anchorage me informó que al día siguiente me haría una visita el P. Merton. Me parecía imposible creerlo. En efecto, al día siguiente al terminar la santa misa entré en mi residencia y allí estaba el P. Merton rezando el breviario tan devoto y calladito. Mire usted –le dije- si será bueno Dios; porque no se me habría ocurrido ni soñar que yo le pudiera ver a usted jamás; y hoy me lo trae Dios a mi misma casa, como en bandeja de plata. Se ruborizó momentáneamente y se quedó mirando algo perplejo. Le dije que él, que había escrito tan largamente sobe humildades verdaderas y falsas, tenía que arreglárselas ahora para mantenerse humilde. Nos reímos sonoramente y con eso me presenté a él, porque él no tenía que hacer ninguna presentación. Hablaba español pasablemente, pero conversamos en inglés. Me dijo que para entender a San Juan de la Cruz en el original estudiaría cualquier lengua en la que hubiera escrito el Santo. San Juan de la Cruz había tocado los límites de lo que es la esencia del cristianismo puro. Merton le había asimilado pero, pero –me decía- él fue él y yo soy y cada uno es cada uno. Dios no se repite en ningún santo. Yo asentía con la cabeza y con el corazón. ¡Gran verdad!

Me puse a preparar un desayuno de huevos fritos y café con leche mientras él terminaba el Breviario. Sentados ya a la mesa noté que tenía buen apetito y se lo alabé. Mente sana en cuerpo sano. Y Napoleón dijo que los regimientos marchan sobre sus estómagos, aunque en español no suena muy bien. Brevemente Merton me explicó la razón de su visita a Cordova la de Alaska. Su abad le había dado permiso para levantar una ermita en Alaska que más tarde podría convertirse en abadía. Andaba buscando un sitio a propósito. Los que había explorado no le convencían. En el arzobispado de Anchorage le dijeron que en Cordova había vistas fantásticas y telúricas soledades. Él buscaba un sitio aislado, pero cerca de una población donde hubiera católicos, para pasar con ellos los domingos y días festivos, o para ayudar al párroco en esos días. Le aseguré que nada más terminar el desayuno le llevaría por los alrededores, donde sin duda halaría lo que buscaba. Pero el desayuno duró cerca de dos horas de charla en la que naturalmente él hizo el gasto".
(Continuará...)

viernes, 18 de marzo de 2011

¿QUÉ ES EL ARREPENTIMIENTO?

"Sabemos que cada vez que nos arrepentimos el amor se renueva y crece. Pero ¿Qué es el arrepentimiento? Pues hay una clase de arrepentimiento, de este mundo, que nos hunde en una pena mayor aún, nos hace quejumbrosos, y nos sumerge en la duda. Este tipo de arrepentimiento se atasca en la miseria y no conduce a nada. En cambio, el arrepentimiento que viene de Dios es completamente diferente.
 Porque, no contentos con nosotros mismos, nos elevamos por fin a Dios y damos la espalda a todo pecado, con voluntad firme. Dirigiéndonos a Dios, encontramos certeza, y el calor de un gozo espiritual que nos eleva sobre todas nuestras miserias y nos une con Dios.
 Y cuanto más débiles somos, cuanto más hayamos pecado, más nos sentimos urgidos a unirnos a Dios en amor puro".

"Mucha gente piensa que para mostrar su dolor por los pecados, tienen que hacer cosas extraordinarias, como ayunos, caminar descalzos, y otras cosas parecidas. La mejor penitencia, sin embargo, es apartarse de todo lo que no es Dios ni de Dios, ya se encuentre en tí, o en otra persona o cosa.
 El verdadero arrepentimiento es acercarse a Dios con amor, afrontando honradamene lo que se ha hecho. Elige tu propio modo de hacer esto, y descubre que, cuanto más lo haces, más sincero será tu arrepentimiento. La conversión verdadera es semejante a lo que sucede con la pasión del Señor; cuanto más la imites, más desaparecerán tus pecados".

Maestro Eckhart

John Kirvan es el editor de un pequeño libro editado por San Pablo, dentro de un colección dedicada a proponer textos para la meditación diaria de grandes maestros espirituales. Los textos de esta entrada y de otras que aparecerán pertenecen a "Que puedas tener vida. Deja que los místicos te guíen en la Cuaresma", 2002. En este libro se proponen textos, oraciones y frases de importantes maestros espirituales cristianos. El Maestro Eckhart es uno de ellos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

THOMAS MERTON, según el P.Segundo Llorente, S.J. (2)

“Nos cuenta Merton como batallaba con el abad sobre si debería ir o no a alguna cartuja europea, y como el abad se mantenía en sus trece e insistía en que Dios le quería allí donde estaba. Por fin Merton se aplacó y se entregó en cuerpo y alma a ser buen trapense. Desde luego sintió un impulso incontenible a escribir. Al padre abad le bastó una mirada a unas páginas emborronadas para descubrir que Merton era escritor de pro. Le animó a que escribiera; que emborronase páginas y más páginas; otro monje se las sacaría en limpio a máquina y todo saldría como una seda. De pronto se anunció en la prensa la aparición de la autobiografía de Merton. En cuestión de meses el libro cubría toda la nación como una lluvia benéfica. Coincidió con la terminación de la segunda guerra mundial, cuando millares de soldados hartos de tiros y sangre buscaban un oasis de paz, y hubo una floración inesperada de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa como aconteció en España a raíz de la guerra civil.

La lectura de la autobiografía de Merton hizo que la única abadía trapense de la nación, la de Getsemaní, en el estado de Kentucky, no bastara para tantos novicios como llamaban a sus puertas y hubo necesidad de fundar otra, y otra, y otra, hasta una media docena esparcidas por el ámbito de la gran nación. Las prensas seguían gimiendo y dando a luz nuevos libros de Merton que eran ávidamente leídos. Con los honorarios de esos libros las abadías trapenses se mecanizaron, es decir, adquirieron maquinaria moderna para sus labores, pues es sabido que los monjes se mantienen del trabajo de sus manos en las huertas y de los productos de sus industrias caseras: chocolate, queso, cestos, bancos de iglesias, lo que sea. A medida que crecía su popularidad crecía también la correspondencia dirigida a Merton; pero este aprendió pronto a decir que no, y que no, y que no. Continuamente recibía ruegos de un prólogo, un prefacio, un epílogo, un articulito bretecito, un comentario de esto o aquello; pero Merton sabiamente se hacía el desentendido, porque si abría las puertas, perecería inundado.

A las puertas de la abadía llegaba gente que quería ver a Merton. La imaginación popular se desbocó y corrieron los rumores más extraños. Se decía que Merton estaba en Hollywood para dirigir personalmente la película de cine de su autobiografía. Se decía también que le habían visto en las playas de Miami, donde se había casado clandestinamente con una rubia. Merton se enteraba de todo esto en su celda y no se tenía de risa. La popularidad es una tiranía que puede muy bien tragarse al héroe.

Cuando se ordenó de sacerdote, recibio el nombre de Luis en honor de San Luis rey de Francia y recibió también casullas y albas y estolas de sus devotos ausentes. Merton fue nombrado profesor de teología primero y más tarde maestro de novicios. Por concesión especial el abad se trasladó a una ermita entre los árboles de la finca trapense, donde pasaba muchas horas del dia y de la noche meditando, leyendo y escribiendo libros. De vez en cuando mandaba artículos a revistas católicas que ya no le apremiaban como antes".
(Continuará...)

martes, 15 de marzo de 2011

THOMAS MERTON, según el P.Segundo Llorente, S.J.

Cumpliendo lo prometido en la entrada anterior comienzo hoy la publicación de un texto de Segundo Llorente, sacerdote jesuita que fuera misionero en Alaska, sobre Thomas Merton. Lo trascribo tal y como lo encuentro en unas hojas de papel, amarillas por el tiempo, escrito a máquina, y supongo que copiado de algún libro o publicación por la década del 70. El lenguaje, ciertas valoraciones, responden indudablemente a la visión de este autor, pero indudablemente el hecho de que ambos se conocieran cuando Merton viajó a Alaska, casi al final de su vida, le confiere a este testimonio un valor peculiar. Como es un poco extenso el texto lo publicaré por partes.



“El Padre Thomas Merton” Por el P. Segundo Llorente, S.J.

“Hijo de padre inglés y madre norteamericana nació, digamos accidentalmente en Prades, donde su padre se hallaba pintando entre los riscos del Pirineo francés. Bautizado en la secta anglicana, creció no obstante sin religión. En las escuelas francesas primero y luego en las inglesas y norteamericanas el joven Merton interrumpía la monotonía de los temas académicos con la lectura de novelas sucias y libros indecentes. Esta lectura unida a la compañía de jóvenes libertinos o poco menos produjo un Merton agitado interiormente por las ideas más confusas y las ambiciones más descabelladas.
En la Universidad de Columbia en Nueva York, se granjeó la amistad y confianza de un profesor que, aunque no era católico, le descubrió un mundo nuevo de gran belleza moral. Merton se echó a campo traviesa por ese mundo en busca de algo que su alma le pedía a gritos y que él no sabía lo que era. Su peregrinación por ese mundo fue una odisea que le dio tema para su autobiografía: The seven Storey Mountain.
Evidentemente Dios tenía grandes planes sobre Merton, como los tuvo sobre Saulo, y le fue desbrozando el camino por el que llegó finalmente a la meta deseada. Instruido primero en el catolicismo y bautizado condicionalmente, se hincó de rodillas en el confesonario y uno por uno fue arrancando de raíz todos los pecados de que se pudo acordar. Dice que le daba lástima del pobre confesor que tenía que aguantar en silencio aquella granizada. Comulgó y empezó a vivir como cristiano. El temor de no perseverar en el bien comenzado le hizo pensar en hacerse sacerdote, más aun, religioso de votos perpetuos. Intento hacerse franciscano pero no resultó. Quiso ir a la Cartuja, pero en el nuevo mundo no hay ninguna. Fue probar a los Trapenses y allí se quedó”.

sábado, 12 de marzo de 2011

A PROPÓSITO DE LA CUARESMA

Entre los papeles de Teodoro Becerril, sacerdote y religioso carmelita descalzo, recientemente fallecido en la Habana, encontré, copiado a máquina en papeles amarillos por el paso del tiempo, dos pequeñas joyas sobre Thomas Merton: un poema del cubano Cintio Vitier dedicado al monje trapense y un artículo del sacerdote jesuita Segundo Llorente, que fuera misionero en Alaska sobre la visita que Merton le hiciera poco tiempo antes de morir. Quiero compartir las dos cosas aquí en los próximos días.

También, a propósito de la Cuaresma que estamos comenzando sugiero revisar las entradas de años anteriores que recogen textos de TM, recogidos en su libro “Tiempos de celebración” sobre la espiritualidad litúrgica de estas semanas que preceden al Triduo Pascual.

Varios libros me acompañan durante estos días; interesante uno de José María Castillo titulado “Símbolos de libertad. Teología de los sacramentos”, publicado por Sígueme, en 1981, y “Jesús. Aproximación histórica”, de José Antonio Pagola, PPC. Nada como unas buenas lecturas para disponerse interiormente a la escucha y comprensión espiritual de la Palabra de Dios.

Para todos, amigas y amigos de este blog, les deseo una provechosa cuaresma.

viernes, 11 de marzo de 2011

ORAR EN LA NOCHE

“Señor Dios de esta gran noche, ¿ves el bosque?; ¿oyes el rumor de su soledad?; ¿ves su secreto?; ¿recuerdas su aislamiento?; ¿ves que mi alma está empezando a disolverse como cera en mi interior?

Clamo de día, Dios mío, y no respondes, también de noche y no encuentro descanso.

¿Recuerdas ese sitio junto al arroyo? ¿recuerdas la cumbre de la colina de la viña en aquella ocasión en otoño, cuando el tren estaba en el valle?; ¿recuerdas la ladera boscosa detrás del emplazamiento de Hanekamp?; ¿recuerdas el momento del incendio forestal?; ¿sabes qué ha sido de los álamos que plantamos en primavera?: ¿observas el valle cuyos árboles yo marqué?

No hay hoja que no esté bajo Tu cuidado.
No hay grito que no sea escuchado por Ti antes de ser lanzado.
No hay agua en el esquisto que no esté oculta ahí por Tu sabiduría.
No hay manantial escondido que no hay sido escondido por Ti.
No hay vallecito para una casa solitaria que no haya sido planeado por Ti para una casa solitaria. No hay hombre para un acre de bosque que no haya sido hecho por Ti para ese acre de bosque.

Hay mayor consuelo en la esencia del silencio que en la respuesta a una pregunta. La eternidad está en el presente. La eternidad está en la palma de la mano. La eternidad es una semilla de fuego cuyas repentinas raíces quiebran las barreras que impiden que mi corazón sea un abismo”.

 
Thomas Merton.
Diarios: 4 de julio de 1952

lunes, 7 de marzo de 2011

TM: UN VIAJE INTERIOR

  El encuentro de Thomas Merton con el catolicismo fue como el final de una etapa,  en  una búsqueda desesperada de sentido, tras experimentar perdidas familiares, soledad, abandono y  el vacío de una vida centrada en la búsqueda de placer;  Merton era un hombre culto, sensible, con dotes para la escritura, formado profesionalmente, inteligente, pero nada de esto fue suficiente para que superara su profunda insatisfacción. Según F. Beltrán,  toda la vida de TM y su discurso se construye fundamentalmente sobre dos imágenes: la del viaje y la del yo: desde su niñez, Merton estuvo en busca de un “hogar”, y de hecho esa búsqueda marca toda su vida de principio a fin[1].  Anhelaba una plenitud que no conseguía alcanzar en lo inmediato, y que  le sirvió de impulso para adentrarle en un proceso de recuperación, renovación y transformación de su identidad, por fin  redescubierta[2]. Se trataba de encontrar su yo más auténtico,  primero desde la soledad, pero luego  también desde un nuevo compromiso con el mundo que antes había juzgado duramente, y abandonado. En esta línea de pensamiento Merton llega a definir la santidad como el proceso de conversión en uno mismo, en el yo verdadero[3]. En este mismo sentido la vida de TM aparece arquetípicamente como un “viaje”, tanto geográfico como interior, espiritual. Se movió entre Europa, América y Asia, desde la sociedad masificada a la comunidad monástica, desde la soledad a la sociedad, desde la intransigencia a la compasión, desde Occidente hasta  Oriente, desde lo secular a lo sagrado. Fue rebasando fronteras, casi sin moverse de su monasterio, superando límites y prejuicios, y haciendo su propio viaje de santidad, desde unas coordenadas propias, pero en sintonía con la Tradición y con el ser humano de su tiempo. Es un viaje de “conversión” hacia la integración final de todo su ser, que le hizo salir progresivamente de una falsa identidad, una máscara, tanto personal como social, para alcanzar un núcleo santo en el que la identidad está en el yo auténtico, el punto virgen donde Dios nos llama “hijos”[4].


[1] “La vida de Merton quedó configurada, desde su nacimiento, por un continuo cambio de residencia; la abadía de Gethsemaní habría de ser el primer lugar físico estable, aunque en lo interno Merton jamás pudiera renunciar a su impulso peregrino”. F. Beltrán, en LCA, 74.
[2] Así escribe en el comienzo de su autobiografía: “Libre por naturaleza, a imagen de Dios, fui sin embargo prisionero de mi propia violencia y mi egoísmo, a imagen del mundo al cual había venido…nacidos para amarle (A Dios) y viviendo en cambio con temor y desesperadas apetencias antagónicas”,  M7C, 9.
[3] LCA, 114.
[4] Para TM la vida espiritual es un viaje de descubrimiento, de progreso y regreso;  una senda hacia nuestra interioridad, que nos permite nacer como hombres nuevos. LCA, 23.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.