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lunes, 12 de enero de 2009

Psicología y espiritualidad, 5.


Aquí estamos de regreso, gracias a Dios se arregló el desperfecto antes de lo esperado.

Continúo con la quinta y última entrega dedicada a la psicología y la espiritualidad en dos autores contemporáneos.


“El sanador herido” es uno de los libros más conocidos e importantes de Nouwen, que define en gran medida su propio ministerio en la Iglesia. El ministro ordenado, situado en el centro de la comunidad cristiana, está llamado a reconocer los sufrimientos de su tiempo en su propio corazón y hacer de ese conocimiento el punto de partida de su propio servicio. Reconocer sus propias heridas y desarrollar su ministerio a partir de ellas no resquebraja la autoridad del ministro y hace su servicio más auténtico.
Henri Nouwen estuvo dos años, entre 1964 y 1966, en la Clínica Menninger, luego de haber pedido a su obispo, recién ordenado, estudiar psicología. Estuvo en Nimega primero, y de ahí fue a Estados Unidos, Kansas, donde pudo estudiar las raíces freudianas de la psicología y sus derivados modernos, desde Karen Horney hasta Gordon Allport, profundizando además en el vínculo entre psicología y religión. Sus intereses eran más pastorales que académicos desde el principio, y Nouwen supo ir integrando la psicología al discurso teológico, hasta desarrollar una espiritualidad cristiana de claro talante humanista, que parte del conocimiento profundo de la persona, y que le convirtió en un poderoso comunicador. Pero al mismo tiempo que escribía y enseñaba, Henri vivía sus propios conflictos interiores y sus propias luchas en relación con su personalidad. Su proceso de enseñanza, asesoramiento y escritura, que hizo tanto bien a otras personas, era al mismo tiempo su propio camino de sanación e integración. “Él creía que Cristo ofrece continuamente un canal creativo de curación, una fuente de energía en la lucha por dar a luz, con el poder del Espíritu, un mundo marcado por la justicia y el amor”.
Nouwen parte del modelo de Cristo, que hizo de su cuerpo clavado en la cruz el medio de liberación de la humanidad, la puerta de una nueva vida. Así, proclama que los pastores en su vocación están llamados no sólo a velar por el bien de las ovejas que se han encomendado, sino a convertir sus propias heridas en importante fuente de sanación. Están llamados a ser “sanadores heridos”. Habla de alienación, de distanciamiento, de aislamiento y de soledad. El modo de vida cristiano no elimina la soledad, sino que la protege y la valora como un don precioso. La comprensión profunda de los propios dolores y heridas permite al ministro convertir su debilidad en fuerza y ofrecer la propia existencia como fuente de curación.
En otro de sus libros, escribió: “El gran reto es vivir con la ayuda de tus heridas, en lugar de limitarte a pensar en ellas. Tu corazón es más grande que tus heridas”. (“La voz interior del amor”. 1996). El ministro vive su llamado en un mundo desestructurado, y para una generación desarraigada, de los que él mismo forma parte en alguna medida. Está llamado a ejercer su ministerio a favor del hombre sin esperanzas, y esto sólo puede realizarlo cabalmente, con pasión y autenticidad, si encuentra la fuerza de su mensaje en su propia búsqueda, sus propias luchas, sus propias heridas. “Ningún ministro puede guardar oculta su propia experiencia de vida a aquellos a los que quiere ayudar”.
En este aspecto, Nouwen habla también de interiorización y de hospitalidad, de compartir el propio camino y de asumir positivamente la inevitable soledad del ministerio consagrado (Soledad personal y soledad profesional). Sólo reconciliado consigo mismo, puede el ministro ser reconciliador. En un mundo en que su papel es a menudo menospreciado ha de poner unos cimientos firmes en relación con la aceptación y la confianza. Por supuesto, no se trata de una especie de “exhibicionismo espiritual”: hacer de las propias heridas una fuente de curación para otros no es compartir de modo superficial los dolores propios, sino un constante deseo de ver el sufrimiento de uno mismo como surgiendo del fondo de la condición humana que todos compartimos.
En otras palabras, el ministro ha de ser como un “hogar”, acogedor para otros, capaz de perdón y comprensión.


Resumen: Es evidente que este vínculo entre psicología y espiritualidad es algo positivo y necesario, y a pesar de ciertos extremismos o exageraciones que pretenden psicologisar todo, la espiritualidad gana al tomar muchos elementos de la psicología para hacer más amplio y comprensible su mensaje en el mundo de hoy, con un propósito sanador y salvador.


5 comentarios:

Maria de los Angeles dijo...

Hola Manuel, entro a su blog por que siempre admiré a Thomas Merton, desde un dia que leyendo el diario,veo un articulo de él que me atrapó, luego segui con algunas cosas mas y enterandome de su vida y como cambió todo por seguir a Jesús.
Acabo de poner su blog como uno de mis favoritos. Lo vendré a leer seguido, reciba un cariñoso saludo
Maria de los Angeles

inés dijo...

La fuerza sanadora del amor repara las heridas, rellena los baches, nos hace volver a nacer cada vez, gracias a la comunidad de fe reconocemos que "el corazón es más grande que las heridas". Y esto es una fuente de alegría inmensa.

Estas entradas de psicología y espiritualidad nos dan luz para encontrar el camino personal de sanación y de servicio. Es muy interesante para seguir ampliando y profundizando este tema con la lectura que nos sugiere de los libros de Grun y Nowen.

Gracias p.Manuel. saludos,
Inés

SAN dijo...

Nouwen, al que muchos denominan el Thomas Merton de lo cotidiano, es un autor espiritual inteligente e íntegro, que conecta lo espiritual con lo terrenal, dejándonos una imagen de Dios que abraza la naturaleza de cada ser humano.
La soledad más penosa es la que se vive y se siente en compañía. El frío más intenso es el que se sufre en el hogar vacío de comprensión. El complemento de espiritualidad y psicología pueden ayudar a un cambio de rumbo que modifique la existencia vital de cada uno.
Herido está todo el que tiene hambre de amor o no tiene capacidad para experimentar el amor. La sanación es el amor, siempre. Pero hay que elegirlo.

Manuel. dijo...

Espero que estas entradas hayan sido provechosas, y nos ayuden a apreciar aun más a estos autores contemporáneos, que nos hacen más cercano y actual el mensaje del Evangelio. Valoro mucho vuestras entradas, siempre que tengaís timpo para hacerles, porque son como el medidor de que lo que hago vale la pena. Siempre he dicho, y lo repito, que este blog me ha dado y me sigue dando muchas satisfacciones. Cada día tengo más claro que Merton es inagotable, que aun me queda mucho por descubrir obre él, y que esta cercanía y este conocimiento son esenciales ya para mi desarrollo espiritual.

Maria de los Angeles dijo...

Manuel tenga por seguro que el trabajo que hace es inestimable en un mundo tan enloquecido, le agradezco su dedicación para iluminarnos la mente y el corazón con este material tan elevado y que por desgracia no se encuentra muy seguido en la web, para mi es un bálsamo, muchas gracias!
Maria de los Angeles

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¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.