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martes, 13 de enero de 2009

Libros.

Un nuevo libro de Sal Terrae, que lleva por título "Célibes y libres para amar. Sabiduría práctica", escrito por William Skudlarek, incluye un capítulo completo sobre Thomas Merton, y un episodio que este vivió casi al final de su vida; me refiero, y se refiere el libro en cuestión, a la relación de Thomas Merton con una enfermera mucho más jóven que él, llamada Margie. Es un episodio ciertamente polémico y difícil de digerir para muchos, mientras que para otros no es más que la confirmación de la profunda humanidad y fragilidad de un hombre de Dios.
En este libro se hacen pocos juicios de valor; se describe más bien la evolución del asunto, y se toma como un ejemplo dentro de la dinámica de toda la obra, pero siempre resulta de interés conocer un acercamiento más sobre un momento de la vida o la obra de Merton. Los interesados pueden comprar el libro en cualquier librería católica, su precio es de 11 euros.

14 comentarios:

SAN dijo...

No he leído el libro al que haces referencia, Manuel. Por lo que he visto, al ojear el índice y el primer capítulo, se centra en el celibato monástico masculino, especialmente con la visión budista del mismo, sin hacer referencia al de sacerdotes católicos ni al celibato femenino.
En el tema del celibato sacerdotal, soy de la opinión que éste es uno de los puntos en que la Iglesia debería cambiar, haciendo un replanteamiento serio y profundo que lo convierta en una opción personal, libremente elegida, y que lógicamente pudiera coexistir con el ordenamiento de personas casadas. Sin discriminación de sexo para el ordenamiento ministerial (otro tema para cambiar y replantearse, el del papel de la mujer en la institución eclesial…).
En cualquier caso, creo que para el encuentro y la unión plena en el Amor de Dios ni es necesario, ni suma o resta la renuncia a cualquier modo de expresión o manifestación de afecto humano. Más bien todo lo contrario, el amor en todos sus tipos y formas de manifestarse es signo de fortaleza, no de fragilidad. Somos una unidad, materia y espíritu. Y en esta unidad nace y vive el amor, humano y divino, que salva y resucita.

Silvia Cristina dijo...

No he leído ningun libro de Thomas Merton....es hora de que me compre uno...cual...no sé ..veré en ese momento...

Cariños...que tengas un buen 2009
Silvia

Anónimo dijo...

También he comprado este libro y creo que su modo de acercase al tema es interesante, pues parte de unos encuentros que han tenido monjes de tradición católica con otros de tradición budista; uno de esos encuentros se centró en el tema del celibato monástico (que no el sacerdotal, que tiene un sentido diferente). Al hablar de vda célibe en el sentido del voto monástico o puede suponer renunciar a los afectos, sino sólo a la sexualidad como una manifestación de la afectividad humana. Nuestra omprensión del tema está marcada por prejuicios, positivos y negativos, pero creo vale la pena pensar en ello, y este libro nos puede ayudar en este sentido.

Anónimo dijo...

Sin prejuicios de ninguna clase y sin eufemismos, cuando hablamos de celibato estamos hablando de la renuncia al amor hombre-mujer, que es amor y afecto manifestado en la carne y en el alma. Por eso mismo amor bendito. No veo ni el interés ni la grandeza que tiene la exclusión de este amor en la vida de nadie, y menos en nombre de Dios.
Con Sabines, canto este amor, dedicado a ti (pronombre que tienes nombre)

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Anónimo dijo...

No creo que necesariamente tengan que coincidir amor y sexualidad, sin que por ello tenga nada en contra de la segunda. Muchas personas tienen una vida sexual muy activa y no conocen el amor, y viceversa, una persona puede renunciar a su sexualidad, a nivel genital me refiero, y en cambio amar mucho. La bondad de una sexualidad plenamente vivida no quita que también sea comprensible que algunos y algunas renuncien a ella en pos de un bien mayor. De hecho muchos vínculos maritales acaban siendo amor sin genitalidad. La sexualidad es más que la genitalidad, y el amor es más que la sexualidad. No digo que alguno de ellos sea reprobable. Digo que una idealización de lo sexual no es tampoco el camino a seguir, pues de hecho, y soy psicólogo práctico, puedo decir que después de la revolución sexual del pasado siglo los problemas vinculados a la sexualidad no disminuyeron, como cabía esperar, sino que aumentaron.
Es posible que el saber de los monjes respecto a estos temas nos sea útil a la hora de vivir nuestra sexualidad y nuestros afectos y relaciones con más libertad y hondura, con más inteligencia y espíritu. Es básico que respetemos además las elecciones vitales que cada uno hace en su propia búsqueda de sabiduría y trascendencia.
Mario.

inés dijo...

En estos días estoy leyendo "La montaña de los siete círculos", que es la autobiografía de T.M. y acabo de leer el siguiente párrafo:
"Mientras estábamos allí en el suelo tocando discos y comiendo este desayuno surgió la idea: Voy a ser sacerdote". Y Merton describe que siente profunda y claramente "que eso era realmente lo que debía hacer". Pag.270.Ed Sudamericana-2005.
Es interesante cómo explica su propio llamado vocacional en esta página.
Pienso que en este tema que se va dando a reflexión aquí en el blog, Merton nos dice mucho porque sabe explicar la experiencia de Dios que va viviendo.
Gracias, saludos a todos,
Inés

Anónimo dijo...

Los razonamientos del psicólogo están más que desgastados, de tanto ser manejados por "los mismos". No obstante respeto máximo para sus opiniones. Pero, eso sí, también realismo: esas formulaciones de amor, genitalidad y sexualidad,que también ha manejado la jerarquía y "cámara de su corte" se salen de nuestra "atmósfera", y por ahora no disponemos de otra para respirar (utilizando metáforas y eufemismos).

Anónimo dijo...

Con mis respetos para el psicólogo ¿clerical?, en el amor de pareja hablar de amor sin sexo, genitaliad o cómo piamente quiera llamarlo es estar haciendo una película de dibujos animados.Por favor, pisemos tierra. Porque en las nubes no vamos a hacer crecer el número de fieles
Emilio

Anónimo dijo...

No sé porqué, pero el discurso de Mario, el psicólogo práctico, me trae a la cabeza los tan traídos y llevados rótulos de los autobuses “Dios no existe, disfruta de la vida”. Es posible que esto suceda tras siglos de interpretaciones inmovilistas, que a día de hoy deberían cambiar, o por lo menos quitarles las telarañas. Merton fue un hombre que lo hizo, la lástima es que nos dejó demasiado pronto.
Dios no estorba en el mundo. Son los poseedores de la franquicia de lo divino quienes lo han hecho indigesto.
Y que quede bien claro que los que tenemos opiniones distintas a Mario, también respetamos la libertad de quien elige prescindir de la sexualidad, eso sí sin el argumento de hacerlo por un “bien mayor”. Simplemente porque es libre y está en su derecho de hacerlo.La libertad requiere ejercicio no doctrina, ni justificación, por muy religiosa que sea.

Anónimo dijo...

¿Por qué se necesita descalificar totalmente al otro para afirmar los criterios propios?
Este blog no es lugar de encuentro de personas "clericales" ni recalcitrantes, sino de gente interesada en el crecimiento espiritual.
Los criterios que se comparten no hay que descalificarlos. Si tiene otros los comparte, pero respetando el criterio diferente.
Son muchas personas, de diversas religiones y culturas, que han vivido como célibes, y eso merece respeto.
Otras incluso han hecho de la sexualidad un camino de desarrollo personal, o simplemente se han sumado a eso que alguien llamó "revolución sexual". Esas también merecen respeto.
Todo camino que se elija para buscar la Verdad merece respeto. Creo que el animador de este blog me dará la razón.
Ania María.

Anónimo dijo...

Los monjes renunciamos a la dimensión genital de nuestra sexualidad no porque la sexualidad sea algo malo, sino porque como decía alguién acá, buscamos un bien mayor, que en nuestro caso está en darnos del todo a Dios y poner todas nuestras energías en esa búsqueda. Otros lo harán por otros caminos, que también están bendecidos, por supuesto. Cada uno vive según la llamada que recibe.
El hacerlo no supone un desprecio de lo material, y mucho menos del amor hombre- mujer. Ningún amor es despreciable. Y supone de nuestra parte esfuerzo y sacrificios personales, que nadie nos impone, porque somos adultos, sino que hemos elegido voluntariamente, porque creemos, liuego de un discernimientos, que es la voluntad de Dios para nosotros, o al menos que por ese camino encontraremos la Verdad que buscamos. Durante siglos, en la Iglesia, hemos compartido esta tradición. Mis razones hoy no son las de los que me precedieron, sino las mías. Y en la multiplicidad del mundo mi entrega tiene sentido. Estoy seguro.
Un monje.

SAN dijo...

Enhorabuena, Manuel. Tienes un blog muy activo.
Creo que se necesita valor y es el mayor valor poder ser uno mismo. Me gusta esta reflexión que sigue, y que comparto, del teólogo Luis Alemán.
Y benditas todas las interpretaciones e intérpretes que dejan sus entradas.

“Se puede renunciar a muchas cosas. Nunca al deber de ser uno mismo.
Las religiones, las culturas, las filosofías, los credos políticos, los colegios, los padres… todos quieren intervenir, controlar “el hacerse de una persona”. El producto resultante, con frecuencia, es un sucedáneo.
Es imprescindible filtrar tanta influencia y tanta presión. La calidad de una cultura, de una religión, de una sociedad, se mide por su respeto a la libertad. Es un sacrilegio imitar a Dios en aquello de “hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”.
Y, cuando ya viejo cae en la cuenta, es tarde. Perdió la oportunidad de ser él mismo. Se mira hacia dentro y se descubre no-hecho, sino deshecho: con una profesión, con un coche, con una esposa, con una religión. Pero nada, o casi nada, lo eligió él, o lo hizo él. Se lo dieron hecho. Resultó a imagen y semejanza de los demás.
Habría que conseguir que todos pudiéramos, desde pequeños, oír, ver, esperar, callar y decidir.
Por supuesto que es necesario enseñar, educar. Pero nunca manipular, aturdir, imponer.
Es preciso creer en el ser humano. Lo que es más difícil que creer en Dios.”

Anónimo dijo...

Me parece un debate interesante, del que hay que sacar los aspectos positivos. Y uno de los principales es la libertad de expresión y juicio.
Por otro lado no veo opiniones descalificadoras entre sí, tan solo opiniones discrepantes. Es más, en todas las entradas observo respeto, que no es sinónimo de compartir pensamientos y otorgar razones.
Si tuviéramos que referirnos a desacreditaciones, inhabilitaciones, excomuniones y otros substantivos sinónimos, tendríamos que referirnos a la práctica que lleva a cabo el gobierno eclesiástico con aquellos que no interpretan su magisterio al pie de a letra: teólogos, sacerdotes, laicos comprometidos socialmente, nuevos tipos de unión y núcleo familiares, mujeres que demandan ser administradoras y no sólo receptoras de sacramentos, comunidades cristianas de base, y así una larga lista.
Todos tenemos una especial sensibilidad en determinados temas, y podemos llegar a ver gigantes donde sólo hay molinos. Compresión y amor para todos y entre todos.
Eduardo

Manuel. dijo...

Qué sorpresa, una entrada tan corta, y simplemente informativa, ha recibido una cantidad inédita de comentarios.
Gracias mil a todos los que participan. Lo básico es que al opinar conservemos el espíritu de este blog, que está hecho por un sacerdote católico, Carmelita Descalzo, cubano, y que quiere contagiar del talante contemplativo y ecumménico de Thomas Merton.
Les regalo una frase que escuché hoy: " Pensamos siempre la diferencia como algo que causa división, que separa, pero en realidad es algo que pertenece a la misma esencia del ser, lo complementa y lo completa".

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.