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viernes, 28 de noviembre de 2014

ADVIENTO: ESPERA SILENCIOSA

"El año litúrgico comienza con el adviento, que quiere decir llegada. Esperamos la venida de Dios. Dios viene a nosotros de tres formas: en el nacimiento de Jesús hace 2000 años, en nuestras almas hoy y al final de los tiempos en forma gloriosa.

Como tiempo de espera, el Adviento debería ser un tiempo de silencio. En nuestras latitudes, anochece mas temprano, las noches son más largas, hace mas frío. La estación del año ya invita de por si a enfrentarse con los presentimientos del corazón, a escuchar la voz de nuestro interior y a encontrar algo de tiempo para Dios, como recomienda san Anselmo:



"¡Arriba, tú, hombrezuelo! ¡Huye un poco de tus ocupaciones! Entra un instante en
ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las
preocupaciones que te agobian y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Búscate tiempo para Dios y descansa. Habla con Dios y dile con todas tus fuerzas: “Quiero, oh Señor, buscar tu rostro” (salmo 27,8). Señor mío y Dios mío, enseña a mi corazón dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo puedo encontrarte".


Seria un buen ejercicio en el tiempo de Adviento que con frecuencia nos
sentásemos un rato, intencionadamente, sin hacer nada en absoluto, sino sencillamente concentrarnos en nuestro interior y preguntarnos: ¿Qué es lo que yo propiamente espero? ¿Qué es lo que anhelo? ¿Qué es lo que podría llenar mi vida? ¿Qué me falta? Sería bueno si una vez, a propósito, nos levantásemos por la noche a velar, para salir al encuentro de Cristo, para esperarle, de la misma forma que se lee en el salmo 130:


Mi alma espera al Señor más que los centinelas esperan el alba”.



Qué significa esperar en el Adviento a la venida del Señor lo comprenderemos
fácilmente si consideramos qué es esperar a un ser querido. Mientras aguardamos el momento ansiado, ya nos imaginamos cómo será el encuentro con la persona anhelada. A menudo, nuestras expectativas no suelen quedar satisfechas. Esperamos más de lo que el otro puede darnos. Nuestros anhelos superan todas las realizaciones humanas. Con frecuencia nos sentimos defraudados por ese reencuentro, tan largamente esperado, se desarrolla de forma que nos deja insatisfechos. Y no obstante, la próxima vez volvemos a esperar lo irrealizable..." 


ANSELM GRÜN



domingo, 23 de noviembre de 2014

CON LA MIRADA PUESTA EN ADVIENTO


A propósito del cercano ADVIENTO  compartiré algunas entradas que recogen textos que ya he publicado, de Thomas Merton y Anselm Grün. Preparémos para adentrarnos con esperanza y alegría en la luz de las ya próximas cuatro semanas. 

 "Nuestro Adviento no es una celebración de valores tradicionales meramente culturales, por grandes y dignos de perpetuación que sean. El adviento no es un mero retorno, una repetición, una renovación de lo antiguo. No puede ser el regreso a la infancia personal o social. La venida del Señor, que es lo mismo que Su “presencia”, es la venida de lo nuevo, no la renovación de lo viejo”.



"Nuestra tarea es buscar y encontrar a Cristo en nuestro mundo tal y como es y no como podría ser. El hecho de que el mundo sea diferente de lo que podría ser no altera la verdad de que Cristo está presente en él, y que Su plan no ha fracasado ni cambiado: en efecto, todo se hará conforme a Su voluntad.  Nuestro adviento es la celebración de esa esperanza.. Lo que es incierto no es la "venida" de Cristo sino nuestra acogida a Él, nuestra docilidad y capacidad de salir a Su encuentro".



“El misterio de Adviento es un misterio de vaciamiento, de pobreza, de limitación. Debe ser así. De otro modo no podría ser un misterio de esperanza. El misterio de Adviento es un misterio de comienzo: pero también es el misterio de un fin. La plenitud del tiempo es el final de todo lo que todavía estaba incompleto, todo lo que todavía era parcial. Es el cumplimiento en unidad de todo lo que era fragmentario.
El misterio de Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Es el comienzo del fin de la irrealidad”.

“Adviento, para nosotros, significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos".



THOMAS MERTON. Tiempos de celebración



viernes, 21 de noviembre de 2014

EL REINO DEL REY

Celebramos en el último domingo del año litúrgico la solemnidad  de Cristo Rey. Jesús encabeza  el Reino que nos anuncia y nos trae, que nos propone y El mismo vive. Pensar en el Rey es pensar en el Reino, para vivirlo con su guía y de su mano.  
Traigo hoy estos párrafos de la Evangelii Gaudium, que nos invitan a sumergirnos en la experiencia del Reino.  

 El Reino que nos reclama

“ Leyendo las Escrituras queda por demás claro que la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación personal con Dios. Nuestra respuesta de amor tampoco debería entenderse como una mera suma de pequeños gestos personales dirigidos a algunos individuos necesitados, lo cual podría constituir una « caridad a la carta », una serie de acciones tendentes sólo a tranquilizar la propia conciencia. La propuesta es el Reino de Dios (cf. Lc 4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino:  “Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura » (Mt 6,33). El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre; Él pide a sus discípulos: « ¡Proclamad que está llegando el Reino de los cielos! » (Mt 10,7)”.

 “El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y nos recuerda aquel principio de discernimiento que Pablo VI proponía con relación al verdadero desarrollo: « Todos los hombres y todo el hombre ». Sabemos que « la
evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre >Se trata del criterio de universalidad, propio de la dinámica del Evangelio, ya que el Padre desea que todos los hombres se salven y su plan de salvación
consiste en « recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe,
que es Cristo » (Ef 1,10). El mandato es: « Id por todo el mundo, anunciad la Buena Noticia a toda la creación » (Mc 16,15), porque « toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios » (Rm 8,19). Toda la creación quiere decir
también todos los aspectos de la vida humana, de manera que « la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño
La verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, siempre genera historia.”


FRANCISCO. EXHORTACION APOSTOLICA EVANGELII GAUDIUM, 180-181.

martes, 18 de noviembre de 2014

A QUIEN HAY QUE SER FIEL


"1) No puede haber duda ni ambigüedad en mi decisión de ser completamente fiel a la voluntad y a la verdad de Dios. Por eso tengo que buscar siempre y en todo, obrar según su voluntad y su verdad e intentar, con su gracia, ser 'santo.'

2) No puede haber duda ni medias tintas en mi empeño por evitar falsificar esta
obra de verdad al tomar demasiado en cuenta lo que otros aprueban o consideran 'sagrado.' En una palabra, podría suceder (o tal vez no) que lo que Dios me pide me haga parecer menos perfecto a los demás, o que me prive de su apoyo, de su afecto o de su respeto. Llegar a ser santo, por tanto, puede implicar la angustia de parecer, y en un sentido real 'ser', un pecador, un desterrado. Eso puede comportar conflictos aparentes según cierto estándar, que quizá sea mal entendido por mí o por otros o por todos nosotros.

3) La cuestión es aferrarse a la voluntad y verdad de Dios en su pureza e intentar ser sincero y actuar en todas las cosas movido por un amor genuino hasta donde pueda."
25 de enero de 1962

THOMAS MERTON. DIARIOS II

sábado, 15 de noviembre de 2014

SEGUIMIENTO CREATIVO


"TUVE MIEDO Y FUI A ESCONDER MI TALENTO BAJO TIERRA' (Mt.25,14-30)

“A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

 El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.


El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar la gracia; conservar la vocación... Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. 

Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia... Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?”  

J.A.PAGOLA (Resumen)

martes, 11 de noviembre de 2014

FANÁTICOS, ALUMBRADOS Y SACRIFICADORES 2

La religión corre el riesgo de ser utilizada como  máscara de graves conflictos, cuando la experiencia religiosa prende en una estructura personal o social deteriorada en sus raíces. 

Fanatismo y fundamentalismo:  Insuficiente integración y unificación del self en los primeros momentos de la vida; terreno propicio para el desarrollo de unas defensas patológicas que encuentran en la creencia religiosa una esplendida vía de expresión. El individuo queda atrapado y vinculado a sus propias partes dañadas. El deterioro interior se proyecta al exterior, y se descubre el mundo como sumamente peligroso y amenazante. Hay un apremio integrador, generador habitualmente de posturas fundamentalistas. Es el sustituto de la protección materna que el individuo no experimentó, camuflándose en creencias y dogmas, y Dios queda reducido a ser su aliado y soporte de una identidad amenazada. El fundamentalista olvida la provisionalidad y relatividad de todo discurso humano.

Iluminados y pseudo místicos: Pone de relieve la patología religiosa que se centro en torno a las funciones de la afectividad. Dios, como objeto psíquico, puede ser simplemente la coartada para refugiarse en un mundo imaginario donde venir a encontrar una satisfacción a necesidades y carencias afectivas muy profundas. La religiosidad puede ser fuente de ilusiones y autoengaños, de ahí lo esencial de la confrontación con lo real, dolorosa, pero madurativa. No es la auténtica experiencia amorosa, que es liberadora, sino que carece de un Tú verdadero, y no es auténtica relación. (Refugio regresivo para evadir la conflictividad inherente al vivir cotidiano).



Sacrificadores y leguleyos: Es la terrible negación de lo humano a la que tantas veces ha remitido la experiencia religiosa. Es un aspecto muy importante y crítico de la religión, pues muchos creen, según Feuerbach, que “para enriquecer a Dios, debe empobrecerse el hombre”. Dios no puede ser enemigo o rival de lo humano. Aquí se supone una dinámica de la negación de sí mismo, una sacralización del sufrimiento, de la negación del goce, como los aspectos básicos de la experiencia religiosa. La norma, la ley, los valores, dejan de cumplir una función mediadora en el desarrollo personal y de fe para convertirse en absolutos idolatrizados que aprisionan y que guardan la función inconsciente de mantener el sometimiento y la negación de sí. Práctica obsesiva de rituales, con un componente básico de culpabilidad.


En resumen: Si es obligado reconocer que la experiencia religiosa ha constituido a lo largo de la historia una fuente importante de exigencia ética, de conformación y aliento de ideales sublimes y de alimento para el desarrollo de valores humanos, también se ha constituido muchas veces como fundamento de rigorismo insano, de mutilación de la vida y de asfixia para el gozo y la alegría de los seres humanos. La religión está ahí para lo mejor y para lo peor.

 Resumen de: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

FANATICOS, ALUMBRADOS Y SACRIFICADORES 1


Riesgos de la experiencia religiosa: Cuando la experiencia religiosa prende en una estructura personal o social deteriorada en sus raíces, corre el riesgo de convertirse en una propulsora de ese mismo deterioro, potenciando en su seno el empobrecimiento personal, el infantilismo regresivo, o incluso la destrucción y la violencia. Los fanáticos, alumbrados y sacrificadores ilustran el lado oscuro de la religión, que es utilizada como la máscara de instintos e impulsos inconfesables. (Vs.  lo positivo de profetas, místicos y oferentes)


En el fanático hay una perversión de las funciones cognitivas.
En el alumbrado hay una perversión de las funciones afectivas.
En el sacrificador hay una perversión de las funciones éticas.

Resumen de: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, de Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001.

(continúa)


Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.