Seguidores

viernes, 27 de abril de 2012

LIBERTAD

“La tarea de nuestra vida es sólo y especialmente seguir siendo reales. La tragedia consiste en suponer que una sociedad, una institución, una causa, o incluso una Iglesia, harán la tarea por nosotros. Y nos resulta duro tener que reconocer que lo que hemos estado tratando de construir tiene que ser derribado y recompuesto de una manera mejor… y con muchas dificultades. Y sin embargo, siempre hay algo muy bueno en hacerlo todo de nuevo”. (Carta de Thomas Merton a Margaret Randall; 6 de julio de 1967) “La religión de nuestro tiempo, para ser auténtica, debe ser del tipo que escapa prácticamente a toda definición religiosa. Porque hubo definiciones interminables, verbalizaciones incesantes, y las palabras se convirtieron en dioses. Abundan tantas palabras que uno no puede llegar hasta Dios mientras se piense que Él se encuentra al otro lado de las palabras”. (Carta de Thomas Merton a Ludovico Silva; 10 de abril de 1965) “Si hay una ambición que podríamos permitirnos, y una forma de fortaleza, es tal vez esta especie de ironía sincera, ser un pedazo completo de ironía sistemática en medio de una vida totalitaria o capitalista”. (Carta de Thomas Merton a Czeslaw Milosz; 12 de septiembre de 1959)

LENGUAJE SIMBÓLICO

“Cuando leemos en el Nuevo testamento que la fe “mueve montañas”, no debemos interpretar el lenguaje simbólico en un sentido exclusivamente literal, como si quisiera decir que la oración es un medio mágico de llevar a cabo cosas físicamente difíciles o imposibles de realizar. Ese es el tipo de absurdo que los ateos sugieren después de haber allanado una colina con una máquina excavadora o después de que un astronauta soviético haya regresado a la tierra sin haber visto ningún ángel. La fe, en efecto, tiene que ver con imposibilidades, pero en modo alguno pretende suplir a la mera fuerza física, a la medicina, al estudio o a la investigación humana. Cuando Cristo decía a sus oyentes que debían tener fe, no pretendían que se limitasen a usarla para modificar el paisaje. Quería hacerles ver que su fe debía ser tal que no se dejara amilanar por ninguna clase de obstáculos ni de imposibilidades aparentes. La lección se refería a las cualidades de la fe, no a la naturaleza de la tarea que había de realizarse. La tarea no importaba, porque todo lo que fuese necesario para la salvación iba a concederlo Dios como respuesta a nuestras oraciones. El significado central de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la oración, por tanto, es que el Reino de los cielos está abierto a quienes, en la oración, pidan acceder a él. Esta ayuda sobrenatural jamás le será negada a nadie que la necesite y la busque en el nombre de Cristo. La fe le será concedida a quienes sepan pedirla. La luz de la verdad divina no se le niega nunca a los humildes. Pero la oración debe ser perseverante e insistente”. (Thomas Merton)

ROBERT LAX, amigo de TM

Uno de los mejores amigos de Merton fue Robert Lax; leyendo algo sobre él, hace unos años, encontré este texto que les comparto: “La oración es una forma de obrar el bien de forma instantánea en beneficio de todas las cosas en todos los sitios a la vez. Es una forma de enviar amor a todas partes de inmediato. Es una fuerza a la que todo el mundo puede acceder y puede transfigurar el mundo. La oración hace que todo cuanto emprendas sea más real, más duradero, lleno de sentido y fructífero. Con la oración simplemente todas las cosas florecen y fluyen. Es una forma de vivir y de dar… y si tienes la impresión de que no sabes o no puedes rezar, busca algún lugar tranquilo y descansa. Escucha el canto de un pájaro, o haz algo creativo. Canta, baila, pinta, sonríe. Ayuda a alguien. Siente la presencia de la mañana en cada hoja. Comparte tu alegría. Creo que todo eso es, de alguna forma, orar; sobre todo si procede de un corazón que ama y está gozoso”. Otro texto de Roberto Lax que también tengo copiado en mis cuadernos de apuntes es este: “Tal vez resulte útil tener en cuenta tres cosas: está Dios, estás tú y está el momento, y cada momento es un don. Y así las cosas, puedes relajarte, entrar en el momento y hacer cuanto esté en tus manos para escucharlo. Quiero decir escuchar de verdad. Estate presente en el momento con todo lo que eres. Después de aprender a escuchar, es cuando puedes empezar a responder”. Este último texto bien merece una sesión de meditación.

MERTON y MARGIE

Proyección profético-sacerdotal de Thomas Merton (Fragmentos de una conferencia de María Luisa López Laguna, rcm. Universidad de Eichi, Kobe (Japón. La nota más característica de la espiritualidad, e incluso misticismo, de Merton es que pone su acento más hondo en lo humano de la persona; esa es la cantera de donde extrae los materiales que le conducen a su ascenso hacia Dios. Lo mejor de Thomas Merton es su deseo constante de no reservarse ni excluir nada de lo que acontece en su vida: lo más ordinario, lo extraordinario, lo simple, lo ejemplar, lo reprobable... Todo forma los accidentes de ese pan vital, cotidiano (el que Dios nos da con nuestro propio existir) que, como el pan eucarístico, alimenta a la multitud que seguimos al Maestro con hambre y sed. Todo en él fue así sacerdotal y profético. Permítaseme, pues, que arriesgue una lectura “profético-sacerdotal” de una de sus últimas experiencias, que acaeció casi al final de su vida, siendo ya monje "maduro”, y que no ha sido comprendida adecuadamente por algunos lectores de Merton (que han sentido cierta extrañeza o decepción ante este hecho). Un punto muy delicado y que implica cierta madurez en la persona que lo analiza desde fuera. Me refiero a las relaciones afectivas con la enfermera que lo atiende en el hospital durante su operación de la espalda y que para muchos es lo “más escandaloso” de una persona que se suponía tan contemplativa y espiritual como revelaban sus escritos. ¿Qué decir, si además es sacerdote? Tanto los “padres” del Desierto como infinidad de autores espirituales ponen en alerta a las personas espirituales que siguen el camino de la perfección acerca del “demonio de mediodía”, porque cuanto más sincera y decididamente avanzan por el camino de la perfección más posibilidades tienen de toparse con él. Prestando un mínimo de atención a los síntomas psicológicos de las personas de nuestra sociedad al alcanzar esa típica edad, nos daremos cuenta del despliegue que el tal demonio nos muestra en la edad de la madurez .También aquí Merton paga el tributo de “ser un hombre como los demás”. No porque hubiera llegado a la edad del cansancio espiritual, sino precisamente, a nuestro parecer, por desear ir “más allá” en su camino de búsqueda espiritual. Parece incoherente; pero no lo es. No voy a entrar en detalles, ya que con la honradez y sinceridad propias de Merton, todo el asunto está publicado. Lo recoge el Volumen VI de sus Diarios, el titulado Aprendiendo a amar. (No podemos negar que es un detalle magnífico de su coherencia como escritor y como hombre espiritual. Esto pertenece a su vida y quiere que no sea “censurado”. Y porque es parte de su vida, es parte de su “biografía salvífica”: un momento en el que también la gracia se hizo presente, un momento en el que, como Jacob, “luchó duramente” por ver a Dios en medio de un amor humano que, por primera vez en su vida, experimentaba desde lo más profundo de su corazón; y no tanto por conseguir el amor humano o las caricias de una mujer, sino por querer amarla desde lo más profundo de su ser espiritual. Esta es la clave, nos parece, para entender lo que pasaba en su interior, y -¿por qué no?-, la invitación que Dios le hacía a hacer una opción por Él desde una mayor experiencia espiritual, de hombre maduro, de sacerdote. Esta nota es de la autora de este artículo). Continuará...

MAESTROS

Cuando leemos a un maestro espiritual, no le estamos leyendo sólo a él, sino también a otros maestros, hombres y mujeres, de los que él aprendió. Unos maestros apuntan a otros, y van estableciendo como un entramado de doctrinas, afines unas con otras. Cuando leemos a Thomas Merton estamos compartiendo su camino espiritual, sus lecturas, las fuentes de las que recibió su saber; particularmente en sus diarios nos comparte sus lecturas y encuentros, así como su mirada personal de la realidad de su entorno, monástico, eclesial y las vicisitudes de su tiempo. En las diversas etapas de su vida Merton fue bebiendo de diferentes fuentes: toda la tradición monástica y contemplativa del Cister; San Juan de la Cruz y la tradición carmelitana; la teología protestante también, sobre todo autores contemporáneos; el mundo teológico del Concilio Vaticano II, y las tradiciones religiosas no cristianas del Oriente. Hablamos de un amplio diapasón, que a la vez está enriquecido por su saber cultural, literario y su carisma personal. Merton fue un gran lector, casi compulsivo; desde su retiro trapense está al tanto de cuanto sucede en la Iglesia y el mundo. La lectura de diarios y escritos personales de cualquier personaje relevante de la historia humana nos confrontan constantemente con otros autores, y nos hace indagar en ellos, participando de la misma búsqueda y los mismos descubrimientos del autor que leemos. En la literatura espiritual pasa lo mismo, y con una significación espiritual muy importante, pues va ampliando nuestra visión, permitiéndonos ahondar en la comprensión del Misterio de la Fe. En el caso particular de uno de los libros de Thomas Merton, “Conjeturas de un espectador culpable”, este consiste en una especie de diario y resumen de lecturas, con comentarios sobre situaciones concretas de su tiempo; aquí Merton intenta aterrizar la doctrina cristiana y lo más clásico del pensamiento de la Iglesia, respondiendo a los interrogantes de la historia humana, reinterpretando las afirmaciones teológicas y espirituales a la luz del devenir de una época concreta, la segunda mitad del siglo XX. Veamos algunos nombres y autores que Merton cita en esta obra, y nos haremos cuenta de por dónde va su reflexión: Karl Barth Y Mozart, St. John Perse, Mark Van Doren, Ernesto Cardenal, Alfonso Reyes y Neruda San Benito, Isaac de Stella, Karl Marx, Edmund Wilson, Newman y Fenelón, A. K. Coomaraswamy, Duns Scoto Albert Schweitzer, Simone Weil, Dalai Lama Chuang Tzu, Jean Giono, Emmanuel Mounier, Gandhi, Fidel Castro, San Juan Crisóstomo, Mao, Teilhard de Chardin, Romain Rolland Meister Eckhart, Bonhoeffer, Leon Bloy Einstein, y la lista es interminable. Pensemos cuántas miradas se cruzan entonces en el texto de Merton cuando lo leemos, a cuántas vidas nos asomamos al mismo tiempo, y todo eso desde la mirada contemplativa de alguien que está recurriendo siempre a la Biblia y a la tradición de la Iglesia. Aquí reside lo más valioso del testimonio de Merton, y su universalidad, la amplitud con que resuena su testimonio y su mensaje. Por eso es una cantera inagotable para el buscador, para el discípulo que se adentra en los caminos de la contemplación y la interioridad

sábado, 21 de abril de 2012

SACERDOCIO EN TM

Thomas Merton: la ordenación sacerdotal: El sacerdocio, para Thomas Merton, es el mayor acto de gracia de Dios para con él: “Me parece imposible que pueda sobrevivir aún dos semanas y media sin desfallecer, sin morir de un ataque al corazón, o sin que el monasterio se derrumbe sobre mi cabeza. ¿Cómo es posible que alcance yo algo tan maravilloso como el sacerdocio? ¡Realizar lo único que salva al mundo, le da la salud y hace que los hombres sean capaces de lograr la felicidad! ¡Proseguir el misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo y ejecutar todas esas cosas sencillas y fáciles mediante las cuales se cumple la obra de nuestra redención!”. SJ, 216. Por eso en los días previos a la ordenación piensa una y otra vez en lo imposible que le parece llegar a alcanzarlo; se pregunta acerca de los efectos que tendrá el sacerdocio ministerial en su vida interior, y no puede casi controlar la ansiedad: “He resistido la tentación de contar los días que faltan para mi ordenación, por temor a que ello constituya una imperfección o a que se convierta en algo como el censo de David”. Sabe que el sacerdocio para él está vinculado íntimamente a su vocación contemplativa (“Comprendo que mi vocación es ser un sacerdote y un contemplativo, que mi vocación es la oración. Esto me hace feliz”. SJ, 220), y también al voto de pobreza (“Ser sacerdote significa, al menos en mi caso particular, no tener nada, no desear nada y no ser nada, sino pertenecer a Cristo”. En el caso del sacerdote contemplativo, dice hay una pobreza mayor, pues la falta de un ministerio activo excluye prácticamente la predicación, la guía, el talento o la inspiración. Es un ministerio también vinculado al silencio. SJ, 222). Apunta además: “Gran parte de los escritos sobre el sacerdocio no me satisface, y ahora no puedo ni siquiera leerlos. Parecen demasiado técnicos y lo que yo necesito no es literatura, sino al Dios vivo”. Finalmente también lo vincula al martirio y a su propia fragilidad: “La verdad es que disto mucho de ser un monje o clérigo tal como debiera serlo. Mi vida es una gran confusión y mezcla de los semiconscientes subterfugios para rehuir la gracia y el deber. He hecho malamente todas las cosas. He despreciado grandes oportunidades. Mas mi infidelidad a Cristo, en vez de enloquecerme de desesperación, me impele a arrojarme más ciegamente en los brazos de Su misericordia”. SJ, 223. Este texto evoca mucho a Santa Teresita, que afirma: “Lo que le agrada es verme amar mi pequeñez y mi pobreza… es la esperanza ciega que tengo en su misericordia… este es mi único tesoro” (Carta 197, 17 de septiembre de 1896, a Sor María del Sagrado Corazón. Obras Completas, Burgos, Monte Carmelo, 1996, 554). Merton conocía la obra de Teresita y sentía por ella una gran devoción. Consciente de lo que él llama su “profunda pobreza moral”, celebra el don que recibe, y se siente en paz, porque “todo se pierde en Su misericordia”. Así, afirma que “Cristo, el Sumo Sacerdote, está despertando en lo hondo de mi alma, en silencio y majestad, como un gigante dispuesto a correr Su carrera”.

martes, 17 de abril de 2012

BUSCAR LA VERDAD

“No tenemos la verdad, porque sólo Dios es verdad. Nosotros estamos en camino para buscarla; Dios nos ha revelado algunos elementos de la misma para jalonar nuestro camino, y a nosotros nos toca humilde, lenta y trabajosamente descubrir el contenido de la fe. La vida de la Iglesia es un largo camino, una pedagogía, una carrera, una lucha. La luz no está fija detrás de nosotros; está delante de nosotros y vamos hacia ella evitando los accidentes del camino”. (161)

Evangelista Vilanova.

“Se necesita derribar en nosotros los creyentes, y en nosotros, hombres de la Iglesia, la falsa persuasión de que ya se cree, de estar a punto en lo que se refiere a la fe. Necesitamos hacer nacer la duda --no se entiende sobre Jesús, sino sobre nosotros--, para entrar luego a la búsqueda de una fe más auténtica. ¡Quién sabe si no sería bueno, por un poco de tiempo, no querer demostrar nada a nadie, sino interiorizar la fe, redescubrir sus raíces en el corazón!”

P. Raniero Cantalamessa.
Predicador de la Casa Pontificia

jueves, 12 de abril de 2012

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

“Las campanas doblan para recordarnos que sólo Dios es bueno, que le pertenecemos, que no vivimos para este mundo.
Suenan sobre nuestros afanes para recordarnos que todas las cosas son pasajeras y que nuestras preocupaciones no son importantes.
Nos hablan sobre nuestra libertad, que las responsabilidades y los cuidados transitorios nos hacen olvidar.
Son la voz de nuestra alianza con el Dios del Cielo.
Nos dicen que somos su templo verdadero. Nos llaman a la paz con Él en nosotros.
El Evangelio de María y de Marta se lee al final de un toque de campanas a fin de recordarnos todas estas cuestiones.
Las campanas dicen: los negocios no importan. Reposa en Dios y regocíjate, pues este mundo es solamente la imagen y la promesa de un mundo que vendrá, y sólo quienes están desapegados de las cosas transitorias pueden poseer la sustancia de una promesa eterna.
Las campanas dicen: hemos hablado durante siglos desde las torres de las grandes iglesias. Hemos hablado a los santos, a tus padres, en su tierra. Los hemos convocado, como te convocamos a ti, a la santidad. ¿Cuál es la palabra con que los llamamos?
No dijimos simplemente: Sean buenos, vengan a la iglesia. No dijimos simplemente: cumplan los mandamientos, sino sobre todo: ¡Cristo ha resucitado! Y dijimos: Ven con nosotros, Dios es bueno, la salvación no es difícil. ¡Su amor la hizo fácil!
Y éste, nuestro mensaje, siempre fue para todos, para los que acudieron y para los que no acudieron, pues nuestro canto es perfecto, así como el Padre celestial es perfecto, y derramamos nuestra caridad sobre todos”.

Thomas Merton
Pensamientos en la soledad.

SOBRE LA ORACIÓN

MERTON sobre la ORACIÓN:

La oración es nuestra auténtica libertad… es en la oración donde somos verdadera y plenamente nosotros mismos y no estamos bajo ningún poder, autoridad o dominación”. (174)

“Cuando hablas de la oración, nunca sabes si lo que estás diciendo tiene sentido para otros o no. Hablas acerca de lo que tú piensas, y no sabes si logras comunicar con tu auditorio. La oración no es lógica o razonable. No hay nada razonable en la cruz, que es completamente irrazonable. Es ilógica. ¿Qué puede haber de más ilógico que el hecho de que Dios se digne venir a la tierra y morir en la cruz? Es la cosa más ilógica jamás ocurrida, pero sucedió porque Él la hizo, porque Él deseó hacerla y porque nos amó. En el amor no existe lógica. El amor va mucho más allá de la lógica”. (175)

“Lo que nosotros necesitamos es una teología que sea capaz de fundamentar la oración, que acompañe a la oración y le dé una cierta estructura, porque, de lo contrario, si sólo tienen oración y nada de teología, es como si tuvieran agua pero carecieran de recipiente para ponerla. La oración no les va como el agua, pero si tienen una teología que pueda contenerla, puesta como límite externo a su alrededor, sabrán dónde se encuentran. Ustedes pueden hacerle compañía, pero lo que cuenta es el agua, no el cubo. Si prestan excesiva atención al cubo, se olvidarán del agua y de nuevo se encontraran con dificultades. El cubo es útil, pero lo que ustedes desean es el agua. Ese es el tipo de teología que necesitan, y naturalmente, la Biblia la tiene. La teología bíblica les ofrece un contenedor para la oración”. (176)

“Nuestras relaciones con Dios son de tipo personal, nosotros no tratamos con Dios de acuerdo a un determinado sistema. La oración nos trasporta más allá de la ley. Cuando están rezando, en cierto sentido son ilegales. Entre el corazón y Dios no e interpone ninguna ley. La ley queda fuera de nuestra relación íntima con Dios, y si haces que en las relaciones íntimas de tu corazón con Dios haga acto de presencia una ley confundes las cosas. Entre el alma y Dios no existen leyes. Pero esta situación no es natural, sino el resultado de la redención, el resultado de Cristo. En otras palabras, si no existen leyes, no hay naturalmente una ley de oración, no existen sistemas. Los sistemas son buenos hasta cierto punto, pero toda su utilidad consiste en que ellos pueden ayudarnos a alcanzar el punto en que desaparece todo sistema, allí donde el trato con Dios es absolutamente libre, tanto por tu parte como por parte de Dios”. (178-180)

“La única regla que mantiene su validez en la oración es que no digan nunca nada que no sientan en el corazón. Si no sienten nada, no digan nada. No hablen si no sienten lo que van a decir”. (180)

“Dos semanas en Alaska” Diario, cartas, conferencias.
Thomas Merton
ONIRO, 2000

CONFIAR EN ÉL SIGNIFICA MORIR

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo” (Juan 12, 24)
“Las palabras son mucho más penetrantes en su contexto. Algunos gentiles habían preguntado a Felipe si podían hablar con Jesús. Ésta fue la respuesta de Nuestro Señor: ellos no podían llegar a Él a través de Felipe y de Andrés; ni siquiera podían llegar a Él hablándole, porque las palabras no les unirían con Él. Sólo pueden llegar a É, si Él muere por ellos.
Queda Él solo. San Juan subraya cada vez más la soledad y el aislamiento moral de Cristo antes de Su pasión. Cristo está solo desde el principio porque es Dios y todos los demás son hombres. Está solo porque nadie puede comprenderle. Ya en el capítulo sexto una multitud de discípulos. Le abandona porque Su doctrina de la eucaristía rebasa su comprensión. Luego, Le aísla el creciente odio de los fariseos, que forman un frente cada vez más fuerte y compacto contra Él, forzando a los demás a que huyan de Su lado. Le aísla Su propia grandeza, que Le eleva cada vez más sobre Sus enemigos. Se encuentra solo entre los hombres que Le odian o que no saben amarle, porque son incapaces de comprenderle tal y como realmente es. No obstante, hay algunos que desean llegar al verdadero conocimiento y amor a Él. Si desean estar con Él, Él tiene que pasar a través de la muerte y llevarlos consigo a la vida”.


(Aquí tengo mis dudas, con perdón de mi querido maestro. A mi entender, la soledad que Cristo experimenta es la soledad que experimenta todo ser humano, único e irrepetible. El hecho de ser el Hijo no le aísla del ser humano, mucho menos su grandeza; todo lo contrario, justo porque es la “grandeza” de Dios, le acerca a todos y a todo).

“Me encuentro solo en el mundo, pero con una soledad diferente de la de Cristo. Él estaba solo porque Él era todas las cosas. Yo estoy solo porque no soy nada. Me encuentro solo en mi insuficiencia: dependiente, desvalido, expuesto a cualquier contingencia, y nunca estoy completamente seguro de que confío realmente en Aquel de quien dependo.
Y, sin embargo, confiar en Él significa morir, porque para confiar perfectamente en Dios es preciso abandonar la confianza en todo lo demás. Y yo temo esa muerte. Lo único que puedo hacer es convertir mi temor en parte de la muerte de que he de morir, para vivir perfectamente en Él”.


(Aquí Merton suscribe una teología que aposta más por la exclusión y la diferencia; yo prefiero hablar de que confiar en Dios es confiar en todo lo demás y todos mis semejantes, y justo está en eso el morir que libera. Algunos hablan de una especie de “competencia” entre el amor a Dios y el amor a otros seres humanos; yo creo que a Dios se llega siempre a través de mediaciones humanas, y se le ama amando bien y libremente nuestra humanidad).

Los textos de TM, tomados de: “El signo de Jonás”, páginas 271 y 272. DDB.

TM. Camino al sacerdocio.

A través de sus “diarios” podemos seguir a Merton en su período de formación monástica, que durará 5 años, y luego su preparación para el sacerdocio. El 21 de febrero de 1942 toma el hábito de novicio; el 29 de marzo de 1944 hace sus votos temporales y el 19 de marzo de 1947 sus votos solemnes. Durante todo este período, recogido en uno de sus libros publicados , Merton va madurando no sólo humana y espiritualmente, sino también en relación con su comprensión del sacerdocio cristiano. En la medida en que va viviendo estas diversas etapas de preparación también va observando el ministerio sacerdotal en aquello que lo viven a su alrededor, en la comunidad monástica, o va leyendo acerca de ello, y reflexionando en torno a su futuro. Si ideales, también respecto al sacerdocio, tendrán que ser probados y purificados.
El 30 de mayo de 1948, en un día de retiro, Merton escribe:

“He pasado un mal rato tratando de imaginar qué es lo que va a significar para mí el hecho de hacerme sacerdote. A veces me aterroriza la idea de entrar a formar parte de una casta llena de limitaciones espirituales y de rigidez, pero el sacerdocio no es realmente eso, aunque algunas personas lo presenten de esa manera. En último término, la única solución a ese problema está en la obediencia. Yo sigo adelante por obediencia. Si mis superiores desean que yo sea sacerdote, esto por lo menos es sensato. Dios lo quiere, y quiere que sea algo bueno para mí, aunque puede comportar una muerte inimaginable”.

A Merton le ha constado insertarse en ese mundo medieval que se conforma por las observancias monacales, y también su formación cultural le hace ver más allá del ideal que durante esos años conservaba, aunque siempre matizado de ironía y humor, con lo que desmontaba una comprensión excesivamente piadosa de la realidad. Siempre es crítico con la fealdad o ñoñería de ciertas imágenes y devociones católicas. También entonces tendrá que purificar y redescubrir el sentido de su vocación sacerdotal; de ahí esa frase que apunta el texto anterior, el sacerdocio visto como “una casta llena de limitaciones espirituales y de rigidez”, y entendido, a fin de cuentas, como “una muerte inimaginable”. En él hay siempre un elemento de libertad y autonomía que se resiste, y escribe en esa misma entrada del diario: “A veces quiero huir, ser un vagabundo y recorrer los caminos sin nada”.
Meses después, casi al terminar el año 1948, escribe que puede ver “cuán incompleta e inmadura ha sido hasta ahora mi noción de la vocación sacerdotal” , y se prepara para recibir el diaconado, estudiando los ritos y funciones concretas de cada ministerio litúrgico en la vida monástica: “Estoy dispuesto a amar la liturgia sobre todas las cosas”. Su ordenación sacerdotal, para la que se prepara junto con otro monje, se pospone en varias ocasiones, por motivos diversos, y finalmente se fija la fecha del 26 de mayo de 1949. Algunos elementos de interés que pueden resaltarse en este período preparatorio: se siente solidario con sacerdotes que son perseguidos, en particular los que viven en países comunistas. Puede mirar atrás y reconocer que aquellos sentimientos negativos respecto al sacerdocio han desaparecido , y que ahora puede ver, definitivamente, que “las órdenes mayores son una de las grandes gracias de mi vida”.

sábado, 7 de abril de 2012

EL MEDIO DIVINO

“La tarea asignada a nuestra vida es la de subir a la luz franqueando, para llegar a Dios, una serie dada de criaturas, que no son precisamente obstáculos, sino puntos de apoyo que hay que superar, intermediarios que pueden ser utilizados, alimento que tomar, savia para depurar, elementos que hemos de asociarnos y arrastrar con nosotros”
(Teilhard de Chardin)


Este texto pertenece al libro “El Medio Divino”, y comparte la idea de no contraponer a Dios con las criaturas (bueno/malo, es decir, irreconciliables) tal y como aparece, por ejemplo, a primera vista, en San Juan de la Cruz. Resulta interesante la idea de “la fuerza espiritual de la materia”. (“reivindicar y exaltar aquello que el Señor quiso revestir, salvar y consagrar: la santa materia”.)

¿Qué es la materia?: el conjunto de las cosas, de las energías, de las criaturas que nos rodean, en la medida en que estas se presentan a nosotros como palpables, sensibles, naturales. Será el medio común, universal, tangible, infinitamente móvil y variado, en cuyo seno vivimos sumergidos.

Es una fuerza bifásica:
1- Es la carga, la cadena, el dolor, el pecado, la amenaza de nuestra vida. Es lo que lastra, lo que sufre, lo que hiere, lo que tienta, lo que envejece. Por la materia somos paralizados, vulnerables, culpables. (“¿Quién nos librará de este cuerpo de muerte?”).
2- Pero, también la materia es, al mismo tiempo, la alegría física, el contacto exultante, el esfuerzo virilizador, la felicidad de crecer. Es lo que atrae, lo que renueva, lo que une, lo que florece. Por la materia nos hemos alimentado, elevado, ligado al resto del mundo, hemos sido invadidos por la vida. Leer 2 Cor 5,4.

El ascetismo gusta de detenerse tan sólo en la fase primera, es decir, la que está vuelta hacia la muerte. Pero, “¿Qué sería de nuestros espíritus, Dios mío, si no tuvieran para alimentarse el pan de los objetos terrestres, el vino de las bellezas creadas para embriagarse, el ejercicio de las luchas humanas para ser fortificados?”.

Oración: Por la virtud de tu dolorosa encarnación, Señor, descúbrenos y enséñanos luego a captar celosamente para ti la fuerza espiritual de la materia.

lunes, 2 de abril de 2012

SER YO MISMO

“Debemos reconocer con tristeza la amarga verdad de que la vida de muchos monjes y de muchas mujeres devotas, y la de muchas otras personas dedicadas, es una vida de total alienación en el sentido de que se trata de un sometimiento legal a cosas a las que quizá no debieran haberse sometido, y un fracaso al cumplimiento de las potencialidades que el monasterio debería permitirles llevar a cabo”.

“El monje es una persona que ha alcanzado, o está a punto de alcanzar, o persigue alcanzar, un despertar completo. Se ubica en el centro de la sociedad como alguien que ha obtenido el despertar, alguien que conoce la meta. No es que haya adquirido información poco usual o esotérica, sino que ha experimentado el fondo de su propio ser de modo tal que conoce el secreto de la liberación y puede de alguna manera comunicárselo a otras personas”. (DA, 295)

Terapia monástica (Adam Perseigne, siglo XII): Uno acude al monasterio, en primer lugar, a ser curado. El período de formación monástica es un período de convalecencia, de curación. Cuando uno hace su profesión ya ha pasado su convalecencia y está listo para ser educado de una forma nueva, la educación del hombre nuevo. Todo el propósito de la vida monástica se resume en enseñar a los hombres a vivir por el amor… el cambio de un amor egocéntrico por un amor expansivo, altercéntrico”. (Cuando esta transformación tiene lugar la disolución del ego individual, emergiendo la persona cristiana, que ya no es únicamente el individuo, sino Cristo morando en cada uno). “Así, en cada uno de nosotros la persona cristiana es aquella que está completamente abierta a todas las demás personas, porque en última instancia todas las demás personas son Cristo”. (DA, 295-296)

“Las cosas que están en la superficie son nada, lo que está en lo profundo es lo real. Somos criaturas del amor”. (DA, 281)


“Este es el oficio peculiar del monje en el mundo moderno, mantener viva la experiencia contemplativa y mantener abierto el camino que permita al hombre tecnologizado y moderno recobrar la integridad de su yo interior más profundo”. (DA, 278)

“He venido como un peregrino… para beber de las fuentes antiguas de la visión y la experiencia. No pretendo solo aprender más (cuantitativamente) sobre religión y vida monástica, sino para ser yo mismo un monje mejor y más iluminado (cualitativamente).
Estoy convencido de que la comunicación en profundidad, atravesando las líneas divisorias que hasta ahora han separado a las tradiciones religiosas y monásticas, no solamente es posible y deseable ahora, sino mucho más importante para el destino del hombre del siglo XX”. (DA, 274)


(Todos estos textos pertenecen a “Diario de Asia”, de Thomas Merton, editado en español por Trotta, 2000)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.