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martes, 16 de agosto de 2011

URGE UN NUEVO LENGUAJE

El 14 de agosto pasado la liturgia dominical nos invitaba a celebrar la universalidad de la llamada de Dios, que quiere que todos alcancemos la salvación y lleguemos al conocimiento pleno de la verdad. Aquí nos detenemos brevemente para apuntar que estos dos términos que utilizo, salvación y verdad, los entiendo como felicidad y amor; estamos llamados a la felicidad, a la plenitud, y a responder a ese llamado amando como Dios nos ama, incondicionalmente.
Luego de esta introducción entro en materia. Suelo recibir los comentarios para la homilía dominical desde una Web católica, que a veces leo y a veces no, pero como ahora tengo menos ocupaciones me detuve a reflexionar con ella, llamándome la atención algunas afirmaciones que son, a mi parecer, ejemplos de una visión desacertada del mensaje religioso.
1. “Ante un Dios que se revela la respuesta apropiada es la obediencia de la fe”. Preferiría que se hablara más de un Dios que se revela amando, más que trasmitiendo una verdad dogmática o doctrinal que debemos aceptar; así nuestra respuesta a esa “revelación” no sería otra que el amor. Obedecer tendría que ver, no tanto con la mente, sino con el corazón; no tanto con asentimiento obediente sino con vivir plenamente. Le gusta al poder insistir siempre en la obediencia, pero es un concepto ambiguo y manipulador.
2. “Es tan grande el don y es tan profunda la indigencia humana, que vale la pena cualquier espera, cualquier humillación, cualquier sacrificio, con tal de participar de la salvación que viene de Dios”. A mí esta frase me suena muchísimo a lo discursos políticos del entorno en que vivo. No creo que Dios pida sacrificios, humillaciones, para regalarnos su salvación; todo lo contrario, fue Él quien se entregó, se humilló, para que tengamos vida en abundancia. Si que es grande el don que recibimos y grande también nuestra indigencia, pero al mismo tiempo, como dijo Merton, todos los seres humanos brillamos como un sol, porque somos reflejos de la belleza de Dios.
3. “En los tiempos que nos toca vivir donde se insinúa un pluralismo religioso, conviene mantener firmemente la distinción entre la fe teologal, que es acogida de la verdad revelada por Dios Uno y Trino, y la creencia en otras religiones, que es una experiencia religiosa todavía en búsqueda de la verdad absoluta y carente todavía del asentimiento a Dios que se revela”. Este pasaje está tomado de un documento pontificio, bastante criticado en su momento, y podemos entender la razón. Vivimos una época en la que el pluralismo religioso en el que tendremos que vivir es evidente, y sano además, porque puede enseñarnos respeto y tolerancia hacia lo diferente. Y luego, toda religión, más allá de lo revelado, es búsqueda constante; de eso se trata y no de tener a Dios seguro. Dios habla de muchas maneras y por muchos caminos, y hemos de ser siempre buscadores incansables, aquí y allá, para poder vislumbrar algo de su luz.
4. “La oración es una lucha, es un combate espiritual, es un conformarse con el pensar de Dios, un “arrancarle gracias”. Ciertamente que la oración es lucha y es combate cotidiano, pero no para arrancarle algo a Dios, sino para aclarar nuestros ojos, derribar los muros de nuestro corazón, y estar disponibles para Dios. Dios es pura donación, pura gracia, y las gracias no se arrancan, se reciben con alegría.

He hablado siempre de la necesidad de un “nuevo lenguaje” para hablar de Dios. Las palabras pueden mostrar u ocultar, en dependencia de cómo las usemos. El leguaje religioso tradicional está lleno de trampas y ambigüedades, y hasta se hace cómplice de muchas injusticias humanas; por eso esta vez añadiría que un nuevo lenguaje necesita también de “nuevos conceptos”, es decir, maneras nuevas de ver y vivir lo trascendente. No hablo básicamente de una nueva dogmática, sino de una nueva y siempre renovada experiencia. Vale la pena reflexionar en ello.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Amén.

Así nos hablas siempre, asi nos proyectas siempre al Dios del amor.
Es bueno encontrarte, siempre el mismo y siempre renovado, en tus palabras y en el Dios que nos propones.
Un abrazo Manuel
Sol

San dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, Manuel. Es necesario, y además urgente, un nuevo lenguaje para hablar de Dios. El mundo de hoy, y sobre todo el hombre que lo habita, la humanidad que somos, necesita una urgente renovación de todo el entramado estructural que viene tejido desde otros “mundos” ya superados, y por otros “idiomas” ya inteligibles que son en buena parte producto de interpretaciones parciales, y algunas veces ideologizadas, de la Palabra, del Evangelio. Resulta paradójico, y hasta contradictorio, que una Noticia Buena y Nueva, se presente, en algunos ambientes y círculos, con signos y significados tan viejos y tristes. Sería bueno poner en algunos lugares y estamentos la canción de Silvio como “oración” inicial diaria: ¡el Amor engendra la maravilla!! … por lo que sigue “lloviendo” en nuestra institución eclesial, creo que no se escucha este tipo de música… Se siguen manteniendo categorías y condiciones, para mí, incompatibles con ese cantado Amor, Eterno e Infinito Milagro.
¿Cómo podemos seguir “comiendo “este menú: la marginación y discriminación vergonzosa dela mujer, la negación de administrar sacramentos a los divorciados nuevamente casados, la amputación obligada de una afectividad realizada socialmente en pareja para los sacerdotes, la categorización piramidal de clero, consagrados y “resto”…?. La experiencia digestiva no será muy buena con todo esto. Y menos la espiritual, no sólo para nosotros, sino que muchos menos para proponerla como atrayente para otros. La humilde, pero viva, célula de la Iglesia que soy no querría convertirse ni en cómplice, ni en esclava, de esos lenguajes y esas estructuras rígidas. Y además abro mi oración al Misterio Eterno que las desborda, y me desborda, con las palabras hermosas y profundas de Liuba, que yo refiero para la Iglesia: “…sálvanos el instinto de crecer…ilumínanos… para que evolucionemos y “reguemos con tu lumbre las madrugadas…” Ilumíname, ilumínanos, ilumínala…
Afortunadamente hay también otros lenguajes, otras voces, otros grupos, otras visiones, y prueba de ello son blog como éste, páginas en la red, comentarios, revistas, medios, grupos, comunidades, en los que no se viste el “uniforme”. Hay, y existen, diferentes maneras de “ser” y “estar” en nuestra Iglesia. La unidad no puede ser nunca uniformidad.
Pienso que expresar y vivir libremente lo que nos dice la conciencia es el camino de encontrar lo verdaderamente sagrado, lo que nos hace comulgar con el infinito Amor que es Resurrección y Vida, liberada y abundante Vida Nueva.
En fin, Manuel, que suscribo lo que piensas y escribes en esta entrada.

Anónimo dijo...

Esta es la canción de Silvio a la que se refiere SAN. Para que la disfrute el que no la conozca,... y el que la conozca también.

Sólo el amor

Debes amar la arcilla que va en tus manos.
Debes amar su arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas, que será en vano,
sólo el amor alumbra lo que perdura,
sólo el amor convierte el milagro en barro.

Debes amar el tiempo de los intentos,
Debes amar la hora que nunca brilla,
Y si no, no pretendas tocar lo cierto:
sólo el amor engendra la maravilla,
sólo el amor consigue encender lo muerto.

(Hay canciones que son salmos de nuevo tipo, con los que se puede tantas veces orar..)

Un abrazo,
Sol

Jordi Morrós dijo...

Muy agradecido por el trabajo de purificación del lenguaje, y en el fondo, de la experiencia religiosa.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.