Seguidores

martes, 24 de mayo de 2016

EL PROBLEMA DE DIOS.

"Dios no es un 'problema' y nosotros, que vivimos la vida contemplativa, hemos aprendido por experiencia que nadie puede
conocer a Dios mientras esté intentando resolver 'el problema de Dios'.

Tratar de resolver el problema de Dios es tratar de verse los ojos. Uno no puede verse los ojos porque son aquello con lo que ve, y Dios es la luz por la que vemos - por la que vemos no un objeto claramente definido llamado Dios, sino todo lo demás, en el Único invisible-. Dios es entonces Aquel que ve y la Visión, pero Él no es visto en la tierra..." 
(continúa)

THOMAS MERTON 

También San Juan de la Cruz nos habla de su experiencia buscando el Misterio






"Entréme donde no supe: 

y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde estaba,


pero, cuando allí me vi,

sin saber dónde me estaba,

grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo. 

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo. 

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo. 

Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo."

San Juan de la Cruz 

lunes, 16 de mayo de 2016

PENTECOSTÉS EN LOS DIARIOS DE MERTON

"14 de mayo de 1967. Pentecostés.

Relámpagos, truenos y lluvia a intervalos toda la noche, y ahora, al amanecer, lo mismo. El valle encantador entre gris y verde, ahi afuera hacia el sur, nubes brumosas desplazándose a baja altura por encima de las colinas y los bosques y, por encima de estas, pesadas nubes de color metálico oscuro. La semioscuridad lluviosa poblada de lirios de color amarillo pálido y el blanco nuboso haciendo florecer masas verdes del seto de rosales. Salí hace un momento y un halcón emprendió su raudo vuelo: había estado esperando sobre la cruz o en el álamo grande.

La vuelta a la unidad, al fundamento, el espacio sagrado interno paradisíaco donde mora el hombre arquetípico en paz y en Dios. El viaje hacia ese espacio, a través de una esfera de aridez, dualismo, sequedad, muerte. La necesidad de valor y de deseo. Por encima de todo, fe, alabanza, obediencia a la voz interior del Espíritu, rechazo del abandono o del compromiso. 

Lo que hay de 'erróneo' en mi vida no es tanto una cuestión de 'pecado' (aunque también es pecado) sino de inconsciencia, confusión, flojedad, relajación, desaparición del deseo, falta de valor y decisión, de suerte que me dejo arrastrar por un movimiento extraño y me someto a sus dictados. El curso del 'mundo' que yo conozco no es el mío. Continuamente me veo desviado hacia un camino que no es el mío y no conduce hacia donde yo estoy llamado.  Solo si voy por el camino que debo seguir puedo serle de alguna utilidad 'al mundo'.
 Como mejor puedo servir al mundo es manteniendo la debida distancia y salvaguardando mi libertad."

THOMAS MERTON. Diarios (1960-1968)

(Imagen: Tomás Sánchez)

lunes, 9 de mayo de 2016

¿INTERESA MERTON HOY EN DIA?

"Thomas Merton ha sido y continúa siendo, por medio de sus escritos, director espiritual de muchísimas personas. La obra literaria de Merton les descubrió un estilo de vida enteramente nuevo. Cambió la forma de su espiritualidad

El 31 de enero, como parte de las celebraciones del centenario de Merton, el reverendo anglicano John Moses tuvo una breve intervención que se publica como apéndice final de la bibliografía del Diccionario de Thomas Merton, que acaba de publicar la editorial Mensajero: «Por qué Merton importa».

Merton era consciente de que algunas cosas tienen que ser dichas, y dichas otra vez. Por ejemplo, su gozo en el mundo natural. Muchas de sus horas más felices, muchos de sus momentos más profundos, los pasó en los bosques que rodeaban su abadía, cuando deambulaba libremente. Fue allí donde se admiraba de la maravilla del orden creado y los lazos de parentesco que unificaban toda la vida. Pero él miraba más allá de los confines del recinto monástico y observaba las consecuencias de la agricultura intensiva, del traslado de la gente del campo a la ciudad. Y temía que nuestra capacidad para la autodestrucción causara daños incalculables en las plantas, los pájaros, los insectos, el equilibrio de todo el sistema ecológico. Es difícil discrepar de su juicio de que «repartimos muerte a todo nuestro alrededor simplemente por la forma en que vivimos». ¿Es esta una afirmación que aún importa?

El sueño americano

Es nuestra forma de vida lo que le llevó a ser tan franco en su crítica a su país de adopción, Estados Unidos. Sabía todo sobre lo que el sueño americano era, pero conocía sus limitaciones, y escribió sobre «una sociedad que a pesar de todas sus indiscutibles ventajas, no parece que sea capaz de ofrecer a la gente vidas que sean completamente humanas y completamente reales».

Pero el diagnóstico de Merton se extendía a todo el mundo occidental. Deploraba el culto a la celebridad y al vacío que yacía justo debajo de la superficie. Pidió a sus lectores que hicieran frente a la realidad de que «vivimos en una cultura bastante enferma». ¿Es esta una frase que aún suena a verdad?

Él podía ser estridente, demasiado estridente a veces, en sus juicios políticos; pero casi cincuenta años después de su muerte podríamos titubear antes de condenar sin más su queja de que Estados Unidos falló al no prestar atención suficiente a la forma en que otras naciones podían ver el mundo. Hay ocasiones en que necesitamos recordarnos a nosotros mismos que Merton escribía contra el telón de fondo de la Guerra Fría, con la posibilidad real de una guerra nuclear.

La espiritualidad de Merton

Era inconcebible que la Iglesia escapara de su censura. Veía a una Iglesia que había perdido el norte en un mundo poscristiano. Abogaba por una Iglesia que entrara en un diálogo sin reservas con el mundo. Buscaba una Iglesia que no solo representara el pasado sino que pudiera realmente abrazar el futuro. Quería una orientación mucho más contemplativa en la vida de la Iglesia, pero también quería que la Iglesia volviera a descubrir su vocación profética, que fuera «una fuerza de choque para el mundo, un signo de contradicción».

Y, por supuesto, a través de su extensa correspondencia –con judíos, musulmanes, hindúes, budistas–, llegó a ser uno de los precursores del diálogo entre comunidades mundiales de fe. Quería un libre intercambio de ideas, de experiencias. Quería explorar esa herencia compartida de la sabiduría contemplativa sin la cual, así lo creía, los hombres y mujeres nunca encontrarían su verdadera humanidad.

Lo que el Diccionario de Thomas Merton pone en evidencia es que Thomas Merton descubrió una dimensión de la existencia humana que durante mucho tiempo se le había escapado. Descubrió la espiritualidad, una espiritualidad muy antigua centrada en la conciencia de la presencia de Dios. Esta espiritualidad contemplativa fue el regalo de Merton a la comunidad cristiana; regalo no en el sentido de que él la inventara, sino en el de que la rescató del lugar marginal que había ocupado durante mucho tiempo. Básicamente, la espiritualidad contemplativa no tiene que ver con la oración ni con los métodos de oración. No es un simple compartimento de la vida humana; abarca todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas y todas nuestras relaciones: con Dios, con los otros, con todo el universo creado.

No es exagerado decir que Thomas Merton ha sido y continúa siendo, por medio de sus escritos, director espiritual de muchísimas personas. La obra literaria de Merton les descubrió un estilo de vida enteramente nuevo. Cambió la forma de su espiritualidad. Les permitió pasar de una espiritualidad centrada, en gran medida, en prácticas externas, a otra centrada en la conciencia interior de la presencia de Dios. Tal espiritualidad es fuente de la más honda felicidad posible: «la felicidad –en palabras de Merton– de ser uno con todo en ese oculto terreno del amor para el que no puede haber explicaciones» (Hidden Ground of Love)."

Francisco R. de Pascual, OCSO
Abadía Cisterciense de Viaceli, Cóbreces (Cantabria)
Coordinador del Diccionario de Thomas Merton en castellano
Alfa y Omega, 07 de Enero de 2016


Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.