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martes, 25 de octubre de 2011

SABIDURÍA DE TM

“Muchas veces es más perfecto hacer lo que es simplemente normal y humano que intentar actuar como un ángel cuando Dios no lo quiere”.
“Todos los hombres, especialmente los que tienen talento, tienden a ser inconsecuentes. Su misma lucha con su inconsecuencia busca una salida y una solución en obras creativas”.
“Ciertos deseos y ciertos placeres los quiere Dios en nosotros. No podemos vivir en la verdad si sentimos automáticamente suspicacia hacia todos los deseos y todos los placeres. Es humildad aceptar nuestra humanidad, y es orgullo rechazarla”.
“La soledad tiene su obra especial: un ahondamiento de conciencia que necesita el mundo. Una lucha contra la alienación. La verdadera soledad se da cuenta profundamente de las necesidades del mundo. No mantiene el mundo a distancia”.
“Hemos de desprendernos de la vida espiritual, pero hemos de seguirla viviendo. Y el propósito de ese desprendimiento es solo hacernos capaces de vivirla a un nivel más alto”.
“Sólo quien ama puede estar seguro de que sigue en contacto con la verdad, que, en realidad, es demasiado absoluta para ser captada con su mente”.

SIMONE WEIL

"No depende de un alma creer en la realidad de Dios si Dios no le revela esa realidad. O pone el nombre de Dios como etiqueta sobre otra cosa y cae entonces en la idolatría, o la creencia en Dios queda como algo abstracto y verbal. Así ocurre en países y en épocas en que poner en duda el dogma religioso no se le ocurre a nadie. El estado de increencia es entonces lo que San Juan de la Cruz llama “noche”. La creencia es verbal y no penetra en el alma. En una época como la nuestra, la increencia puede ser un equivalente de la noche oscura de San Juan de la Cruz si el no creyente ama a Dios, si es como el niño que no sabe que hay pan en alguna parte, pero grita que tiene hambre”.
(Simone Weil, A la espera de Dios, 128)

“Hay pasajes del evangelio que antaño me chocaban y que ahora son para mí extremadamente luminosos. Pero la verdad que en ellos se encuentra no se parece en modo alguno al significado que yo creía percibir anteriormente y que me resultaba tan chocante. Si no los hubiera leído y releído con atención y amor, no habría podido llegar a esa verdad. Pero tampoco habría podido llegar a ella si hubiera abdicado de mi propia opinión, si hubiera hecho un acto de sumisión antes de percibir la luz que contienen. Otros pasajes de los evangelios están todavía cerrados a mis ojos; pienso que con el tiempo y con el auxilio de la gracia, la atención y el amor, deberán algún día tornarse casi todos transparentes. Lo mismo diría respecto a los dogmas de la fe católica”.
Simone Weil, A la espera de Dios, 151)

“Los hijos de Dios no deberían tener más patria aquí abajo que el universo mismo, con la totalidad de las criaturas racionales que ha contenido, contiene y contendrá. Esa es la ciudad natal digna de merecer nuestro amor”.
Simone Weil, A la espera de Dios, 60)

viernes, 21 de octubre de 2011

ACEPTARSE ES SUPERARSE

“Finalmente estoy llegando a la conclusión de que mi mayor ambición es ser lo que ya soy. Que nunca cumpliré mi obligación de superarme a mí mismo a no ser que primero me acepte, y si me acepto plenamente del modo debido, ya me habré superado a mí mismo. Porque es el yo inaceptado el que se interpone en mi camino, y seguirá haciéndolo mientras no sea aceptado. Cuando lo es, es mi escalón a lo que está por encima de mí. Porque así es como el hombre ha sido hecho por Dios, y el pecado original fue el intento de superarse a uno mismo siendo “como Dios”, es decir, distinto de uno mismo. Pero nuestra semejanza con Dios empieza en nuestra persona. Debemos hacernos como nosotros mismos, y dejar de vivir a nuestro lado”.
(2 de octubre de 1958)
Thomas Merton

DE LA MANO DE TERESA

Hace más de 20 años leí por vez primera un libro de TERESA, la mujer orante y emprendedora, que recorrió los caminos de Castilla, en el siglo XVI, sembrando comunidades vivas centradas en el seguimiento y la amistad de Cristo. La lectura del “Libro de la Vida” fue un verdadero acontecimiento espiritual para mí, recién converso; con él, aprendí a orar, y descubrí la gratuidad del amor de Dios y de su gracia. Superando progresivamente la dificultad del lenguaje, propio de la época de Teresa, me sumergí en una realidad totalmente nueva para mí, y me encontré caminando en la fe el camino de Cristo de la mano de esta mujer, determinada a superar cualquier obstáculo, para abrazarse al Amor. Teresa se convirtió en mi maestra, en mi madre espiritual y en mi amiga; con ella de la mano llegué al Carmelo, y en la medida en que conocí más y más aquel carisma, fui también conociéndola más a ella, leyendo sus libros, y los de quienes fueron sus discípulos: Juan, Gracian, Teresita, Isabel, Francisco, etc.
En 1998 llegué a Ávila, la ciudad en la que vivió TERESA, y durante un año recorrí sus calles, aspiré sus olores, me llené de imágenes y recuerdos, para sentirle más viva y cercana; fue allí donde dediqué tardes innumerables a leer pacientemente sus escritos, subrayando y anotando el ejemplar de sus obras completas que me acompaña siempre a donde voy. Eran tardes largas, mirando nevar a través de una pequeña ventana, en las que la voz de Teresa, desde lo que ella escribiera, sonaba en mis oídos como un manantial de agua viva. Aquel año fue fundamental en mi camino espiritual, y regresé a mi tierra lleno de entusiasmo para vivir y compartir todo lo aprendido y descubierto en aquel tiempo.
Otra dos experiencias importantes en mi relación con TERESA resultaron mi amistad con un presbítero, párroco de mi pueblo, que me invitó a ver, más de una vez, y debatir, la serie de televisión española, de ocho capítulos, “TERESA de JESÚS”, una verdadera joya, y que luego, a lo largo de estos años, he visto una y otra vez. Hoy mismo, para celebrar en este pequeño refugio donde pasé los últimos meses la memoria de Teresa, he vuelto a ver algunos capítulos, los que narran la historia de la primera fundación teresiana, y el despegue de su actividad fundadora. Y luego, la tercera experiencia importante, fue llevar durante un tiempo un blog dedicado a TERESA y su carisma, desde una visión personal y encarnada; no creo que llegara a ser lo que hubiera querido, pero estoy satisfecho. Tal vez en el futuro vuelva a intentarlo, desde una óptica diferente, porque TERESA será mi maestra y mi compañera de camino, aun cuando yo no sea parte formal de su familia en la Iglesia.
Hoy, 15 de octubre de 2011, he celebrado particularmente mi amistad con TERESA: he rezado su oficio, he celebrado la eucaristía en mi habitación, he repasado las páginas de sus libros, y por supuesto, también me he sentido en comunión con todo el Carmelo Teresiano, mujeres y hombres, los que de muchos modos diferentes se sienten discípulos de esta “mujer fuerte” que nos dejó un legado valiosísimo, el de su experiencia interior y su “determinada determinación” de buscar y buscar, sin rendirse, el rostro auténtico de Dios. De TERESA, amiga y maestra, he aprendido la amistad con Jesús y el deseo de seguirle en libertad; ahora, que me adentro en una nueva etapa del CAMINO, no he de privarme de su sabiduría y su luz, todo lo contrario. Hoy más que nunca ella seguirá siendo maestra, y en cualquier lugar donde levante mi tienda, se hablará de TERESA.

jueves, 13 de octubre de 2011

NUEVA EDICIÓN DE LIBRO DE TM

Conjeturas de un espectador culpable
Comentario de la Editorial

He aquí al mejor Merton: incisivo, sincero, espiritual y provocativo. Este libro es un conjunto de reflexiones personales, intuiciones, metáforas, observaciones y juicios sobre lecturas y sucesos. El material está tomado de sus diarios escritos entre 1956 y 1966.

Además de componer una versión personal del mundo de su época, estas páginas son un diálogo implícito con otras mentes, un diálogo en el que se suscitan preguntas, pero sin esperar hallar «respuestas». Como el mismo Merton señala: «No tengo respuestas claras a las preguntas que andan por ahí. Tengo preguntas, y, de hecho, creo que a un hombre se le conoce mejor por sus preguntas que por sus respuestas. Sin duda, dar a conocer las propias preguntas es ponerse al descubierto. No salgo al mercado a dar esas respuestas prefabricadas y en serie que tanto solicita el público, y lo que más pongo en duda es la viabilidad de las respuestas públicas y populares, incluyendo algunas de las que pretenden ser más avanzadas».

Quizá el mejor modo de caracterizar este libro es decir que consiste en una serie de apuntes y meditaciones, algunos poéticos y literarios, otros históricos y aun teológicos, que inevitablemente hacen de Thomas Merton un «espectador» privilegiado del que podemos aprender a mirar y a preguntar.

THOMAS MERTON (1915-1968) es universalmente reconocido como uno de los más influyentes autores espirituales de nuestro tiempo. Monje, poeta y activista por la paz y los derechos civiles, entre sus principales obras se cuentan La montaña de los siete círculos y Nuevas semillas de contemplación, esta última publicada por la Editorial Sal Terrae, donde también han visto la luz otras seis obras.

Introducción de F. R. de Pascual
Conjeturas son ideas que se deducen de alguna señal o noticia. Lo cual quiere decir que el espectador debe gozar de
una atención despierta y una intuición viva, características muy propias del contemplativo o persona reflexiva.
Espectador es quien mira un acontecimiento o acción interesándose por lo que ocurre; si la acción no deja indiferente
al espectador, este, según su sensibilidad, se vincula a lo que contempla experimentando algún sentimiento: placer,
repulsa, indiferencia, culpabilidad incluso. En este último caso, el espectador se ve involucrado en
la acción y siente en su interior un trastorno cuya intensidad es variable y que, generalmente, puede localizarse en una
escala que va desde la vergüenza hasta cualquier tipo de acción que trata de paliar la desazón sentida.
Esa escala de sensaciones, valoraciones y sentimientos puede quedar reflejada en aquello que el espectador siente
necesidad de escribir y manifestar a otros.
Diríamos que este es el argumento central o hilo conductor de lo que en este libro trata de reflejar Thomas Merton:
las ideas que deduce de lo que en un tiempo de su vida lee y ve, oye y siente, alimenta su esperanza y produce también
su frustrada impotencia ante el devenir de los acontecimientos que le rodean.
Dado que el espacio de tiempo que recoge este libro es prácticamente la década de 1960, podemos preguntarnos sobre
la actualidad de las reflexiones que Merton nos ofrece.
El hecho de que este libro sea publicado de nuevo hoy es ya de por sí una respuesta, y no solo por parte del interés de los
editores, sino por el juicio positivo que seguramente emitirá el lector tras haberlo leído.
Los temas que se tratan en las páginas que siguen se toman de los diarios que Merton escribió desde 1956 hasta
1965. Son muy pocas las entradas que tienen fecha; con todo, en algunos casos se puede deducir la datación por el contenido
del texto. Tampoco corresponden los temas con las entradas de los diarios, aunque algunas veces contienen reflexiones
sobre temas abordados en ellos; por ejemplo, la narración sobre la experiencia «en la esquina de la calle
Cuarta [Fourth] con Walnut», en la que sí viene reflejada y aumentada la entrada del diario. Los artículos son demasiado
largos para llamarlos pensamientos y demasiado cortos e inacabados para considerarlos ensayos. Pueden compararse
con las parábolas de Jesús, no solo por su forma (generalmente no son historias), sino por su verdad básica, porque
intentan involucrar al lector en los temas afrontados. Ante todo trata sobre la vida, la apertura y el crecimiento.
El libro está dividido en cinco partes: 1. El sueño de Barth. 2. Verdad y violencia en una época interesante. 3. El
espíritu de la noche y el aire de la aurora. 4. La encrucijada. 5. El loco corre al Este. El contenido de cada una de las cinco
partes es muy diverso y cubre tal variedad de temáticas que los títulos clarifican poco las cuestiones tratadas en cada
una de las cinco secciones. Cualquier intento de resumen sería una ardua e infructuosa tarea, pues Merton no ofrece
aquí nada sistemático y organizado, sino que solamente pretende compartir con el lector sus reflexiones.
Quizá la primera sorpresa del lector sea el hecho de que un monje quiera redimir su propia culpabilidad (la de haber
ocupado un largo periodo de tiempo dedicado a escribir sobre sí mismo y cuestiones «espirituales»). No tendría por
qué «redimir» nada, ni sentirse «culpable» ante acontecimientos que no dependen de él. Al fin y al cabo, cada uno
solo puede «manejar» un pequeño espacio de tiempo y la vida que le imponen las propias circunstancias, máxime si esa
vida ha sido elegida libremente.
La segunda sorpresa puede ser la variedad de temas tocados por Merton, fruto, como decíamos al principio, de sus
amplias lecturas y de su fina sensibilidad para captar los acontecimientos de su tiempo (con muchos menos medios
de información que los que hoy día tenemos a disposición).
Y, finalmente, la originalidad y novedad de sus aportaciones y la profundidad de sus reflexiones. Hoy día vivimos
dentro de una cultura «accidentada» y «fugaz», con poco espacio para la reflexión y el sosiego. Todos somos «víctimas»
y hay un exceso de «verdugos» empeñados en fraccionar y seccionar los espacios de información.
El esfuerzo por mantenerse despierto en medio del mundo podría resultar extraño en una persona que vive en un
monasterio trapense, aunque sea norteamericano, pero, curiosamente, algunos trapenses han dado muestras de una
gran sensibilidad hacia lo que hay más allá de la clausura, sensibilidad y atención propias de los grandes maestros espirituales
de la humanidad.
En el testamento espiritual de Christian de Chergé, uno de los monjes trapenses asesinados en Thibirine (Argelia) en
1996, hay unas frases que pueden interesarnos ahora, y de las que probablemente Merton hubiera disfrutado enormemente:
«Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco
tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia…
He vivido bastante como para saberme cómplice
del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el
mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente…
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez
que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos
los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo
corazón, a quien me hubiera herido… Yo no podría desear
una muerte semejante. Me parece importante proclamarlo...
Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me
han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista: “¡Qué diga
ahora lo que piensa de esto!”… Pero estos tienen que saber
que por fin será liberada mi más punzante curiosidad.
Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la
del Padre para contemplar con Él a Sus hijos del islam tal como
Él los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo,
frutos de su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo
gozo secreto será siempre el de establecer la comunión y restablecer
la semejanza, jugando con las diferencias».
La «revelación» de Merton en las calles de Louisville coincide plenamente con lo que quiere y espera «ver» Christian.
La vida de este monje en Argelia estuvo marcada y fecundada especialmente por un «ribat el salam», un «vínculo
de paz» vivido con sufíes de Medea de la Tariqâ Alawiyyâ (en forma de reuniones regulares), pero de manera más general,
por sus numerosos y habituales encuentros con musulmanes argelinos. Christian de Chergé era lector del Corán, del que
con frecuencia cita suras en sus homilías.
Los monjes de Thibirine, como Merton en este libro, y como muchos otros grandes testigos espirituales de nuestro
tiempo, juegan con la precariedad de una existencia particular en medio de un mundo que no pueden abarcar y en el que apenas
pueden influir, y así se plantean el desafío bien real delmundo actual: la urgencia para que los seres humanos, especialmente
los pensadores y los místicos, aprendan a dialogar en el camino mismo de sus experiencias espirituales, y también
a verse juntos y dependientes totalmente del perdón de Dios, por causa de la respuesta tan fría, a veces incluso tan
vergonzosa, que los creyentes, monjes incluidos, dan a las exigencias más interiores de su Señor. En la práctica, tal clase
de diálogo apenas está empezado. Pocos lo creen posible.
El texto de Merton, pues, aparece hoy lleno de ricas perspectivas, y, sin duda alguna, puede ser un instrumento admirable
para situarse personalmente ante el mundo en evolución y profunda transformación que nos ha tocado vivir.
Conjeturas de un espectador culpable viene a «restablecer la comunión jugando con las diferencias» dentro de la
experiencia universal de un monje, es decir, de ese «arquetipo universal» de soledad y comunión que cada corazón humano
lleva inserto en sí mismo.
En medio de un mundo dominado por la infoxicación (tan bien definida por el psicólogo británico David Lewis), la lectura
de este libro de Thomas Merton puede enseñarnos a dar una nueva dimensión a las ideas aprendidas que ya tenemos,
a abrir la mente y comparar nuestros saberes con más fuentes que las ofrecidas por los mass media. Puede educarnos en
nuevas estrategias de comunicación y, en definitiva, estimular el espacio vital de nuestro ser-en-el-mundo para poder ser
«usuarios» conscientes y despiertos de lo que vemos y oímos, sentimos y tememos o, sencillamente, desconocemos.

sábado, 8 de octubre de 2011

SJ: FREDERIC DUNNE

Seguimos: El libro del que hemos estado hablando “El signo de Jonás”, consta de un prólogo y un epílogo, y de seis partes, en las que TM va compartiendo su propio itinerario de crecimiento como monje trapense, desde su profesión solemne, pasando por la ordenación sacerdotal, hasta su purificación interior al contrastar el ideal con la realidad viva y cambiante de su entorno. Este período en cuestión abarca desde el año 1946 hasta 1952; en el primer período Merton escribe más, ya al final las entradas son más espaciadas. Uno de los acontecimientos importantes que TM narra es la muerte de su abad, momento que ve como una etapa de transición, coincidente además con la publicación de su autobiografía, que inevitablemente le cambió la vida, y lo colocó definitivamente en el ámbito público, a pesar de su retiro monástico.
“En el siglo, cuando un hombre se convierte en escritor, le es fácil adaptarse a ese estado con solo imitar a los demás escritores en los círculos literarios que frecuenta. Pero un autor en un monasterio trapense es como un pato en un gallinero. Y daría cualquier cosa por no ser pato” (113).
El abad Frederic Dunne jugó un papel fundamental en la vocación de TM, al estimular su condición de escritor y acompañar sus primeros pasos monásticos:
“Existe una persona que, en cierto modo, es más responsable de la obra que yo, como lo es también de mis otros escritos. Me refiero al padre Dom Frederic Dunne, mi padre espiritual, el abad que me recibió como postulante, quien me entregó el hábito de novicio un frío domingo de Cuaresma, hallándose gravísimamente enfermo de pulmonía, y aceptó después mis votos simples y mi profesión solemne. Dom Frederic formó y modeló todo mi destino monástico. Él y Dom Robert, mi maestro de noviciado, decidieron que yo escribiera libros. Con bondad y firmeza me alentó, e incluso me ordenó que continuara, ayudándome a vencer mis aprensiones. Al propio tiempo continuó haciéndome ver por todos los medios, paciente y discretamente, que mis escritos no tenían por qué perturbar mi vida de oración. Antes, al contrario, requerirían de mí una comunión íntima con Dios. Así, aunque en ocasiones no he sabido ver que esto fuera así, bien entiendo ahora que Dom Frederic no sólo fue quien me hizo escritor, sino quien ordenó mi vida, bajo la guía de la Divina Providencia, de tal modo que se me ofrecieron oportunidades mucho mayores que antes para convertirme en un contemplativo en Getsemaní”.
En la vida de cada persona hay siempre guías y maestros providenciales que le ayudan a encausarse en la vía espiritual; desde su autobiografía TM habla de algunos de ellos, y aquí dedica un breve capítulo de su libro a recordar agradecido a quien fuera su primer abad.
“Jamás olvidaré la sencillez y el afecto con que puso en mis manos el primer ejemplar del libro (se refiere a “La montaña de los siete círculos”). No dijo una palabra. Me entregó el volumen y se sintió satisfecho ante mi sorpresa. Pero me di cuenta de que su alegría superaba a la que yo pudiera experimentar.
Pocos días después me aconsejó que siguiera escribiendo, que amara a Dios, que fuera un hombre humilde y de oración, que mi conducta respondiera a la de un monje contemplativo y que enseñara a los hombres a penetrar el misterio del amor de Dios”.

Cuenta TM que esa fue la última vez que le habló, pues esa misma noche, viajando en tren a Georgia, falleció de un ataque al corazón. A Dom Frederic le sucedió Dom James Fox.

MÚSICA: NUEVO DISCO DE PEDRO GUERRA

Como siempre he dicho acá que la música forma parte también de la espiritualidad decido colgar esta noticia que he recibido recién, anunciando nuevo disco de uno de mis cantautores preferidos, quien a contribuido muchísimo a alimentar mi mundo interior.

Pedro Guerra presentará su nuevo CD «El mono espabilado»

EL PRÓXIMO 11 DE OCTUBRE EL TROVADOR CANARIO PEDRO GUERRA PRESENTARÁ EL MONO ESPABILADO, SU DISCO NÚMERO 13, CON 13 NUEVAS COMPOSICIONES, PUBLICADO CON SU PROPIA COMPAÑÍA, MANSI PRODUCCIONES Y LAS COLABORACIONES DE MIGUEL POVEDA E IVÁN FERREIRO.

(Redacción/Nacho Sainz de Tejada)
El 11 de octubre de 2011, Pedro Guerra (Güimar, Santa Cruz de Tenerife, Canarias 1966) publica su nuevo álbum, El mono espabilado, que presenta en concierto el 25 octubre en Madrid (Teatro Arteria Coliseum) y 12 de noviembre en Barcelona (Teatre Coliseum) y serán el inicio de una gira por varias ciudades de España a partir de enero de 2012...
Después de 16 años y 12 discos trabajando con Sony Music, Pedro Guerra publica su nuevo disco con su propia compañía Mansi Producciones. Es el disco de la independencia, de la emancipación, el comienzo de una nueva aventura. “Lo edito yo y lo distribuye Resistencia”, dice. “Con el álbum Vidas ya me enfrenté a un abismo porque empezamos a trabajar nosotros el management y funcionó. Hice más de 70 conciertos en España y América. Un disco es un objeto que anuncia que estás ahí, que tienes canciones nuevas. Es todo tan complicado… Ahora estamos ante otro abismo, pero creo que es la tendencia natural para un artista como yo. Si sabes lo que haces, nadie mejor que tú para saber cómo tienen que ser las cosas. Pero hay mucha incertidumbre por la situación. La crisis revela que nuestra profesión está en el aire”.
Una situación nueva que no afecta al aspecto creativo, a las canciones, al álbum. “A nivel creativo, sigo manejando las cosas igual”, continúa. “A la canción no le interesa cómo va a llegar a la gente. Desde los 14 años tomo la guitarra y hago canciones porque me gusta, porque sin eso no podría vivir. El disco está al margen de la nueva situación y en la medida que la gente compre El mono espabilado podré grabar el siguiente, por lo que hay que intentar que la mayor cantidad de gente se entere de lo que has hecho”.
Pedro Guerra compuso las 13 canciones de El mono espabilado entre septiembre de 2010 y mayo de 2011. “En estos meses, que fueron muy activos, me entregué a la composición”, afirma. “Componía todos los días con una intensidad que no tenía desde hace tiempo y salieron casi 40 canciones y en esta intensidad quizá tenga alguna conexión con Golosinas. En otros discos busqué ritmos y sonoridades nuevas; en El mono espabilado hablo del ser humano a través de historias”.
Historias que se convierten en canciones que se inspiran en el director de cine ruso Andrei Tarkovsky, en las maestras de escuela republicanas, en descubrimientos antropológicos, en personajes literarios de R. L. Stevenson, en emperatrices bizantinas del siglo VI, en tipos de mariposas, en cuentos de Perrault… “En algunas cuento mi corazón a través de la vida de otros”, dice. “Me he centrado mucho en las canciones, en la composición, en tocarlas y los arreglos son muy directos”.
Producido por Pedro Guerra (“Sé como tienen que sonar mis canciones”) y con Miguel Poveda e Iván Ferreiro como artistas invitados especiales, El mono espabilado es un disco sereno, tocado por músicos de postín: Osvi Greco (guitarra eléctrica, acústica, portuguesa, española, ukelele), Luis Fernández (teclados), Vicente Climent (batería), José Gómez (bajo), Andreas Prittwitz (flauta, clarinete) y el propio Pedro con la guitarra española. “Es el disco en el que he hecho más porque, por primera vez, lo he coordinado yo absolutamente todo”, afirma. “Hemos ensayado en un local de Rivas Vacias [Madrid] y grabado toda la parte instrumental en directo en cinco sesiones, ya estaba todo amarrado, en los estudios Red Led. Después he cantado en el estudio de Ángel Martos, que ha hecho las mezclas”.
El resultado es El mono espabilado, un disco con 13 nuevas canciones que se abre con Caperucita roja (“Las cosas son porque suceden y ella las toma cuando llegan. Si ese camino es el más corto ha de seguir esa vereda”), un tema sobre el candor y la perversidad que se mueve con cadencias ondulantes de inspiración latina marcada por la sonoridad de la guitarra portuguesa. Después, El mono espabilado (“Puede mentir y se sonroja, pensar el universo y sentirse tan pequeño. Puede vivir con pocas cosas, hablar de las estrellas y saber tan poco de ellas”) es la canción que da título al disco a ritmo de candombe y con una larga parte final rapeada. “Robert Sapolsky, profesor de biología y neurología en la universidad de Standford, escribió el libro El mono enamorado. Mi cabeza pensó que el mono es espabilado… y se enamora”, dice Pedro Guerra para explicar el origen de la canción.
El álbum continúa con La maestra (“Quién negó la luz al corazón de la maestra, qué violencia pudo detener esa ilusión, quién segó las flores que regaba la maestra, quién a sangre y fuego deja muda la canción”), dedicada a las maestras republicanas y una de las canciones más emocionadas del álbum. “Se ocuparon de la alfabetización de las clases populares dando la oportunidad a los niños pobres de conocer y de aspirar a algo más que la marginalidad y el hambre de por vida”, explica Pedro Guerra de una canción de gran riqueza lírica que da paso a Mi locura (“Deja que corra el aire, que llegue el día, que encuentre paz el fugitivo. Deja que no me importe el renglón torcido”) que con la sensualidad del bolero y la melancolía del fado presenta la colaboración extraordinaria de Miguel Poveda interpretando de una manera sentida, original y desconocida en el cantaor. “Estoy contento con la canción, con el encuentro con Miguel Poveda, excelente artista y persona. Creo que ha quedado muy bonito”, afirma Pedro.
La que camina (“No le bastaron los cálidos valles del África ardiente; no le bastaron las ramas del árbol, la vida frugal; alzó los brazos, se puso a dos patas y muy lentamente, la que camina echó a andar”) presenta un estupendo balance rítmico con inspiración melódica en una canción que explica Pedro: “Últimamente me intereso en los estudios del cerebro, en la evolución del ser humano. La canción la escribí pensando en el Australopithecus Afarensis, un homínido que vivió hace más de tres millones de años. Le llamaron Lucy porque cuando le descubrieron en 1974 en Etiopía sonaba Lucy in the Sky With Diamonds de los Beatles. Podía caminar erguido y se acepta que puede ser uno de los ancestros del género Homo, conformando la primera familia”.
El baúl de Billy Bones (“Alguien que se enfrenta con la vida y crece mientras dice adiós al tiempo en que adolece; alguien que responde, alguien que pregunta, invade los salones de la edad adulta”) es otra excelente canción, una especie de infancia recuperada que se inspira en el personaje de La isla del tesoro de R. L. Stevenson, en el marinero de la mejilla cortada, adicto al ron, cuya única posesión es aquel viejo cofre que contenía el mapa del tesoro. Sigue Aquella vieja canción (“Ni los Beatles, ni los Stones, ni Gardel, ni Bola de Nieve, nadie habrá que la recuerde. Se perderá aquella vieja canción”) se enriquece con la colaboración de Iván Ferreiro (“Me gusta mucho lo que hace, me parece que tiene un universo muy particular”, dice Pedro) en un tema de corte clásico y magnífica artesanía en su construcción.
Asteroide Tarkovski (“El asteroide Tarkovski revela lo que no enseña; la vida no está en la prisa, la vida está en el poema”) recoge algunos de esos ambientes universales que envuelven la música de Pedro Guerra (portugueses, de la música popular latinoamericana…) para recordar al director de cine ruso. “Tarkovski pensaba que si el cine se podía emparentar con otra forma de arte, no sería con la literatura o el teatro, sino con la poesía, y sus planos eran auténticos viajes poéticos”, dice Pedro. “En los años 80, una científica rusa descubrió un asteroide y le puso su nombre. La canción habla sobre su cine”.
Teodora fue una emperatriz bizantina del siglo VI, esposa de Justiniano I y antes actriz y meretriz. Impulsó las primeras leyes sobre el aborto y el divorcio, permitió el matrimonio libre entre diferentes clases sociales, razas o religiones, prohibió la prostitución forzosa… “Hija de los arrabales quisiste querer, dar a los pobres su carta de iguales sin castas sociales. Diosa amasada en el fango, ir desandando fue tu quehacer” canta Pedro en Teodora, otra canción que musicalmente se puede leer desde muchos lados, con un estribillo impecable y ambiente jazzy.
Gente tóxica (“Gente tóxica armada de una mente fláccida, que anidan en miradas diáfanas e incuban intenciones sórdidas”) presenta un arreglo original, casi minimalista, con sonoridades nuevas en Pedro Guerra y una letra sin desperdicio, mientras Nunca más estar triste (“Te traeré la lluvia encerrada en un beso de cielo y así, sin mojarte, la miras llover; el agua que guarda la reina de Hungría, la breve promesa del amanecer”) está inspirada en La bella durmiente de Perrault. “Es una canción contra el desánimo. Decían que el agua de Santa Isabel, reina de Hungría, con vino y flor de romero, curaba, la tristeza”.
En la recta final del álbum, Monarca (“Esa mariposa es un ejemplo firme y claro de constancia; nada la detiene, ni el temor del cielo ni el de las aduanas”) toma aire de valsecito en una canción suave y tranquila que explica Pedro Guerra: “Es una clase de mariposa, negra con manchas naranjas. Viajan de Canadá a México donde ponen sus huevos, pero no viven lo suficiente para hacer el viaje de regreso y son las crías las que lo continúan. La canción habla sobre las migraciones”. Finalmente, El rey de la selva (“No creas todo lo que cuentan, lo que dicen; a veces la verdad no es la verdad tal cual la ves. Las cosas quedan del fervor que las repite y a veces la verdad se encuentra en el revés”) cierra el disco con ese aire suave, profundo, inspirado, que baña El mono espabilado, una obra de madurez y calado que confirma el por qué Pedro Guerra es uno de los autores de referencia de la escena musical española de las últimas décadas.
El mono espabilado es Pedro Guerra en estado puro en 13 nuevas canciones que se publican el 11 de octubre de 2011 con el canario arriesgándolo todo, dirigiendo su carrera hasta las últimas consecuencias. “La fuerza de la vocación, del amor a la música está por encima de todo. Se lucha contra el desánimo y lo importante es la canción, una melodía y una letra que pueda cantar cualquiera”.

martes, 4 de octubre de 2011

COMENZAR A VIVIR

“La solución al problema de la vida es la vida misma. La vida no se realiza mediante el razonamiento y el análisis, sino ante todo viviéndola. Pues mientras no comenzamos a vivir, nuestra prudencia carece de material sobre el cual trabajar. Y a menos que hayamos comenzado a fallar, no tenemos manera de elaborar nuestro éxito”. (Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 63, Lumen)

“Vivir es el ajuste constante del pensamiento a la vida y de la vida al pensamiento, de modo tal que siempre estamos creciendo, siempre experimentamos cosas nuevas en lo viejo y cosas viejas en lo nuevo. Por eso la vida siempre es nueva”. (Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 24, Lumen)


“Diferencia entre una vocación y una categoría. Aquellos que realizan su vocación de santidad, o que la están realizando, son por ese mismo hecho inclasificables. No calzan en categorías. Si se usa una categoría para hablar sobre ellos resulta preciso calificar la aseveración de inmediato, como si ella perteneciera a alguna categoría absolutamente distinta. En el hecho real, no poseen categoría, son particularmente ellos mismo, por esto a los ojos de los hombres no se los considera como merecedores de gran amor y respeto porque su individualidad es un signo de que son enormemente amados por Dios y que sólo Él conoce su secreto, que es demasiado precioso para ser revelado a los hombres”. (Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 60, Lumen)


“Un hombre sabe que ha encontrado su vocación en el momento en que cesa de pensar cómo vivir y comienza a vivir”.

(Thomas Merton, Pensamientos en la soledad, 73, Lumen)

SANTIDAD, NUEVOS DESAFÍOS

Nuestro tiempo, como otros antes, necesita con urgencia el testimonio de la santidad cristiana, y le urge confrontarse con modelos espirituales que puedan insertarse en la cultura, el saber y la vida moral; el “santo” toca y mueve a la persona, la identifica con un ideal, y le ayuda a pasar de la mera imitación a la recreación propia de lo que admira. El “santo” no impone, sino que propone valores, y no sustituye el esfuerzo moral creativo de cada uno, sino que indica el camino por recorrer y le presenta como posible. Y sobre todo, si el modelo de santidad es “humano” se hace imitable, reproducible, además de admirable. Simone Weil dijo que no era suficiente ser santo, sino alcanzar la santidad que nuestro mundo necesita para ser transformado según el proyecto de Dios, “una nueva clase de santidad” .
1. Nuevas coordenadas: Por eso es tan importante hoy el testimonio de hombres y mujeres creyentes que “hablen” en los acontecimientos concretos de su experiencia vital. El ser humano de estos tiempos, más libre y más osado, asume la invitación a ser santos desde nuevas coordenadas; una buena parte de los cristianos no quiere renunciar a la santidad como meta de su vida de fe, pero al mismo tiempo quiere acceder a esta desde nuevos presupuestos . Desde el pasado siglo muchos hombres y mujeres han puesto sus ojos en algunas figuras espirituales que, estando o no canonizadas, eran testigos de una búsqueda diferente a los patrones habituales y hagiográficos, pero no menos auténticos, de alcanzar la plenitud en Dios. Y la irradiación de estos hombres y mujeres ha iluminado muchos corazones, incluso más allá de las fronteras de la Iglesia. De hecho muchos teólogos y pensadores se han acercado al tema de una manera nueva, actualizando así las motivaciones de los cristianos para buscar la santidad, sin renunciar por ello a los aspectos esenciales que han acompañado esta búsqueda desde el tiempo de los apóstoles .
2. Nueva Teología: Nuestro tiempo es menos racional y está más imbuido en los sentimientos, por eso es más sensible a otro modo de comunicar; se fía menos de lo especulativo, y da más valor a la experiencia concreta. Se intenta recuperar lo que se ha llamado “teología narrativa”, más cercana para muchos al modelo de los evangelios, en la que se revalorizan las vivencias concretas de fe de hombres y mujeres que han seguido a Cristo en lugares y tiempos particulares. El hombre es un “homo viator”, y estar siempre en camino es una experiencia fundamental de nuestra existencia; por eso se intenta hacer confluir teología y vida, teología y espiritualidad , y entre los que el pasado siglo abrieron camino en este sentido están Romano Guardini, Karl Rahner y Von Balthasar . El primero anunciaba la llegada de “santos de este tiempo”, capaces de encarnar las aspiraciones de las nuevas generaciones, y en un estilo más sobrio, insertos en lo cotidiano; los otros insisten en el rostro humano de Dios y su belleza en modelos concretos, de ayer y de hoy .
Es evidente que los modelos particulares de santidad no pueden abarcar la totalidad del misterio de Dios, no son absolutos en ninguna medida, pero son caminos válidos, y más aun, necesarios para llevarnos a desear y sentir esa presencia misteriosa en nuestra vida personal, en la Iglesia y en el mundo. Por eso ha de prestar la teología siempre atención a la biografía de estos hombres y mujeres que, en las más diversas circunstancias de nuestro tiempo, han querido vivir el seguimiento de Cristo, ya sea por los caminos tradicionales de la Iglesia o por nuevos caminos, en los que descubrimos nuevas formas de vivir el evangelio. Estos modelos, es importante señalarlo, viven su búsqueda de santidad, su camino hacia la plenitud en Cristo, en lugares y tiempos concretos. La temporalidad es una dimensión esencial de la santidad, y el presente aparece bajo una nueva luz; no como tiempo que se pierde, sino que se gana, que puede incluso recuperarse. El tiempo humano es santificable y santificador al mismo tiempo; la historia humana se hace historia de salvación, y la cotidianidad una dimensión imprescindible de la progresiva santificación de la existencia.
3. ¿Una santidad nueva?: ¿Es “nueva” esta comprensión de “santidad” que se nos propone? ¿Es una santidad auténtica, cristiana, eclesial? La novedad de esta santidad no está en que sea nueva ella misma, diferente de la que siempre ha propuesto la Iglesia, sino tal vez en que hoy tendríamos que poner la atención en otros aspectos del modelo, o en la forma en lo presentamos, o caer en la cuenta de que el mensaje tiene nuevos destinatarios. La urgencia con que nuestro mundo está necesitando testigos nos obliga a encontrar nuevas formas de presentar la santidad cristiana, nos obliga a presentar modelos que hablen desde experiencias diversas, nos invita a tener en cuenta esos modelos que, sin haber sido aun reconocidos por la Iglesia, están hoy dialogando con el mundo sobre el seguimiento de Cristo .
4. Modelos de santidad: El discurso teológico se vale siempre de modelos, porque ellos, a través de imágenes y analogías, nos permiten acceder al misterio de Dios. A lo largo de la historia del cristianismo esos “modelos”, inspirados en el Modelo Original, que es Cristo, han ido variando, insistiendo en uno u otro aspecto de Jesús y su mensaje, y no siempre interpretando equilibradamente el modelo original. Hay diversos modos de acercamiento y comprensión de la santidad en la historia del cristianismo: a través de estas comprensiones, siempre parciales de la santidad, que a la vez son complementarias, podemos acceder mejor a la totalidad del ideal, y al mismo tiempo entender la dificultad y ambigüedad del asunto que nos ocupa.
Todo lo anterior nos invita a pensar que la santidad puede y debe hacerse más cercana, comprensible y creíble hoy ante los ojos de los cristianos y ante el mundo en ejemplos concretos de hombres y mujeres que durante su vida hicieron de la santidad un propósito constante y real. Si hemos visto que la vida cristiana, como toda vida auténtica, es crecimiento, y que nuestro propio origen y vocación en Dios invitan al seguimiento de Cristo y al discipulado, entonces no es posible pararse, conformarse, aceptar lo mediocre, sino que debemos trabajar por presentar la llamada a la santidad y plenitud de la vida cristiana, y hacerlo de tal modo que nuestra mensaje llegue al ser humano de nuestro tiempo. El indagar en la experiencia de hombres y mujeres concretos, en sus propias búsquedas espirituales, resulta estimulante y nos ayudará para hacer nuestras propias búsquedas, recorrer nuestro propio camino como cristianos, y descubrir algunas claves para buscar y vivir la santidad a la que estamos llamados concretamente hoy en la Iglesia y el Mundo .

Notas:
R. ELLSBERG, Todos los santos. Reflexiones diarias sobre santos, profetas y testigos de nuestro tiempo, México D.F., Lumen, 2001, 402.
Ob. Cit., 24. También, C.P. THOMPSON, Canciones en la noche. Estudio sobre San Juan de la Cruz, Madrid, Trotta, 2002, 46: “Tanto si somos creyentes cristianos o no, preferimos santos humanos y terrenos; el culto barroco a la santidad, con sus milagros y su énfasis macabro en las reliquias, despierta rechazo entre nosotros”.
Como ejemplo sencillo de esos intentos está el libro citado en la nota 36, del que apunta un comentario en la web: “expande nuestra visión de la santidad y nos llama a explorar nuestras propia manera de ser santos”. Este libro intenta, según su autor, explorar una serie de vidas que exceden el canon oficial de los santos con el propósito de ampliar la comprensión de la santidad.
“La desconexión entre la teología de las clases y la santidad real ha causado más daño a la Iglesia que todos los cismas”. S. CASTRO, “Teología de la maduración espiritual”, en: Rev. de Espiritualidad, año 38 (1980), P. 670.
S. DE FIORES, T.GOFFI, A. Guerra (dir), Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Madrid, San Pablo, 2000. Voz: Modelos espirituales, 1281- 1316.
M. SCHNEIDER, Teología como biografía, Bilbao, Desclée de Brower, 2000, 97 p. Texto de mucho interés para fundamentar una nueva visión de la santidad, a partir de una teología más vinculada con la realidad; recuperación del concepto “experiencia” para la teología. También: WEINRICH, H., “Teología narrativa”, en Concilium IX/85(1973), 210-221; METZ, J.B., “Teología como biografía”, en Concilium XII/115 (1976), 209-218;
“El hombre actual, en medio del materialismo y del racionalismo escéptico, no deja de apreciar en el fondo la ejemplaridad religiosa concreta. No la imitará literalmente. Pero advierte que en esos hombres hay una realidad que no deja de interpelar y de invitar. Los tiene que ver reales, humanos, comprometidos con lo humano y, sin embargo, en esto mismo llamando con una luz indefinible a otra dimensión.” L. ARÓSTEGUI, Ob. Cit., 212.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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