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sábado, 28 de noviembre de 2015

ADVIENTO EN LOS DIARIOS DE MERTON

1960. ERMITA, SILENCIO, SOLEDAD.


"Ayer terminaron los obreros su obra en la Ermita de Santa María. Solo les queda retirar algunos tablones y los andamios. El edificio que se empezó a construír en la fiesta de Santa Teresa, ha quedado rematado coincidiendo con la fiesta de San Andrés, en la primera semana de Adviento. Esperemos que el Abad General no lo cierre o lo mande tirar en enero."

1 de diciembre de 1960.

"Perspectivas totalmente nuevas en el tema de la soledad. Tarde en Santa María del Carmelo. Es verdad que los lugares y las situaciones no deberían ser tan importantes. Este es muy diferente. Silencio real. Soledad real. Paz. Me estoy aclimatando al entorno. Delante de nosotros, el valle. Al oeste, los pinos altos y ralos; al noreste, el bosque más denso de pinos abundantes y muy juntos; al este, extensión de pastos y la línea de robles pelados; entre el este y el sur, varios bosquecillos de pinos y de chopos; al suroeste, cielo abierto, a través de troncos desnudos de fresnos, olmos y robles; en esta misma dirección se encuentra el monasterio que queda oculto tras una colina. Sobre nuestras cabezas, una gran danza del cielo. En el hogar chisporrotea el fuego. La habitación huele ligeramente a humo de pino. Silencio.
Después de haber estado acariciando durante diez años la idea de construír una ermita, y de haber señalado diez lugares para su posible instalación, ahora, una vez construída en el mejor lugar, me cuesta creerlo.
Sin embargo, es real, - si es que a algo se le puede decir real- . En ella todo se hace irreal. Ünicamente silencio, cielo, árboles.

No tener miedo a los sentimientos de culpabilidad, no tratar de justificarme a mí mismo, no extrañarme de lo que esta persona o esta otra pueda pensar. Ni tampoco de lo que yo mismo pueda pensar. Lo importante no son los pensamientos sino las horas de silencio y la preciosa dimensión de la existencia, que de otro modo pasa totalmente inadvertida, ciertamente inadvertida cuando uno piensa o habla mentalmente, incluso cuando escribe. Sencillamente, es algo que debe verse y no se ve hasta que uno no se sienta en silencio, solo, en la propia obviedad total de dicha dimensión."

10 de diciembre de 1960. 

THOMAS MERTON. DIARIOS (1960-1968). La vida íntima de un gran maestro espiritual. Ed. Oniro,2001

jueves, 26 de noviembre de 2015

ECO Y RESPUESTA


"La contemplación es la respuesta a una llamada: una llamada de Aquel que no tiene voz y sin embargo habla en todo lo que existe y, por encima de todo, habla en las profundidades de nuestro propio ser, ya que nosotros somos Sus palabras. Pero somos palabras llamadas a responderle a Él, a contestarle a Él, a ser Su eco e incluso, de alguna manera, a contenerlo y significarlo.
 La contemplación es este eco. Es una profunda resonancia en el centro más íntimo de nuestro espíritu, donde nuestra vida pierde su voz autónoma y resuena con la majestad y la misericordia de Dios vivo y escondido. Él se responde a sí mismo en nosotros y esta respuesta es la vida divina, la creatividad divina que resuena en todas las cosas.  Nosotros nos convertimos en el eco y la respuesta de Dios. Es como si Dios, al crearnos, nos hubiera hecho una pregunta y, al despertarnos a la contemplación, respondiéramos a esa pregunta, de modo que el contemplativo es al mismo tiempo pregunta y respuesta. 
Y todo se resume en una conciencia -no una proposición, sino una experiencia-, a saber: Yo Soy."

THOMAS MERTON

miércoles, 25 de noviembre de 2015

A LOS AMIGOS Y AMIGAS DEL BLOG...

Hace tiempo quiero dejar esta nota en el blog, pero las posibilidades de conexión a Internet en este momento son mínimas. Es la misma razón por la que pedí hace meses a otra persona  que  se ocupara de mantenerlo en activo, pues ya ni siquiera puedo dedicar tiempo a escribir algunas entradas como hice al principio de mi regreso a Cuba. Digo esto porque algunas personas me siguen escribiendo, y no tengo posibilidad de estar al tanto de sus mensajes, pues los leo cuando consigo conexión, que es cada varias semanas. Tampoco estoy al tanto de lo publicado en los últimos tiempos y a propósito del Centenario. Ojalá se mantengan fieles a este espacio dedicado a Merton, y ojalá también se sigan promoviendo sus ideas, acá, como en otros espacios de la Red. Agradezco a la buena amiga que ha mantenido y mantiene en activo este espacio. Un abrazo a todos.

lunes, 16 de noviembre de 2015

MERTON CRITICADO 1


No es muy raro encontrar en algunos medios, artículos o comentarios que critican a Merton, incluso que lo descalifican como monje o que cuestionan su condición de cristiano. Como este blog pretende reflejar diferentes puntos de vista  sobre su vida y su obra, reproducimos aquí un artículo que leímos recientemente en internet.

" Centenario de un gran escritor pero monje poco ejemplar.
EL ENIGMA DE THOMAS MERTON

En la Biografía que escribió de su buen amigo desde la juventud
 -Thomas Merton- el escritor y artista Edward Rice cuenta que a una dama oriental que le preguntó que estaba haciendo, le contestó que “estaba escribiendo un libro sobre un inglés que se hizo comunista, luego católico, más tarde monje trapense y finalmente budista; en ese momento, habiendo alcanzado su vida la plenitud, murió”. Tal descripción del popular monje fallecido hacía poco sentó muy mal en círculos católicos norteamericanos y peor todavía en su abadía de Gethsemani, de la que salieron en defensa de la identidad católica de Merton, cuyo cuerpo yacía como el de un monje más en el cementerio monástico.

 Esta anécdota nos sirve como punto de partida para recordar a ese gran enigma que fue Thomas Merton. Sobre él comenta el experto historiador del monacato benedictino, García M. Colombás en su libro “La tradición benedictina”, que nos sirve de base para estas líneas: “Es un mundo, un universo. Lleno de luces y sombras, de afirmaciones rotundas y de dudas lacerantes. ¿Quién fue realmente Thomas Merton? Ni él mismo logró dilucidarlo” De él se ha dicho también que fue “el monje más famoso del mundo” (Linage Conde) e incluso “una suerte de San Bernardo del siglo XX” (Dom Jean Leclerq). Pero, ¿realmente fue tal?

 Sigue diciendo el P. García Colombás que “tanta es la devoción que los ‘mertonianos’ profesan a su maestro y caudillo que no dudan en darle la razón en todo y aún en canonizar sus yerros como gracias especialísimas de Dios. Lo que no está en modo alguno de acuerdo ni con la verdad ni con lo que él deseaba”. Su fama la conocemos todos como escritor best-seller traducido a casi todos los idiomas de la tierra, pero, quizás muchos  no conozcan sus yerros, que difícilmente encontramos divulgados en los muchos libros que hablan del famoso monje.

Nacido en Prades, Francia, el 31 de enero de 1915 -se acaba de celebrar el centenario- de padre neozelandés y madre norteamericana, perdió a su madre a los 6 años y a su padre a los 18, lo cual le influyo toda su vida, como él mismo escribirá años después. Creció en Inglaterra y tras una azarosa y apasionada vida de estudiante universitario de letras en Cambridge y después en Columbia, en Nueva York -en la cual tuvo un hijo con una amiga y a través de abogados se aseguró de no tener que volver a ver nunca más ni a la madre ni al hijo- ya al final de los estudios a través de amigos conoció a un monje hindú el cual le cambió su vida: Le recomendó con gran sentido común que si quería profundizar en la espiritualidad se leyese primero a los místicos occidentales. Esto le llevó a leer las Confesiones de S. Agustín y la Imitación de Cristo. Eran los primeros pasos que le llevaron a la conversión y a recibir el bautismo en noviembre de 1938.

 A partir de su conversión empezó a rondar en su cabeza la idea de la vida religiosa y lo intentó primero con los Franciscanos de Nueva York, pero estos, escandalizados por su pasado, no se atrevieron a aceptarlo. Mientras tanto había conocido a los Trapenses de Gethsemani (Kentucky) y había quedado fascinado por su vida, pues eran tiempos de bonanza para la abadía y no faltaban las vocaciones, la comunidad florecía. Sus deslices de tiempos de universitario no fueron un obstáculo para que los Trapenses le admitiesen, pues en efecto en aquellos tiempos la vida de la Trapa se veía fundamentalmente como un camino de dura vida penitencial. Pero supuso también romper con su vida anterior, regalar sus ropas y sus libros, olvidarse de sus aspiraciones literarias que le habían hecho soñar con un gran porvenir en el mundo de las letras, con las cuales había hecho ya sus primeros pinitos, y sumergirse en las tierras perdidas de Kentucky, cosa que hizo en febrero de 1942. Al comenzar su vida monástica le dieron un nuevo nombre, Louis.  y el vivió estos inicios con entusiasmo y con el alma en paz. El escribir se había acabado para siempre, y así se lo planteó desde el comienzo de su postulantado. Pero eran solamente los comienzos…

 Pues resultó que dom Frederic Dunne, el abad que lo acogió, estaba protegiendo a uno de los monjes de la comunidad, el P. Raymond Flanagan, cuyos libros ya habían reportado conversiones, vocaciones e incluso donaciones. Y, pese a que los trapenses en general miraran de reojo a los monjes que escribían y publicaban, dom Frederic quiso que Merton siguiera escribiendo traducciones del francés y obritas piadosas para la edificación de los buenos católicos americanos. Incluso quiso que siguiera componiendo poemas, pero con la condición que no apareciera en sus libros su nombre monástico, que como hemos visto  era Louis, sino el nombre civil: Thomas Merton.

 Pero sin quererlo dom Frederic fue la causa de una serie de escrúpulos, dudas y propósitos nunca cumplidos que amargaron la vida de Merton. La lucha intestina entre el escritor y el monje empezó casi enseguida y no cejó nunca del todo durante muchos años. Hablando de su “yo” escritor escribiría él mismo años más tarde: “Es un hombre de negocios. Está lleno de ideas. Respira conceptos y proyectos nuevos. Engendra libros en el silencio que debiera ser dulce con la oscuridad infinitamente fecunda de la contemplación. Y, lo peor del caso, tiene a mis superiores de su parte. No le expulsan. No puedo librarme de él. Acaso al final me matará, beberá mi sangre. Nadie parece comprender que uno de los dos debe morir”

 Pero no fue el Merton escritor el que murió sino todo lo contrario. Poco después desde fuera del monasterio, a través de sus amigos, le llegó la oportunidad de contar su vida. No le fue fácil salirse con la suya. Su Abad le protegía pero la cúpula de la Orden se mostraba desfavorable, pues nada más inaudito en aquella época que un monje de 31 años pretendiendo revelar la película de su vida ante el público con el pretexto de contar su conversión. La obra, que se iba a titular “La montaña de los siete círculos” en referencia a la Divina Comedia de Dante, tuvo muchos problemas con la censura de la Orden: demasiado sexo, demasiado alcohol, demasiadas confidencias sobre aspectos internos de la Orden… a fuerza de suprimir páginas y páginas, de modificar, pulir  edulcorar el texto, se logró el permiso de los superiores.

 Por fin se publicó la obra, auténtico best-seller de su tiempo en los Estados Unidos y en muchos otros países, y esto cambió la obra de su autor. Al principio reaccionó con la humildad propia de un buen monje, pero luego tuvo que atender al correo, cada vez más abundante, y continuar escribiendo y publicando. Su lucha interior se debatirá en los años siguientes entre periodos de gran fecundidad y otros en los que voluntariamente dejará de escribir, pero que van siendo menos frecuentes, se quería alejar de la máquina de escribir pero no podía. Jim Forrest dirá que fue un gran escritor “no por alguna razón especial, sino porque no podía dejar de escribir”. Llegó un momento en 1949 en que se convenció de la necesidad de combinar ambos aspectos de su vida, el ser monje y escritor: “Me parece que escribir, lejos de oponerse a la perfección espiritual… se ha convertido en una de las condiciones de las que mi perfección va a depender”. A partir de entonces se esforzó lealmente por corresponder a su doble vocación de monje y escritor, y por algunos años -sobre todo los primeros- lo hizo de modo ejemplar, pero en otras épocas, sobre todo los últimos años, las exigencias y los instintos mundanos de Thomas prevalecieron sobre las piadosas intenciones del P. Louis."

..Continúa.

Publicado en TEMAS DE HISTORIA DE LA IGLESIA. BLOG DE ALBERTO ROYO MEJIA
http://infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php/1502260940-centenario-de-un-gran-escritor



martes, 10 de noviembre de 2015

POEMAS DE AMOR Y DE DISIDENCIA


La editorial Trotta ha publicado recientemente "Oh, corazón ardiente", una antología bilingüe que recoge poemas de Thomas Merton. 'Poemas de amor y de disidencia', señala el subtítulo del volumen editado y traducido por Sonia Petisco. Así presenta su contenido:

"No es posible comprender la figura y la obra de Thomas Merton sin el conocimiento de su poesía. Merton necesitaba poner voz a lo que no cabe en palabras, y para ese caudal no le bastaba el cauce de la prosa.

La relevancia de su poesía radica en que establece un diálogo continuo con el mundo, haciéndose así heredera no solo de la tradición bíblica veterotestamentaria, sino también de una amplia corriente de denuncia. Los poemas de amor y de disidencia de Merton se manifiestan como creación pero también como acción política, como una voz intempestiva y liberadora en sus hipótesis y evocaciones, metáforas y correspondencias. 

Esta antología bilingüe recoge una amplia selección de los poemas escritos por Merton entre 1940 y 1966, reflejos de la búsqueda de amor redentor que se cuentan, al mismo tiempo, entre los más poderosos instrumentos de subversión."






martes, 3 de noviembre de 2015

SENCILLEZ, NATURALIDAD

"Algunos, al parecer, piensan que un santo no puede en modo alguno sentir un interés natural por ninguna de las cosas creadas. Se imaginan que toda forma de espontaneidad o disfrute es el gozo pecaminoso de una "naturaleza caída". Que ser "sobrenatural" significa ahogar toda espontaneidad con tópicos y referencias arbitrarias a Dios. El propósito de tales tópicos es, por decirlo así, mantener todo a distancia, impedir las reacciones espontáneas, exorcizar los sentimientos de culpa o, quizá, ¡cultivar tales sentimientos!  A veces nos preguntamos si esta moralidad no es, después de todo, amor a la culpa. Algunos suponen que la vida de un santo solo puede ser un perpetuo duelo con la culpa y que un santo no puede ni siquiera beber un vaso de agua fresca sin hacer un acto de contrición por apagar su sed, como si esto fuera un pecado mortal. Como si los santos ofendieran a Dios cada vez que estiman la belleza, la bondad, las cosas agradables. Como si los santos no pudieran sentir más agrado que el que les procuran sus oraciones y sus actos de piedad interiores.

Un santo es capaz de amar las cosas creadas y gozar usándolas y tratando con ellas de una manera perfectamente sencilla y natural, sin hacer referencias formales a Dios, sin atraer la atención sobre su piedad y actuando sin ninguna forma de rigidez artificial. Su amabilidad y su dulzura no les son impuestas por la presión abrumadora de una camisa de fuerza espiritual, sino que proceden de su docilidad directa a la luz de la verdad y a la voluntad de Dios. Por eso el santo es capaz de hablar sobre el mundo sin hacer ninguna referencia explícita a Dios, de tal manera que lo que dice
da mas gloria a Dios y despierta un amor mayor a El que las observaciones de una persona menos santa, que tiene que forzarse para establecer una conexión arbitraria entre las criaturas y Dios por medio de metáforas y analogías gastadas, tan débiles que nos hacen pensar que la religión es problemática."

THOMAS MERTON. Nuevas semillas de contemplación.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.