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viernes, 18 de abril de 2014

DEJAR QUE EL DOLOR SEA DOLOR...

"Enfrentarse a la oscuridad, aceptar el dolor, permitir que el dolor sea dolor, nunca es fácil. Ésta es la razón por la cual la valentía (un buen corazón) es la virtud más fundamental en el viaje espiritual. Pero si no conseguimos dejar que el dolor sea dolor (y la mayor parte de nuestra cultura patriarcal se niega a permitir que esto suceda) entonces el dolor nos acechará como una pesadilla. Nos convertiremos en víctimas del sufrimiento, en lugar de convertirnos en los sanadores que podríamos ser. Y a la larga, en autores de sufrimiento. Debemos entrar en el dolor, hacernos amigos de él. Jesús comprendió lo mismo: ama a tus enemigos. El sufrimiento es nuestro enemigo, pero esa no es excusa para no acogerlo, besarlo, durante el tiempo necesario para que verdaderamente podamos dejarlo ir. No hay manera de dejar ir al dolor sin antes haberlo acogido y amado, no como dolor, sino como una hermana o un hermano en nuestro vivir dialéctico del placer y el dolor.
Eros no llega sin un precio. Toda rosa tiene sus espinas...".

Matthew FOX
"La bendición original".

jueves, 17 de abril de 2014

TODO HOMBRE ES CRISTO EN LA CRUZ

“Hay que elegir la vida, y las cosas que favorecen la vida. Eso significa respeto a todas las cosas vivientes, pero especialmente a todo hombre, hecho a imagen de Dios. Respeto al hombre aun en su ceguera y en su confusión, aun cuando haga el mal. Pues hemos de ver que la significación del hombre ha cambiado totalmente con la Crucifixión, todo hombre es Cristo en la cruz, se de cuenta o no. Pero nosotros, si somos cristianos, hemos de llegar a darnos cuenta de ello. Eso significa ser cristiano: no simplemente uno que cree ciertos informes sobre Cristo, sino uno que vive en consciente confrontación con Cristo en sí mismo y en otros hombres.

Eso significa, por tanto, la elección de vaciarse del propio yo, del yo ilusorio fabricado por nuestros deseos y temores, el yo que está aquí ahora y que dejará de estar aquí si ocurre esto o lo otro.

Significa preferir finalmente la acción silenciosa y el sacrificio, porque las palabras se han hecho demasiado baratas y en todos los árboles crecen programas. Mejor que ningún programa es la decisión de aceptar el sufrimiento, sabiendo por qué y para qué, sin justificarse a sí mismo”.

Thomas Merton

THOMAS MERTON, SOBRE EL SACERDOCIO

En las páginas de uno de sus libros más conocidos, "El signo de Jonás", Thomas Merton dejó algunas reflexiones en torno al sacerdocio ministerial, en el espíritu de aquella primera etapa de su camino espiritual: 

“Me parece imposible que pueda sobrevivir aún dos semanas y media sin desfallecer, sin morir de un ataque al corazón, o sin que el monasterio se derrumbe sobre mi cabeza. ¿Cómo es posible que alcance yo algo tan maravilloso como el sacerdocio? ¡Realizar lo único que salva al mundo, le da la salud y hace que los hombres sean capaces de lograr la felicidad! ¡Proseguir el misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo y ejecutar todas esas cosas sencillas y fáciles mediante las cuales se cumple la obra de nuestra redención!”. SJ, 216.

“Comprendo que mi vocación es ser un sacerdote y un contemplativo, que mi vocación es la oración. Esto me hace feliz”. SJ, 220.

“La verdad es que disto mucho de ser un monje o clérigo tal como debiera serlo. Mi vida es una gran confusión y mezcla de los semiconscientes subterfugios para rehuir la gracia y el deber. He hecho malamente todas las cosas. He despreciado grandes oportunidades. Mas mi infidelidad a Cristo, en vez de enloquecerme de desesperación, me impele a arrojarme más ciegamente en los brazos de Su misericordia”. SJ, 223.

“Esta será mi oración: que la cortina se descorra cada vez más, para que disminuya la servidumbre de los deseos que gravitan sobre mi vida, para que quede liberado y me acerque más al Señor en todas las misas que celebre. Que cada misa ilumine la oscuridad y sea un paso más hacia el cielo y la visión. Que cada misa sea un enriquecimiento y una liberación para mi alma y para todas aquellas que, en los designios de Nuestra Señora, dependan de esas misas para llegar a la santidad y a la contemplación, para encontrar la libertad y la alegría”. SJ, 221

Textos de Thomas Merton sobre el sacerdocio,
 tomados de "El signo de Jonás".



APÉNDICE: Merton,  sacerdote en Getsemaní.
María Luisa López Laguna, rcm.
Universidad de Eichi,
Kobe (Japón.

"Se puede decir que la posibilidad de acceso al sacerdocio que le ofrecen los Trapenses es un elemento muy importante para determinar su ingreso en la Abadía de Gethsemani. Aunque su vertiente contemplativa es sumamente fuerte, no sé si para alguno de los oyentes es un secreto a descubrir si digo que Merton dentro de la vida monástica de su monasterio, llevaba una vida súper ocupada. Y no precisamente por escribir libros y artículos, que esa no fue su dedicación fundamental desde el principio, sino un ítem más añadido a sus obligaciones comunitarias, sino por dedicarse al servicio sacerdotal que precisaban sus hermanos: había en Gethsemani un grupo reducido de sacerdotes para atender a una comunidad muy numerosa. Apenas un mes después de su ordenación fue nombrado maestro de los “escolásticos”, es decir, tenía que atender a la formación de los religiosos jóvenes que estaban en período de formación, alguno de ellos para el sacerdocio.

Unos años más tarde fue nombrado maestro de novicios, cargo en el que permaneció durante 10 años. Un noviciado muy plural y muy numeroso, increíblemente numeroso visto desde nuestra época, al que se dedicó en cuerpo y alma, y que absorbió sus mejores energías.

(Esto es importante decirlo, primeramente por ser menos conocida esta actividad de Merton; en segundo lugar porque Merton, como todo “buen trapense”, vivió perfectamente integrado en su vida ordinaria de monje cenobita: vida litúrgica, lectio, trabajo en el campo, pequeños y habituales trabajos comunitarios. Uno de sus mejores libros, El signo de Jonás, es su diario monástico. Es un libro delicioso que narra la vida, día a día, de un monasterio trapense, monasterio semejante a todos los del mundo en esa época. Merton se desenvuelve en esta vida admirablemente, la ama, le gratifica... y le preocupa en tanto en cuanto ayuda o no a llevar una vida contemplativa y a hacer crecer al monje en un itinerario espiritual. Léase el último capítulo del citado libro –“Vigilante contra el fuego”-, testimonio de las páginas más lúcidas de Merton sobre el amor de un monje a su monasterio).

En las diferentes etapas de su propia preparación hacia el sacerdocio, jalonado por la recepción de las órdenes menores y mayores, van surgiendo diferentes hitos o crisis que marcan su acercamiento a tan deseada meta. Es interesante constatar cuando leemos sus Diarios, que ante el agobio de tareas que limitan su tiempo, repetidamente se propone y expone a sus superiores el dejar de escribir, ya sean libros, poemas, artículos, cartas, etc, (es decir lo más adecuado a su inclinación natural); pero jamás aparecen en su pluma palabras de queja acerca de su sacerdocio como peso o rémora para todo ese cúmulo de otras tareas, tan enraizadas en su idiosincrasia. Es decir, no antepone nada a su necesidad de vivir contemplativamente, sacerdotalmente.

(Aquí se plantea una cuestión importante, que quizá pertenezca más a la historia de la espiritualidad monástica y a cómo se han vivido las observancias cenobíticas en los monasterios cistercienses y trapenses en determinadas épocas, momentos en los que el trabajo y una vida espiritual poco equilibrada y carente de lectio divina se ha dejado sentir con dureza sobre personas que entraron al monasterio para algo más que ser “labriegos piadosos”. Los monasterios norteamericanos, tras la II Guerra mundial, recibieron gran cantidad de personas de buena voluntad, pero que no siempre recibían una formación adecuada para la contemplación y para el desarrollo de los valores espirituales de las personas).

Quienes leemos a Merton (no soy la única, desde luego) encontramos sus escritos sabrosos, nutritivos, nos llenan en profundidad. Tal vez la razón de ello esté en esta página de su Diario, escrita el 1 de Septiembre de 1949, al meditar el capítulo 6 del evangelio de san Juan, que se aplica hasta el punto de considerarlo escrito para sí mismo, y del que concluye que en su tarea de escritor él debe ponerse en las cuartillas tal y como es, para ser pan ofrecido y consagrado: “Vivir, orar y escribir iluminado por el Espíritu Santo, desapareciendo yo enteramente para convertirme en propiedad de los demás, como Jesús pertenece a todos en la Misa”.
No es una frase bonita de un momento de fervor, fue el latido hondo del que surgieron todas las letras que escribió. Y ciertamente, es como un maná, un manjar escondido que nos alimenta cuando le leemos.
Esa proyección eucarística no solo se refiere a sus escritos, todo él, toda su vida es pan ofrecido al mundo en dimensiones universales".

martes, 15 de abril de 2014

LA CRUZ, SÍMBOLO DE BENDICIÓN

“Es costumbre en muchos lugares erigir cruces en sitios particulares o relevantes: la cumbre de una montaña, las cúpulas de las Iglesias, sitios donde ocurrieron accidentes, caminos, etc., y ello, además de tener una razón devocional, expresa el anhelo, íntimamente arraigado, de recordar en todo momento y lugar a quien pertenece este mundo, y de dónde el mundo recibe su humanidad. La cruz nos recuerda que estamos totalmente cercados por la presencia amorosa y redentora de Dios, que no contamos sólo con nosotros y con las personas que pretenden ejercer poder sobre nosotros, sino que podemos experimentar a nuestro alrededor el espacio de Dios. Allí donde Dios está cerca de nosotros, no puede hacer nada la proximidad, a veces agresiva, de otras personas. La cruz es, al mismo tiempo, el símbolo de que vivimos en Dios, de que estamos bajo su protección; así la veían los primeros cristianos, como imagen protectora frente al mal, frente a las fuerzas negativas de este mundo. La cruz es, definitivamente, símbolo de bendición; cuando hacemos la señal de la cruz sobre personas y cosas, cuando una mano descansa sobre nuestra cabeza, Él nos da vida y nos bendice”.


“La cruz también es una protesta contra los absolutismos que ahogan a los seres humanos, un desafío a la injusticia y la violencia del mundo. El individuo se siente atropellado, despreciado o perseguido por poderes humanos con pretensión de absoluto: el estado (que se inmiscuye cada vez más en la libertad de las personas y sus destinos), algunas sectas y corrientes internas de la Iglesia que pretenden determinar a las personas con autoritarismo. Está la economía mundial, cada vez con más poder; están los grandes contra los pequeños, los fuertes contra los débiles. Frente a todo eso la cruz se rebela, dice NO, porque las personas pueden vivir y crecer humanamente sólo cuando pueden mirar hacia algo mayor, cuando pueden mirar a Dios y vivir en Él”.

(Notas recreadas a partir de la lectura de Anselm Grün)

sábado, 12 de abril de 2014

LA CRUZ, SÍMBOLO DE HUMANIZACIÓN

“La cruz es un símbolo de humanización: nunca estuvo tan cerca Jesús de nosotros como cuando compartió en su humanidad nuestro abandono, nuestro sufrimiento y nuestra muerte. La cruz, en cuanto símbolo misionero, más que invitar al ser humano a volverse a Dios, le invita a mirarse a sí mismo, es su hondo misterio, pues es ahí donde Dios habita. “Conócete a ti mismo”, invitan los filósofos y los santos, como primer paso para llegar a lo Divino. Así, la cruz es el símbolo del humanismo occidental, de la imagen del ser humano en su misterio. La cruz es la figura de la auténtica humanidad, y muestra el camino de la verdadera humanización, que implica decir sí a las contradicciones que viven en nosotros. Como personas, pertenecemos tanto a la tierra como al Cielo, estamos entre la luz y la oscuridad, entre Dios y el prójimo, entre el hombre y la mujer, entre la altura y la profundidad, entre el bien y el mal. La persona es una cruz, cuyo tronco descansa en la tierra, porque ahí pertenecemos, pero apuntando al cielo, y abierta en busca de unidad. El cruce de la línea vertical con la horizontal simboliza el centro de la persona. Si estamos firmes en ese centro, no somos desgarrados por las contradicciones, y no nos perdemos en la relación con los otros. Nuestra mirada parte siempre de ese centro, que no separa, sino que une y da sentido. Sólo alcanzamos nuestra integridad cuando reunimos las contradicciones en nosotros y las soportamos. La cruz pone orden en nuestra vida, y manifiesta nuestra salvación en cuanto aceptamos nuestra propia división, soportamos los conflictos sin resolver, abriéndonos para que entre Dios y ocupe el centro”.

(Recreación de un texto de Anselm Grün)




miércoles, 9 de abril de 2014

EL AYUNO NO ES NEGACIÓN DE LA VIDA

"El ayuno no debe convertirse en negación de la vida. Una persona que, por ejemplo, tiene mala conciencia porque en algún lugar de Africa viven seres humanos en condiciones mucho peores que las suyas, puede decirse a sí misma: No quiero nada para mí mientras esos pobres no tengan lo mismo que yo. Y deja de comer hasta que, finalmente, a partir de ahí adopta una actitud negativa ante la vida. Entonces, esa persona ya no celebra ninguna fiesta, no está en condiciones de permitirse ningún placer y, a la postre, enjuicia a las demás personas a partir de su actitud ascética. Otra forma de ayuno peligroso es motivada por la actitud negativa del ser humano con respecto a su cuerpo. En este caso, el ayuno puede degenerar fácilmente en anorexia. La persona rechaza su cuerpo o su sexo. Esta actitud, que en definitiva es una rebelión contra la creación de Dios, es presentada como ayuno religioso. En un ayuno sano se busca, no el rechazo de la corporeidad propia, sino su aceptación. Debe conducir a la armonía entre el alma y el cuerpo. A una persona que tiene miedo a comer algo que pueda ser nocivo para su salud, el ayuno tampoco le aporta nada. Este temor exagerado y la obsesión por la alimentación sana acaban dañando más al ser humano que el hecho de comer algo apetitoso".

"Hay muchas formas diferentes de vida espiritual, y cada persona debe encontrar la que mejor se adapte a su manera de ser. Aun así, es importante elegir los criterios con los que supervisar el crecimiento espiritual en la vida práctica. La vida espiritual en el sentido de Jesús conduce siempre a una dinámica viva, a la libertad, al amor y a la paz. Dicho con palabras del apóstol Pablo: El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí (Gálatas 5, 22)".

Anselm Grün

martes, 8 de abril de 2014

PASIÓN DE CRISTO

¿Por qué hacemos memoria de la Pasión de Cristo?

En las dos últimas semanas de Cuaresma la Pasión de Jesús va ocupando el centro de la liturgia y de la vida de la comunidad eclesial. ¿Cuáles son las razones fundamentales por las que la Iglesia nos propone centrar la mirada en la Pasión de Jesús? Vamos a reflexionar en torno a este tema, y así nos vamos preparando para las celebraciones de la próxima semana, Semana Santa, el Solemne Triduo Pascual.

PRIMERO: Los seres humanos se enfrentan cotidianamente a un dilema: no nos gusta el sufrimiento, no nos gusta el dolor, y tratamos de una u otra manera de cerrar los ojos ante él, de esquivarlo, de evitarlo. Al mismo tiempo, el dolor y el sufrimiento pertenecen inevitablemente a la existencia humana, son parte de ella, puesto que ser humanos implica ser frágiles, débiles, limitados, mortales. El desarrollo progresivo de la humanidad ha potenciado el engreimiento del ser humano, hemos alargado el tiempo de vida, hemos mejorado las condiciones de vida también, hemos inventado cosas que hacen la vida más cómoda, pero todo eso, que no está mal, ha hecho que olvidemos la fragilidad que nos constituye como criaturas. Digamos que es aquella tentación original de “querer ser como dioses”. 

Por ello, la Iglesia pone ante nosotros la imagen de Jesús en su Pasión, del Cristo sufriente, del Dios que padece, desafiando así esa imagen errada que va construyendo nuestro egoísmo y nuestro orgullo, fuentes de una pretensión de grandeza que acaba alejándonos de la verdad de nuestro ser, y que nos enferma y nos aísla de nuestros hermanos. Pretender una grandeza absurda, sentirnos superiores, perfectos, intocables, va creando una verdadera neurosis, con efectos negativos en todas las esferas de la persona. Es mejor aceptar nuestra condición, nuestra realidad, nuestra mortalidad, y reconciliarnos con el hecho de que somos frágiles y limitados, que vivimos en tensión, a menudo acosados y amenazados por otros. Esto es fuente de humanidad, nos libera del miedo al dolor y al sufrimiento, y aceptamos que no somos Dios, que somos mortales, limitados.

Así pues, en este tiempo de pasión, miramos a Jesús en la cruz, a Jesús que sufre, a ese Jesús que es el hombre perfecto, para reconciliarnos con nuestras propias limitaciones y sufrimientos.


SEGUNDO: Por todo lo anterior, al confrontarnos con el sufrimiento de Cristo, nos encontramos con nosotros mismos, y nos redescubrimos en ese Cristo paciente. Le acompañamos en su Vía Crucis, y entendemos las estaciones de nuestra propia vida, y en Cristo, nuestro sufrimiento se transforma, se dignifica, se hace realmente humano. Podemos reconocer a Dios obrando en ese dolor, en esa limitación y en ese sufrimiento; no hace falta que lo ocultemos, no necesitamos aparentar una fortaleza que no tenemos y que no es nuestra. No necesitamos reprocharnos constantemente cuando el sufrimiento nuestro o de otros nos parece absurdo e innecesario. Podemos enfermarnos, podemos tener problemas, y sin embargo sentirnos bajo bendición, porque en el misterio de Cristo nuestro sufrimiento encuentra lugar en el ámbito de Dios. No significa que así justifiquemos el dolor o el sufrimiento del inocente o del débil, sino que en el amor de Dios acaba encontrando un lugar, un sentido, a pesar de su aparente y doloroso sin sentido.


TERCERO: Todavía mueve a la Iglesia una tercera razón para celebrar la Pasión de Cristo. Nos muestra que en nuestra propia pasión, en nuestro sufrimiento, en nuestra prueba, no estamos solos. El sufrimiento nos une a Él, que sufrió por amor hasta el extremo. Si los demás nos aíslan, en Cristo recuperamos nuestro lugar y nuestra dignidad. En el camino del dolor, Cristo va conmigo, pero además es camino para encontrarle y unirme a Él en su misión sanadora y redentora. Él me da fuerzas, y me dice: No tengas miedo.

No tenemos que sentirnos excluidos de la vida debido a nuestros sufrimientos o a nuestros fracasos, sino más bien experimentar en ese momento la vida más plenamente, pues hemos sido escogidos para compartir la cruz de nuestro Maestro y Señor. Si sufrimos con Él, dice Pablo, reinaremos con Él, y compartiremos su gloria.


ASÍ PUES, RESUMIENDO: hay tres razones para que la Iglesia nos invite a poner los ojos en la Pasión de Cristo durante estos días del año litúrgico: para recordarnos que el sufrimiento, el fracaso y los límites forman parte de nuestra condición humana; para que mirando al crucificado recuperemos nuestra dignidad y confianza en medio del sufrimiento; y para que no desesperemos sintiéndonos solos, pues cuando compartimos la cruz de Cristo, Dios está siempre con nosotros.

(Estas notas fueron escritas, a partir de la lectura de un texto de Anselm Grün)


lunes, 7 de abril de 2014

VIVIR EN EL PRESENTE CON DIOS

"Todos tenemos una tendencia a vivir solamente con un pie en el presente (el otro lo apoyamos en el pasado o en el futuro...) Y cuando esto sucede, nos perdemos la riqueza del presente, porque no estamos plenamente conscientes de él. No estamos plenamente conscientes, porque no estamos completamente en el presente. Con frecuencia estamos haciendo algo para hacer otra cosa diferente: de tal manera concentramos nuestros pensamientos en esa otra cosa, que en realidad no experimentamos lo que estamos haciendo. Es un continuo correr del pasado al futuro, de tal forma que no estamos en el presente. Verdaderamente no estamos conscientes de lo que sucede ahora. No disfrutamos de lo que estamos haciendo ahora, porque nuestros pensamientos vuelan hacia lo que vamos a hacer a continuación. Y, precisamente porque nuestros pensamientos se hallan alejados del presente, no nos damos plena cuenta de lo que estamos haciendo en este momento.
Un maestro zen le dijo una vez a su alumno: Cuando camines, camina. Cuando comas, come. El alumno replicó: Pero, ¿no es eso lo que todos hacemos? El maestro aclaró: No es así. Muchas personas, cuando caminan, solamente están pensando en el sitio a donde van. No tienen una experiencia real del caminar. Ni siquiera advierten que están caminando... 
 Esta especie de ausencia del momento presente nos vuelve difícil el estar verdaderamente conscientes. Porque el pasado es la realidad que fue pero ya no es; el futuro es la realidad que será pero no es todavía. El presente es lo real. Si nos desconectamos del presente estamos realmente desconectados de lo verdaderamente real. Esto nos hace imposible cambiar nuestra atención cuando vamos a orar, y lograr esa sencilla consciencia (atención) que nos permite estar en contacto con Dios.
Todo lo anterior se resume en esto: la atención al momento presente puede ayudarnos mucho para profundizar nuestra conciencia de la presencia de Dios, porque esta atención al momento presente concentra nuestro ser en la unidad. Esto n os da la posibilidad de experimentar más fácilmente el ser una sola cosa con Dios".

William H. Shannon
"Silencio en Llamas"

jueves, 3 de abril de 2014

EL AYUNO COMO ADIESTRAMIENTO Y PURIFICACIÓN

"El ayuno es un ejercicio de adiestramiento en la libertad interior. Hay muchas personas que tienen problemas con la comida y la bebida. Son adictos al alcohol o al café. No disponen de tiempo para alimentarse de manera saludable. Por eso tienen problemas de salud, o encubren su enfado y su mal humor con la comida. El ayuno conduce a la libertad interior. Me pone en contacto con mi dignidad. Vivo por mí mismo, en lugar de ser vivido o ser presionado por las circunstancias externas.
 La Iglesia no inventó el ayuno: simplemente, adoptó y desarrolló prácticas ya existentes en el judaísmo o en la cultura greco-romana. En los primeros tiempos, con el ayuno se pretendía ante todo proteger al creyente de los demonios. En la antiguedad, una de las razones de su práctica era el presunto poder demoníaco de determinados alimentos. Los pitagóricos creían que con la carne del animal sacrificado el ser humano asimilaba también su alma demoníaca, o que los demonios podían actuar a través de ciertas plantas. Por eso prohibían, por ejemplo, el consumo de habas, pues según ellos, provocaba la inquietud durante el sueño. Pero también sabían que el ayuno es sano y depura el cuerpo y el alma. Con el ayuno se esperaba obtener la curación de muchas dolencias, entre ellas el reuma, las inflamaciones y los catarros. El ayuno también se empleaba profusamente en la medicina popular. Las escuelas filosóficas griegas, por ejemplo, los estoicos, creían obtener del ayuno no sólo protección contra enfermedades y demonios, sino también la purificación del espíritu, la libertad interior, la satisfacción y la felicidad. El ayuno constituye también una ayuda en la vida espiritual".

Anselm Grün
"Un largo y gozoso camino. Las claves de mi vida".

UN MONJE COMPASIVO Y PARADÓJICO... 3

Incluso al final de su vida, en una conferencia pronunciada en Alaska, Merton citaba a Martín Buber, quien reflexiona también sobre el hombre que tiene un “temperamento contradictorio complejo”, un tema del cual yo podría deciros muchas cosas, porque esas palabras me describen perfectamente. Es duro vivir con ese tipo de temperamento, pero son muchas las personas que lo tienen y nadie debería sentirse condenado a ser complejo y contradictorio para siempre. Buber afirma que en el centro de nuestra alma la fuerza divina en su profundidad es capaz de actuar sobre el alma cambiándola, aglutinando las fuentes conflictivas, amalgamando los elementos divergentes. Es capaz de unificarla. Buber no duda de que en lo más profundo de nuestras almas está presente un poder de Dios que si, lo dejamos actuar, conseguirá unificarnos.

Esta conciencia de su propia “paradoja” y “temperamento contradictorio” hizo de Merton una persona ideal para trabajar con los monjes jóvenes dada la naturaleza paradójica de éstos.

Poco después de ese viaje a Alaska yo pasé a ser estudiante y a estar bajo su cuidado. Recuerdo la primera vez que fui a verlo. Por aquel entonces siempre nos arrodillábamos para recibir la bendición, y permanecíamos así mientras hablábamos con el padre maestro o el abad. Sin embargo, después de dar su bendición, Merton dijo: “siéntate”. ¡Esto fue una revolución! Aun esto expresaba el respeto que él sentía por cada persona y el modo en que las consideraba, no como “sujetos” sino como hermanos e hijos. A su debido tiempo eso se hizo una práctica común en todos los superiores. Merton después preguntaba cómo iban las cosas.

La mayor dificultad que yo encontraba entonces tenía que ver con la oración. El maestro de novicios tenía la costumbre de dar unos “puntos de meditación” todas las tardes, a fin de preparar la meditación de la mañana. Estos puntos se fundamentaban en los evangelios según el método tradicional ignaciano: composición de lugar, situarse uno mismo en el lugar de los hechos, y responder al Señor según indican o sugieren los evangelios. Sin embargo yo nunca había sido capaz de orar de ese modo y sentía a la vez un sentimiento de frustración y de que algo no iba bien. Pero cuando le expliqué esto a Merton, su respuesta fue muy sencilla: “Bien, parece ser que el Espíritu Santo está trabajando”. Esto fue para mí una completa liberación, manifestándome que quizá Dios me estaba llamando a seguir otro camino hacia una forma más sencilla de oración. Esto era típico de Merton. Era capaz de aceptar a cada persona como era y animarnos a responder a las inspiraciones interiores del Espíritu. No trató de formarnos en su propio camino, sino que nos animaba a descubrir nuestro camino personal hacia Dios y a vivir la vida monástica.

Como maestro de estudiantes nos daba una conferencia semanal. Estas conferencias las llevaba siempre bien preparadas y fundamentadas en la tradición monástica, aunque intercalaba algunos temas de interés actual. Nos dio una visión general de los escritos de san Bernardo. Fue mientras hablaba de Los grados de la humildad y la soberbia de san Bernardo cuando desarrolló su pensamiento en torno a la compasión. Merton dijo que la importancia de estos grados de Verdad en Bernardo es que son grados de experiencia por los cuales ascendemos desde la experiencia de nuestra propia miseria hasta la experiencia de la grandeza de Dios, a través de la puerta estrecha de la compasión. La llave de esa compasión es Cristo. De hecho, el misterio de Cristo es central para todo, por eso es a través de este misterio, vivido y aplicado en las relaciones con nuestros hermanos en el monasterio, es como ascendemos a la contemplación. (Continúa...)

Thomas Merton:
Un monje compasivo, un hombre paradójico
(James Conner, ocso)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

AMIGOS DE THOMAS MERTON.

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.