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viernes, 3 de julio de 2015

SOLUCIONES...

“Las verdaderas soluciones no son las que imponemos a la vida conforme a nuestras teorías, sino las que la vida misma ofrece a los
que se disponen a recibir la verdad. En consecuencia, nuestra tarea es disociarnos de todos los que tienen teorías que prometen soluciones claras e infalibles, y desconfiar de todas las teorías semejantes, no con espíritu de negación y derrota, sino más bien confiando en la vida misma y en la naturaleza, y, si usted me lo permite, en Dios sobre todo. Pues desde que el hombre ha decidido ocupar el sitio de Dios, se ha mostrado como el más ciego, el más cruel, el más mezquino y el más ridículo de todos los dioses falsos”.


(THOMAS MERTON, Incursiones en lo indecible, 50)             


sábado, 27 de junio de 2015

DE LOS DIARIOS DE MERTON.

Varios pasajes de los Diarios de Thomas Merton en los que me detengo, siempre asombrado e iluminado por sus intuiciones. Algunos son, además de lo espiritual, excelentes literariamente hablando. Ideas que me resultan especialmente significativas: el amanecer como momento sagrado del día, el valor de una vida sencilla y del silencio, recuperar nuestro rostro original más allá de toda ilusión, visión positiva (humanista y humanizadora) del ser humano, apertura y diálogo, crecimiento y maduración a lo largo de toda su vida (no se quedó en lo vivido en una etapa, sino que buscó y buscó hasta el final).

ESCUCHAR A DIOS EN TU SILENCIO INTERIOR Y DESCANSAR SIEMPRE EN ÉL: El silencio que encuentras en ti mismo cuando entras en ti y descansas en Dios es siempre el mismo y siempre nuevo, aunque sea inmutable. Porque ese silencio es verdadera vida y, aunque tu cuerpo se mueva, tu alma permanece en el mismo sitio, descansando en su vida, que es Dios, ahora, en invierno, igual que hace meses, en verano, sin ninguna aparente diferencia, como si nada hubiera cambiado en absoluto y el paso de las estaciones no hubiera sido más que una ilusión” (enero 1948).

LA ESCUCHA COTIDIANA DE LA PALABRA DE DIOS ME PERMITE ESTAR UNIFICADO Y EN SINTONÍA CON SU FLUIR EN MI TIEMPO: Si estuviera más atento a la Palabra de Dios, estaría mucho menos preocupado y desasosegado por los sucesos de nuestro tiempo; no es que fuera a estar indiferente ni pasivo, sino que podría ganar fuerza unificadora con las corrientes sagradas, que casi siempre corren en oposición a las de la superficie” (mayo 1965).

SOY CONSCIENTE DE MI POBREZA MORAL, PERO ESO NO ME OBSESIONA: Me sentía muy feliz de cantar el Evangelio, el magnífico triunfo de Cristo, del que se hace eco y es expresión la ordenación al sacerdocio de algo como yo, que Él sacó de la ruina moral del universo y trajo a Su casa. Él es quien mira al cielo en mi alma llena de debilidad e infidelidad y grita: Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti… Mi gozo es el gran poder de Cristo. Y por eso, por encima de todo, estoy contento de mi profunda pobreza moral, que está siempre ante mí estos días, pero que no me obsesiona ni me perturba, porque está perdida en Su misericordia” (mayo 1949).

TODO ESTÁ SIEMPRE COMENZANDO DE NUEVO, EN MEDIO DE CONFRONTACIONES, DUDAS E INSEGURIDADES: Comienzo el año en que cumplo medio siglo no teniendo totalmente claro lo que hago, porque todo está siempre comenzando de nuevo. Si todo en mi vida permanece indefinido en alguna medida (aunque esté superficialmente definido), lo acepto como algo bueno. También como algo serio y quizá preocupante, siempre orientado hacia posibilidades, aunque debo reconocer que muchas de las posibilidades son tan ilusorias o imposibles que no merece la pena tenerlas en consideración. Y en ocasiones no sé cuál tener en consideración y cuál no” (enero 1964).


viernes, 19 de junio de 2015

ESTE BLOG, MERTON Y YO.

Este blog es la expresión de mi larga relación con Thomas Merton, con su vida y su obra, que he recibido y aprovechado desde hace más de 20 años; este vínculo está hecho de acercamientos de gran intensidad, y también de períodos de alejamiento, tan necesarios como los primeros. Es que algunas lecturas provocan tales movimientos interiores que precisamos descansar de ellas cada cierto tiempo, y así me sucede con Merton; pero luego, siempre vuelvo, siempre encuentro razones para volver a tomar uno de sus libros y volver a leer, volver a reencontrar sus palabras e intuiciones, que provocan el reencuentro conmigo mismo, las preguntas, los cuestionamientos, que precisamos para madurar y crecer. 

Se está celebrando en este 2015 el Centenario del nacimiento de Thomas Merton, y justo ahora estoy yo más alejado de la posibilidad de mantenerme al tanto de lo que se dice y publica al respecto, pero aun así intento ser parte del acontecimiento, releyendo sus libros, celebrando a nivel personal las fechas importantes de su vida, recibiendo con interés cualquier información o publicación suya en la red y de modo especial el interés renovado con el que tantos lectores/lectoras del blog me escriben para agradecer lo que acá se publica.

Gracias a una buena amiga recibí hace algún tiempo el libro que recoge la correspondencia entre Merton y Victoria Ocampo, y estoy volviendo a repasar sus páginas esta semana; en República Dominicana dejé algunos buenos libros de Merton que, lamentablemente, no he podido recuperar aun, pero trato de aprovecharme de los apuntes que sobre ellos tengo a mano o publiqué en este blog. De los buenos maestros nos aprovechamos siempre, incluso en las peores circunstancias, y un buen libro es siempre una buena compañía.

Incluso si dejara yo de publicar con asiduidad en este blog (que espero no suceda de momento, pues cuento con ayuda para que las entradas sigan apareciendo), lo ya publicado constituye material suficiente para quienes se interesan por el monje trapense; pueden revisar las entradas desde el momento en que nació el blog y podrán aprovecharse de todo lo que acá se ha escrito, nacido de mi propia confrontación con Merton, de mis lecturas personales, de los caminos que se me han abierto cuando lo hago, de mis propias reflexiones y experiencias.

 Dado que en Cuba, desde donde ahora escribo, la posibilidad de acceder a libros y publicaciones sobre Thomas Merton es prácticamente ninguna, agradecería mucho si alguna persona en particular quisiera hacerme llegar algún libro o revista sobre Merton que se publique durante la celebración de este Centenario.

Les dejo con un texto breve de Merton, que aparece en el libro del que antes comentaba: 

"Si insisto en daros mi verdad, y no me detengo nunca a recibir a cambio vuestra verdad, no puede haber verdad entre nosotros. Cristo está presente donde dos o tres se reúnen en su nombre. Pero reunirse en el nombre de Cristo es reunirse en nombre del Verbo hecho carne, de Dios hecho hombre. Es por lo tanto reunirse en la creencia de que Dios se ha hecho hombre y puede verse en el hombre, que habla en el hombre y puede iluminar e inspirar amor en y a través de cualquier hombre… Se lo encuentra menos en una verdad que se impone que en una verdad que se comparte”.

jueves, 11 de junio de 2015

DETALLES...

En la capilla de la ermita de Merton en Getsemaní, hay una pequeña alfombra que trajo Merton de su visita a Nuevo México en 1968; el altar es de cedro, supervisado personalmente por Merton en su construcción, y en la parte posterior hay una colección de iconos:  en el centro La Virgen con el Niño y al lado otros dos del profeta Elías.

Al principio de su estancia en la ermita, esta no tenía capilla y por tanto Merton no tenía allí la Presencia Eucarística para su oración personal. Él le contó a las religiosas de Alaska que en aquel entonces no pensaba en ello, pero luego, cuando finalmente recibió el Santísimo en la ermita, se dio cuenta de lo mucho que apreciaba tenerlo allí y poder orar en la Presencia Eucarística, y sentía consuelo al despertar en las noches y ver la pequeña lámpara brillar.

El interés por el Cuaquerismo le llegó a Merton prácticamente con la leche materna. Siempre tuvo buenos sentimientos hacia esa comunidad y en sus diarios aparecen algunas referencias sobre el tema. Varios libros de espiritualidad sobre esa comunidad religiosa están en la pequeña biblioteca que tenía Merton en su ermita.

Merton no habló ni escribió mucho acerca de María, pero tenía una devoción simple, humana y profunda hacia ella como madre, y es un tema que siempre me ha resultado llamativo y de mucho interés a la hora de intentar comprender el camino espiritual de Merton. En 1962 Merton predicó para su comunidad en el día de la Inmaculada Concepción, y dijo: Lo que Dios desea consumar en el universo es consumado en María...Ella es la estrella que nos guía en el camino al hogar.

Curioso y simpático. Cuando John Howard Griffin trajo al ya anciano Jacques Maritain a visitar Getsemaní, Merton invitó a los visitantes a la ermita e intentó que el viejo tomista se abriera a un pensamiento más existencialista tocando para él un tema de Bob Dylan (Highway 61) a todo volumen.

Ideas tomadas a partir de: M.Basil Pennington. "Un retiro espiritual con Thomas Merton", Estaciones Editorial, Argentina 1994 

viernes, 5 de junio de 2015

MERTON EN SU ERMITA

Hemos compartido, en entradas anteriores, algunos pasajes escritos por el monje trapense M. Basil Pennington que hacen parte de un retiro que hizo en la ermita donde Thomas Merton vivió, en Getsemaní… Por ejemplo, describe abundantemente la ermita en la que vivió Merton varios años, su entorno natural, y se pregunta cómo fue posible que Merton escribiera otra cosa que no fuera poesía viviendo en un lugar tan hermoso…


“Me pregunto cómo hizo Tom para escribir, o para escribir algo que no fuera poesía. Cada estación, cada día, tiene su propia belleza, única. En este preciso momento no hay nada que se imponga más que este cielo cambiante. A la distancia, los cerros se pierden en la profundidad de las sombras…”. 

Pero también habla de lo vulnerable del lugar en el que la ermita se encuentra, y recuerda las quejas de Merton acerca de lo accesible que estaba resultando para cualquier persona que quisiera verle:

"Ahora veo por qué Tom buscaba un lugar más alejado. No me había dado cuenta de que la ermita estaba tan expuesta. Sólo hay una delgada línea de árboles atrás, luego se abre en amplio campo que llega hasta la ruta. Por el costado de la ermita apareció un hombre. Dijo haber visto el techo desde el camino y atravesó el campo para ver la ermita de Merton. Con gentileza le sugerí que respetara mi retiro, pero insistió y finalmente pidió confesarse. Me pregunto si recibiré visitas muy a menudo esta semana. Anthony dijo que podía nevar. Eso ayudará”. 


De cualquier modo, en sus diarios, Merton habla de lo que la ermita en un momento determinado, hablamos de 1963, significaba para él: Necesito muchísimo este silencio y esta nieve. Aquí solo puedo encontrar mi camino, porque aquí solo el camino está justo frente a mis ojos y es el camino de Dios para mí, realmente no hay otro”.





sábado, 30 de mayo de 2015

MERTON: TRADICIÓN Y RENOVACIÓN



Seguimos compartiendo algunos pasajes escritos por el monje trapense M. Basil Pennington que hacen parte de un retiro que hizo en la ermita donde Thomas Merton vivió, en Getsemaní… Esta vez el tema es el ayuno, la disciplina y la tradición en la vida monástica, pero aplicable a toda búsqueda espiritual.

“Tom, al menos en sus últimos años, no ayunaba. Una vez, ponderando si hacer una donación de sangre para la Cruz Roja, dijo en broma que su ícono se estaba deformando. Las fotografías que le tomaron en la celebración del centenario de Getsemaní en 1948 muestran un monje muy delgado, casi demacrado. Los ayunos rigurosos que se exigían con anterioridad al Vaticano II y el intenso esfuerzo que los acompañaban arruinaron en gran medida su sistema digestivo, del mismo modo que afectaron la salud de muchos otros monjes. En sus últimos años, Tom apreciaba los paquetes de alimentos que amigos como Naomi Burton Stone le enviaban. Apreciaba cuando llegaban visitantes con hamburguesas y media docena de botellas. En esto no se diferenciaba de otros cistercienses que conozco. 


Tom no escribió mucho sobre el ayuno pero en algunas notas de mediados de 1968 escritas para complementar un intercambio de cartas con Coleman Mc-Carthy en The National Catholic Reporter escribió acerca del papel de la disciplina en nuestra vida. La disciplina puede, y así debería ser si contamos con la salud adecuada, incluir el ayuno”.

"Para Tom existe una necesidad de responder a la tradición. Los cristianos, especialmente los monjes, siempre han ayunado. En sí mismo este argumento es suficiente para apoyar el ayuno. Necesitamos realizar las prácticas de la tradición viviente y hacerlas nuestras hasta que nos revelen su significado interior. Sólo entonces seremos capaces de formar parte de la tradición viviente y de hacer nuestra propia contribución, creando la expresión de estos valores adecuada a los tiempos actuales de modo que puedan pasar como una realidad viva a aquellos que nos siguen en la tradición. Si nos negamos a realizar estas prácticas, a hacerlas propias hasta que las comprendamos, quizás nunca lleguemos a entenderlas. El sentido de ciertas cosas sólo puede descubrirse desde adentro. Con nuestro rechazo las tradiciones pueden morir. No sobrevivirán para pasar a futuras generaciones. Tenemos la responsabilidad de ser, en primer lugar, aprendices valientes que se sacrifican a sí mismos y, luego, audaces re-creadores. Esto último por lo general requiere más coraje. Una vez que hemos aprendido el valor interior de una práctica, tememos perderla si le damos nueva forma. Sin embargo, para que permanezca viva como una tradición, debe ser reformada de generación en generación; de lo contrario pronto sólo quedaría una momia sin vida”. 

M. Basil Pennington, Un retiro espiritual con Thomas Merton”, Estaciones Editorial, Argentina 1994)






viernes, 22 de mayo de 2015

BUSCANDO LO PROPIO EN LA COMUNIDAD


Seguimos compartiendo algunos pasajes escritos por el monje trapense M. Basil Pennington que forman parte de un retiro que hizo en la ermita donde Thomas Merton vivió, en Getsemaní…

Escuché la grabación de la charla que dio Tom el día que abandonó el noviciado para emprender su vida en completa soledad aquí en la colina que llaman Monte Olivet. Señaló  que había pasado toda su vida monástica estudiando: dos años como novicio, diez como maestro de noviciado, nueve como estudiante y tres como maestro de estudiantes. Ahora se había graduado de ermitaño.

 En la charla, cuenta una experiencia que tuvo durante su retiro de Pascua aquí en Getsemaní en 1941. Se detuvo justo donde el camino conduce hoy hacia la ermita y, mirando en dirección de la abadía encerrada entre los muros, se dijo: este lugar está fuera de dudas. ¿Cómo podría vivir yo en un lugar así? Nunca llega uno a perderse en el bosque. Como muchos de nosotros, la mayor parte del tiempo él buscaba en la dirección equivocada. En algún lugar sentía ya la dirección del llamamiento, al que debía entregarse. Su ser más profundo añoraba ya la libertad de los bosques. Este deseo suyo iba a hacerse cada vez más candente y asumiría varias interpretaciones falsas antes de que encontrara su camino. Busca y encontrarás. Tom deja claro en su charla (tal como me dijo insistentemente Dom James) que no presionó al abad sobre este asunto. Tampoco fue algo que el abad hiciera a regañadientes. Es cierto que cuando Tom habló de la ermita, en 1955, Don James dio su permiso para que experimentara la vida en soledad, pero como no le entusiasmaba la idea se sintió feliz cuando Tom se presentó como voluntario para ser maestro del noviciado. Tom nunca se arrepintió de su elección. Don James le pidió un compromiso de tres años en el puesto y Tom se quedó diez con los novicios. En su charla de despedida declaró que el trabajo de maestro del noviciado era el mejor del monasterio.

 En 1965 estaba listo para dejarlo y retirarse a la ermita. Y Don James, quien sin que nadie lo notara anhelaba también hacerlo, estaba listo para admitir el retiro de Tom. Ya le había preparado el camino, admitiendo primero la construcción de un pequeño cobertizo para que Tom pudiera hallar allí un tiempo de soledad, y permitiendo luego que se construyera la casa de bloque de cemento en la colina. Gradualmente admitió que Tom pasara cada vez más tiempo aquí, y finalmente lo dejó dormir aquí y acudir al monasterio sólo para su desempeño como maestro del noviciado.

 El Padre Louis afirmó que la comunidad necesitaba un ermitaño y que estaba encantado con ser el elegido. Consideraba que era necesario que los monjes comprendieran que existe un campo de acción para la vocación individual dentro de la vida monástica. La comunidad, cada monje, necesita saber y recordar que cada uno tiene su propia llamada personal y la libertad y responsabilidad de seguirla. Que es necesario que el monje sienta que tiene cierta libertad: un sentido interior, algo más profundo que un mero saber; el símbolo viviente en la vida de un hermano de que puedes seguir el movimiento del Espíritu en el modo en que vives tu propia vida; que eres libre”.

M. Basil Pennington, Un retiro espiritual con Thomas Merton”, Estaciones Editorial, Argentina 1994

jueves, 14 de mayo de 2015

MERTON: UN HOMBRE PARA TODOS

En estos días he vuelto a repasar un pequeño libro que me traje de mi estancia en Madrid, de los que encontré en la biblioteca de la universidad; me refiero a “Un retiro espiritual con Thomas Merton” del monje trapense M. Basil Pennington (Estaciones Editorial, Argentina 1994, aunque el texto original, en inglés, data de 1988). En próximas entradas del blog les compartiré algunos pasajes breves que pueden servir para una mejor comprensión de la persona y el espíritu de Merton. El libro lo escribió el autor mientras realizaba un retiro en la ermita de Merton en Getsemaní, los primeros ocho días del mes de diciembre.

“De tanto en tanto, en su amor benevolente, Dios deposita entre nosotros un ser humano cuyo modo de ser renueva la esperanza en nuestras vidas y expande nuestra visión. Thomas Merton, el Padre Louis de Getsemaní, fue uno de ellos. Habló, y sigue haciéndolo, al corazón de muchos hombres y mujeres, de diversos aspectos y orígenes. Más que ningún otro que yo haya conocido, Merton fue un hombre para todos; extraordinariamente consciente de que en cierto modo su vida no le era propia, aun cuando vivió con coraje excepcional la verdad única de su propio ser interior.

 Mis contactos personales con Tom fueron limitados. Como monjes, nunca tuvimos demasiadas oportunidades de viajar y encontrarnos. En los primeros tiempos, incluso la correspondencia estaba estrictamente limitada. Más tarde esto cambió. No obstante, el Padre Flavian, un monje que de joven estuvo bajo la tutela de Merton y luego fue su confesor y abad, considera que en realidad podemos conocer mejor a Tom a través de sus escritos de lo que hubiera sido posible por contacto personal. Verdaderamente nos dejó una rica herencia literaria. De todos sus textos quizá sean sus cartas, tan espontáneas y abarcadoras, las que con más claridad lo revelan. Si bien siempre encuentro más material en sus escritos, tanto publicados como inéditos, las grabaciones de sus charlas a los novicios de su comunidad me han proporcionado un sentimiento más cercano del hombre: su bellísimo humor, su profunda humanidad, el vívido sentimiento de lo divino en todas las cosas. A este hombre centrado, en el centro del universo, nada le era desconocido. Las grabaciones, más que los escritos, me permitieron saber que Tom está vivo aun en el Señor y continúa hablándonos en lenguaje viviente”.



miércoles, 6 de mayo de 2015

TERESA Y MERTON : COINCIDENCIAS

“Tanto Teresa de Jesús como Thomas Merton recibieron el don de la escritura y la capacidad de relatar y manifestar sus experiencias. Es también cierto que, a lo largo de su vida, los cultivaron con pasión y disfrutaron haciéndolo, hasta que se trasformaron en ellos en una vocación más, dentro de la primera y original de entregarse a Dios. En la tradición cristiana, como en otras religiones, hay más místicos de los que conocemos por sus escritos. Pero hay místicos que, además de serlo por su extraordinaria vida interior, tuvieron la habilidad de expresarlo y relatarlo ...

En el caso de la monja carmelita y del monje cisterciense nos encontramos ante dos escritores extraordinarios, cuya maestría en el escribir y relatar va unida a un proceso vital y personal que les acompaña siempre, hasta transformarse en algo espontáneo y hasta necesario para ellos.

La conversión de Thomas Merton, contada en La montaña de los siete círculos, es un descubrimiento de la fe; su vida es una historia de fe vivida; y sus escritos son una exploración de la realidad de la fe y su significado en el siglo XX. Su idea de fe está basada en su experiencia e interpretación de la contemplación: es una visión contemplativa de la fe. Thomas Merton es un escritor nato, que va descubriendo a Dios poco a poco en su vida; en realidad, casi cuando llega a la madurez. Teresa es consciente desde el principio, casi desde la infancia, de que hay en ella unas “gracias recibidas”, y entonces cuenta la historia de esas gracias, analizándolas, matizándolas.

Parece ser que lo que ambos pretenden es narrar los hechos históricos concernientes a ellos mismos; pero hay mucho más en esos dos relatos. Ambos escritos son dos monumentos literarios y espirituales de la tradición cristiana.
Teresa y Merton testifican con fuerza y nitidez la presencia de Dios en sus vidas.. Afirmar esta presencia amorosa es la razón suprema de los dos libros. Escriben para informar al lector –creyente o no– de que Dios se ha hecho inequívocamente presente en sus vidas: ‘Muchas veces he pensado, espantada de la gran bondad de Dios, y regalándose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno… (Libro de la Vida, 4, 10)7.

En una meditación del Miércoles de Ceniza, escrita en 1958, Merton afirma que el Dios del Miércoles de Ceniza es “como un tranquilo mar de misericordia”. Dios se nos muestra en todas partes como lleno de misericordia (multum misericors)..

Hemos hecho un guiño a santa Teresa de Jesús, también en este año centenaria, pues creemos que hay cierta coincidencia entre ambos, Merton y ella, en cuanto al oficio de escribir y narrar sus autobiografías…”

FRANCISCO R. DE PASCUAL

miércoles, 29 de abril de 2015

EL HOMBRE LIBRE



“El hombre libre no está solo como los hombres atareados
sino como las aves. El hombre libre canta
en soledad como el universo. Fue creado
a imagen de una idea insondable,
transparente, inconfundible, inventada no por él solo
o para él, sino también para todo el universo.

Tampoco este hombre libre se propone adquirir fama
o se preocupa por ser reconocido
como si hiciese falta una estrategia concreta
para que se le apreciase por lo que ha llegado a ser.
El hombre libre no se abandona
a las inclinaciones de sus compañeros de viaje
ni se le envía a realizar empresas como a los hombres de negocios
sujetos a un final ya predeterminado:
sino que como las aves o los lirios
busca ante todo el Reino de Dios, sin preocuparse de más.

Para ello no necesita el hombre libre recordar
ninguna calle o ciudad, o acumular campañas electorales
en su memoria, o (conquistar) países
u otros bienes materiales…
Porque el camino del hombre libre no tiene ni principio ni fin.”

THOMAS MERTON. "Variaciones sobre el tema de Elías"(fragmento). Las ínsulas extrañas.  (1957)





Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

AMIGOS DE THOMAS MERTON.

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.