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sábado, 22 de septiembre de 2018

MERTON HABLA DE TERESITA

"El gran regalo que se me dio, ese octubre, en el orden de la gracia, fue el descubrimiento de que la Florecita (Teresa de Lisieux) era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en la imaginación de las ancianas sentimentales. No solo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: !Tremenda! Le debo toda clase de disculpas por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo; pero para hacer tal cosa necesitaría un libro entero, y aquí solo dispongo de unas pocas líneas". 

(Thomas Merton, LM7C)

domingo, 22 de julio de 2018

LA SANTIDAD DE ETTY HILLESUM



 Abundan los santos que, pese a su canonización por la Iglesia y a la extraordinaria veneración que les dispensa la religiosidad popular, fueron personajes excéntricos y nada convencionales. Junto a figuras de santos edificantes, que llevaron vidas ejemplares, siempre ha habido santos anómalos, rompedores de moldes”.

Etty Hillesum, joven judía holandesa, muerta en Auschwitz en 1943, a la edad de 29 años, tuvo desde el punto de vista de la moral convencional, una vida inquieta y escandalosa.  A partir de la edad de 27 años mantuvo una relación con dos hombres a la vez. Ella sabe que la moral común puede juzgar escandaloso su comportamiento, pero eso no la incomoda: siente que es fiel a los dos hombres a los que ama, pero sobre todo esta irregularidad afectiva no le impide emprender un camino extraordinario que la lleva a descubrir a Dios dentro de sí y a cultivar una religiosidad muy particular, ajena a iglesias, sinagogas y dogmas.

Ni siquiera representa para ella un obstáculo en su camino místico-espiritual el aborto voluntario al que recurre para interrumpir un embarazo no deseado; no se siente capaz de traer al mundo un niño en las circunstancias históricas en las que vive: persecución, deportación, exterminio de judíos. También la empuja al aborto el temor a los varios casos de locura que hay en su familia y que ella considera con mucha probabilidad hereditarios.

Tras el aborto, se confía a Dios pidiéndole que la acepte tal como ella es, con sus limitaciones y sus contradicciones, y prosigue conversando con él en su oración. Ni su libertad ni el aborto son obstáculos para su relación con Dios, la cual continua y se intensifica a pesar de todo.

El suyo puede definirse, por tanto, como un camino nuevo de santidad. Del descubrimiento de Dios dentro de sí, Etty llega a la extraordinaria intuición de que es ella la que tiene que ayudar a Dios a no ausentarse del todo en un mundo envenenado por la violencia, el odio y el resentimiento: “Se me hace cada vez más evidente que tú no puedes ayudarnos a nosotros, sino que somos nosotros los que debemos ayudarte a Ti, y de ese modo ayudarnos a nosotros mismos. Lo único que podemos salvar de estos tiempos, y también lo único que cuenta verdaderamente, es un pedacito de ti en nosotros, Dios mío”.

Este propósito de ayudar a Dios para hacer que sobreviva al holocausto, como un niño inerme custodiado en su seno, se traduce luego en su empeño por ayudar al prójimo, los muchos judíos desesperados que llenaban el campo, a que desenterraran a Dios dentro de ellos, liberándolos del odio y el comprensible deseo de venganza. 

Esta extraordinaria intuición, nace de la terrible experiencia de la Shoa: que, en ese mundo dominado por la violencia y el odio, necesitamos “ayudar a Dios” para que no desaparezca del todo del corazón de los hombres. Frente a esa tarea, poca cosa representan su desorden sentimental y su aborto; no se dejó turbar en exceso y se mostró capaz de ayudar a Dios y al prójimo en un tiempo histórico que estaba tan necesitado de ello.

La “santidad” de Etty tiene además la peculiaridad de no estar encerrada en un recinto confesional determinado: ella no pertenece del todo al judaísmo, ni al cristianismo, a pesar de que judíos y cristianos se hayan disputado su herencia. Ella también toma elementos, para su espiritualidad, de la tradición islámica, dado que sus lecturas, además del Antiguo Testamento y el Evangelio, incluyen el Corán y la sabiduría oriental. La suya es una santidad libre, interreligiosa, que supera los límites que separan las diversas confesiones religiosas. Etty utiliza con frecuencia la imagen de Dios como la parte más recóndita de si, como el soplo divino que alienta en cada uno de nosotros.

Otro aspecto de su singular “santidad” es su rechazo al odio; en una época de ánimos envenenados por la violencia, el resentimiento y el deseo de venganza, ella practica el amor al prójimo y rechaza el odio indiscriminado, dirigido a una categoría de personas, fueran alemanes o nazis. “Aunque no quedase más que un solo alemán decente, este único merecería ser defendido contra esa banda de bárbaros, y gracias a él no se tendría el derecho a derramar el propio odio sobre un pueblo entero”. Esta posición suya, de amor al prójimo, incluso al enemigo, y de rechazo del odio indiferenciado se inscribe en una práctica de no-violencia radical pero extremadamente eficaz por su capacidad de sustraerse a la humillación que les es infringida a los judíos.

De hecho, lejos de dejarse doblegar por las innumerables y crecientes restricciones y discriminaciones de los nazis contra los judíos en la Holanda ocupada, Etty Hillesum mantiene siempre firme su sentido de la dignidad, aunque sin reaccionar agresivamente a las provocaciones: “Para humillar a alguien tiene que haber dos: el que humilla y el que es humillado y, sobre todo, que se deja humillar”. Si este último es inmune a la humillación, tendrá que soportar disposiciones desagradables, pero su dignidad no queda menoscabada. Lo anterior refleja un orgullo indómito.

Algunos le reprochan no haber huido cuando pudo hacerlo, o que se entregase voluntariamente a los nazis, pero ello no implica, como han dicho algunos, resignación o pasividad, sino responsabilidad moral, la conciencia de que, si ella se iba, otra persona ocuparía su lugar. Etty sintió una profunda responsabilidad con respecto a otros judíos, y no quiso salvar su vida al precio de otra. En el campo de concentración Etty encontró a Dios en sus hermanos de cautiverio, y supo testimoniar su fe, comunicándola a otros, comprensiblemente desesperados, e incluso a los que no eran creyentes o habían perdido la fe.

Por todo lo anterior, esta mujer habla hoy a quienes pertenecen a otras confesiones religiosas, y también al que no cree, al que duda, enseñándonos que, en cualquier tiempo y lugar, por desesperada que pueda ser la situación que estemos atravesando, aun podemos estar alegres y alabar a Dios por una comida compartida y por el hecho de tener dos manos que poder unir en oración. Nos enseña que nos pueden quitar muchas cosas, pero nunca el trozo de cielo sobre nuestra cabeza, ni la belleza de la creación.

 Así fue la santidad de Etty Hillesum: excéntrica, anómala, despreocupada de la moral convencional; con una gran libertad religiosa y espiritual. Y ella fue fiel a la vocación descubierta hasta el final. Conocer su historia, su testimonio vital en una hora oscura de la humanidad, nos recuerda que nuestra época necesita un tipo nuevo de santidad, una santidad distinta, encarnada en personas que comparten el mundo con otros, que sufren y se alegran en medio de la vida, y que no se quiebran ni en las pruebas más extremas, porque es allí donde encentran la belleza y la luz de Dios.

Lo anterior es un resumen del artículo: “La libertad de Espíritu: Etty Hillesum, una santidad nueva”, de Wanda Tommasi, publicado en CONCILIUM 351 (junio 2013).

lunes, 16 de julio de 2018

UN AUTÉNTICO MINISTRO.


“La influencia de Thomas Merton parece haber aumentado desde que murió en diciembre de 1968. Muchos están escribiendo tesis doctorales sobre él, así como tesinas. Siguen apareciendo libros y artículos sobre Merton. Desde que estoy aquí, han salido al menos tres libros. 

 Una de las cosas que me llaman la atención es que Merton es como la Biblia: puede servir para casi todo. El conservador y el progresista, el liberal y el radical, los que luchan por los cambios y los que se quejan de los mismos, los políticos activistas y los utópicos apolíticos, todos citan a Merton para expresar sus ideas y convicciones. Está considerado como el hombre que inspiro a Dan Berrigan, a Jim Forest y a Jim Douglas, pero también se utiliza como lectura espiritual segura en los refectorios de muchas casas religiosas. Los monjes dicen que no se puede entender a Merton si no se le ve, en primer lugar, como contemplativo, mientras que muchos que no son monjes prefieren verlo como un crítico social, un hombre que vive en la periferia del monasterio y que está profundamente implicado en la lucha por la paz y la justicia. Los admiradores cristianos destacan la ortodoxia de Merton, pero muchos no cristianos que miran al Lejano Oriente en busca de una nueva fuerza espiritual le consideran su modelo y apoyo. Y aunque Merton, durante sus últimos días en Asia, escribiera en términos inequívocos que él era y siempre sería un monje cristiano, los hay que incluso pretenden que tenía intención de hacerse budista.
¿Qué pensar de todo esto? ¿Quién está en lo cierto y quien está equivocado? Merton nunca intento ser sistemático, ni se preocupó por ser congruente. Articulaba hábilmente y con arte los diferentes escenarios de sus propios pensamientos y experiencias y buscaba nuevos descubrimientos sin preocuparse de lo que la gente hacia con los antiguos. Ahora está muerto. Ya no puede contestar a la pregunta: ¿Qué era lo que querías decir en realidad? Probablemente una pregunta así le habría irritado. Pero su muerte, ha hecho de él un catalizador aún más fuerte de lo que ha sido en vida. En efecto, él ha entregado su vida a los otros para ayudarles a encontrar su camino, no el de él. En este sentido, ha sido y sigue siendo un auténtico ministro, creando el espacio libre donde otros puedan encontrar o descubrir la voz de Dios en sus vidas”.

Henri Nouwen, Mi diario en la abadía de Genesee, PPC 1999, páginas 218 y 219.
 (Este libro fue publicado originalmente en 1975, y el diario que recoge es de 1974).

lunes, 2 de julio de 2018

EL HOMBRE VIVO

"La plenitud de la vida humana no se puede medir por nada que le ocurra solamente al cuerpo. La vida no es sólo una cuestión de vigor físico, o de salud, o de capacidad para disfrutar... Y uno que simplemente respira, come, duerme y trabaja, sin darse cuenta, sin un propósito y sin ideas propias, no es realmente un hombre. La vida, en ese sentido puramente físico, es sólo ausencia de muerte. Una persona así no vive, sino que vegeta".


"Para que un hombre viva, ha de llegar a estar plena y enteramente vivo. Ha de ser todo vida, en su cuerpo, sus sentidos, su ánimo y su voluntad".

"La señal de la verdadera vida en el hombre, pues, no es la turbulencia, sino el dominio; no la efervescencia, sino la lucidez y la dirección; no la pasión, sino la sobriedad que sublima toda pasión y la eleva a la clara embriaguez del misticismo".

"El hombre solo puede decirse plenamente vivo cuando tiene clara conciencia del significado real de su propia existencia, o sea, cuando experimenta algo de la plenitud de inteligencia, libertad y espiritualidad que están actualizadas en su interior".


Thomas Merton, El hombre nuevo.

viernes, 29 de junio de 2018

UN TIEMPO ABIERTO, LIBRE Y COMPASIVO


La vida contemplativa debe proporcionar un ámbito, un espacio de libertad, de silencio, en el que se permita a las posibilidades emerger y a las nuevas opciones, más allá de la rutina elegida, hacerse manifiestas. La vida contemplativa debería crear una nueva experiencia del tiempo, no como subterfugio ni inmovilidad, sino como temps vierge, tiempo virginal, no un vacío que llenar ni un espacio intacto que conquistar y violar, sino como un espacio que pueda disfrutar de sus potencialidades y esperanzas, y de su propia presencia a sí mismo. Un tiempo propio, pero no dominado por el propio ego y sus demandas; por lo tanto, abierto a los demás; un tiempo compasivo, arraigado en la sensación de una ilusión común y en la crítica a la misma”.


(Nov de 1968)

Thomas Merton.

miércoles, 27 de junio de 2018

SALVADO POR TU IGLESIA



“Perdóname, Señor, por tu Cruz y tu Pasión y tu Resurrección. Enséñame a ver lo que significa el haber sido salvado por tu Iglesia. Enséñame, como sacerdote que soy, cómo he de llevar a otros al conocimiento de Ti y de tu Reino y a la salvación. Enséñame a vivir en Ti con genuino desvelo de pureza de la fe, con el entusiasmo de la verdadera esperanza, y con la auténtica y objetiva caridad para con mis hermanos, para la gloria del Padre. Amén”. 


Thomas Merton, Diálogos con el silencio, página 103.

domingo, 24 de junio de 2018

COMPROMISO


“Me doy cuenta que, ahora más que nunca, la dedicación a Dios en la vida religiosa no puede ser un pretexto para intentar la evasión, sino que, por el contrario, ella compromete al hombre mucho más irrevocablemente a tomar una posición y a dar un testimonio en el mundo de su tiempo. Y me parece que estoy obligado, por las circunstancias de mi vida y mis antecedentes, a hacer algo para curar la prodigiosa e imperdonable brecha que ha surgido entre la Iglesia y el mundo intelectual de nuestro tiempo” 

(Thomas Merton.
Carta a Victoria Ocampo, 21 de julio de 1958).

IGLESIA VERDADERA



Al escribir acerca de la santidad en uno de sus libros, y tratar la dimensión comunitaria del compromiso cristiano, Thomas Merton hace una distinción importante e iluminadora: cuando hablamos de Iglesia, una cosa es el “andamiaje” y otra “el verdadero edificio”. Dice: 
Demasiado a menudo, las personas que se toman en serio la vida espiritual  malgastan sus esfuerzos en el andamiaje, haciéndolo cada vez más sólido, permanente y seguro, sin prestar atención al edificio en sí”. 

Esto tiene que ver con el temor y la búsqueda de seguridad, una especie de miedo inconsciente, dice, a las verdaderas responsabilidades humanas. A esto, opone lo contrario:

 “El verdadero edificio de la Iglesia es la unión de corazones en amor, sacrificio y trascendencia personal. Y la solidez de este edificio depende de hasta qué punto toma el Espíritu Santo posesión del corazón de cada persona, no de la medida en que nuestra conducta exterior es organizada y disciplinada por el sistema oportuno".

Esta comparación que hace Thomas Merton entre “andamiaje” y “edificio verdadero” vale para expresar un aspecto importante de la santidad cristiana. La verdadera santidad  es aquella que apunta al edificio verdadero, mientras que hay otros elementos “santos” y una “santidad” que busca más sostener el andamiaje, es decir lo estructural, lo secundario.  Hay modelos de santidad que buscan canonizar la estructura eclesial más que la Iglesia misma. No es el caso de Merton.


lunes, 18 de junio de 2018

CAMINOS DE LIBERTAD



De una carta a Victoria Ocampo del 13 de septiembre de 1958: “No hay nada en el mundo tan importante como el diálogo realmente vivo entre los seres vivos, los hijos de Dios, como lo somos nosotros: porque su diálogo no puede existir sin la intervención de Dios mismo. ¡Qué misterio maravilloso el lenguaje humano, en el que se manifiesta la Palabra de Dios!”.
                       
De la misma carta anterior, sobre el SACERDOTE: “Lo peor del diálogo oficial entre un sacerdote y quienes no lo son es esta conciencia terrible de una diferencia que, en suma, no debería contar demasiado.  En efecto, uno termina por creer que el sacerdote está suspendido, como jerarca y burócrata, en la mitad exacta del abismo que separa a los hombres de Dios. No hace allí sino anunciar decisiones oficiales, dogmáticas, morales, canónicas. Es un poco menos amigable que el médico, el abogado, el psicoanalista. No se tiene en cuenta el hecho de que Dios no se separa nunca de los hombres, porque Dios y el hombre son uno en Cristo. Lo que importa en el sacerdote, hombre de Dios, es su humanidad, porque él prolonga, más que todos los demás, el misterio de la encarnación. Ahora bien, si el sacerdote está un poco deshumanizado por su formación en el seminario…”. Luego, sigue más adelante: “No crea jamás que soy un ser distinto de usted, que estoy aquí en un monasterio bien tranquilo, sin problemas como los suyos. Muy por el contrario, vivo en el corazón mismo de su problema, porque estoy en el corazón mismo de la Iglesia. Yo no me creería un verdadero monje, un verdadero sacerdote, si no fuera capaz de sentir en mí mismo todas las revueltas y todas las angustias del hombre moderno. Pero es necesario sentir todo esto, sufrir todo esto, pero no aislado y a la deriva, sino con Cristo que lo ha soportado todo y que lleva todo en nosotros”.

Verdaderamente, lo único que puede liberarnos es Cristo, pero no lo encontramos simplemente a través de las evasiones fáciles, de las renuncias pasivas. No podemos encontrarlo realmente por medio de una abdicación, porque encontrar la verdad supone la fidelidad más heroica a todos sus reflejos en nosotros mismos, comenzando por aquellos que nos muestran nuestra propia miseria y la de los demás” (La misma cita).

Usted sabe muy bien que encontrará a Dios en el centro de sí misma… búsquelo. No va a resolver todos sus problemas en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, es el medio mismo de estos problemas donde encontrará a Dios y a Cristo, porque Él está con usted. Y es Él quien le hará salir de ellos. Pero piense en Él y no busque evadir las situaciones difíciles; tómese un poco más de tiempo para ser usted misma y encontrará sigilosamente, oscuramente, a Cristo” (Igual, 13 septiembre, 1958).

martes, 12 de junio de 2018

HUMANISMO CRISTIANO (Lecturas)


En “Humanismo cristiano”, artículo: San Bernardo, monje y apóstol, páginas 205-219; empieza con una reflexión acerca de los santos en general. Lo más original, este párrafo: A menudo es difícil ver la vocación de los mayores santos en toda su integridad y simplicidad. Cuanto más grandes y populares son, más posibilidades tienen de ser interpretados equivocadamente, tanto por sus partidarios como por quienes no lo son. Y hay que admitir que no todos los santos gustan a todos los católicos (Humanismo cristiano, 206). Lo anterior se podría aplicar al propio Merton, aun cuando no sea, hasta hoy, un santo canonizado por la Iglesia.
Otros capítulos importantes de “Humanismo cristiano” (Cuestiones disputadas): El ideal carmelita primitivo (154-195), Lo absurdo en la decoración sagrada (196-204), Luz en la oscuridad: la doctrina ascética de San Juan de la Cruz (145-153), Notas para una filosofía de la soledad (117-144), El arte sagrado y la vida espiritual (93-105), El poder y el sentido del amor (43-69), Cristianismo y totalitarismo (70-89).

En San Juan de la Cruz encontramos luz y oscuridad, sufrimiento y alegría, sacrificio y amor, tan estrechamente unidos que a veces parece que se identifiquen. No es tanto que lleguemos desde la oscuridad a la luz como que la misma oscuridad es luz. De ahí la simplicidad esencial de su enseñanza: entra en la noche y serás iluminado. NOCHE significa el oscurecimiento de todos nuestros deseos naturales, de nuestro entendimiento natural, de nuestra forma humana de amar, pero este oscurecimiento trae consigo una iluminación. Cuanto mayor sea nuestro sacrificio y más profunda la noche en la que nos sumerja, más pronta y completamente seremos iluminados. Pero lo que debe recordarse cuidadosamente es que no somos iluminados por nuestros esfuerzos, por nuestro amor, por nuestro sacrificio. Por el contrario, estos son oscuridad. Hasta nuestras capacidades espirituales son oscuridad a los ojos de Dios. Todos debemos ser oscurecidos, es decir, olvidados, para que Dios pueda convertirse en la luz de nuestra alma (148-149).

“Cuando un ser humano es llamado a ser un solitario, aunque sea solo interiormente, no necesita ser nada más, ni se le puede pedir nada más, salvo que permanezca física o espiritualmente solo librando su batalla, que pocos pueden comprender” (121).

“Convenzámonos de la importancia del buen gusto en todo lo relativo a la vida y el culto cristiano, y preocupémonos con un cierto celo por la belleza de la casa de Dios, que nos prohíbe ser indiferentes a la vulgaridad, la poca calidad, la ostentación y la sensualidad mundana en el arte cristiano” (104).

“Un movimiento de masas pone siempre la causa por encima de la persona individual y sacrifica a la persona a los intereses del movimiento. De esta manera, vacía a la persona de todo lo que es suyo, la saca de sí misma, la arroja en un molde que le dota con las ideas y aspiraciones del grupo antes que con las suyas. No hay nada malo en que la persona se sacrifique por la sociedad: puede haber momentos en que esto sea justo y necesario, y en el sacrificio la persona se encontrará a sí misma en un nivel superior.  Pero en el caso del movimiento de masas, el vaciamiento del individuo lo convierte en una cáscara, en una máscara, una marioneta que los líderes del movimiento utilizan y manipulan a su antojo. El individuo deja de ser una persona y se convierte simplemente en un miembro, en una cosa que sirve a una causa, no por pensamiento o voluntad, sino porque se le empuja como una bola de billar según los intereses de la causa” (75).
         

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

AMIGOS DE THOMAS MERTON.

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.