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jueves, 23 de julio de 2015

DICCIONARIO DE THOMAS MERTON

"Un diccionario sobre un hombre, -especialmente sobre alguien que
murió cuando tan solo contaba 53 años de edad, cuya carrera como escritor fue solo de 23 años tras haber alcanzado un lugar prominente en 1948 con su autobiografía La montaña de los siete círculos; un hombre que pasó la mitad de su vida en la clausura monástica más estricta de sus días, oculto en recónditas colinas boscosas del Kentucky rural- resulta del todo inusual. Pero Thomas Merton era una persona muy poco usual. En las palabras de su amigo Guy Davenpor, Merton poseía
... 'un espíritu verdaderamente ecuménico. Cuando escribía sobre los shakers, era un shaker. Leía con perfecta empatía: durante horas era Rilke, Camus, Faulkner. Me pregunto si hubo jamás una imaginación tan proteica como la de Thomas Merton. Podía ponerse una tarde a bailar al compás de Bob Dylan en una rockola de Louisville. comenzar a charlar una hora más tarde con James Laughlin sobre el surrealismo en la poesía latinoamericana, rezar su oficio en el vehículo de regreso a Ghetsemaní, y pasar la tarde escribiendo a un mulá de Pakistán sobre técnicas de meditación.'

Era un hombre capaz de sentir una profunda fascinación por un abanico amplísimo de temas. No hay más que observar el rango de su producción literaria y artística -numerosas obras de prosa, colecciones de ensayos y cartas, volúmenes de poesía y diarios personales- para hacerse una pequeña idea de ello. A Thomas Merton le caracterizaban sus extraordinarios entusiasmos.

La biblioteca personal de Thomas Merton, ubicada en el Centro Thomas Merton de Louisville, Kentucky, que es el repositorio oficial de su legado literario, ofrece la posibilidad de reconocer la profundidad y el alcance de sus intereses, con títulos que cubren un vasto elenco de cuestiones en numerosos idiomas.

Del mismo modo, asomarse a los índices de sus diarios permite a los lectores apreciar la mente enciclopédica de Merton. El listado de las personas con quienes mantuvo correspondencia epistolar es sencillamente asombroso y el Centro Thomas Merton cuenta en su haber con más de 2,100 nombres y una correspondencia que supera las veinte mil cartas individuales, abraza los cuatro rincones del globo e incluye las que cruzó con Boris Pasternak en el norte, Nicanor Parra en el sur, D.T.Suzuki en el este y Evelyn Waugh en el oeste. Por lo demás, entre sus corresponsales hayamos Papas, presidentes, o galardonados con el Premio Nobel, hasta niños en edad escolar, para todos los cuales encontraba tiempo de responder por escrito.

Un hombre tan plural y complejo exige un diccionario para ayudar a sus lectores a abrirse paso entre sus libros, sus inquietudes y su vida. Y la obra que ahora tienes en tus manos es una mina de oro para cuantas personas sienten interés por Merton.....

La última épica poética de Thomas Merton, La Geografía de Longraire, que quedó inconclusa en el momento de su muerte, une en su poesía el norte, el sur, el este y el oeste, y en realidad, todos los tiempos, lugares y culturas, con su propia historia personal en una única gran visión universal. De manera similar, este Diccionario constituye una herramienta para ayudarnos a comprender la anchura y la profundidad - la unidad, en suma-, de este hombre de caracter realmente enciclopédico."

PAUL M. PEARSON, Director Centro Thomas Merton. Presentación a la edición en lengua española del Diccionario de Thomas Merton. Ediciones Mensajero. 2015.

miércoles, 22 de julio de 2015

CONSEJO..

"¡Tiempo de sobra! ¡Tiempo de sobra!
No te desnuques para hacer cosas
antes de que la próxima cosa ocurra."

THOMAS MERTON

viernes, 17 de julio de 2015

MÁS FRASES DE THOMAS MERTON.

“La dedicación a Dios en la vida religiosa no puede ser un pretexto para intentar la evasión, sino que, por el contrario, ella compromete al hombre mucho más irrevocablemente a tomar
una posición y a dar un testimonio en el mundo de su tiempo”.

“No hay nada en el mundo tan importante como el diálogo realmente vivo entre los seres vivos, los hijos de Dios, porque su diálogo no puede existir sin la intervención de Dios mismo”.

“Dios no se separa nunca de los hombres, porque Dios y el Hombre son uno en Cristo”.

“Lo que importa en el sacerdote, hombre de Dios, es su humanidad, porque él prolonga, más que todos los demás, el misterio de la Encarnación”.

“Yo no me creería un verdadero monje, un verdadero sacerdote, si no fuera capaz de sentir en mí  mismo todas las revueltas y todas las angustias del hombre moderno. Pero es necesario sentir todo esto, sufrir todo esto, pero no aislado y a la deriva, sino con Cristo que lo ha soportado todo y que lleva todo en nosotros”.

“Lo único que puede liberarnos es Cristo, pero no lo encontramos simplemente a través de las evasiones fáciles, de las renuncias pasivas. No podemos encontrarlo realmente por medio de una abdicación, porque encontrar la Verdad supone la fidelidad más heroica a todos sus reflejos en nosotros mismos, comenzando por aquellos que nos muestran nuestra propia miseria y la de los demás”.

“Tómese un poco más de tiempo para ser usted misma y encontrará sigilosamente, oscuramente, a Cristo”.

La religión no es sólo, ni principalmente, el culto; es, para empezar, amicitia, porque religión quiere decir vínculo; los vínculos de la amistad. Esos vínculos que crean la paz y que también liberan. El mundo tiene mucha necesidad de ello y no de mucho más”.

“Es más sabio querer menos cosas con la voluntad y, por consiguiente, dejarse llevar al paso profundo y calmo de la vida, y de la gracia”.

Thomas Merton


viernes, 10 de julio de 2015

SOBRE LA MONTAÑA DE LOS SIETE CÍRCULOS

En la revista SUR, del año 1950, apareció un artículo que comentaba la edición de Sudamericana de la autobiografía de
Thomas Merton, “La montana de los siete círculos”, firmado por Mario Albano. Reproduzco algunas ideas que creo resultarán de interés a quienes se acercan hoy a este libro, el más famoso del monje trapense.

Este es un libro autobiográfico. Comprende los primeros treinta años de vida de Thomas Merton, un joven escritor que conoció todo cuanto puede conocer un hombre que posea inteligencia y dinero (o que ciertas contingencias personales le permitan recorrer mundo; lo lleven, por ejemplo, a la Capilla Sixtina, al Louvre, a Cambridge, a Columbia University, a la Habana) y que ahora, convertido al catolicismo, es cartujo en el monasterio de Gethsemaní, Kentucky. En resumen: es el testimonio de esa aventura deslumbrante y a menudo durísima que es la juventud de un hombre; aventura que en Thomas Merton se perfila como la búsqueda, el tanteo, el padecimiento y el hallazgo de Dios. Por su argumento, es una crónica y una confesión (debido a ello, sin duda, ha sido un betseller en Norteamérica); por su tono, llega a ser un alegato, y en algunos capítulos, un himno purísimo. Constantemente suscita la reflexión, la polémica. Está bien escrito, en una prosa natural que se adapta sin esfuerzo a las sinuosidades del pensamiento y comunica poder e interés a las cosas que describe. Una prosa, en fin, de quien no siente ya la necesidad de redondear sus palabras y está empeñado, por eso mismo,  en la más difícil tarea de expresar su espíritu con fidelidad”.

Luego, el autor desgrana sus objeciones, también de interés, que creo fueron suscritas años más tarde por el propio Merton; dice que el libro, a pesar de lo dicho antes, no le convenció plenamente, por su catolicismo proselitista y encendido.

“Hay en el autor una escrupulosidad excesiva de converso; como muchos apasionados, es demasiado estricto para no ser unilateral. A menudo, cuando expone sus sentimientos e ideas, se aleja de ese vasto universo de contrarias armas, de ese constante y complejo matrimonio de cielo y tierra que es el catolicismo. Desde su celda el monje repudia su paso por el mundo, sus idas y venidas por tantas ciudades diferentes. Muchas cosas que podrían regocijar a un cristiano son señaladas en La montana de los siete círculos como algo obvio y superable, aunque no siempre superado. Las grandes capitales, la camaradería bulliciosa y áspera que se improvisa entre los jóvenes, el hallazgo deslumbrante del amor, son evocados con demasiada frecuencia en sus aspectos inevitablemente penosos, y pocas veces en sus también inevitables aspectos magníficos; como si todas las experiencias humanas no fueran un pretexto para ir hacia Dios sino un pretexto estéril, sin finalidad y grandeza. Comprendo que su punto de vista es cristiano; por eso quiero recordar que la soledad cristiana, en sus más altas expresiones, es una superación, y no un desdén; una levitación, y no una huida; entre otras causas, porque en este mundo ha acontecido la encarnación del Dios de los cristianos, y porque, de todas las formas de contemplación, una de las más válidas es esa forma de activa contemplación divina que, según los teólogos, se llama caridad. Sí, Hay demasiado repudio en el cosmos de Merton. Una especie sutil de repudio, no siempre perceptible en algunas páginas, pero que surge a lo largo de su testimonio. También conviene subrayarlo porque La montana de los siete círculos es, ante todo, un libro de recuerdos mundanales y está dirigida a los hombres que viven en el mundo”.

Para terminar, reconoce el autor que el libro de Merton “es una obra lúcida e intensa” en la que encuentra el lector muchos hallazgos, y a pesar de su  mirada crítica cree ver en esta obra “una absoluta vocación por las cosas que Dios ha establecido en el mundo”, frente a quienes amenazan siempre con desertar de él.

Merton conoció el artículo de Mario Albano, y testimonia en una de sus cartas que lo leyó con agrado; es indudable que la visión de Merton fue cambiando con su propia maduración espiritual,  y él mismo acabó no reconociéndose en lo que escribió en su autobiografía, y asumiendo una mirada más amable y compasiva sobre el mundo que le rodeaba y el tiempo que le tocó vivir.


viernes, 3 de julio de 2015

SOLUCIONES...

“Las verdaderas soluciones no son las que imponemos a la vida conforme a nuestras teorías, sino las que la vida misma ofrece a los
que se disponen a recibir la verdad. En consecuencia, nuestra tarea es disociarnos de todos los que tienen teorías que prometen soluciones claras e infalibles, y desconfiar de todas las teorías semejantes, no con espíritu de negación y derrota, sino más bien confiando en la vida misma y en la naturaleza, y, si usted me lo permite, en Dios sobre todo. Pues desde que el hombre ha decidido ocupar el sitio de Dios, se ha mostrado como el más ciego, el más cruel, el más mezquino y el más ridículo de todos los dioses falsos”.


(THOMAS MERTON, Incursiones en lo indecible, 50)             


sábado, 27 de junio de 2015

DE LOS DIARIOS DE MERTON.

Varios pasajes de los Diarios de Thomas Merton en los que me detengo, siempre asombrado e iluminado por sus intuiciones. Algunos son, además de lo espiritual, excelentes literariamente hablando. Ideas que me resultan especialmente significativas: el amanecer como momento sagrado del día, el valor de una vida sencilla y del silencio, recuperar nuestro rostro original más allá de toda ilusión, visión positiva (humanista y humanizadora) del ser humano, apertura y diálogo, crecimiento y maduración a lo largo de toda su vida (no se quedó en lo vivido en una etapa, sino que buscó y buscó hasta el final).

ESCUCHAR A DIOS EN TU SILENCIO INTERIOR Y DESCANSAR SIEMPRE EN ÉL: El silencio que encuentras en ti mismo cuando entras en ti y descansas en Dios es siempre el mismo y siempre nuevo, aunque sea inmutable. Porque ese silencio es verdadera vida y, aunque tu cuerpo se mueva, tu alma permanece en el mismo sitio, descansando en su vida, que es Dios, ahora, en invierno, igual que hace meses, en verano, sin ninguna aparente diferencia, como si nada hubiera cambiado en absoluto y el paso de las estaciones no hubiera sido más que una ilusión” (enero 1948).

LA ESCUCHA COTIDIANA DE LA PALABRA DE DIOS ME PERMITE ESTAR UNIFICADO Y EN SINTONÍA CON SU FLUIR EN MI TIEMPO: Si estuviera más atento a la Palabra de Dios, estaría mucho menos preocupado y desasosegado por los sucesos de nuestro tiempo; no es que fuera a estar indiferente ni pasivo, sino que podría ganar fuerza unificadora con las corrientes sagradas, que casi siempre corren en oposición a las de la superficie” (mayo 1965).

SOY CONSCIENTE DE MI POBREZA MORAL, PERO ESO NO ME OBSESIONA: Me sentía muy feliz de cantar el Evangelio, el magnífico triunfo de Cristo, del que se hace eco y es expresión la ordenación al sacerdocio de algo como yo, que Él sacó de la ruina moral del universo y trajo a Su casa. Él es quien mira al cielo en mi alma llena de debilidad e infidelidad y grita: Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti… Mi gozo es el gran poder de Cristo. Y por eso, por encima de todo, estoy contento de mi profunda pobreza moral, que está siempre ante mí estos días, pero que no me obsesiona ni me perturba, porque está perdida en Su misericordia” (mayo 1949).

TODO ESTÁ SIEMPRE COMENZANDO DE NUEVO, EN MEDIO DE CONFRONTACIONES, DUDAS E INSEGURIDADES: Comienzo el año en que cumplo medio siglo no teniendo totalmente claro lo que hago, porque todo está siempre comenzando de nuevo. Si todo en mi vida permanece indefinido en alguna medida (aunque esté superficialmente definido), lo acepto como algo bueno. También como algo serio y quizá preocupante, siempre orientado hacia posibilidades, aunque debo reconocer que muchas de las posibilidades son tan ilusorias o imposibles que no merece la pena tenerlas en consideración. Y en ocasiones no sé cuál tener en consideración y cuál no” (enero 1964).


viernes, 19 de junio de 2015

ESTE BLOG, MERTON Y YO.

Este blog es la expresión de mi larga relación con Thomas Merton, con su vida y su obra, que he recibido y aprovechado desde hace más de 20 años; este vínculo está hecho de acercamientos de gran intensidad, y también de períodos de alejamiento, tan necesarios como los primeros. Es que algunas lecturas provocan tales movimientos interiores que precisamos descansar de ellas cada cierto tiempo, y así me sucede con Merton; pero luego, siempre vuelvo, siempre encuentro razones para volver a tomar uno de sus libros y volver a leer, volver a reencontrar sus palabras e intuiciones, que provocan el reencuentro conmigo mismo, las preguntas, los cuestionamientos, que precisamos para madurar y crecer. 

Se está celebrando en este 2015 el Centenario del nacimiento de Thomas Merton, y justo ahora estoy yo más alejado de la posibilidad de mantenerme al tanto de lo que se dice y publica al respecto, pero aun así intento ser parte del acontecimiento, releyendo sus libros, celebrando a nivel personal las fechas importantes de su vida, recibiendo con interés cualquier información o publicación suya en la red y de modo especial el interés renovado con el que tantos lectores/lectoras del blog me escriben para agradecer lo que acá se publica.

Gracias a una buena amiga recibí hace algún tiempo el libro que recoge la correspondencia entre Merton y Victoria Ocampo, y estoy volviendo a repasar sus páginas esta semana; en República Dominicana dejé algunos buenos libros de Merton que, lamentablemente, no he podido recuperar aun, pero trato de aprovecharme de los apuntes que sobre ellos tengo a mano o publiqué en este blog. De los buenos maestros nos aprovechamos siempre, incluso en las peores circunstancias, y un buen libro es siempre una buena compañía.

Incluso si dejara yo de publicar con asiduidad en este blog (que espero no suceda de momento, pues cuento con ayuda para que las entradas sigan apareciendo), lo ya publicado constituye material suficiente para quienes se interesan por el monje trapense; pueden revisar las entradas desde el momento en que nació el blog y podrán aprovecharse de todo lo que acá se ha escrito, nacido de mi propia confrontación con Merton, de mis lecturas personales, de los caminos que se me han abierto cuando lo hago, de mis propias reflexiones y experiencias.

 Dado que en Cuba, desde donde ahora escribo, la posibilidad de acceder a libros y publicaciones sobre Thomas Merton es prácticamente ninguna, agradecería mucho si alguna persona en particular quisiera hacerme llegar algún libro o revista sobre Merton que se publique durante la celebración de este Centenario.

Les dejo con un texto breve de Merton, que aparece en el libro del que antes comentaba: 

"Si insisto en daros mi verdad, y no me detengo nunca a recibir a cambio vuestra verdad, no puede haber verdad entre nosotros. Cristo está presente donde dos o tres se reúnen en su nombre. Pero reunirse en el nombre de Cristo es reunirse en nombre del Verbo hecho carne, de Dios hecho hombre. Es por lo tanto reunirse en la creencia de que Dios se ha hecho hombre y puede verse en el hombre, que habla en el hombre y puede iluminar e inspirar amor en y a través de cualquier hombre… Se lo encuentra menos en una verdad que se impone que en una verdad que se comparte”.

jueves, 11 de junio de 2015

DETALLES...

En la capilla de la ermita de Merton en Getsemaní, hay una pequeña alfombra que trajo Merton de su visita a Nuevo México en 1968; el altar es de cedro, supervisado personalmente por Merton en su construcción, y en la parte posterior hay una colección de iconos:  en el centro La Virgen con el Niño y al lado otros dos del profeta Elías.

Al principio de su estancia en la ermita, esta no tenía capilla y por tanto Merton no tenía allí la Presencia Eucarística para su oración personal. Él le contó a las religiosas de Alaska que en aquel entonces no pensaba en ello, pero luego, cuando finalmente recibió el Santísimo en la ermita, se dio cuenta de lo mucho que apreciaba tenerlo allí y poder orar en la Presencia Eucarística, y sentía consuelo al despertar en las noches y ver la pequeña lámpara brillar.

El interés por el Cuaquerismo le llegó a Merton prácticamente con la leche materna. Siempre tuvo buenos sentimientos hacia esa comunidad y en sus diarios aparecen algunas referencias sobre el tema. Varios libros de espiritualidad sobre esa comunidad religiosa están en la pequeña biblioteca que tenía Merton en su ermita.

Merton no habló ni escribió mucho acerca de María, pero tenía una devoción simple, humana y profunda hacia ella como madre, y es un tema que siempre me ha resultado llamativo y de mucho interés a la hora de intentar comprender el camino espiritual de Merton. En 1962 Merton predicó para su comunidad en el día de la Inmaculada Concepción, y dijo: Lo que Dios desea consumar en el universo es consumado en María...Ella es la estrella que nos guía en el camino al hogar.

Curioso y simpático. Cuando John Howard Griffin trajo al ya anciano Jacques Maritain a visitar Getsemaní, Merton invitó a los visitantes a la ermita e intentó que el viejo tomista se abriera a un pensamiento más existencialista tocando para él un tema de Bob Dylan (Highway 61) a todo volumen.

Ideas tomadas a partir de: M.Basil Pennington. "Un retiro espiritual con Thomas Merton", Estaciones Editorial, Argentina 1994 

viernes, 5 de junio de 2015

MERTON EN SU ERMITA

Hemos compartido, en entradas anteriores, algunos pasajes escritos por el monje trapense M. Basil Pennington que hacen parte de un retiro que hizo en la ermita donde Thomas Merton vivió, en Getsemaní… Por ejemplo, describe abundantemente la ermita en la que vivió Merton varios años, su entorno natural, y se pregunta cómo fue posible que Merton escribiera otra cosa que no fuera poesía viviendo en un lugar tan hermoso…


“Me pregunto cómo hizo Tom para escribir, o para escribir algo que no fuera poesía. Cada estación, cada día, tiene su propia belleza, única. En este preciso momento no hay nada que se imponga más que este cielo cambiante. A la distancia, los cerros se pierden en la profundidad de las sombras…”. 

Pero también habla de lo vulnerable del lugar en el que la ermita se encuentra, y recuerda las quejas de Merton acerca de lo accesible que estaba resultando para cualquier persona que quisiera verle:

"Ahora veo por qué Tom buscaba un lugar más alejado. No me había dado cuenta de que la ermita estaba tan expuesta. Sólo hay una delgada línea de árboles atrás, luego se abre en amplio campo que llega hasta la ruta. Por el costado de la ermita apareció un hombre. Dijo haber visto el techo desde el camino y atravesó el campo para ver la ermita de Merton. Con gentileza le sugerí que respetara mi retiro, pero insistió y finalmente pidió confesarse. Me pregunto si recibiré visitas muy a menudo esta semana. Anthony dijo que podía nevar. Eso ayudará”. 


De cualquier modo, en sus diarios, Merton habla de lo que la ermita en un momento determinado, hablamos de 1963, significaba para él: Necesito muchísimo este silencio y esta nieve. Aquí solo puedo encontrar mi camino, porque aquí solo el camino está justo frente a mis ojos y es el camino de Dios para mí, realmente no hay otro”.





sábado, 30 de mayo de 2015

MERTON: TRADICIÓN Y RENOVACIÓN



Seguimos compartiendo algunos pasajes escritos por el monje trapense M. Basil Pennington que hacen parte de un retiro que hizo en la ermita donde Thomas Merton vivió, en Getsemaní… Esta vez el tema es el ayuno, la disciplina y la tradición en la vida monástica, pero aplicable a toda búsqueda espiritual.

“Tom, al menos en sus últimos años, no ayunaba. Una vez, ponderando si hacer una donación de sangre para la Cruz Roja, dijo en broma que su ícono se estaba deformando. Las fotografías que le tomaron en la celebración del centenario de Getsemaní en 1948 muestran un monje muy delgado, casi demacrado. Los ayunos rigurosos que se exigían con anterioridad al Vaticano II y el intenso esfuerzo que los acompañaban arruinaron en gran medida su sistema digestivo, del mismo modo que afectaron la salud de muchos otros monjes. En sus últimos años, Tom apreciaba los paquetes de alimentos que amigos como Naomi Burton Stone le enviaban. Apreciaba cuando llegaban visitantes con hamburguesas y media docena de botellas. En esto no se diferenciaba de otros cistercienses que conozco. 


Tom no escribió mucho sobre el ayuno pero en algunas notas de mediados de 1968 escritas para complementar un intercambio de cartas con Coleman Mc-Carthy en The National Catholic Reporter escribió acerca del papel de la disciplina en nuestra vida. La disciplina puede, y así debería ser si contamos con la salud adecuada, incluir el ayuno”.

"Para Tom existe una necesidad de responder a la tradición. Los cristianos, especialmente los monjes, siempre han ayunado. En sí mismo este argumento es suficiente para apoyar el ayuno. Necesitamos realizar las prácticas de la tradición viviente y hacerlas nuestras hasta que nos revelen su significado interior. Sólo entonces seremos capaces de formar parte de la tradición viviente y de hacer nuestra propia contribución, creando la expresión de estos valores adecuada a los tiempos actuales de modo que puedan pasar como una realidad viva a aquellos que nos siguen en la tradición. Si nos negamos a realizar estas prácticas, a hacerlas propias hasta que las comprendamos, quizás nunca lleguemos a entenderlas. El sentido de ciertas cosas sólo puede descubrirse desde adentro. Con nuestro rechazo las tradiciones pueden morir. No sobrevivirán para pasar a futuras generaciones. Tenemos la responsabilidad de ser, en primer lugar, aprendices valientes que se sacrifican a sí mismos y, luego, audaces re-creadores. Esto último por lo general requiere más coraje. Una vez que hemos aprendido el valor interior de una práctica, tememos perderla si le damos nueva forma. Sin embargo, para que permanezca viva como una tradición, debe ser reformada de generación en generación; de lo contrario pronto sólo quedaría una momia sin vida”. 

M. Basil Pennington, Un retiro espiritual con Thomas Merton”, Estaciones Editorial, Argentina 1994)






Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

AMIGOS DE THOMAS MERTON.

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.