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viernes, 15 de noviembre de 2019

CUALQUIER VOCACIÓN ES UN MISTERIO

"Permanecerán por siempre dentro de los muros sagrados" 

"Yo también permaneceré por siempre situado en una posición permanente.  Estoy contento, estoy verdaderamente feliz, estoy realmente agradecido a Dios, porque ello significa salvación eterna. 
 Y, sin embargo, suscita de nuevo la pregunta sin respuesta: ¿Qué estoy haciendo aquí? La he respondido un millón de veces. Aquí es donde pertenezco, y no es respuesta. En definitiva, no hay respuesta. Cualquier vocación es un misterio, y hacer juegos malabares con las palabras no la hace más clara.
 Es una contradicción que debe seguir siéndolo"

Thomas Merton
Diarios, noviembre de 1957

domingo, 10 de noviembre de 2019

PENSAR Y HABLAR DEL MÁS ALLÁ...

Pensar y hablar del más allá es imposible. Es como pedirle a un ordenador que nos de el resultado de una operación sin suministrarle los datos. Ni siquiera podemos imaginarlo. Puedo imaginar lo que es una montaña de oro aunque no exista en la realidad, pero tengo que haber percibido por los sentidos lo que es el oro y lo que es una montaña. No tenemos ningún dato que nos permita imaginar el más allá, porque todo lo que llega a nuestra mente ha entrado por los sentidos.

Las imaginaciones para el más allá carecen de sentido. Lo único racional es aceptar que no sabemos absolutamente nada. El instinto más visceral de cualquier ser vivo es la permanencia en el ser; de ahí que la muerte se considere como el mal supremo. Para el ser humano, con su capacidad de razonar, ningún programa de salvación será convincente si no supera su condición mortal. Si el hombre considera la permanencia en el ser como un valor absoluto, también considerará como absoluta su pérdida. Todos los intentos por encontrar una salida son inútiles.

Todos queremos ser eternos en nuestro yo individual porque no hemos descubierto nuestro verdadero ser más allá de nuestra contingencia. Esa contingencia no es un fallo, sino mi propia naturale­za; por lo tanto no es nada que tengamos que lamentar ni de lo que Dios tiene que librarnos, ni ahora ni después. Mis posibilidades de ser las puedo desplegar aquí y ahora, a pesar de esa limitación. No creo que sea coherente el postular para el más allá un cielo maravilloso mientras seguimos haciendo de la tierra un infierno.

Nuestro ser, que creemos autosuficiente, hace siempre referencia a Otro que me fundamenta, y a los demás que me permiten realizarme. La razón de mi ser no está en mí sino en Otro. Yo no soy la causa de mí mismo. No tiene sentido que considere mi propia existencia como el valor supremo. Si mi existir se debe al Otro, Él será el valor supremo también para mi ser individual y aparentemente autónomo. Si el Otro, desde su ser permanente, se relaciona conmigo, esa relación no puede terminar y mi relación con Él también lo será eterna.


Para los semitas, el ser humano era un todo, no un compuesto de partes. Se podían distinguir en él, distintos aspectos: a) Hombre-carne. b) Hombre-cuerpo. c) Hombre-alma. d) Hombre-espíritu. Por otro lado, los filósofos griegos consideraron al hombre como compuesto de cuerpo y alma. Afirmaban la inmortalidad del alma, pero no concedían ningún valor al cuerpo; al contrario lo consideraban como una cárcel. La muerte era una liberación, una ascensión.

Los semitas, al no conocer un alma sin cuerpo, no podían imaginar un ser humano sin cuerpo. Ni siquiera tienen una palabra para esa realidad desencarnada. Tampoco tienen un término para expresar el cuerpo sin alma. La doctrina cristiana sobre el más allá, nace de la fusión de dos concepciones del ser humano irreconciliables, la judía y la griega. Lo que hemos predicado los cristianos hubiera sido incomprensible para Jesús. La palabra que traducimos por alma quiere decir simplemente “vida”. Y la palabra que traducimos por cuerpo, quiere decir persona.

El NT proclama la resurrección de los muertos. Aunque nosotros hoy pensamos en la supervivencia del alma, no es esa la idea que nos quiere trasmitir la Biblia. Nos hemos apartado totalmente del pensamiento de la Biblia y ha prevalecido la idea griega, aunque tampoco la hemos conservado con exactitud, porque para los filósofos griegos no se necesitaba ninguna intervención de Dios para que el alma subsistiera y la resurrección del cuerpo era un flaco favor.

La base de toda reflexión sobre al más allá está en la resurrección de Cristo. La experiencia que de ella tuvieron los discípulos es que en Jesús, Dios realizó plenamente la salvación de un ser humano. Jesús sigue vivo con una Vida que ya tenía cuando estaba con ellos, pero que no descubrieron hasta que murió. En él, la última palabra no la tuvo la muerte sino la Vida. Esta es la principal aportación del texto de hoy: “serán como Ángeles, serán hijos de Dios”.

¿Cómo permanecerá esa Vida que ya poseo aquí y ahora? Ni lo sé ni puedo saberlo. No debemos rompernos la cabeza pensando como va a ser ese más allá. Lo que de veras me debe importar es el más acá. Descubrir que Dios me salva aquí y ahora. Vivenciar que hoy es ya la eternidad para mí. Que la Vida definitiva la poseo ya en plenitud ahora mismo. En la experiencia pascual, los discípulos descubrieron que Jesús estaba vivo. No se trataba de la vida biológica sino la Vida divina que ya tenía antes de morir, a la que no puede afectar la muerte biológica.

Los cristianos hemos tergiversado hasta el núcleo central del mensaje de Jesús. Él puso la plenitud del ser humano en el amor, en la entrega total, sin límites a los demás. Nosotros hemos hecho de esa misma entrega una programación. Soy capaz de darme, con tal que me garanticen que esa entrega terminará por redundar en beneficio de mi ego. Lo que Jesús predicó fue que la plenitud humana está precisamente en la entrega total. Mi objetivo cristiano debe ser deshacerme, no garantizar mi permanencia en el ser. Justo lo contrario de lo que pretendemos.

¿Te preocupa lo que será de ti después de la muerte? ¿Te ha preocupado alguna vez lo que eras antes de nacer? Tú relación con el antes y con el después tiene que responder al mismo criterio. No vale decir que antes de nacer no eras nada, porque entonces hay que concluir que después de morir no serás nada. La eternidad no es una suma de tiempo sino un instante más allá del tiempo. Desde la visión más escolástica, para Dios soy igual en este instante que antes de nacer o después de morir. Desde la visión de Dios que tenemos hoy, no somos nada distinto de Él y en Él siempre hemos sido y seremos lo mismo.

"...porque para Él, todos están vivos". ¿No podría ser esa la verdadera plenitud humana? ¿No podríamos encontrar ahí el auténtico futuro del ser humano? ¿Por qué tenemos que empeñarnos en que nos garanticen una permanencia en el ser individual para toda la eternidad? ¿No sería muchísimo más sublime permanecer vivos solo para Él? ¿No podría ser que consumirnos en favor de los demás fuese la auténtica consumación del ser humano? ¿No es eso lo que celebramos en cada eucaristía?

Fray Marcos
(Tomado de Religión Digital)

viernes, 8 de noviembre de 2019

LUZ PARA EL CAMINO

"Cuenta la leyenda que cuando los egipcios, persiguiendo a los israelitas durante el éxodo, se hundieron en las aguas del mar rojo, los ángeles entonaron cánticos de alegría. Pero Dios los hizo callar y les reprochó: La obra de mis manos acaba de perecer ahogada en el mar: ¿cómo cantan un himno de alegría? El amor de Dios es así de universal".

(Ariel Álvarez)


"La rigidez de la Iglesia oficial sobre sus instituciones se debe a una razón distinta de la del derecho divino: al mantenimiento de la organización eclesiástica contra viento y marea. La fidelidad a las instituciones puede esconder una infidelidad a los seres humanos. La indiferencia que manifiestan nuestros coetáneos respecto a la palabra oficial constituye acaso la sanción de esa desviación. Querer a toda costa el orden del bien, con menosprecio de lo humano, es exponerse al peligro de engendrar el mal"

 (Christian Duquoc)

jueves, 7 de noviembre de 2019

MEDITACIÓN Y SUFRIMIENTO

"Toda vida humana implica sufrimientos. Desde el simple desagrado hasta la pena profunda, el hombre se halla siempre bajo la influencia de una dificultad o de un pesar. Y también le siguen en la meditación. ¿Qué comportamiento hay que adoptar durante el ejercicio?

La meditación no se hace para descubrir el punto en que cesa el sufrimiento. Por el contrario, comprendiéndola bien, enseña a soportar las preocupaciones y las penas de una forma justa, es decir, fecunda. Sea cual fuere la desdicha o el pesar que turben al hombre, éste debe utilizar sus horas de meditación para sacar provecho de ellas.  Lo cual  sólo es posible si se hace frente al sufrimiento, portándole consigo en la meditación. Soltar presa, instalarse en el hara, devenir uno, se practica en tal caso como un establecerse y unirse al sufrimiento ya que sólo así se puede salvar el fruto secretamente contenido en todo dolor.


Todo pesar, cuando se le sufre bien, marca el umbral de una nueva etapa. La forma justa de tratar el sufrimiento es, por lo tanto, hacer lo contrario a como actúa el hombre natural. Este intenta rechazar el sufrimiento, distraerse, evadirse en otra cosa que le permita olvidar su mal. Sin embargo, desde el dolor físico hasta la miseria psíquica o los sufrimientos que causan una situación insoportable o la pérdida de un ser querido, todo sufrimiento aparece para aquel que se compromete en el camino, firmemente decidido a encontrarse a sí mismo, como un don y como una tarea a llevar a cabo para avanzar un paso en el camino interior. Desde el punto de vista iniciático, una vida totalmente exenta de sufrimiento, preservada de penas o dificultades, es siempre una vida estéril. 

Cuando un hombre permite valientemente que su sufrimiento se mantenga presente en la conciencia y lo acepta -y ese mismo tormento puede acompañar la meditación durante horas e incluso días-, llegará un momento en que él se sentirá pasar a través de ese muro.  En un plano profundo, no solamente se liberará de ese pesar, sino que él mismo se sentirá liberado y abierto a algo que antes le era desconocido"

Karlfried Graf Dürckheim
Meditar, por qué y como
Mensajero, 1989

martes, 5 de noviembre de 2019

UNA EXPRESIÓN EFÍMERA DE TU AMOR ETERNO

"Decir que he sido creado a imagen de Dios es decir que el amor es la razón de mi existencia, ya que Dios es amor. El amor es mi verdadera identidad. El desinterés es mi verdadero yo. El amor es mi verdadera personalidad. El amor es mi nombre. Así pues, si hago, pienso, digo o conozco algo que no sea sólo por amor a Dios, no puede darme paz, descanso, plenitud ni alegría. Para encontrar el amor tengo que entrar en el santuario donde está escondido, que es el misterio de Dios". 


"Oh, gran Dios y Padre de todas las cosas, cuya luz infinita es oscuridad para mí, cuya inmensidad es para mí como vacío, Tú has querido llamarme porque me amas en Ti mismo. Yo no soy más que una expresión efímera de Tu inagotable y eterna realidad. Yo no Te conocería, estaría perdido en esta oscuridad, desaparecería para Ti en ese vacío, si Tú no me mantuvieras sujeto a Ti mismo en el corazón de Tu Hijo unigénito"

Thomas Merton
El libro de las horas
Sal Terrae

miércoles, 30 de octubre de 2019

NO PODEMOS RECHAZAR LA HISTORIA

"La vida contemplativa no es ni puede ser un mero apartamiento, una pura negación, el volver la espalda al mundo con sus sufrimientos, sus crisis, sus confusiones y sus errores. Ante todo, aun el intentarlo ya sería ilusorio. Nadie puede apartarse completamente de la compañía de sus semejantes: y la comunidad monástica, para bien o para mal, está profundamente implicada en las estructuras económicas, políticas y sociales del mundo contemporáneo. Olvidarlo o ignorarlo no absuelve al monje de su responsabilidad por la participación en los acontecimientos en que su mismo silencio y su mismo saber pueden constituir una forma de complicidad. El mero hecho de ignorar lo que pasa puede convertirse en una decisión política. Con excesiva frecuencia ha ocurrido que ciertas comunidades contemplativas de Europa, cuyos miembros, uno por uno, estaban absorbidos en meditación sobre el otro mundo, dieran su apoyo oficial y público a movimientos totalitarios. En tales casos, cabe decir, en definitiva, que el monje, en su liturgia, en su estudio o en su contemplación, está participando de hecho en las mismas cosas que se felicita por haber renunciado.

El monje debería estar libre de las confusiones y las falsías de la disputa partidista... pero entiendo que la vida contemplativa del cristiano no es una vida de abstracción, de apartamiento, para concentrarse solamente en esencias ideales, en absolutos, en la eternidad nada más. El cristianismo no puede rechazar la historia. No puede ser una negación del tiempo. El cristianismo está centrado en un acontecimiento histórico que ha cambiado el significado de la historia. La libertad del contemplativo cristiano no es libertad respecto al tiempo, sino libertad en el tiempo. Es la libertad para salir al encuentro de Dios en el misterio inescrutable de Su voluntad aquí y ahora, en este preciso momento en que pide la cooperación del hombre para dar forma al curso de la historia, conforme a las exigencias de la verdad divina, de la misericordia y la fidelidad divinas.

Thomas Merton
Julio de 1964
(Semillas de destrucción)

sábado, 26 de octubre de 2019

LO ESENCIAL Y LO ETERNO


"Para nosotros, la fe no es teoría ni dogma; no es un sistema de ideas ni una composición de palabras, no es un culto ni una organización. Tener fe significa recibirlo a Dios mismo. Tener fe nos da la fuerza para seguir en este camino. Nos ayuda a seguir confiando otra vez más, aun cuando del punto de vista humano el fundamento mismo de nuestra confianza haya sido deshecho. La fe nos hace percibir lo esencial y eterno. Nos da ojos que ven lo que no es visible, y manos que tocan lo que no es tangible, pero está siempre presente en todas partes". 
(Eberhard Arnold).


"Oremos por el mundo. Oremos, porque éste es un tiempo crítico...  Sin embargo, hay esperanza. Sigo creyendo que la mejor manera de ayudar a los demás es tratar de irradiar realmente lo que la gente quiere y no tiene: «paz y alegría». Tratemos en una forma muy modesta de irradiar esa paz que Dios nos quiere dar. Sigamos luchando por esto hasta que las personas finalmente nos pregunten, «¿Cuál es tu secreto?» Entonces quizás, ellos puedan comenzar a ver".
  (Alice von Hildebrand)

martes, 22 de octubre de 2019

LO QUE SE NOS PIDE EN ESTE TIEMPO...

Merton cultiva el arte de la pregunta inteligente, sin tregua, para sacudir los cimientos de nuestros autoengaños más reconfortantes. Conocedor, como pocos, de los caminos contemplativos de la tradición cristiana desde los padres del desierto, Merton no está, en realidad, tan interesado en enseñarnos formas particulares de hacer oración como en recordarnos la posibilidad real y la necesidad vital de ser oración. Primero -nos dirá- se hace necesario convertirse a Cristo. Pero eso no basta. En rigor, la conversión cristiana reclama una revolución interior tal que nuestra sed de ser y nuestra nostalgia de pertenencia sólo se saciarán cuando, atravesado el río de la muerte, nazcamos con Él y en Él, convertidos en Cristo, hombres y mujeres nuevos. En sus propias palabras, «lo que se nos pide en este tiempo no es tanto hablar de Cristo a los demás cuanto dejar que viva en nosotros para que las personas puedan reconocerlo al darse cuenta de cómo vive El en nuestro interior». 

Fernando Beltrán Llavador

viernes, 18 de octubre de 2019

HABLA CON DIOS...


Habla con Dios. El te responderá,
o Su silencio te será una respuesta;
porque El está contigo; tu nunca estás solo.
Que en su quietud pueda tu corazón estremecerse
y escuchar lo que dice el Nombre divino.
Presientes cómo florecen los jardines celestiales;
oyes las profundas melodías del Ser,
el canto primordial de amor y de luz.


Porque Tu eres mi Dios, a Ti te llamo;
Tú nunca me abandonarás.
Tú eres el Refugio, el Bien Supremo.
¿Quién puede abarcar al Altísimo?

Y aunque el mundo se rompiera en pedazos,
Tu eres lo que me quedaría.
Yo no sé qué es el mundo, qué soy yo.
Sólo se que amo.

FRITHJOF SCHUON

jueves, 17 de octubre de 2019

EL CAMINO DE LA SANTIDAD ES LUCHA, CONSTANCIA Y CONFIANZA

 "Es verdad que la santidad cristiana es la santidad de Cristo en nosotros, pero ello no significa que el Espíritu Santo vaya a hacer su obra en nosotros si nosotros nos mantenemos absolutamente pasivos e inertes. No hay vida espiritual sin lucha constante y sin conflicto interior. Un conflicto que es tanto más difícil de afrontar cuanto que es oculto, misterioso y a veces casi imposible de comprender".

"No nos convertimos una única vez en nuestra vida, sino muchas veces, y esta interminable serie de grandes y pequeñas conversiones, de revoluciones interiores, desemboca finalmente en nuestra transformación en Cristo".

"Paradójicamente, aunque el propio Cristo lleva a término la obra de nuestra santificación, cuanto más lo hace, tanto más costosa tiende a resultarnos. Cuanto más avanzamos, tanto más tiende Él a privarnos de nuestras fuerzas y a desposeernos de nuestros recursos humanos y naturales, de modo que al final nos vemos en la más absoluta pobreza y oscuridad".

"El tramo final en el camino hacia la santidad de Cristo consiste, pues, en abandonarse por entero, confiada y gozosamente, a la aparente locura de la cruz"

Thomas Merton
Vida y santidad

martes, 15 de octubre de 2019

THOMAS MERTON Y EL CARMELO TERESIANO

Aprovechando la festividad litúrgica de Santa Teresa, traigo de nuevo estas ideas, ya compartidas antes en el blog, sobre algunas influencias de la espiritualidad carmelitana en Merton. Tengo pendiente profundizar un poco más en ello, dado que fue una mis decepciones con el Diccionario de Thomas Merton

La afinidad de Thomas Merton por la espiritualidad del Carmelo es indiscutible; por poner un ejemplo, en uno de sus libros más conocidos, El signo de Jonás, las citas de santos del Carmelo alcanzan un elevado número; el primer lugar lo ocupa San Juan de la Cruz, citado en el libro unas 40 veces; también aparecen Santa Teresa (10), Santa Teresita, Isabel de la Trinidad, además de otras citas y referencias vinculadas con la espiritualidad carmelitana. San Juan de la Cruz ejerció una influencia particular en TM, en sus concepciones espirituales, sobre todo en la primera etapa de su vida monástica, y su conocimiento de la obra del santo era amplia; en sus libros aparecen también abundantes referencias a este santo, en artículos, y de modo especial en una obra de 1951, “Ascenso a la verdad[1]. Es lógico por tanto que en la comprensión de la santidad cristiana tuvieran mucho peso los conceptos austeros del maestro de la “nada”. 

Teresa de Lisieux, que aparece siempre como The Little Flower, es decir, la pequeña flor, merece una especial consideración. Constituyó para Merton un verdadero hallazgo espiritual; ella fue una compañía especial en su época de búsqueda y discernimiento, y le sirvió para alcanzar un entendimiento más profundo del ideal cristiano. Así, Merton dice asombrarse ante el surgimiento de una santa como ella, de tanta altura espiritual, en un medio poco estimulante como era el ambiente religioso-espiritual de su tiempo, “en medio de la fealdad y de la mediocridad hinchada, aterciopelada, superdecorada y cómoda de la burguesía”; de ahí asombro al ver la obra que la gracia ha hecho en la santa carmelita, que aun no desertando de su realidad, de sus mediaciones, conservando lo que de burgués, nostálgico o almibarado podía haber en sus devociones, gustos o poemas, llegó a ser no sólo santa, sino “la mayor santa que ha tenido la Iglesia en los últimos trescientos años”. 

Reconoce Merton que esto constituyó una importante enseñanza para él, al comprender que, tanto la fealdad exterior como los males físicos del mundo, pueden servir perfectamente como mediación de un gran bien espiritual[2]

NOTAS:

[1] Un resumen de la doctrina del santo carmelita se puede hallar en “Luz en la oscuridad. La doctrina ascética de San Juan de la Cruz”, en T. Merton, Humanismo Cristiano. Cuestiones discutidas, Barcelona, Kairós, 2001, 145-153. El P. Matías del Niño Jesús, ocd, en “San Juan de la Cruz en Merton”, Revista de Espiritualidad, 57 (1998), 691-702, recoge, con algunas inexactitudes, la influencia del santo carmelita en el monje trapense. 


[2] M7C, 535-539. Como señal de confianza, Thomas Merton encomendó el cuidado de su único hermano, John Paul, a Teresita.

jueves, 10 de octubre de 2019

MARTA Y MARÍA SON HERMANAS...

"La verdadera vocación de los monjes de la familia benedictina no es la de luchar a favor de la contemplación y en contra de la acción, sino la de restaurar el antiguo equilibrio, armonioso y orgánico, entre las dos. Ambas son necesarias. Marta y María son hermanas... ninguna de ellas puede acercarse al trono de Dios sin la otra.

La respuesta no es la liturgia solamente, o la meditación solamente, sino una vida de oración multifacética en la que todas estas cosas pueden recibir el énfasis debido. Este énfasis tenderá a ser diferente en las distintas personas, en las diferentes vocaciones individuales El trabajo del padre abad consiste en discernir la diversidad de espíritus y animar a cada uno de ellos en el camino querido para ellos por el espíritu de Dios. En caso de ser necesario, los obstáculos deben eliminarse, y pueden y deben hacerse ajustes discretos, a fin de que la comunidad monástica haga florecer cada espíritu y cada tipo de oración.

Lo que aquí se dice para los monjes se aplica también, con ciertos ajustes, a todos los fieles".

Thomas Merton
El clima de la oración monástica
DDB, 2019

lunes, 7 de octubre de 2019

ENSÉÑAME, SEÑORA...

"Enséñame a ir a este país que está más allá de las palabras y los nombres propios.Necesito que tú me guíes. Necesito que mi corazón se mueva bajo tu impulso. Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración. Necesito que tú fortalezcas mi voluntad. Necesito que tú salves al mundo y lo cambies. Te necesito para todos los que sufren, para los encarcelados, para quienes están en peligro, para los atribulados. Te necesito para toda esa gente que se ha vuelto medio loca.Necesito que tus manos sanadoras actúen siempre ven mi vida.Necesito que, a imagen de tu Hijo, hagas de mí un sanador, un consolador, un salvador".

Thomas Merton

sábado, 5 de octubre de 2019

EL PECADO FUNDAMENTAL

"La idolatría es el pecado fundamental y, por tanto, lo que está más profundamente arraigado en nosotros, lo más estrechamente relacionado con nuestro pecado final, lo que más a menudo nos engaña bajo la apariencia de verdadero servicio, integridad, sinceridad, lealtad o idealismo. Incluso el cristianismo cae a menudo en la idolatría sin tener conciencia de ello. El pecado de anhelar un Dios que es «distinto» de Él, que no puede ser convertido en ídolo, es decir, en objeto".

Thomas Merton
DIARIOS
7 de noviembre de 1964

UN CRISTIANO RESPONSABLE

"La idea de que alguien se sacrifica por una causa no nos transmite un mensaje de consuelo, sino simplemente de inutilidad. Personalmente, no quiero ser mártir al servicio de nada. Lo siento. Yo deseaba actuar como un cristiano razonable, civilizado y responsable de mi tiempo. Pero no se me permite actuar así. Se me dice que he renunciado a ello. ¡Estupendo! ¿A cambio de qué? A cambio de un silencio que mantiene una complicidad profunda y total con las fuerzas sustentadoras de la opresión, la injusticia, la agresión, la explotación y la guerra. En otras palabras, la complicidad silenciosa es presentada como un «bien mayor» que una protesta sincera y concienzuda: se supone que dicha complicidad forma parte de mi vida consagrada, para mayor «gloria de Dios». Por mi parte, rechazo inequívocamente la complicidad. Mi mismo silencio es una protesta. Y quienes me conocen son conscientes de este hecho. Al menos he podido escribir lo suficiente como para dejar claro ese punto. Por otra parte, no puedo abandonar este lugar para hacer efectiva mi protesta, porque el significado de cualquier protesta que yo haga depende de mi permanencia en este lugar. Lo cierto es que en el tema de la guerra nuclear he recibido órdenes categóricas de guardar silencio".

Thomas Merton
Diarios
3 de marzo de 1964

lunes, 30 de septiembre de 2019

EN CAMINO...

"Es precisamente cuando se ha explorado cada esperanza terrenal, y se descubre que no hace sino menguar, cuando se han utilizado todos los recursos que ofrece este mundo, tanto morales como materiales, sin conseguir por ello efecto alguno… cuando en la más completa oscuridad parpadea finalmente un balbuceo de luz… Es entonces cuando Cristo tiende su mano hacia nosotros, segura y firme".

Malcolm Muggeridge



"Ante el apremio de tareas que sobrepasan nuestras fuerzas, tenemos que tornarnos hacia adentro y buscar la Fuente de toda fuerza. Nos desesperaremos si comparamos nuestras fuerzas humanas con el trabajo que tenemos por delante; fracasaremos si ponemos mano a la obra con tan pobres fuerzas…No hay lección más saludable que la de nuestras limitaciones, siempre y cuando renunciemos también a nuestras propias fuerzas y aprendamos a depender de la de Dios. Se destrozará la rueda de la vida a menos que sus rayos estén firmemente unidos al Centro. Corremos grave peligro cada vez que nos olvidamos de este principio, cada vez que nos precipitamos en alguna empresa sin detenernos para volvernos hacia dentro".

Philip Britts

miércoles, 25 de septiembre de 2019

UN DIOS LEJANO

"Colocar a Dios fuera de nosotros es otra imagen muy habitual de muchos creyentes. Dios está allá, lejos y fuera, distante y externo a nosotros. Este extrinsecismo o externismo de la figura de Dios tiene graves consecuencias para la relación con Dios. Permanece alejado y fuera de nosotros. De vez en cuando entramos en contacto con él por medio de personas, lugares, cosas, ritos, oraciones, que tienen un carácter sagrado. Pero Dios mismo está y aparece lejos. La consecuencia es que se vive distanciado de Dios y de todo lo que tiene que ver con él o, todo lo más, con contactos puntuales con él. La espiritualidad cambia mucho si Dios se viviera como el que nos envuelve y penetra, como la intimidad más íntima a nosotros mismos. Y conceptos un poco más difíciles como el de revelación o comunicación de Dios, que manejamos mucho, aun sin saberlo, se entenderían de una manera muy distinta". 


"Esta imagen es muy negativa. Coloca a Dios fuera del mundo, externo a los seres humanos; alejado de ellos, además de observador, vigilante y policía del mundo. Con esta imagen de Dios persiste la amenaza y tenemos a un Dios alejado, por encima del mundo, fuera de nuestra realidad mundana, muy soberano, pero muy poco implicado en las cosas humanas, que mira desde lejos. Este Dios distanciado y que distancia, externo y que se acerca en algunos momentos especiales de la vida, impone un tipo de trato: el de un señor, muy aristocrático, que hay que saludar a distancia, con guantes blancos muy finos y delicados. No es un Dios de trato diario y normal, sino para ocasiones festivas".


"Consecuentemente, la relación con Dios será de quien va a hacer una visita importante. Voy a hablar con Dios. Y, frecuentemente, en el templo, en los sacramentos, en la «visita al Santísimo». En este momento recuerdo a Dios y me encuentro con él. En el resto de los momentos de mi existencia, Dios corre el peligro de permanecer fuera, exterior a mi vida. Incluso, cuando mirando desde el lado de Dios se dice que me visita, viene a mí, etc., parecería que lo hace desde lejos, desde fuera, y «entra» en mí. Una forma de hablar, sin duda, que refleja este «imaginario» del «viene», «llega», «se va», que sugiere que antes no estaba y ahora sí. En el fondo de este «imaginario» acerca de Dios se detecta una concepción objetivista de lo sagrado. Es decir, Dios aparece localizado, aunque sea vagamente, como «fuera» de mí, del mundo, de la vida. O bien, puntual y precisamente localizado en determinados lugares, generalmente «sagrados»: templos, sagrario, copón; en determinados momentos o tiempos: el domingo, las fiestas, la Semana Santa, Navidad, la misa. Debemos corregir esta imagen de Dios. Y ya que de «imaginario» se trata, tenemos que meterlo dentro de nuestra vida y en el centro de nuestra existencia".

José María Mardones
"Matar a nuestros dioses"
PPC

viernes, 20 de septiembre de 2019

LAS TRES PASIONES DE THOMAS MERTON

"Poeta, pensador, viajero, activista social, pionero del diálogo entre culturas y religiones: todo eso y más fue el monje trapense norteamericano Thomas Merton.  La mejor obra de Thomas Merton (Prades, Francia, 1915-Bangkok, 1968) fue su propia biografía. Cualquier aficionado a la novela recordará al menos uno o dos títulos de la producción literaria de Milan Kundera, por poner un ejemplo. Nadie, o casi nadie, por contrapartida, podrá dar algún dato de la biografía del escritor checo, más allá del régimen policial que le tocó sufrir en su país y de su consecuente exilio. Kundera está en las antípodas de Merton, es el otro modelo de escritor. Del famoso autor trapense, por el contrario, cualquier aficionado a la espiritualidad tendrá alguna información sobre su vida, pero desconocerá, seguramente, el título de cualquiera de sus obras. Claro que todo escritor escribe, libro a libro, su propia autobiografía, pero hay casos, y el de Merton es de los más emblemáticos, en que la vida es a fin de cuentas el mejor de los libros. La razón es clara: Merton no fue sólo un escritor, sino un arquetipo. De ahí su fama. 

En la vida de Merton hubo claramente dos pasiones: la contemplación y la escritura o, por decirlo más categóricamente, el silencio y la palabra. Desde muy joven, Merton experimentó la pasión por callar y, más que eso, por silenciarse y escuchar; y desde muy joven, también, antes aún, la pasión por escribir y comunicar, por explorarse a sí mismo y al mundo por medio de la prosa, por arrancar a las palabras, frase a frase, su verdad. 

Hay muchos autores en quienes la pasión mística y la literaria se cruzan. Ahí están Novalis, por ejemplo, o Tolstói, Stifter, Hesse, Kafka, Lindgren, mi querida Simone Weil o nuestro Unamuno… La lista es casi infinita, y en alguna ocasión he jugado a confeccionarla. Pero esta conjugación del arquetipo espiritual con el artístico, tan sanjuanista, esta confluencia de la experiencia estética con la extática es particularmente elocuente en el caso de Merton, como demuestra su patente actualidad y la continua reedición de sus libros. La pregunta es por qué. 

Dice Evelyn Underhill que el silencio «no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana», sino que «más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no -como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes». Valga esto para casi todos los contemplativos, pero muy en especial para Merton, quien desarrolló en los últimos años de su vida, junto a la pasión por el silencio y la palabra -y claramente derivada de ellas-, una pasión por el gesto y la acción. 

En efecto, Merton no fue ni mucho menos sólo un orante que, a fuerza de contarnos y de contarse su relación con el misterio, logró enseñarnos a valorar la esfera de lo religioso. Merton fue un entusiasta del diálogo, un pionero del encuentro intermonástico y un profeta de la meditación en el mundo contemporáneo. Quiso por ello encontrarse con todos los que en su tiempo compartían sus pasiones y podían aportarle algo. 

Estudió a fondo, se carteó o se entrevistó con León Bloy, Paul Claudel, Peter Van der Meer, Rilke, Thoreau, Julien Green, Matsuo Basho, Raissa Maritain, Albert Camus, D. T. Suzuki, Pessoa… Y en los últimos años de su vida, y eso que había hecho voto de estabilidad monástica, viajó como el más impenitente de los viajeros, pasando buena parte de las noches, por no decir la mayoría, fuera de su celda y a miles de kilómetros de su monasterio. 

Un monje viajero es una contradicción en sí misma, Merton lo fue. Tan contradictoria fue su fiebre viajera y su apología de la quietud como su defensa del silencio en medio de la más exuberante grafomanía. Pero Merton sintió la llamada, no simplemente el deseo, de verificar en la historia todo lo que había contemplado y escrito, todos sus hallazgos y búsquedas. 

En la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado, un itinerario ejemplar. Como Teresa de Jesús -y el suyo fue uno de los poquísimos casos en su siglo-, Merton fue un apasionado del silencio, de la palabra y de la acción, alcanzando en cada uno de estos ámbitos algo parecido a la plenitud. La pasión mística, poética y fundadora de la santa de Ávila la vivió Merton a su modo en el pasado siglo. Por eso su biografía es su mejor obra, por eso resulta evidente que su figura es un arquetipo. 

Salvando todas las distancias, en el espejo de Merton no puedo por menos de ver un reflejo de mí mismo. Pero yo no soy un escritor tan insigne como él, aunque ya me gustaría; ni un místico tan profundo y agudo, lo que aún me gustaría más; tampoco un pontífice del diálogo, como él lo fue, o un apóstol de la meditación, sino sólo un aprendiz. Pero en la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado y agradecido, un itinerario ejemplar. Saber que él ya ha recorrido la senda a la que yo mismo he sido llamado, y que la ha transitado de forma tan cabal, hace que mi propio camino sea más llano y más ligera y llevadera mi aventura vital".

Pablo d´Ors
(ABC Cultural 19 de noviembre de 2015)

FUNDAMENTALISMOS

El fundamentalismo es probablemente una de las manifestaciones religiosas más inquietantes de nuestro tiempo. Pero la oposición a los logros y valores de la modernidad, la interpretación literal de los dogmas de fe o el recurso a la violencia y a la intolerancia no son exclusivos de una sola religión o una sola época. Karen Armstrong, reconocida especialista en historia de la cultura y de las religiones, explora en este apasionante estudio las raíces y el desarrollo del fundamentalismo y los rasgos que adopta en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Les comparto algo de este libro:

"Uno de los acontecimientos más alarmantes de finales del siglo XX ha sido el surgimiento, dentro de las tradiciones religiosas más importantes, de movimientos militantes conocidos como «fundamentalismos». A veces, sus manifestaciones pueden ser terribles. Los fundamentalistas han disparado contra los fieles en una mezquita, han asesinado a médicos y enfermeras que trabajaban en clínicas donde se practican abortos, han atentado contra sus propios presidentes e incluso han derrocado a un gobierno poderoso. Quienes cometen estos actos de terror son sólo una minoría, pero aun los fundamentalistas más pacíficos y respetuosos de la ley son desconcertantes porque parecen obstinadamente opuestos a muchos de los valores más positivos de la sociedad moderna. A estos grupos no les interesa la democracia, el pluralismo, la tolerancia religiosa, el mantenimiento de la paz, la libertad de expresión o la separación de la Iglesia y el Estado. Los fundamentalistas cristianos rechazan los descubrimientos de la biología y la física acerca de los orígenes de la vida e insisten en que el Génesis es científicamente correcto en cada uno de sus detalles. En una época en la que muchos se están liberando de las ligaduras del pasado, los fundamentalistas judíos observan más estrictamente que nunca su ley revelada y las mujeres musulmanas se cubren todo el cuerpo, y a veces el rostro, repudiando las libertades de las mujeres occidentales. Los movimientos musulmán y judío interpretan el conflicto árabe-israelí, que se inició como un asunto laico, de una manera exclusivamente religiosa. Además, el fundamentalismo no está limitado a los grandes monoteísmos. Hay otros grupos, como el budista, el hindú e incluso el confuciano, que también rechazan muchos conocimientos de la cultura liberal tan laboriosamente adquiridos, combaten y matan en nombre de la religión y tratan de incorporar lo sagrado en el ámbito de la lucha política y nacional. 

Este resurgimiento religioso ha sorprendido a muchos observadores. A mediados del siglo XX, la mayoría había asumido que el laicismo era una tendencia irreversible y que la fe jamás volvería a desempeñar un papel importante en la historia mundial. Se suponía que los seres humanos habían llegado a ser más racionales, que ya no tenían ninguna necesidad de religión o que la confinaban al área privada de sus vidas. Pero, a finales de los años setenta, los fundamentalistas comenzaron a rebelarse contra esta hegemonía laicista y empezaron a sacar a la religión de esa posición marginal y a devolverle su protagonismo. En esto, al menos, han tenido un éxito notable. La religión ha llegado a ser otra vez una fuerza que ningún gobierno puede desoír sin arriesgar su seguridad. El fundamentalismo ha sufrido reveses, pero en ningún caso ha sido inmovilizado. Ahora es una parte esencial de la escena moderna y seguramente desempeñará una función destacable en los acontecimientos nacionales e internacionales del futuro. 

Por lo tanto, es crucial que tratemos de entender qué significa este tipo de religiosidad, cómo y por qué razones se ha desarrollado, qué nos puede decir acerca de nuestra cultura y cómo deberíamos tratarlo".

jueves, 12 de septiembre de 2019

EN CAMINO...

"Las tareas y ocupaciones del día se acumulan cuando nos despertamos cada mañana—si es que no han disipado ya nuestro descanso nocturno. ¿Cómo se puede acomodar todo en un día? ¿Cuándo haré esto, y cuándo eso? ¿Cómo se logrará hacer todo? Turbados así, estamos tentados a andar a la carrera y apurados. Por lo tanto, deberíamos tomar las riendas y recordar a nosotros mismos: Dejar a un lado los planes. La primera hora de la mañana es para Dios. Aborda el trabajo diario que él te encomienda, y él te dará la fuerza para lograrlo".
(Edith Stein)


"Ningún cristiano debe sentirse sólo en su caminar, ninguna familia tiene que sentirse desamparada, ningún pueblo debe ser pesimista aún en medio de las crisis que parecen insolubles, como la de nuestro país. Dios está en medio de nosotros. Tengamos fe en esta verdad central de la sagrada revelación. Dios está presente, no duerme, está activo, observa, ayuda y a su tiempo actúa oportunamente. Por eso la presencia de Dios despierta en el corazón la verdadera alegría: ¡Alegraos en el Señor! De nuevo os repito: ¡Alegraos porque Dios está cerca!"
(Oscar Romero)


"A primera vista, frente a la situación de los mundos, no cabría más solución que la desesperación. Pero, para el cristiano, la última palabra es siempre la de la esperanza. Es verdad que no nos interesa una esperanza mentirosa o alienante, que sólo presenta soluciones para la vida eterna, como si la eternidad no empezase ahora y aquí. Aquí y ahora es cuando construimos la vida eterna".
(Helder Cámara)


sábado, 7 de septiembre de 2019

UN ENCUENTRO CON LA REINA DE CUBA...

En uno de esos ómnibus locos que recorrían la geografía cubana en la década del 40, del pasado siglo XX, Merton se dirige a Oriente, la última provincia cubana en aquel entonces, para atravesar la Sierra Maestra y vislumbrar desde lejos “la basílica amarilla de Nuestra Señora del Cobre, de pie en una prominencia, sobre los tejados metálicos del pueblo minero”. En su autobiografía nos cuenta Merton que, luego de estar unos días en Santiago, la semana siguiente fue a visitar el santuario:

Subí por la senda que contorneaba el montículo en que se asienta la basílica. Entrando por la puerta quedé sorprendido de que el suelo fuera tan reluciente y la casa tan limpia… Estaba en el fondo de la Iglesia, junto al ábside, en una especie de oratorio detrás del altar mayor, y allí, encarándose conmigo, en una pequeña capilla, estaba la Caridad, la virgencita alegre y negra, cubierta con una corona y vestida con magníficos ropajes, que es la Reina de Cuba

Allí, en el santuario, Merton se arrodilló, oró e hizo su promesa a la Virgen en relación con su sacerdocio, tal vez similar a las mismas palabras que aparecen un poco antes en su autobiografía, en el momento en que, desde el ómnibus divisaba el santuario:

¡Ahí estás, Caridad del Cobre! Es a tí a quien he venido a ver; tú pedirás a Cristo que me haga su sacerdote y yo te daré mi corazón, Señora; si quieres alcanzarme este sacerdocio, yo te recordaré en mi primera misa de tal modo que la misa será para tí y ofrecida a través de tus manos, en gratitud a la Santísima Trinidad, que se ha servido de tu amor para ganarme esta gran gracia”.

Luego Merton intentó estar un rato en silencio y soledad haciendo su oración, pero la insistencia de una buena señora que intentaba venderle unas medallas le hizo salir pronto del lugar, sin tener ocasión de decir todo lo que quería a la Virgen, ni conocer mucho sobre ella. De hecho, nunca supo el día en que celebrábamos su fiesta. Cuenta que luego allí, en el poblado minero, compró una botella de gaseosa y se detuvo bajo el techo metálico de la tienda del pueblo para refugiarse con toda seguridad del sol y el calor del lugar, mientras en alguna casa cercana un armonio tocaba el Kyrie Eleison

lunes, 2 de septiembre de 2019

LO QUE DA GLORIA A DIOS

"La oración no es lo único que le da gloria a Dios, también el trabajo. Golpear un yunque, serrar un madero, pintar una pared, manejar caballos, barrer, fregar, todo le da gloria a Dios si, estando en su gracia, lo haces como tu deber. Comulgar dignamente glorifica a Dios de gran manera; pero comer con agradecimiento y templanza también. Levantar las manos en oración glorifica a Dios. Pero el hombre con la horquilla llena de estiércol y la mujer con un cubo lleno de comida para los cerdos también le glorifican. Tan grande es Dios que todo le glorifica si se hace con esa intención. Vive así, pues, hermano mío".

Gerard Manley Hopkins

PERSONA Y NATURALEZA

En la Colección Sinergia, editada por el Instituto Emmanuel Mounier, el profesor Federico Velázquez de Castro González ha publicado una obra pequeña de tamaño, mas enjundiosa de contenido. Su título: "Persona y naturaleza".

En su Introducción, señala que vivimos una crisis con muchas facetas: ambiental, económica, de valores, alimentaria… Esto puede llevarnos a un colapso, si no reaccionamos ante las evidentes señales de alerta. Urge despertar, individual y colectivamente. Con tres ejes: Unidad, Espiritualidad y Compromiso.

Sigue diciendo que “la paz no es tanto un valor a conseguir, sino un fruto que procede del espíritu y de la comprensión de la realidad. En nuestra experiencia diaria observamos cómo la paz es inestable, cómo hay momentos en los que, a través de ella, nos sentimos unificados y otros en los que la perdemos, bien por agitación interior o por los estímulos externos”.

Sólo desde la serenidad, podemos conseguir paz, pues es fruto de la confianza. ¿Confianza en qué, en Quién? En que la vida -a pesar de sus sinsabores- tiene un sentido. Somos amados, por eso y para eso existimos. Enseña el profesor que para la resolución de los problemas, el método de las tres "I". puede servirnos de ayuda.

La primera "I" es la Impregnación: el examen de los problemas desde todos los ángulos. La siguiente es la Incubación, en ella parece que descansamos del agobio, durante ella el cerebro coloca cada pieza en su sitio. La tercera "I" es la Iluminación, el momento crucial en que nos aparece súbitamente la solución.

La meditación y la atención generan importantes cambios personales que nos sitúan en el camino hacia la paz. Pues, si no la hemos interiorizado, difícilmente podremos laborar por la paz en el mundo.

¿Cuándo somos instrumentos de la consecución de la paz?:

"Cada vez que ofrecemos sentido a la vida, transmitiendo valores y esperanza. Cuando somos instrumentos de conversión.
Cada vez que intervinimos constructivamente en los conflictos de la vida. Cuando no avasallamos, ni somos desconsiderados, respetamos y escuchamos. Cuando sabemos absorber la violencia, frenándola, deteniéndola. En el amor y en el perdón".

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

jueves, 29 de agosto de 2019

ESE MOMENTO DEL AMANECER...

"Los primeros gorjeos de los pájaros al despertarse: «le point vierge» (el punto virgen) de la aurora, un momento de pavor e inefable inocencia, cuando el Padre abre en silencio sus ojos y ellos le hablan, preguntando si es el momento de «existir». Él les dice: «¡!». Acto seguido, los pájaros, uno a uno, despiertan y empiezan a cantar. Primero los tordos y cardenales y algunos pájaros más que yo no sabría identificar. Más tarde, los gorriones, los reyezuelos, etc. Y al final de todos, las palomas y los cuervos. 

Con los pelos casi de punta y los ojos de mi alma abiertos de par en par, estoy presente, sin saberlo, en este inefable paraíso y contemplo este secreto, un secreto a voces que está a disposición de todo el mundo, gratis, y al que nadie presta atención

¡Oh, paraíso de sencillez, de autoconciencia –y de autoolvido–, de libertad y de paz! En esto he comprendido cuán irreales y estúpidas son mi rebeldías y, a la vez, cuán inevitable es la presión y la artificialidad de ciertas situaciones que «tienen que darse» por ser oficialmente sacrosantas. A pesar de todo, no hay necesidad de rebelarse, sino únicamente de pedir misericordia. Confiar en la misericordia, que es lo que yo no he hecho".

Thomas Merton
Diarios

sábado, 24 de agosto de 2019

LA VIDA ES UNA CONSTANTE PARADOJA

Frente a la pregunta característica del yo religioso, siempre preocupado, o incluso obsesionado, por su "salvación", Jesús anima a "entrar por la puerta estrecha". La expresión alude a la puerta más pequeña que daba acceso a las ciudades amuralladas. 

La vida es una constante paradoja. Y cualquier persona que se aventura por el llamado "camino espiritual" es sorprendida por la presencia de esas paradojas a cada paso de la marcha. Una paradoja es una contradicción aparente que, al ser asumida, se resuelve en una verdad mayor: perder y ganar, el rayo de tiniebla, la soledad sonora, la música callada, el vacío pleno, subir es bajar, morir es vivir... La paradoja, que aflora en cada palabra sabia, no es sino reflejo de la polaridad de lo real, y de la naturaleza también polar del ser humano. Y nos indica que la resolución adecuada no pasa por suprimir uno de los dos polos, sino por abrazar ambos en una unidad mayor, en el nivel no-dual. La imagen de la "puerta estrecha" evoca la necesidad de "soltar" todo como medio para experimentar la Vida que somos. Cuanto más soltamos, más fuertes somos. Al soltar todo -eso es la muerte- se nos regala la vida.

Enrique Martínez Lozano
"Otro modo de leer el Evangelio"

viernes, 23 de agosto de 2019

SABER QUE CRISTO SOY YO

En Adán está toda la humanidad, y también toda la humanidad está en Cristo. Cada ser humano, hombre o mujer, es Adán y es Cristo al mismo tiempo. Es consolador saber que Cristo vino para mí, pero aún más liberador saber que Cristo soy yo. Aquí se da el paso de una religión consoladora a una espiritualidad que transforma y libera. Esto complementa lo que he pensado antes: que Cristo es Señor, pero primero es maestro; no vino simplemente para que le recemos, sino para que aprendamos de él, para que nos descubramos en él. La religión tradicional nos ensena a rezar, siempre Cristo allá y yo aquí, pero no a descubrirme Cristo, a encontrarme a mí mismo en su camino con el Padre. Esa es la verdadera conversión: no un mero cambio de conducta, sino de esencia y de sentido; va más allá del arrepentimiento por lo mal hecho. Es un renacer, un descubrirse nuevo, un despertar de lo divino que hay en nosotros.

(Fr. Manuel de Jesús, 2017)

domingo, 18 de agosto de 2019

SILENCIO CREATIVO CRISTIANO

"Imagínense a un hombre a un grupo de personas, solos o juntos en un lugar tranquilo donde no se puede oír la radio ni música de fondo, sentados simplemente una hora, o media hora, en silencio. No hablan. No rezan en voz alta. No tienen en sus manos papeles ni libros. No están escribiendo ni leyendo. No se ocupan en nada. Se limitan a penetrar en sí mismos, pero no para pensar de modo analítico, ni para examinarse, organizarse o planificar algo; simplemente para ser. Quieren estar juntos en silencio. Quieren sintetizar, integrarse a sí mismos, redescubrirse ellos mismos en una unidad de pensamiento, voluntad, entendimiento y amor que vaya más allá de las palabras, más allá del análisis, incluso más allá del pensamiento consciente. Quieren rezar, pero no con los labios sino con sus corazones silenciosos, y más allá aun, con el verdadero fundamento último de su ser. ¿Qué podría mover a la gente de nuestro tiempo a hacer una cosa así? ¿Lo hacen movidos por un sentido de humana necesidad de silencio, de reflexión, de búsqueda interna? ¿Quieren alejarse del ruido y la tensión de la vida moderna, al menos durante un rato, para relajar sus mentes y voluntades, y buscar un sentido bendito y saludable de unidad interior, reconciliación e integración? 

Estos son, ciertamente, un buen número de motivos suficientes. Pero para un cristiano aún hay motivos más profundos que estos. Un cristiano puede realizarse a sí mismo, si es llamado por Dios a periodos de reflexión y silencio, de meditación reflexiva y de “escucha”. Nosotros tal vez somos demasiado habladores, demasiado activos en nuestro concepto de la vida cristiana. Nuestro servicio a Dios y a la Iglesia no consiste sólo en hablar y hacer, sino también en períodos de silencio, en los que escuchamos y esperamos. Quizá sea muy importante, en nuestra época de violencia e intranquilidad, redescubrir la meditación, el rezo intuitivo, íntimo y silencioso, el silencio creativo cristiano

(Thomas Merton, Amar y Vivir).

LA IDENTIDAD ÚLTIMA DEL SER HUMANO

"La espiritualidad de Merton de una u otra forma gira enteramente en torno a la cuestión de la identidad última del ser humano. El mensaje de Merton es que somos uno con Dios. A lo que Merton repetidamente nos conduce es a percatarnos de que nuestro yo más profundo no es tanto nuestro propio yo como el yo que es uno con «el Cristo Resucitado e Inmortal en quien todo está realizado en el Uno».

Merton nos lleva a un viaje a Dios en el que el yo que emprende la andadura no es el yo que llega. El yo que inicia el viaje es alguien que creíamos ser. Es el yo que va muriendo en el camino hasta que al final no queda «nadie». Ese «no yo» que queda es nuestro verdadero yo. Es el yo previo a esto o aquello. Es el yo en Dios, el yo más grande que la muerte y que, con todo, nace del morir. Es el yo que el Padre ama sin fin".

James Finley
El palacio del Vacío de Thomas Merton
Sal Terrae

EL CAMINO QUE LLEVA AL CAMINO...

"Las personas cristianas sin duda conocen el camino al Padre, pero para que ese conocimiento sea verdadero y portador de vida, cada una de ellas ha de encontrar su propio camino hasta el Camino que es Cristo. El cristianismo es mucho más que una expresión de amor fraterno envuelta en jerga religiosa. Es mucho más que filantropía salpicada de agua bendita. Es esencial que cada persona ofrezca una respuesta personal a Dios en Cristo. Hay que asumir un riesgo. Hay que emprender un viaje".

James Finley
El palacio del Vacío de Thomas Merton

domingo, 11 de agosto de 2019

"EL SILENCIO, LA DICHA"...NUEVO LIBRO DE THOMAS MERTON

En estos días de distracción mecánica y absurda, necesitamos imperiosamente encontrar razones convincentes que nos muevan a apagar nuestros teléfonos y reconectar con nuestro verdadero yo espiritual. Editado con motivo del 50 aniversario de la muerte de Thomas Merton, El silencio, la dicha es una invitación a aminorar el paso y aflojar el ritmo, respirar hondo, reservar un espacio para el silencio y abrirnos de par en par a la dicha.

Poeta, monje, consejero espiritual y crítico social, Merton es una figura única e irrepetible del siglo XX –querido de una forma igualmente única y excepcional– y este pequeño “rosario” de devociones reúne sus poemas y prosa más queridos. Extraídas de clásicos como Nuevas semillas de contemplación (1962) y El camino de Chuang Tzu (1965) además de otros escritos menos famosos, las páginas que figuran en El silencio, la dicha ofrecen al lector una quietud profunda y sosegada, raptos de alabanza extática, palabras intemporales de sabiduría y una jovialidad amable y franca. Maná para los entusiastas consagrados de Merton y un cálido abrazo para los noveles y principiantes, esta pequeña selección constituye un don maravilloso.

A raíz de su conversión al catolicismo, Thomas Merton (1915-1968) ingresó en 1941 en la abadía cisterciense de Nuestra Señora de Getsemaní y en 1949 fue ordenado sacerdote. Durante los años 60 se sintió cada vez más atraído por el diálogo interreligioso entre las religiones orientales y occidentales, además de por cuestiones relacionadas con la guerra y el racismo. En 1968, el Dalai Lama elogió a Merton por tener un conocimiento más profundo del budismo que ningún otro cristiano que él hubiera conocido.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.