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lunes, 24 de octubre de 2016

NI DISFRACES NI MÁSCARAS.


"Es muy importante recordar que la calidad de la noche depende de los pensamientos del día.
Más aún, la calidad de la noche depende de la cordura del día. Llevo a ella los pecados del día, a la luz y la oscuridad de la verdad que hay que adorar sin disfraz, y entonces quiero retornar a los disfraces."

"Nuestra vocación no consiste simplemente en ser, sino en trabajar junto con Dios en la creación de nuestra vida, nuestra identidad, nuestro destino. Eso significa que no debemos existir pasivamente, sino participar activamente en su libertad creadora, en nuestra vida y en la vida de los otros, eligiendo la verdad. O, mejor dicho, somos llamados, incluso, a compartir con Dios la obra de crear la verdad de nuestra identidad. Podemos eludir esa responsabilidad jugando con máscaras, y esto nos agrada porque a veces puede parecer una manera libre y creadora de vivir.  
Resulta muy fácil, según parece, agradar a todos. Pero, a largo plazo, el precio que debemos pagar y el sufrimiento son muy elevados. Descubrir nuestra identidad en Dios o, como dice la Biblia, 'trabajar por nuestra salvación', es una tarea que requiere sacrificio y angustia, riesgo y muchas lágrimas. Exige una atención constante a la realidad en todo momento y una gran fidelidad a Dios cuando se revela, oscuramente, en el misterio de cada nueva situación.
Nosotros no conocemos con claridad y de antemano cuál será el 
resultado de este trabajo.

 El secreto de mi plena identidad está escondido en Dios. Sólo Él puede hacer de mí la persona que soy, o mejor, la que seré cuando al fin comience a ser plenamente. Pero si no deseo esta identidad y no trabajo con Él y en Él para encontrarla, la obra nunca será realizada. 
 La manera de hacerlo es un secreto que sólo Dios puede enseñarme. No hay forma alguna de conocer este secreto sin fe.  La contemplación es el don mayor y más precioso, ya que me permite ver y comprender la obra que Dios quiere que haga."


THOMAS MERTON 






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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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