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jueves, 13 de mayo de 2021

EL CANTO PERFECTO

"Las campanas doblan para recordarnos que sólo Dios es bueno, que le pertenecemos, que no vivimos para este mundo.
Suenan sobre nuestros afanes para recordarnos que todas las cosas son pasajeras y que nuestras preocupaciones no son importantes.

Nos hablan sobre nuestra libertad, que las responsabilidades y los cuidados transitorios nos hacen olvidar.
Son la voz de nuestra alianza con el Dios del Cielo.
Nos dicen que somos su templo verdadero. Nos llaman a la paz con Él en nosotros. El Evangelio de María y de Marta se lee al final de un toque de campanas a fin de recordarnos todas estas cuestiones.

Las campanas dicen: los negocios no importan. Reposa en Dios y regocíjate, pues este mundo es solamente la imagen y la promesa de un mundo que vendrá, y sólo quienes están desapegados de las cosas transitorias pueden poseer la sustancia de una promesa eterna.

Las campanas dicen: hemos hablado durante siglos desde las torres de las grandes iglesias. Hemos hablado a los santos, a tus padres, en su tierra. Los hemos convocado, como te convocamos a ti, a la santidad. ¿Cuál es la palabra con que los llamamos?

No dijimos simplemente: Sean buenos, vengan a la iglesia. No dijimos simplemente: cumplan los mandamientos, sino sobre todo: ¡Cristo ha resucitado! Y dijimos: Ven con nosotros, Dios es bueno, la salvación no es difícil. ¡Su amor la hizo fácil!

Y éste, nuestro mensaje, siempre fue para todos, para los que acudieron y para los que no acudieron, pues nuestro canto es perfecto, así como el Padre celestial es perfecto, y derramamos nuestra caridad sobre todos”.


Thomas Merton
Pensamientos en la soledad.

sábado, 17 de abril de 2021

LO QUE SOMOS Y VIVIMOS

 "La idea de tener una espiritualidad puede ser una peligrosa ilusión. Mi espiritualidad no es un compartimento separado de mi vida, sino mi vida misma". Así podemos comprender lo que Merton escribía a Etta Gullick: se niega a separar la oración del resto de la vida, como si unas veces fuéramos espirituales y otras no. Merton le escribe a Etta: "Si obedezco a Dios en todo, ¿dónde está mi vida espiritual? Se fue por la ventana" (18 de enero de 1963).


Precisamente porque no debemos de considerar la espiritualidad como algo que tenemos como parte de nuestra vida, sino como algo que somos y vivimos, por esa misma razón, y todavía más, necesitamos darnos cuenta de que hemos de entender la oración contemplativa a través de la experiencia y no a través de las palabras.

En 1966 Thomas Merton escribía: "No quiero escribir sobre cosas espirituales... Poco a poco he llegado a sentir náuseas al hablar de la contemplación. Bueno, excepto cuando necesito hacerlo. Las palabras parecen demasiado vacías y triviales. No me siento como para hilvanar cantidad de palabras sobre Dios y la oración. De hecho me siento inmensamente pobre e inseguro; mas no me preocupo, me conformo con vivir".

"ME CONFORMO CON VIVIR"... Estas brevísimas palabras pueden resumir bien todo lo que he tratado de decir sobre la espiritualidad contemplativa".

William H. Shannon
"Silencio en llamas"

Fotografía: Yazmi Palenzuela

sábado, 27 de marzo de 2021

DOMINGO DE RAMOS: CUANDO EL AMOR SE ENTREGA...

Domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa
Nuestros templos se colman de personas que siguiendo una antigua tradición, transmitida de generación en generación, quieren recibir las palmas, “el guano bendito”, se dice en Cuba. 

Para este domingo dos propuestas para nuestra reflexión:
1- “¡Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen!”. Jesús dice esto sobre sus verdugos. Pero ¿Es verdad? Todo parece indicar que no eran precisamente inocentes. ¿Cómo es posible que los verdugos de Jesús, y también nosotros muchas veces, no sepamos lo que hacemos? La respuesta puede ser esta: No sabemos lo que hacemos porque no sabemos cuánto somos amados. Esa es la ceguera y la verdadera ignorancia de los verdugos. Criticamos, perseguimos y crucificamos a otros porque no nos sentimos queridos, aceptados y amados. Somos severos con los otros porque estamos urgentemente necesitados de amor, y al no saberlo nos sentimos débiles y frágiles y entonces nos endurecemos, pero de una manera absurda y falsa. La mayoría de nosotros no ha escuchado nunca en su corazón la voz de Dios diciendo: “Te amo”. Pocos hemos escuchado lo que Jesús junto al Jordán: “Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco”. La verdad es que una inmensa mayoría no ha escuchado esto, ni de Dios, ni de otro ser humano. Esta es la fuente de la maldad del mundo. Por eso esa era la misión de Jesús: contarnos acerca del infinito e inmenso del Padre. Y así, “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.
2- “Uno de ustedes me va a entregar”. Así dice Jesús en la Última Cena. Y vean la palabra ENTREGAR porque es muy importante. Porque eso es también lo que hace Dios, según Pablo: “…él, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo ENTREGÓ por todos nosotros”. (Romanos 8, 32). El momento en que Jesús es entregado es crucial en el ministerio de Jesús. Es pasar de la acción a la pasión. Después de años de enseñar, predicar, sanar y desplazarse hacia donde Él quisiera ir, Jesús es entregado al capricho de sus enemigos. Ya las cosas no son hechas por Él, sino a Él. Es flagelado, coronado de espinas, escupido, ridiculizado, desnudado, clavado desnudo, en una cruz. Es una víctima pasiva, sujeta a las acciones de los otros. Desde el momento en que Jesús es entregado, comienza su pasión y a través de esta pasión Él cumple con su vocación.

¿Qué aprendemos en este día de Jesús?:
1- Que lo más importante es el Amor. Esa es la razón para vivir, la meta de nuestra vida, la santidad a la que somos convocados por la fe. Amar y dejarse amar sigue siendo la tarea más importante de cada ser humano, y por eso el mensaje de Jesús sigue siendo hoy URGENTE. Mientras la gente no sea o no se sepa amada habrá crucificados.
2- Y a veces el crucificado puede convertirse en la mayor expresión de ese AMOR que necesitamos. Jesús cumple en plenitud su misión cuando, por amor, acepta que su vida sea, no acción, sino PASIÓN, dejarse hacer. La mayor parte de nuestra vida también es pasión También nosotros, cuando somos entregados, podemos encontrar la manera de anunciar como Jesús la BUENA NUEVA. Dice Jesús: “Ustedes no me quitan la vida, yo la doy”. Eso es ser cristiano.
Para este domingo en el que se juntan la gloria y el rechazo en la persona de Jesús, sintamos la urgencia de la falta de amor, amor verdadero, amor que se deja crucificar, y seamos de verdad discípulos de aquel que siempre nos amará primero. Amen.

Fray Manuel de Jesús, ocd

jueves, 25 de marzo de 2021

LA VERDADERA CONTEMPLACIÓN PRODUCE UNA CONCIENCIA SOCIAL

  

"Al encontrar a Dios, Merton encontró todo el resto de la realidad y, especialmente a sus hermanos, hombres y mujeres. Los descubrió no como una masa sin rostro, sino como personas individuales, cada uno diferente y único a los ojos de Dios, todos unidos por una red de relaciones que los entrelazan encontrando cada uno su identidad y singularidad en Dios, que es para todos la causa oculta del amor. Lo que la personalidad humana significaba para Merton, también ha de significarlo para nosotros: el descubrimiento de nuestra unidad con nuestros hermanos y hermanas en Dios. Cuando llegamos a caer en la cuenta de nuestra dependencia de Dios y de la dependencia de toda realidad, experimentamos un sentido de interdependencia con todo el pueblo de Dios y la responsabilidad que tenemos hacia ese pueblo. La verdadera contemplación inevitablemente produce una conciencia social. Necesito, pues, extenderme más allá de los problemas morales que me conciernen como individuo y comprometerme en los asuntos sociales que enfrentan los hombres y mujeres de mis días y mi época. No puedo tener conciencia de Dios, si, al mismo tiempo, no tengo conciencia de mis hermanos y hermanas. Ellos como yo, están en Dios...".

William H. Shannon

"Silencio en llamas"

miércoles, 10 de marzo de 2021

VISIÓN CONTEMPLATIVA

"Mientras la espiritualidad devocional insiste principalmente en términos de conducta, la espiritualidad contemplativa, sin descuidar la necesidad de ese cambio, recalca la necesidad del cambio de conciencia. No basta con portarse mejor; necesitamos llegar a ver la realidad de un modo diferente...

No basta con saber lo que significa contemplación y oración de conciencia; necesitamos saber también a dónde nos conducen. La respuesta es sencilla: nos conducen a todos nuestros hermanos y hermanas. La vida de Thomas Merton nos puede servir de ejemplo. En 1941 entró a la abadía de Getsemaní, con la irrevocable determinación de abandonar el mundo. Fue a buscar a Dios y solamente a Dios. Y, con el correr del tiempo, encontró que su búsqueda de Dios lo conducía inevitablemente hacia las personas... Por supuesto esta es la sencilla lógica de una visión contemplativa de la realidad. Pues, si yo soy uno con Dios, también lo son mis hermanos y mis hermanas. El contemplativo encuentra la causa del amor en toda la realidad. Esto es lo que Merton quiere decir, cuando afirma que la contemplación es un despertar a lo real dentro de todo lo real.

Esta experiencia no dualística de Dios, experiencia de Dios como realmente distinto del mundo, pero no separado de él, es lo que más adelante conducirá a Merton a darse cuenta de que abandonar el mundo es en el mejor caso una parábola, y en el peor una ilusión. Al encontrar a Dios, Merton encontró todo el resto de la realidad, y especialmente a sus hermanos, hombres y mujeres".

William H. Shannon 
"Silencio en llamas"

lunes, 21 de diciembre de 2020

LA GOZOSA EXPECTATIVA DE LA FE (2007)

Todos esperamos algo. Nuestra existencia humana está signada por la espera. Nos ponemos metas temporales, y las vamos alcanzando y superando, para encontrar entonces nuevos propósitos. Pero el cristiano llena toda su vida de una gozosa expectativa, de una “espera” que, convertida en ESPERANZA, ilumina toda su existencia, hasta darle un sentido trascendente. Es lo que llamamos “escatología”, y que consiste en la expectante espera de la segunda venida de Cristo. El Señor Jesús vino una vez en la plenitud del tiempo, y vendrá de nuevo para consumar la historia, y entonces aparecerá ante nosotros “un cielo nuevo y una tierra nueva”. 

Nuestro quehacer cotidiano se sustenta en la confianza que hemos puesto en una promesa. En la certeza que tenemos de que la historia tendrá su final en un juicio de gracia y justicia, de verdad y de amor. Entonces todas las preguntas encontrarán respuesta, y seremos consolados, y nuestros anhelos serán finalmente resueltos. No es esto un motivo para escaparnos de la realidad que nos rodea, para la conformidad o el pesimismo frente a lo que sucede hoy a nuestro alrededor; no supone un cruzarnos de brazos y esperar pasivamente. La nuestra es una “espera activa”, un trabajar para que “venga pronto”, un hacerle presente con nuestras propias obras, “para que el mundo crea”. De ahí el compromiso histórico que tenemos los creyentes para que nuestro mundo sea cada vez más justo, más fraterno, más libre, sin dejarnos arrastrar por “utopías” que con promesas temporales acaban robándole el alma al ser humano. 

Casi al final del año litúrgico, podemos decir: “Nosotros hemos creído en el amor de Dios y esperamos en él”. No nos asusta el presente, porque sabemos que en él también está Cristo trabajando, y en él nosotros estamos madurando para el momento de la siega. No nos asusta que el mundo no entienda nuestro mensaje, ya el Señor nos habló de persecuciones. Queremos perseverar a pesar de todo, y aun a pesar de nosotros mismos. Queremos ser testigos desde nuestra pobreza y nuestra pequeñez humana, pero también desde nuestros anhelos y nuestros sueños. En ellos Dios nos habla, por ellos su Reino llega a nosotros. Por eso le pedimos, como los apóstoles: “Auméntanos la fe”. 

Una gozosa expectativa ha de llenar siempre nuestra vida. “El Señor viene”. Entre tantas esperas humanas, justas también, y necesarias, una “espera” diferente que las envuelve a todas nos permite a nosotros, discípulos de Cristo, mirar más allá y no perder la fuerza ni el ánimo. “No tengan miedo”, nos dice Jesús a cada instante. “Todo esto tiene que pasar”, es parte de la historia humana, de la historia personal de cada uno. Pero, “a los que honran mi nombre, los iluminará un sol de justicia, que lleva la salud en las alas”. 

Así, pues, “trabajemos con tranquilidad para ganarnos el pan”, que el Señor viene. Su día está cerca, su hora es ahora, y es siempre. No hay porque temerle a ese momento, no hay que asustarse ante los que presagian calamidades sin cuento, todo está en las manos de un Padre que nos ama; sólo el mal teme la llegada del bien. Nuestro anuncio no es amenaza para nadie, no puede serlo, salvo para aquellos que egoístamente buscan sólo su propia ganancia, para quienes, creyéndose dioses, ignoran que Dios es solamente uno. Esta es nuestra fe, es nuestra esperanza, nuestra certeza, nuestra fuerza, nuestra gloria. “El Señor llega para regir la tierra con justicia”. Está con nosotros. Vendrá de nuevo. Apuremos el final que aguardamos, diciendo, no sólo con palabras, sino con la vida y con la obra: “Ven, Señor Jesús”.

Fray Manuel de Jesús
(Este artículo fue publicado en uno de mis blogs en el año 2007)

jueves, 1 de octubre de 2020

EL ASCETISMO MÀS SEGURO...


"El camino hacia la contemplación es una oscuridad tan intensa que ya no es ni siquiera dramática. No queda nada en ella que pueda ser asido y acariciado como heroico ni aun insólito. Así, para el contemplativo, hay un valor supremo en la rutina ordinaria de trabajo, pobreza, penalidad y monotonía que caracteriza la vida de la gente pobre, ininteresante y olvidada del mundo.

Cristo, que vino a la tierra para formar contemplativos y enseñar a los hombres la ruta de la santidad y la oración, habría podido fácilmente rodearse de ascetas que lo dejaran morir de hambre y aterraran a la gente con extraños éxtasis. Pero sus Apóstoles fueron trabajadores, pescadores, publicanos que se distinguían tan solo por su indiferencia hacia la mayor parte de la complicada red de devociones, prácticas rituales y moral gimnástica de los santos profesionales.

El ascetismo más seguro es la inseguridad amarga, el trabajo y pequeñez de los realmente pobres. Depender absolutamente de otros. Ser desconocido, menospreciado y olvidado. No conocer la comodidad ni la limpieza. Vivir en la suciedad y comer mal. Recibir órdenes y trabajar mucho por poco dinero. Esto es una dura escuela, que la mayoría de las personas piadosas hacen todo lo posible por evitar".

Thomas Merton
"Semillas de contemplación"

martes, 24 de marzo de 2020

APEGOS ESPIRITUALES

“A veces los contemplativos piensan que tienen que encontrar todo el fin y la esencia de su vida en el recogimiento, la paz interior y el sentido de la presencia de Dios. Y se apegan a estas cosas. Pero el recogimiento es una cosa creada, lo mismo que un automóvil. El sentido de paz interior no es menos creado que una botella de vino. La conciencia experiencial de la presencia de Dios es verdaderamente una cosa tan creada como un vaso de cerveza. La única diferencia es que el recogimiento, la paz interior y el sentido de la presencia de Dios son placeres espirituales, y los otros son materiales. El apego a las cosas espirituales es, pues, un apego del mismo género que el amor desordenado a cualquier otra cosa. La imperfección puede ser más secreta y sutil, pero, desde un cierto punto de vista, ello sólo hace que sea más perjudicial, porque resulta más difícil reconocerla.

De ahí que muchos contemplativos nunca lleguen a ser grandes santos, nunca entren en íntima amistad con Dios, nunca encuentren una profunda participación en Sus inmensos gozos, porque se apegan a las pequeñas y miserables consolaciones que se dan a los principiantes en la vida contemplativa”.


Thomas Merton.
Nuevas semillas de contemplación, 216-217.

viernes, 31 de enero de 2020

THOMAS MERTON: RESUMEN BIOGRÁFICO


Thomas Merton vivió entre 1915 y 1968, una época compleja y convulsa, época de guerras y de cambios, de transformaciones sociales, que marcaron inevitablemente sus propios desafíos personales. Durante ese período tuvieron lugar dos grandes Guerras Mundiales, la humanidad padeció el ascenso al poder de los totalitarismos, y también el período de la llamada “guerra fría” y la amenaza nuclear[1]

Merton es el típico hombre del siglo XX, que conoció tiempos de gran dinamismo, social y eclesial, y que afrontó desde su condición humana, “itinerante y vulnerable”; tal vez por ello su testimonio alcanzó un eco inusitado en un momento de desconcierto y crisis, al combinar tradición y novedad y proponiendo un camino antiguo desde perspectivas nuevas. De sus casi 54 años de vida, vivió 27 como monje trapense, en una abadía norteamericana, en el estado de Kentucky, pero siempre, aun en los años de mayor “ilusión” monástica, se sintió parte de su tiempo y de su mundo. 

Sus primeros 16 años de vida fueron el sustrato donde arraigó la fuerza dinámica de su proceso de conversión, que transcurrió en los momentos álgidos de un conflicto bélico que marcaría definitivamente al mundo, y que desembocó, primero en su bautismo católico, en 1938, y luego, en su entrada en Getsemaní, en 1941. Describió sus primeros años como monje como un viaje en el vientre de una paradoja, pues fueron años de luchas interiores, de purificación espiritual, y de recomposición de una imagen idealizada de su proyecto como consagrado y contemplativo. 

La publicación de su autobiografía le hizo muy conocido, y le convirtió en el representante de la vida monástica más conocido de su tiempo, y sus libros se leían en los refectorios de muchos conventos y monasterios, y por el público en general; mientras, él luchaba por conciliar su labor de escritor con su ideal contemplativo. Estudió con tenacidad acerca de la tradición monástica y espiritual católica, y ejerció como maestro en su monasterio. 

Poco a poco se fue abriendo a una comprensión más amplia de su lugar, como monje, en el mundo contemporáneo, y una experiencia que tuvo en el centro de Louisville, ciudad cercana al monasterio donde acudía para exámenes médicos, le hizo renovar decididamente su compromiso con su entorno social. Así, la voz del monje contemplativo adquirió tonos proféticos al denunciar la ambigüedad de los cristianos frente a la guerra, el armamentismo, el racismo o la amenaza nuclear. Padeció la censura de sus superiores, las tensiones inevitables consigo mismo y con los que le pedían asumir determinada postura, e inclusive se vio implicado en una extraña relación afectiva con una joven enfermera que le cuidó mientras convalecía de una intervención quirúrgica. Pero su vocación salió incólume de cada prueba, porque siempre tuvo claro cuál era la voluntad de Dios para él, y que esta se manifestaba indudablemente a través de sus superiores. 

Abierto al mundo oriental, e intentando ayudar en el acercamiento de tradiciones contemplativas en Oriente y Occidente, viajó por Asia antes de asistir a un Congreso de Abades benedictinos; estando allí le llega la muerte, un 10 de diciembre, aniversario de su llegada al monasterio, a causa al parecer de un choque eléctrico. Pero la vida del monje continuó en sus escritos, y en el testimonio vivo de una obra que cada vez encuentra mayor acogida, dentro y fuera de la Iglesia.



[1] R. Cao Martínez, Thomas Merton, Salamanca,  SINERGIA, 2008,  13. Es la más reciente biografía de TM publicada en español.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

THOMAS MERTON HABLA DE SAN JUAN DE LA CRUZ

“Fuera de su nativa España, San Juan de la Cruz nunca fue un santo muy popular. Su doctrina es considerada como “difícil”, y le exige a los demás la misma austeridad intransigente que él practicó durante su vida entera. Sin embargo, un estudio más ceñido a su doctrina…, probaría que San Juan de la Cruz poseía todo el equilibrio, la prudencia y la “discreción” que caracteriza a la más elevada santidad. No es un fanático aplicado a sobrecargar a sus subordinados con fardos insoportables que acabarían por reducirlos a ruinas morales y físicas. Las exigencias que formula son inflexibles en lo esencial pero flexibles en sus aspectos accidentales. Su único propósito consiste en situar al hombre entero, cuerpo y alma, bajo la guía del Espíritu de Dios. En la práctica, San Juan de la Cruz se opuso inexorablemente al formalismo y la inhumanidad de quienes comparaba con “herreros espirituales” que martillaban violentamente las almas de sus víctimas para hacerlas calzar en algún modelo convencional de perfección ascética. Sabía muy bien que este tipo de ascetismo era uno de los más defectuosos, porque a menudo era una manifestación de incorregible orgullo espiritual. La claridad y la lógica de este carmelita español, sumada a su insuperable y experimentado conocimiento de las cosas de Dios, lo sitúan de lejos como uno de los más grandes y más confiables de todos los teólogos místicos”.

Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323
Thomas Merton
Ed. Lumen

lunes, 25 de noviembre de 2019

ADENTRARSE EN LA LUZ...

A propósito del inminente ADVIENTO, comparto una vez más algunos textos de Thomas Merton sobre este tiempo litúrgico, de su libro “Tiempos de celebración”. 

Me gusta el Adviento, su color, su música, sobre todo su alegría y su esperanza. Pensando en este momento de mi vida, abierto siempre a la eterna novedad de Dios, con clara certeza de la cercanía de un nuevo nacimiento, me preparo interiormente con el auxilio de la Palabra. Y además de las lecturas habituales, la compañía de los maestros, la escucha atenta en el silencio y la contemplación de la naturaleza, me abro también al mensaje del arte: la música, el cine, la literatura. Con todo ello preparo el sitio y creo la melodía que acunará al fruto por venir. Cuatro semanas mágicas, con la magia vital del existir, para recrear y renovar lo que somos y estamos llamados a ser. Los ángeles, amigas y amigos, acompañan en la búsqueda del misterio, y en la consecución de la plenitud a la que estamos llamados.
Juntos empujemos suavemente la puerta, y adentrémonos en la luz del último mes del año. Aun en medio de la más profunda oscuridad hay una vida nueva que asoma su cara, y nos sonríe.

Nuestro Adviento no es una celebración de valores tradicionales meramente culturales, por grandes y dignos de perpetuación que sean. El Adviento no es un mero retorno, una repetición, una renovación de lo antiguo. No puede ser el regreso a la infancia personal o social. La venida del Señor, que es lo mismo que Su “presencia”, es la venida de lo nuevo, no la renovación de lo viejo”.

"Nuestra tarea es buscar y encontrar a Cristo en nuestro mundo tal y como es y no como podría ser. El hecho de que el mundo sea diferente de lo que podría ser no altera la verdad de que Cristo está presente en él, y que Su plan no ha fracasado ni cambiado: en efecto, todo se hará conforme a Su voluntad. Nuestro adviento es la celebración de esa esperanza. Lo que es incierto no es la "venida" de Cristo sino nuestra acogida a Él, nuestra docilidad y capacidad de salir a Su encuentro".


El misterio de Adviento es un misterio de vaciamiento, de pobreza, de limitación. Debe ser así. De otro modo no podría ser un misterio de esperanza. El misterio de Adviento es un misterio de comienzo: pero también es el misterio de un fin. La plenitud del tiempo es el final de todo lo que todavía estaba incompleto, todo lo que todavía era parcial. Es el cumplimiento en unidad de todo lo que era fragmentario. El misterio de Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Es el comienzo del fin de la irrealidad”.

“Adviento, para nosotros, significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos".

Thomas Merton
Tiempos de Celebración

viernes, 22 de noviembre de 2019

PARA COMENZAR EL AÑO LITÚRGICO...

La salvación, aunque ya la estamos experimentando en nuestra vida presente, acontece de formas definitiva en el futuro de Dios. Por eso la ESPERANZA, que es una espera confiada y activa en la promesa de Cristo; Él es el camino que nos conduce definitivamente a ese futuro: "cielo nuevo y tierra nueva". Más que ir a un lugar donde está Dios, vamos a Dios; Él es el Cielo de nuestra fe. Y nuestro caminar en el tiempo, hacia esa meta, se vive en la liturgia, la constante "acción de gracias", para que el mismo Cristo se vaya manifestando en nosotros, sus discípulos. Celebrar no es meramente evocar el pasado, satisfacer los deseos de un ser todopoderoso, sino ACTUALIZAR EL MISTERIO que celebramos en nuestra propia historia personal, familiar, comunitaria. No basta evocar a Cristo en la liturgia: ella tiene que convertirnos en otros Cristos

Precisamente la tarea profética del pueblo de Dios en el transcurso de la historia ha consistido en encender la llama de la esperanza; esa llama frágil, agonizante, que cualquier soplo, en cualquier instante, puede apagar. La pueden apagar tanto el anclarse en el pasado, que nos convierte en estatuas de sal, como hacerlo en el presente. magnificándolo, y quitándole ese toque de insatisfacción necesario para que no nos cierre a lo porvenir. La tensión de la fe no consiste en vivir entre el mundo y Dios, la tierra y el cielo, sino en hacerlo entre el presente, que es sacramento de Dios, abierto al porvenir. Esa es la ESPERANZA: no desentendernos del presente, mirando los celajes en un sueño que no acaba, sino vivir despiertos, vigilantes, para percibir con ojos de fe lo que nos aguarda  delante de nosotros. 

Todo momento o acontecimiento de nuestra historia tiene el carácter de inacabamiento, de provisionalidad; son estaciones de una trayectoria, momentos de un proceso, pero a la vez están grávidos de futuro, en ellos resplandece la promesa.  Y así andamos, encontrando umbrales nuevos, puertas que se abren, para asomarnos a nuevos paisajes de vida. Y así, hasta que se produzca el ADVIENTO definitivo, la parusía. 

En apenas ocho días comenzamos el nuevo año cristiano (Ciclo A), con el primer domingo de Adviento, y resultará provechoso espiritualmente prepararnos para ello con algunas lecturas. Será un paso más de la “interminable aventura de la vida espiritual”, pues cada año –dice Joan Chittister- es un punto de crecimiento claramente identificable en la vida de una persona. Las celebraciones del año litúrgico tienen el propósito de sintonizar la vida del cristiano con la vida de Jesús, el Cristo, por ello nos sumergen en el sentido y la esencia de la vida cristiana, en un verdadero “ejercicio de maduración espiritual”.

En este mismo blog podrán buscar información sobre el tema en las entradas de los años anteriores, sobre todo textos de Thomas Merton, y su libro “Tiempos de celebración”, cuya lectura resulta muy apropiada para adentrarse en el sentido de la liturgia cristiana. Entre los ensayos que incluye destacaría “Liturgia y personalismo espiritual”, “El tiempo y la liturgia” y “Adviento: ¿Esperanza o engaño?”.

También incluiría la lectura de algunos libros de Anselm Grün, y en primer lugar “Año litúrgico sanador. El año litúrgico como psicodrama” (Verbo Divino, 2002), así como otros escritos suyos que ofrecen pautas para la vivencia cotidiana de la fe; sumo además un libro de Joan Chittister, “El año litúrgico. La interminable aventura de la vida espiritual”, publicado por Sal Terrae. Seguro que cada uno tendrá alguna lectura especial para este tiempo, y a ella volverá seguramente durante las próximas semanas. 

Así, entre lecturas nuevas y relecturas, podemos prepararnos para el nuevo tiempo litúrgico, de manera que “pueda desarrollar las dimensiones cósmicas de lo que significa estar vivo en la entraña misma de la vida cotidiana”. Como sustrato de lo anterior suelo leer cada año la amplia introducción que trae el primer tomo de la Liturgia de las Horas, en las que aparece muy bien presentado el sentido del ciclo anual de celebraciones en la oración comunitaria de la Iglesia.

Otra sugerencia: yo suelo revisar cada año, a lo largo de estas dos últimas semanas, los textos bíblicos que se utilizarán en los cuatro domingos de Adviento, para captar el sentido espiritual del “camino” que voy a emprender. En dichos textos, busco encontrar frases o ideas que expresen para mí: un anhelo, una suplica, una certeza y un propósito. Podemos hacerlo solos, a nivel personal, o a nivel de grupos en nuestra comunidad religiosa o parroquial.

Es importante que no seamos meramente entes pasivos en este proceso, sino que además de aprovechar los espacios eclesiales, las celebraciones, etc, también aprendamos a ser creativos en nuestra vida espiritual, para no perder nunca la ESPERANZA, hasta que el Señor venga. La Eucaristía de cada domingo, y la de cualquier otro día de la semana, son nuestro "Maran-atha" (Ven, Señor).

Fray Manuel de Jesús, ocd

domingo, 21 de abril de 2019

PASCUA: CELEBRACIÓN DE LA LIBERTAD

"El misterio de Pascua no se celebra sólo en Pascua, sino en todos los días del año... es la celebración de nuestra libertad cristiana, y reaviva nuestra misma libertad... El poder de la Pascua ha irrumpido en nosotros con la resurrección de Cristo... La Pascua es la hora de nuestra liberación... Para comprender la Pascua y vivirla, debemos renunciar a nuestro temor a la novedad y a la libertad".


"El cristiano no tiene más Ley que Cristo. Su Ley es la nueva vida misma, que se le ha dado en Cristo. Su Ley no está escrita en libros, sino en las honduras de su corazón, no por pluma de hombre sino por el dedo de Dios. Su obligación ahora no es simplemente obedecer sino vivir. No tiene que salvarse a sí mismo; está salvado por Cristo. Debe vivir para Dios en Cristo, no sólo como quien busca salvación sino como quien está salvado.

Casi se diría que esta verdad es el gran escándalo del cristianismo. Es la piedra que constantemente es rechazada por los constructores. Es el elemento de nuestra fe que tememos y nos negamos a mirar de frente...".


"Para algunos cristianos, en la práctica, la cruz se ha hecho signo, no de la victoria de Cristo, sino de la victoria de la ley. Miran la cruz principalmente como el signo de ese castigo que correspondería a todos los que violan la Ley...".


"No es la observancia de la obligación lo que nos salva del pecado, sino algo mucho más grande: es el amor".


"No oscurezcamos el gozo de la victoria de Cristo siguiendo en el cautiverio y en la tiniebla, sino declaremos Su poder viviendo como hombres libres que han sido llamados por Él a salir de la tiniebla a su admirable Luz".


Thomas Merton
"Tiempos de celebración"

sábado, 9 de marzo de 2019

AYUNAR: LA CABEZA CLARA Y EL ANDAR LIGERO...

“No es que el alimento sea un mal, ni que las satisfacciones naturales sean algo que Dios nos concede de mala gana, prefiriendo privarnos de ellas cuando puede. Ayunar es bueno porque el mismo alimento es bueno. Pero las cosas buenas de este mundo tienen eso, que son buenas en su momento y no fuera de él. El alimento es bueno, pero comer constantemente es malo, y en realidad ni siquiera es agradable. El hombre que se atiborra de alimento y de bebida disfruta con su hartura mucho menos que quien ayuna con su frugal colación.

Aun el ayuno mismo, en moderación y conforme a la voluntad de Dios, es cosa agradable. Hay saludables goces naturales en la contención de sí mismo: goces del espíritu, que comparte su ligereza aun con la carne. Feliz el hombre cuya carne no carga a su espíritu sino que sólo se apoya ligeramente en su brazo como graciosa compañera.

Por eso hay sabiduría en ayunar. La cabeza clara y el andar ligero de quien no come en exceso le permiten ver su camino y caminar por la vida con una alegría más sabia. Incluso hay una profunda justicia natural en este ayuno en primavera.

Estas razones son verdaderas en lo que pueden valer, pero no son por sí mismas una explicación suficiente del ayuno cuaresmal. Ayunar no es meramente una disciplina natural y ética para el cristiano. Es cierto que San Pablo evoca la comparación clásica del atleta que se entrena, pero el propósito del ayuno cristiano no es sencillamente tonificar su sistema, quitarse grasas inútiles y poner en forma el cuerpo, igual que el alma, para la Pascua. El significado religioso de la Cuaresma llega más hondo que eso. Nuestro ayuno ha de verse en el contexto de la vida y la muerte, y San Pablo puso en claro que él sometía al cuerpo a sujeción no sólo por el bien del alma, sino para que el hombre entero no fuese arrojado fuera.

Dicho de otro modo, el ayuno cristiano es algo esencialmente diferente de una disciplina filosófica y ética para el bien del ánimo. Tiene parte en la obra de la salvación, y por tanto en el misterio pascual. El cristiano debe negarse a sí mismo, sea con el ayuno o de algún otro modo, para poner en claro su participación en el misterio de nuestra sepultura con Cristo para resucitar con Él a una nueva vida. Eso no puede ser meramente cuestión de actos interiores y buenas intenciones. No se entiende que haya de ser algo puramente mental y subjetivo. Por eso el ayuno le está propuesto al cristiano por una larga tradición y por la Biblia misma, como un modo concreto de expresar la negación de sí mismo imitando a Cristo y participando de sus misterios.

Es cierto que la actual disciplina de la Iglesia, por serias razones, ha aliviado la obligación de ayunar, y en algunos países, la ha suprimido del todo. Pero, ciertamente, el cristianismo debería desear, si es capaz de ello, participar en esa antigua observancia cuaresmal, tan necesaria para una autentica comprensión del significado del Misterio Pascual”.

Thomas Merton, Tiempos de Celebración, Pág. 127-128

martes, 20 de noviembre de 2018

PREPARANDO EL CERCANO ADVIENTO...


En menos de 15 días, dos domingos, comenzamos el nuevo año cristiano, con el primer domingo de Adviento, y resulta siempre provechoso, espiritualmente, prepararnos para ello con algunas lecturas personales, además de participar en las celebraciones de la comunidad eclesial. Será un paso más de la “interminable aventura de la vida espiritual”, pues cada año –dice Joan Chittister- es un punto de crecimiento claramente identificable en la vida de una persona. Las celebraciones del año litúrgico tienen el propósito de sintonizar la vida del cristiano con la vida de Jesús, el Cristo, por ello nos sumergen en el sentido y la esencia de la vida cristiana; es un verdadero “ejercicio de maduración espiritual”.

En este mismo blog, y en otros afines, podrán encontrar información sobre el Adviento, en las entradas de los años anteriores, sobre todo textos de TM, y su libro “Tiempos de celebración”, cuya lectura resulta muy apropiada para adentrarse en el sentido de la liturgia cristiana. Entre los ensayos que incluye destacaría: “Liturgia y personalismo espiritual”, “El tiempo y la liturgia” y “Adviento: ¿Esperanza o engaño?”.

También incluiría la lectura de algunos libros de Anselm Grün, y en primer lugar “Año litúrgico sanador. El año litúrgico como psicodrama” (Verbo Divino, 2002), así como otros escritos suyos que ofrecen pautas para la vivencia cotidiana de la fe. Para este año sumo además un libro de Joan Chittister, del que pueden encontrar citas en este mismo blog, “El año litúrgico. La interminable aventura de la vida espiritual”, publicado por Sal Terrae. 

Así, entre lecturas nuevas y relecturas, me preparo para el nuevo tiempo litúrgico, de manera que “pueda desarrollar las dimensiones cósmicas de lo que significa estar vivo en la entraña misma de la vida cotidiana”.

Como sustrato de lo anterior suelo leer cada año la amplia introducción que trae el primer tomo de la Liturgia de las Horas, en las que aparece ampliamente explicado el sentido del ciclo anual de celebraciones en la oración comunitaria de la Iglesia.

Otra sugerencia: suelo revisar cada año, a lo largo de estas semanas previas, los textos bíblicos que se utilizarán en los cuatro domingos de Adviento, para captar el sentido espiritual del “camino” que voy a emprender. Así, para cada domingo de este tiempo busco, para servirme de ello a lo largo de esa semana, un deseo, una suplica, una certeza y un propósito. Podemos hacerlo solos, a nivel personal, o a nivel de grupos en nuestra comunidad religiosa o parroquial, e incluso puede hacerse a nivel de familia.

Es importante que no seamos meramente entes pasivos en este proceso, sino que además de aprovechar los espacios eclesiales, seamos creativos en nuestra vida espiritual. A ello les invito con el deseo de que este nuevo Adviento traiga renovación, esperanza y alegría renovadas para todos.

(Fray Manuel de Jesús, ocd).

viernes, 29 de junio de 2018

UN TIEMPO ABIERTO, LIBRE Y COMPASIVO


La vida contemplativa debe proporcionar un ámbito, un espacio de libertad, de silencio, en el que se permita a las posibilidades emerger y a las nuevas opciones, más allá de la rutina elegida, hacerse manifiestas. La vida contemplativa debería crear una nueva experiencia del tiempo, no como subterfugio ni inmovilidad, sino como temps vierge, tiempo virginal, no un vacío que llenar ni un espacio intacto que conquistar y violar, sino como un espacio que pueda disfrutar de sus potencialidades y esperanzas, y de su propia presencia a sí mismo. Un tiempo propio, pero no dominado por el propio ego y sus demandas; por lo tanto, abierto a los demás; un tiempo compasivo, arraigado en la sensación de una ilusión común y en la crítica a la misma”.


(Nov de 1968)

Thomas Merton.

sábado, 31 de mayo de 2014

PEREGRINO DE LA SOLEDAD

El viaje en el tiempo de Thomas Merton adoptó la forma de un peregrinaje en soledad, pero a lo largo de su andadura el camino fue conformando al propio viajero; como conviene recordar, desde un inicio exclusivamente vertical en soledad con Dios, Merton pasó por una relación horizontal mediante la solidaridad con los semejantes, hasta alcanzar la integración de ambas en la Cruz de un solo mundo.

Para Merton la “soledad” contenía básicamente tres significados próximos, pero diferenciados:

1- Indicaba las condiciones de soledad física convenientes y, al menos en un grado mínimo, necesarias para apartarse de ciertos consensos sociales establecidos y asumidos automáticamente por los hombres; esto es, sin perspectiva ni reflexión acerca del significado final de la condición humana. Esas condiciones físicas se pueden encontrar en una comunidad monástica, o, incluso en un clima de soledad más extremo, en el desierto eremita, aunque Merton se dirigía a menudo a un público seglar o no católico, sugiriéndole el recogimiento en un “monasterio del corazón”.

2- En segundo lugar, la auténtica soledad únicamente podía significar soledad interior: es cierto que la primera puede ser ocasión de la segunda, pero las dos no se encuentran siempre unidas, y más todavía, la soledad física sin la soledad interior puede ocultar sencillamente una huida de las responsabilidades humanas o una actitud de menosprecio hacia los semejantes, mientras que quizá pueda hallarse verdadera soledad interior sin apartarse completamente del entorno cotidiano.

3- En tercer lugar, y como objetivo de la segunda, en su acepción más radical, la soledad es realmente un encuentro con Dios y con la humanidad; desde esa consideración, la soledad es verdadero centro, eje y corazón de la persona y de su sociedad (Y toda sociedad que tiene a Dios como centro es una comunidad).


Para Merton, un hombre que no acepta su condición básica de soledad, es decir, que no se cuestiona su identidad última, es un hombre atrapado en las ficciones colectivas de la sociedad, alguien que responde mecánicamente a dictados ajenos, es decir, un individuo alienado. Solo en el ámbito del Amor se resuelve esa elección paradójica entre soledad y sociedad, dice Merton.

miércoles, 14 de mayo de 2014

COMUNICAR LA EXPERIENCIA


En mis reflexiones acerca de la vida espiritual en general y la vida cristiana en particular, descubro tres aspectos esenciales: lo primero, la Santidad; lo segundo, la comunidad; y lo tercero, el lenguaje. Este último no es el menos importante, porque se trata de poder comunicar la experiencia, contagiar de entusiasmo al que te escucha, ser capaces de “dar razón de nuestra esperanza” a todo el que la pida. A menudo el lenguaje “eclesial” resulta ininteligible a quien escucha, de ahí la importancia de “traducir” lo que decimos a unas palabras que permitan vislumbrar mejor el misterio. En mi acercamiento a Thomas Merton también he descubierto algo que apunto aquí, sobre el lenguaje y la fácil comunicación de TM con sus lectores.


Merton y el lenguaje.

En relación con el lenguaje, en “El Signo de Jonás”(Pág. 27) Merton escribe: 

Descubrí que el lenguaje técnico, aunque universal, verdadero y aprobado por los teólogos, no es comprensible para el hombre corriente, y no le hace asimilar lo que hay de más vital y personal en la experiencia religiosa”.

He querido describir algo de lo que son los pensamientos y la vida espiritual de un monje, no con el lenguaje de la especulación, sino basándome en mi experiencia personal”. 

Como yo no enfoco los dogmas como tales, y sólo estudio sus repercusiones en la vida de un alma cuando en ella empieza a encontrar una realización concreta, espero merecer perdón si empleo mis propias palabras para hablar de mi propia alma”.


En los textos anteriores podemos encontrar claves para comprender, en parte, el origen de la originalidad de los escritos de TM; intentaba decir las cosas de una manera propia, comprensible, novedosa, para el hombre común, y en general para sus contemporáneos. Más que de lo posible, hablar de lo real. 


jueves, 13 de febrero de 2014

DEJAR DE SER EN DIOS

El maestro de Getsemaní nos da cuenta de la experiencia mística que le aconteció el 25 de octubre de 1947 –y que, como Pascal, conmemora de acuerdo al calendario litúrgico, que ese día celebraba las fiestas de san Bernardo Calvo, San Crispín y san Crispiniano. Merton se congratula de la felicidad sin límites que le produjo haber rendido su mismidad en Dios -de haber dejado de ser en Dios:

“…después de la comunión, durante alrededor de 30 segundos, de repente supe a qué se referían San Bernardo y San Juan de la Cruz cuando hablaban de “amor puro”.
No tiene nada que ver con la paz de Dios que uno puede sentir que lleva en su interior. Uno no descansa porque sencillamente uno ya no es. No importa cuán absorto esté uno en esa paz, todas las funciones y modalidades del ser en las que uno advierte su propia existencia son laboriosas y monótonas y arduas y recuerdan y saben a la esclavitud de Egipto comparadas con ese vacío y esa libertad a través de cuya puerta entré por aquel medio minuto, que me basta ahora para toda una vida, porque implicó una vida completamente nueva. No hay nada con lo que pueda comparar esta experiencia. Podría referirme a ella como a la Nada, pero es que el carecer de todas las cosas y de uno mismo en el aire fresco de aquella felicidad que trasciende todas las modalidades de la existencia implica una libertad infinitamente prolífica.
¿Qué puedo decir acerca de ello? No quisiera construir más murallas en torno a la experiencia no sea que me quede excluido y atrapado fuera de ella para siempre”.

Como todos los místicos, Merton nos asegura que el regreso a la mismidad cotidiana es trágico, ya que la felicidad, y la libertad, última es perder el ser en Dios. Transformar el ser en Dios. En unas palabras que nos persuaden de su agobio sincero, el contemplativo nos explica cómo fue para él volver a su limitada humanidad consciente después de haber saboreado el infinito:

Enseguida después, volví a un estado en el cual mi propia existencia, mi puro acto de ser, me pareció burdo y laborioso y miserable y ordinario y vil en comparación con la pureza de aquel amor, toda dulzura y todo reposo es intolerable comparado con esta suprema actividad que trasciende todas las formas de existencia.
…Aquello sólo duró medio minuto ¡Qué lástima tener que replegarme otra vez dentro de mí mismo! Sufrir la indignidad de pertenecer al género humano es para mí ahora, en efecto, una indignidad. Sin duda podría argumentar que es un privilegio, pero en estos momentos cualquier razonamiento lo que me produce es dolor de cabeza”.

Asedios a lo Indecible”.
Luce López-Baralt. Trotta.

lunes, 10 de febrero de 2014

HUMANISMO CRISTIANO EN THOMAS MERTON

El mundo fue creado por Dios y es bueno, y a menos que ese mundo sea nuestra madre, nosotros no podemos ser santos, porque no podemos ser santos si no empezamos siendo por encima de todo humanos”.

 Me gustaría volver sobre la extraordinaria simpatía de Thomas Merton por la familia humana, ese humanismo del que he hablado muchas veces en este blog y en otros espacios, porque es lo que siempre cautivó mi atención y lo que considero su mayor mérito. En uno de sus diarios recoge un acontecimiento espiritual que sus biógrafos han llamado” la epifanía de Louisville”, ciudad cercana al monasterio donde Merton vivía. Quiero citar textualmente: 



Ayer, en Louisville, en la esquina de las calles Cuarta y Walnut, comprendí de pronto que yo amaba a todo el mundo y que nadie me era o podía ser totalmente extraño. Fue como si despertase de un sueño: el sueño de mi distanciamiento, de la vocación “especial” a ser diferente. Realmente mi vocación no me hace diferente al resto de los hombres ni me coloca en una categoría especial si no es de manera artificial, jurídicamente. Yo sigo siendo un miembro de la raza humana, y ningún otro destino es más glorioso para el hombre, si tenemos en cuenta que la Palabra se hizo carne, convirtiéndose también en miembro de la Raza Humana. 
¡Gracias a Dios¡ ¡gracias a Dios¡ Yo soy un miembro más de la raza humana, como el resto de los seres humanos.¡Tengo la inmensa satisfacción de ser un hombre¡ ¡Como si los sinsabores de nuestra condición pudieran importar realmente cuando se ha tomado conciencia de quiénes y qué cosa somos, como si nosotros pudiéramos alguna vez empezar a comprender esto en la tierra”. (Diarios I) 

Más adelante añadirá: “El querido “género” de los pecadores unidos y abrazados dentro de un solo corazón, una sola bondad, que es el Corazón y la Bondad de Cristo”. Todo lo demás en la vida y la obra escrita de Thomas Merton llevan este fundamento, esta honda experiencia espiritual que fuera creciendo dentro de él. Tan es así que ya en las páginas de su primer diario publicado afirmará: “Yo vine al monasterio para descubrir el lugar que me corresponde en el mundo, y si no consigo dar con ese puesto mío en el mundo estaré perdiendo el tiempo aquí”. 

Este humanismo es el que comprende el ecumenismo como un camino hacia la plena comunión con todos los hombres; así, entiende que, “ser autenticamente católico implica ser capaz de sentir desde dentro los problemas y las alegrías de todo el mundo y ser todas las cosas para todos los hombres”. Su propósito, su meta, es por tanto “ver y abrazar a Dios en el mundo entero”; es decir, abarcar los extremos: 

Si soy capaz de unir en mí mismo, en mi propia vida espiritual, el pensamiento de oriente y de occidente… crearé en mí mismo una reunificación de la iglesia dividida y, de esa unidad en mi mismo, podrá derivarse la unidad externa y visible de la iglesia… hemos de dar cabida a ambos en nosotros mismos y trascenderlos a ambos en Cristo”. 

Y luego, más adelante insiste en lo mismo al afirmar: “Ser capaz –en la medida de lo posible- de extender los brazos y abarcar todos los extremos y contenerlos en uno mismo sin confusión: sin eclecticismo, sin falso misticismo, sin experimentar divisiones interiores”.


Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.