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viernes, 27 de octubre de 2023

LA HORA DE SER TRAPENSE (Thomas Merton y Teresa de Lisieux)

“Era a finales de noviembre. Todos los días eran cortos y oscuros. Finalmente, el jueves de esa semana, por la noche, me sentí de pronto presa de una intensa convicción:

-Me ha llegado la hora de ir a ser trapense.

¿De dónde había venido el pensamiento? Todo lo que sabía era que repentinamente estaba allí. Era algo poderoso, irresistible, claro.

Tomé un librito titulado La vida cisterciense, que había comprado en Gethsemaní, y volví las páginas, como si tuvieran algo que decirme. Me parecían estar todas escritas con palabras de llama y fuego.

Fui a cenar y volví a mirar el libro. Mi mente estaba literalmente colmada con esta convicción. Y, sin embargo, en medio, se mantenía la vacilación: aquella cuestión de siempre. Pero ahora no podía haber dilación. Debía acabar con eso, una vez para siempre, y obtener una respuesta. Podía conseguirse en cinco minutos. Y era la hora. Ahora.

¿A quién consultaría? El padre Filoteo estaba probablemente en su habitación de abajo. Bajé las escaleras y salí al patio. Sí, había una luz en la habitación del padre Filoteo. Muy bien. Entra y oye lo que tiene que decirte.

Pero, en lugar de eso, salí de golpe a la oscuridad y me dirigí al soto.

Era la noche del jueves. La Sala del Alumno empezaba a llenarse. Iban a pasar una película. Pero apenas lo observé: no se me ocurrió que acaso el padre Filoteo iría al cine con los demás. En el silencio del soto mis pasos resonaban en la grava. Caminaba y rezaba. Estaba muy oscuro junto a la capilla de la Florecita. "¡En nombre del Cielo, ayúdame!", murmuré.

Regresé hacia los edificios. "Muy bien. Ahora realmente voy a entrar allí a preguntarle. He aquí la situación, padre. ¿Qué piensa usted? ¿Debería ir yo a ser trapense?"

Había aún una luz en la habitación del padre Filoteo. Entré valientemente en la sala, pero cuando hube llegado a unos seis pies de su puerta sentí como si alguien me hubiera detenido y me retuviera donde me encontraba con manos físicas. Algo interfería en mi voluntad. No podía dar un paso más, aun cuando quería. Di como un empujón al obstáculo, que era acaso un demonio, entonces me volví y salí corriendo de la casa una vez más.

De nuevo me encaminé hacia el soto. La Sala del Alumno estaba casi llena. Mis pies resonaban en la grava. Me encontraba en el silencio del soto, entre árboles húmedos.

No creo que jamás hubo un momento en mi vida en que mi alma sintiera una angustia tan apremiante y especial. Había rezado todo el tiempo, por lo que no puedo decir que empezara a rezar cuando llegué allí donde estaba la capilla: pero las cosas se iban precisando.

-Por favor, ayúdame. ¿Qué voy a hacer? No puedo continuar así. ¡Tú puedes verlo! Mira el estado en que me encuentro. ¿Qué debo hacer? Muéstrame el camino. ¡Como si necesitara más información o alguna clase de signo!

Pero dije esta vez a la Florecita:

-Muéstrame lo que he de hacer.

-y añadí:

- Si entro en el monasterio, seré tu monje. Ahora enséñame lo que he de hacer.

Estaba peligrosamente cerca del camino equivocado para rezar ... haciendo promesas indefinidas y pidiendo una especie de signo.

De repente, tan pronto como hube dicho esa plegaria, me sentí consciente del bosque, los árboles, las colinas oscuras, el viento húmedo de la noche, y luego, más distintamente que cualquiera de estas realidades obvias, en mi imaginación, empecé a oír la gran campana de Gethsemaní, tocando en la noche ... la campana de la gran torre gris, tocando y tocando, como si sólo estuviera detrás de la primera colina. La impresión me dejó sin aliento, tuve que pensar detenidamente para darme cuenta de que era sólo en mi imaginación que oía la campana de la abadía trapense tocando en la oscuridad. Pero, como después calculé, era alrededor de la hora que la campana toca cada noche para la Salve Regina, hacia el final de Completas.

La campana parecía decirme cuál era mi sitio ... como si me llamara a casa.

Esta fantasía ejerció tal determinación en mí que inmediatamente regresé al monasterio ... desandando el camino, pasando por la capilla de Nuestra Señora de Lourdes y el final del campo de fútbol. Con cada paso que daba mi mente se decidía más firmemente en que ahora yo habría acabado con todas estas dudas, vacilaciones, preguntas y todo lo demás, y resolvería este asunto, e iría a los trapenses, donde estaba mi lugar.

Cuando entré en el patio, vi que la luz de la habitación del padre Filoteo estaba apagada. En realidad, todas las luces estaban apagadas. Todos habían ido al cine. Mi corazón desfalleció.

Pero había una esperanza. Fui directamente a la puerta, penetré en el corredor y doblé hacia la sala común de los frailes. Nunca me había acercado a aquella puerta. No me había atrevido nunca. Pero ahora subí, golpeé la vidriera, abrí la puerta y miré al interior.

No había nadie allí, excepto un solo fraile, el padre Filoteo.

Le pregunté si podía hablarle y fuimos a su habitación.

Era el fin de toda mi ansiedad, de toda mi vacilación. Tan pronto como le expuse todas mis vacilaciones y preguntas, el padre Filoteo dijo que no podía ver ninguna razón para que yo no entrara en un monasterio y me hiciera sacerdote.

Puede parecer irracional, pero en aquel momento sucedió como si tendiesen un puente ante mis ojos y, repasando todas mis preocupaciones e interrogaciones, pude ver con claridad cuán vacías y vanas habían sido. Sí, era evidente que era llamado a la vida monástica: todas mis dudas acerca de ello habían sido principalmente sombras”.

(Thomas Merton, La montaña de los siete círculos)

martes, 24 de octubre de 2023

THOMAS MERTON Y TERESA DE LISIEUX (La Pequeña Flor)

 

(Fragmento de “La montaña de los siete círculos”)

“El gran regalo que se me dio, ese octubre, en el orden de la gracia, fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo; pero para hacer tal cosa necesitaría un libro entero, y aquí sólo puedo disponer de unas pocas líneas.

Descubrir un nuevo santo es una maravillosa experiencia. Pues Dios se magnifica grandemente y se hace maravilloso en cada uno de Sus santos. No hay dos santos iguales; pero todos ellos son como Dios, como El de un modo diferente y especial. De hecho, si Adán nunca hubiese caído, toda la raza humana habría sido una serie de imágenes magníficamente diferentes y espléndidas de Dios, cada uno de todos los millones de hombres exponiendo Sus glorias y perfecciones de un modo asombrosamente nuevo, cada uno brillando con su santidad particular, una santidad destinada a Él desde toda la eternidad como la perfección sobrenatural más completa e inimaginable de su personalidad humana.

 Si, desde la caída, este plan nunca se realizara en millones de almas, millones frustrarán ese destino glorioso suyo, ocultarán su personalidad en una corrupción eterna de deformidad, sin embargo, reformando Su imagen en almas desfiguradas y medio destruidas por el mal y el desorden, Dios hace las obras de Su sabiduría y amor lo más sorprendentemente bellas por razón del contraste con el medio en que Él no desdeña operar.

Nunca fue, ni pudo ser, sorpresa para mí que se encontraran santos en la miseria, dolor y sufrimiento de Harlem, en las colonias de leprosos como Molokai del padre Damián, en los barrios bajos del Turín de Juan Bosco, en los caminos de Umbría de la época de San Francisco, o en las ocultas abadías cistercienses del siglo doce, o en la Cartuja Mayor, o la Tebaida, la cueva de Jerónimo (con el león haciendo guardia a su biblioteca), o el pilar de Simón. Todo esto era evidente. Estas cosas eran reacciones fuertes y poderosas en edades y situaciones que exigían heroísmo espectacular.

Pero lo que me asombraba completamente era la aparición de una santa en medio de la fealdad y mediocridad hinchada, aterciopelada, superdecorada y cómoda de la burguesía. Teresa del Niño Jesús era carmelita, es verdad; pero lo que llevó al convento consigo fue una naturaleza formada y adaptada al fondo y mentalidad de la clase media francesa de finales del siglo diecinueve, más complaciente y aparentemente inmutable, de lo cual nada podía imaginarse. Lo que parecía más o menos imposible para la gracia era penetrar en la costra espesa y elástica de la presunción burguesa y asir reamente el alma inmortal de debajo de aquella capa, a fin de hacer algo de ella. En el mejor de los casos, pensaba yo, tales gentes pudieran resultar inocuos pedantes, ¿pero de gran santidad? ¡Nunca!

En realidad, un pensamiento tal era un pecado contra Dios y mi prójimo. Era una subestimación blasfema del poder de la gracia, un juicio extremadamente poco caritativo sobre toda una clase de gente, con fundamentos poco meditados, generales y algo nebulosos: ¡aplicando una gran idea teórica a cada individuo que cae dentro de una cierta categoría!

Primero me interesé en Santa Teresa de Lisieux, leyendo el sentido libro de Ghéon sobre ella: un afortunado principio. Si hubiese dado con alguna otra literatura de la Florecita que anda circulando, la débil chispa de devoción potencial en mi alma se habría apagado al momento.

No obstante, apenas tuve una débil impresión del carácter real y de la real espiritualidad de Santa Teresa, cuando inmediata y fuertemente me sentí atraído a ella ... una atracción que era obra de la gracia, puesto que, como digo, me hizo franquear de un salto miles de obstáculos y repugnancias psicológicas.

Y he aquí lo que me sorprende como lo más fundamental de ella. Llegó a santa no desertando de la clase media, no abjurando, despreciando y maldiciendo la clase media, o el ambiente en que había crecido; por el contrario, se pegó a él en tanto puede pegarse una persona o tal cosa y ser una buena carmelita. Conservó todo lo que era burgués en ella y todavía no incompatible con su vocación: su afecto nostálgico por una graciosa quinta llamada "Les Buissonnets", su gusto por el arte completamente almibarado, por los angelitos de azúcar y santos de pastel jugando con corderos tan suaves y vellosos que literalmente crispan los nervios a la gente como yo. Escribió una serie de poemas que, sin importar lo admirable de sus sentimientos, se basaban ciertamente en los modelos populares más mediocres.

Para ella habría sido incomprensible que alguien pensara que estas cosas eran feas o extrañas, y nunca se le ocurrió que tuviera que abandonarlas, aborrecerlas, maldecirlas o enterrarlas bajo un montón de anatemas. Y no sólo llegó a ser santa, sino la mayor santa que ha tenido la Iglesia en trescientos años... Aun mayor, en ciertos aspectos, que los dos tremendos reformadores de su orden: San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila.

El descubrimiento de todo esto fue, en verdad, una de las humillaciones más grandes y saludables que he tenido en mi vida. No digo que cambiara mi opinión de la presunción de la burguesía del siglo diecinueve, ¡Dios no lo quiera! Cuando algo es repulsivamente feo, es feo, y así es. No me encontré llamando bello lo exterior de esa cultura fantasmagórica. Pero tenía que admitir que, en cuanto a santidad se refería, toda esa fealdad exterior era, per se, del todo indiferente. Y, más aun, como todos los males físicos del mundo, podía servir muy bien, per accidens, de ocasión o hasta de causa secundaria de un gran bien espiritual.

El descubrimiento de un nuevo santo es una experiencia tremenda, tanto más porque es completamente distinto del descubrimiento peliculero de una nueva estrella. ¿Qué puede hacer fulano con su nuevo ídolo? Mirar su fotografía hasta que le dé vértigo. Eso es todo. Pero los santos no son objetos inanimados de contemplación. Se hacen nuestros amigos, participan de nuestra amistad, la corresponden y nos dan inequívocas muestras de su amor por nosotros mediante las gracias que recibimos a través de ellos. Así, ahora que tenía esta gran amiga nueva en el cielo, era inevitable que la amistad empezara a tener su influencia en mi vida.

Lo primero que Teresa de Lisieux podría hacer por mí era encargarse de mi hermano, a quien puse bajo su tutela rápidamente, porque ahora, con vertiginosidad característica, había cruzado la frontera del Canadá, y me había dicho por correo que se encontraba en las Reales Fuerzas Aéreas Canadienses.

No era una gran sorpresa para nadie. Como se le acercaba el tiempo de ser reclutado, empezaba a hacerse claro que iría a donde fuere con tal de no entrar en la infantería. Finalmente, cuando estaba a punto de ser llamado, se había ido al Canadá, a alistarse voluntariamente de aviador. Puesto que el Canadá ya hacía tiempo que estaba realmente en la guerra, y sus aviadores entraban rápidamente en acción, donde eran grandemente necesitados, en Inglaterra, era muy evidente que las probabilidades de John Paul para sobrevivir una guerra larga eran muy escasas. Por lo que yo podía colegir, él entraba en las fuerzas aéreas como si pilotear un bombardero no fuera más peligroso que conducir un coche.

 Ahora estaba acampado en algún lugar cerca de Toronto. Me escribió, con alguna esperanza vaga de que, como él era fotógrafo, pudieran mandarlo de observador para sacar fotos de las ciudades bombardeadas, hacer mapas y demás. Pero entretanto, hacía servicio de guardia, a lo largo de una gran valla de alambre. Y envié a la Florecita de centinela para que cuidara de él. Cumplió bien el encargo.

Pero las cosas que sucedieron en mi vida, antes de que hubiesen transcurrido dos meses, también llevaban la huella de su intervención…”.

viernes, 20 de octubre de 2023

NUEVO LIBRO SOBRE THOMAS MERTON

"De la inmersión paulatina en el silencio llegamos a la orilla en la que el cielo de Dios es un estrato de nuestro ser que surge cuando nos abandonamos en él, despojados no ya de deseos, sino de nosotros mismos, muertos para nacer a nueva vida, por y para Dios. En la playa de Dios se alza un nuevo ser, libre porque Dios lo ha rescatado de sí mismo y capaz de ver en todo el rastro de Dios y de amarlo sin querer adueñarse de lo que ve.

Al acercarnos a Thomas Merton contemplamos la historia de un hombre decidido a afrontar un silencio que rompe con los dinamismos de una callada y sumisa resignación, aquella que le lleva a uno a pensar que camina sobre seguro. El silencio del que hablamos remueve el interior de la persona y la impulsa a seguir en el empeño, día tras día, de ceder el protagonismo de su existencia a la presencia que lo habita. Por eso, el camino del silencio apunta a un horizonte que excede la propia vida, señala a Dios y tiende a él".

Publicado por PPC, 2022

ANHELO DE DIOS

"En la «oración del corazón» buscamos, en primer lugar, el terreno más profundo de nuestra identidad en Dios. No razonamos sobre los dogmas de fe o sobre los «misterios». Más bien tratamos de obtener una comprensión existencial directa, una experiencia personal de las verdades más profundas de la vida y de la fe, encontrándonos a nosotros mismos en la verdad de Dios. La certeza interna depende de la purificación. La noche oscura rectifica nuestras intenciones más profundas. En el silencio de esta «noche de fe» regresamos a la sencillez y a la sinceridad del corazón. Aprendemos el recogimiento, que consiste en escuchar la voluntad de Dios, en una atención simple y directa a la realidad. El recogimiento es el conocimiento de lo incondicional. Así pues, la oración significa el anhelo de la sencilla presencia de Dios, de la comprensión personal de su palabra, del conocimiento de su voluntad y de su capacidad para escucharle y obedecerle. Por lo tanto, es algo mucho más que pronunciar peticiones de cosas buenas ajenas a nuestras preocupaciones más profundas".

Thomas Merton
El clima de la oración monástica

miércoles, 18 de octubre de 2023

LOS DOCE PASOS DE ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS COMO CAMINO ESPIRITUAL

Comparto algunas ideas importantes vinculadas al Camino de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, entendido como una verdadera senda de crecimiento espiritual:

1- Admitir nuestra impotencia, el poco control que tenemos sobre nuestra vida: Este es casi siempre el camino por el que empieza la conversión, el cambio de vida de una persona. La comprensión de nuestra impotencia se puede convertir en el firme cimiento sobre el cual podemos edificar una vida útil y feliz, una vida verdadera. Pero todos nuestros instintos naturales se rebelan ante la idea de que somos impotentes, frágiles, que hemos torcido nuestra vida, que estamos en un camino destructivo. Nos es difícil reconocer nuestro fracaso. Sin embargo, nuestra fe nos habla siempre de que Dios ama a los pobres y pecadores; Dios ama al que reconoce su pobreza y su impotencia frente al mal. Un camino basado en la vanagloria de la propia rectitud no da resultados satisfactorios, y conduce a la ruina. El camino del crecimiento espiritual y la fortaleza interior es un camino de sencillez y abajamiento, al estilo de Jesús.

2- El segundo paso de AA tiene que ver con el reconocimiento de un Ser Superior: Para ello es muy importante tener una mente abierta, pues los caminos de la fe son innumerables. Hay una frase en el libro de AA que dice: No se puede creer en Dios y desafiarlo a la vez. La fe es confianza y no desafío. Es una frase hermosa, pero verdadera a medias. También el desafío, la lucha, puede formar parte del camino de la fe. Es muy importante que tengamos humildad y una mente libre de prejuicios e ideas preconcebidas acerca de Dios, pues solo así podemos encontrar la fe. Es importante creer en Dios, pero más importante es saber que Dios cree en ti, que está a tu puerta, llamando, y sobre todo, que somos amados por Él desde la eternidad.

3- El tercer paso tiene como elemento clave la buena voluntad. Es necesario que se abra una puerta para entrar en el camino de liberación, crecimiento y desarrollo espiritual, y la llave de esa puerta es la buena voluntad, los buenos deseos, que han de ser grandes, al decir de Santa Teresa. En los dos pasos anteriores era importante reflexionar. El tercer paso requiere ACCIÓN FIRME. Uno puede decir que tiene fe y sin embargo mantener a Dios fuera de su vida, de ahí que este es el paso en el cual debemos encontrar como y por qué medios podemos lograr que él entre (o también, reconocer que ya está dentro). ¿Qué hace falta? UN PRINCIPIO, por insignificante que sea, un paso, un deseo, una obra. Puedes hacerte un propósito fácil y sencillo, por ejemplo: levantarte un poco más temprano y tener unos minutos de oración, rezar diariamente el rosario, visitar algún enfermo semanalmente, leer la Biblia, rechazar alguna acción que te aparte de Dios. Aquí es también importante saber que mientras más ponemos nuestra vida en las manos de Dios, más independientes y libres somos. Para desarrollar la cualidad de la buena voluntad se requiere un ESFUERZO INDIVIDUAL SOSTENIDO. Esto significa: una disciplina espiritual que abarque TODA y no una parte de nuestra vida. Hoy en día hemos perdido de vista la importancia de la disciplina, tanto en el crecimiento humano como en el crecimiento espiritual. Sin disciplina no hay madurez.

4- En el cuarto paso se nos pide hacer un minucioso inventario moral de nosotros mismos. Partamos de una afirmación: Todos tenemos deseos e instintos naturales; estos deseos, vinculados con la seguridad, la sexualidad, las emociones, las relaciones, son justos y necesarios, y siempre DONES DE DIOS. Pero: cuando estos dones se desbocan o nos tiranizan nos ocasionan graves dificultades. Este cuarto paso es un esfuerzo laborioso y vigoroso para descubrir cuáles han sido y son esos riesgos en nosotros. Descubriendo cuáles son nuestras deformaciones podemos corregirlas. Sin este examen es imposible avanzar en la senda espiritual. Y es que cuando un ser humano se vuelve el campo de batalla de sus instintos, nunca tendrá paz en su corazón.

5- ¿Cuáles son los sentimientos que nos llevan por las sendas del mal? El miedo, la frustración, la depresión, los sentimientos de culpa, la autosuficiencia, la envidia, el rencor, la mentira, el odio. Es importante enfrentarse a todo esto, y saber reconocer que hay mucho que está mal en nosotros; al aceptarlo y llamarle por su nombre, crecemos en perspectiva y humildad. Es importante decir aquí: NO al resentimiento, NO a sentirnos lástima, NO al orgullo injustificado. Es importante NO FLOJEAR, no dejar las cosas para después, no vivir a media capacidad, pues esto corroe los cimientos del edificio que intentamos levantar. El cuarto paso es el comienzo de una costumbre para toda la vida, es crearnos buenos hábitos para vivir, es poner los cimientos de una vida justa. Tratemos de examinar primero nuestros defectos más notorios, y e irnos creando una autodisciplina. Es de gran ayuda el poner por escrito nuestras reflexiones.

6- En el quinto paso de AA es importante señalar la importancia de encontrar a alguien con quien compartir nuestras luchas, nuestras dificultades en el camino espiritual. Podemos señalar aquí la importancia para los católicos de ser iglesia, del sacramento de la confesión y de la dirección espiritual (“No mires nuestros pecados- decimos en la misa- sino la fe de tu iglesia”). Aquí es entonces cuando sentimos que pertenecemos a algo o alguien, porque somos capaces de hablar con claridad de nuestros defectos y oímos a otros hacer lo mismo, y así podemos perdonarnos mutuamente y recibir el perdón de Dios. Aquí en este paso ganamos en REALISMO Y HONRADEZ, y entendemos que podemos recibir y otorgar perdón. Reconocemos lo que somos, y nos esforzamos por llegar a ser lo que podemos ser. En el camino espiritual contra el mal NECESITAMOS DE DIOS Y NECESITAMOS DE LOS OTROS. Airear nuestras oscuridades interiores, recibir consejos y aceptar la ayuda de otro son aspectos básicos en esta etapa. En cuestiones espirituales es peligroso conducirse solo. (Ejemplo de los santos). Es importante para la guía espiritual encontrar a la persona idónea, con experiencia y espíritu, no es cualquiera.

7- En el paso 6 se nos recuerda que es importante mirar hacia la perfección o el mejoramiento constante, y estar preparados a marchar en esa dirección: no importa si tropezamos una y otra vez, lo importante es perseverar en el propósito. Decía Teresa: Tengan grandes deseos. La llamada a ser santos es vocación para todos. Podemos decir: Este problema no lo puedo superar todavía, pero no digas: Esto no lo podré superar nunca.

8- En el séptimo paso es importante descubrir el valor de la humildad, y practicar esta virtud. Humildad, dijo Teresa, es ANDAR EN VERDAD, e insistía en que lo primero era CONOCIMIENTO DE UNO MISMO. Lo primero no ha de ser la confianza en nosotros, sino la CONFIANZA EN DIOS, Hacer siempre su voluntad. La humildad es el camino a la verdadera libertad del espíritu humano. RECORDAR SIEMPRE: los fracasos y desgracias pueden transformarse en bienes inestimables con la ayuda de la humildad y aceptación. Segundo: No hay que temerle al dolor: puede ser la entrada a una vida espiritualmente superior. Decía Teresita que a veces no podemos dar el gran salto para superar un obstáculo, y entonces podría ser que lo consigamos pasándole por debajo; esto es humildad.

9- Los pasos 8 y 9 tratan de las relaciones personales. Es un aspecto fundamental del crecimiento espiritual. Aquí se prueba la autenticidad de nuestros propósitos, y la verdad de nuestros buenos deseos de cambio y conversión. Lo primero es mirar atrás y descubrir nuestros errores; lo segundo, hacer un esfuerzo para enmendar el daño que hemos causado, y en tercer lugar, considerar como establecer con los otros relaciones sanas que propicien el crecimiento mutuo. Es una tarea grande y difícil, pero necesaria: el aprender a vivir con los demás. Descubrir nuestros propios fallos nos dispone para ser más comprensivos con los demás, y nos hace más dispuestos para perdonar. Las malas relaciones personales pueden llegar a ser la causa de nuestra perdición, por eso es básico el establecer relaciones con los demás fundadas en el respeto mutuo, la comprensión, y el perdón. El perdón es el cemento de toda comunidad humana. Perdonar es el comienzo del fin de una vida individualista y aislada, es la apertura de un mundo de intimidad y fraternidad, un mundo de maduración humana y espiritual. Por eso se debe escoger el momento propicio para restaurar las relaciones rotas, reparar el daño que hicimos, y hacerlo siempre con cautela, prudencia y amor. Asumir responsablemente, además, las consecuencias de nuestros actos pasados.

10- El paso 10: Convertir el examen de sí mismo en un hábito, una costumbre y corregir con insistencia y paciencia cada dificultad, cada fallo, cuidándonos de la cólera, el mal humor, los resentimientos, pues ellos tienen el poder de hacernos retroceder en el camino espiritual. Es importante insistir aquí en la disciplina, la constancia, la paciencia para con nosotros mismos, pues a menudo caemos en los mismos errores, y nos sentimos desanimados. PROCURAR EL PROGRESO es lo primero, crecer día a día; todo lo que alcanzamos es pura GRACIA DE DIOS, también una vida perfecta. Dedícate a Cultivar la bondad, la cortesía, la justicia. Haz el propósito de aspirar a: Un arrepentimiento sincero de las faltas cometidas, una genuina gratitud por las bendiciones que recibimos y una buena voluntad para el logro de metas superiores.

11- En el paso 11: La oración y la meditación son los principales medios que tenemos para comunicarnos conscientemente con Dios. Ellas nos sostienen, y van siempre junto al examen de conciencia de que hablamos en el paso anterior. A través de la meditación recibimos la luz del sol, que es Dios. Vale aquí entender la oración en sentido teresiano: Amistad con Dios, cultivar el trato con Él, escucharle, mirarle y dejarnos mirar por Él. Dios es Padre y es amigo, y su llamada es la guía que ha acompañado el camino de superación que hemos emprendido, tal vez con múltiples motivaciones, pero es su voz la que resuena en nuestro interior, es la luz que nos está ayudando a despertar. También es importante la lectura espiritual, tanto de la Biblia como de otros libros, y leer espiritualmente que viene a ser de algún modo un dejarse leer por lo que se lee. Los buenos libros son una inestimable ayuda en este camino, como lo son los buenos amigos y los buenos maestros.

12- El paso 12 tiene como tema fundamental la alegría de vivir. Es el modo de devolver cuanto hemos recibido en el camino, es el momento de amar desinteresadamente, de dar la vida, de la compasión. Aquí también caemos en la cuenta de que estamos viviendo el DESPERTAR ESPIRITUAL. Aquí podemos detenernos para comprender mejor en qué consiste este despertar, meta de todo camino de crecimiento humano y espiritual.

P. Manuel Valls.
(Resumen y apropiación de comentarios)



 

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.