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viernes, 23 de septiembre de 2011

COMUNIDAD Y PERTENENCIA

El Carmelo ha sido, durante más de 20 años, mi hogar espiritual. No podría narrar mi historia personal, mi crecimiento vital, mi desarrollo espiritual, sin hablar del Carmelo Teresiano. Momentos, personas, experiencias fuertes de Dios, amigos y maestros, todo eso encontré en esta familia religiosa, y todo ello me marcó de tal manera que mi identidad como cristiano, como consagrado, como sacerdote, no podría entenderse sin esta referencia particular. En el Carmelo conocí en profundidad a Teresa, a Juan de la Cruz, a Teresita y a Isabel, y encontré hermanas y hermanos de camino, temporales o permanentes, que no puedo olvidar; a Teresa la amaba antes de llegar al Carmelo, ella fue la que me condujo hasta esta familia, por eso era teresiano antes del Carmelo, y lo seguiré siendo hasta el final de mi vida.
Ahora, sin embargo, ha llegado el momento de salir del Carmelo. Es, indudablemente, una decisión difícil y dolorosa; en los últimos tiempos el Carmelo que yo conocí dejó de existir, aquel en el que yo me sentía como en casa, ya no está. Y viví acontecimientos que me hicieron entender, luego de mucho discernir y leer los signos del presente, que era hora de decir adiós y emprender un nuevo viaje. Aun no puedo ver lo que está por llegar, pero como he vivido otros momentos parecidos a lo largo de mi existencia, tengo la confianza de que el horizonte se aclarará y volveré a encontrar mi lugar.
No vivo una crisis de fe, ser de Cristo me ha enseñado a ser más plenamente la persona que soy, y a eso no renunciaré; tampoco es una crisis “sacerdotal” en el sentido en que concibo y vivo mi sacerdocio; creo que se trata de una “crisis de comunidad”. He sido siempre un defensor acérrimo del papel que juega una comunidad espiritual en el crecimiento personal, y como debo tanto a la iglesia en la que he hecho mi camino espiritual nunca podré renegar de ella. A la Iglesia Católica la puedo criticar, pero siempre la voy a amar entrañablemente, más allá de sus limitaciones. Puede ser providencial esta crisis, a punto de cumplir yo el medio siglo de vida, para ahondar en lo que significa eclesialidad, comunidad y pertenencia; así lo vivo, y creo que cuando este momento particular haya pasado tendré un poco más de sabiduría para compartir. No faltarán momentos de dolor e incertidumbre, pero tampoco ha faltado ni faltará la esperanza; soy un discípulo dispuesto a aprender, arriesgándolo todo.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Manuel:

Me apena tu decisión. Pero tu reflexión nos permite también a nosotros embarcarnos en la ineludible tarea de discernir sobre el papel que desempeña nuestra Comunidad en nuestra vida espiritual, y sobre nuestro propio rol en lo que debe ser una comunidad de hermanos.
Gracias por compartir este momento. Que la luz de Cristo Resucitado nos conduzca por el camino de la Vida sin fin y del Amor compartido.
Graciela Moranchel

Anónimo dijo...

"Al ver la estrella
se llenaron de inmensa alegria"...

Si, pero caminaron mucho tiempo sin verla, sin saber a donde o como llegarian. Sabiendo a quien buscaban, pero seguramente sufriendo, temiendo, al no conocer cual era el mejor camino. Preguntaron y se preguntaron. Pero sobre todo, siguieron adelate. Siguieron caminando. Y encontraron. Y ofrecieron sus regalos, finalmente. Sus propios corazones, sobre todo, sus temores, y todo lo vivido. Tambien ellos, despues, volvieron por otro camino.
Sigue caminando, Manuel, aunque se esconda la estrella. Ya brillara y se alumbara el camino. Despues de todo, tu sabes bien sobre El.y su madre.
Un abrazo en el camino, aunque se tarde en brillar la estrella.
Sol

23 de septiembre de 2011 14:46

manuel dijo...

Manuel, perdone que le escriba pero soy un simple cristiano de base que se encuentra en busqueda de su camino pues al día de hoy no encuentro mi lugar de crecimiento espirutual dentro de nuestra iglesia. Su comentario sobre su salida del Carmelo me ha emocionado mucho y he visto con claridad que usted es hombre de Dios y tiene mucho que aportar a los demás. Un fuerte abrazo

Cecilia Lujan dijo...

Querido Manuel: cuando salió del carmelo para pensar mi corazón me dijo que esto pasaría. Sé leer entre lineas y a traves de este blog pude ir conociéndolo. Mis oraciones estarán con usted siempre.

San dijo...

Antes que nada, Manuel, gracias por compartirnos estas reflexiones personales. Y, sobre todo, felicidades por la madurez y valentía que demuestras con esa decisión de “dejar la orilla” para ir a descubrir “nuevas tierras” espirituales. Para mí, eso es prueba de contar con un buen “amueblamiento” interior. Y también dice mucho de la profundidad y fuerza que tiene tu raíz en Cristo. Enraizamiento que libera de la tentación de enquistarse en la seguridad y comodidad de algunas estructuras, y redime de los miedos profundos que profesan los fundamentalismos de toda índole.
Deseo que esta nueva etapa sea para ti lo más positiva, en todos los sentidos, y que todo lo que te depare el camino que tomes, fruto de este tiempo de reflexión y discernimiento, sea para reportarte una vida más plena y feliz, tanto para tu propio disfrute, como para compartirlo con los demás. Para mí, todos nos convertimos así en auténticos hombres y mujeres de Dios: consiguiendo la felicidad y compartiéndola, practicando la bondad.
También, en mi opinión, seguir a Cristo dentro de la comunidad (iglesia), estar vinculado a esa iglesia, ser parte de ella, no es lo mismo que “ser de” esa iglesia. No sé si estaré confundida, pero creo que precisamente Merton, en alguno de sus libros, decía que él “estaba en” la iglesia, pero “no era de” la iglesia. Y pienso que la distinción es muy importante.
Del mismo modo que opino que en nuestra comunidad es bueno y deseable que exista la unión, pero no la uniformidad. Y de hecho existen más de un enfoque y más de una visión teológica, espiritual y comunitaria. Por lo que, dentro de ella, conviven grupos con diferencias importantes en cuanto a configuración, orientación y praxis.
Y otro tanto ocurre con la vinculación personal a la comunidad: no existe una forma única de manifestar, experimentar o entender ese vínculo.
Pienso que es muy importante, también, que nadie (individual o colegiadamente) se considere investido por Dios con un poder y una verdad que le potesten para enjuiciar y dictaminar exclusiones en base a esas diferencias de visión y a las consiguientes actuaciones de conciencia . Sólo Cristo es la Verdad y tiene el Poder. Y lo realmente sustancial es la originalidad y la esencia, Cristo y su mensaje. La buena y nueva noticia, su Palabra que da Vida: nos salvamos cuando descubrimos al Amor que vive en nosotros, y resucitamos cuando experimentamos el amor por los otros.
Tampoco conviene olvidar que las religiones, cualquiera, constituyen una institucionalización de la espiritualidad. Y la iglesia católica, de la que yo formo parte, a la que también amo, y por supuesto de la que no reniego, es una institución, de fundación humana, con una estructura, organización y gobierno humanos. Y, por supuesto, tampoco confundir eclesial con eclesiástico. Precisamente por todos esos motivos, me considero en la posición lícita y el deber moral del derecho a la crítica y la manifestación libre, pero respetuosa, de opinar sobre lo que concierna a esta comunidad y a quienes la dirigen.
Todo esto puede parecer obvio, pero precisamente la experiencia vivida ya por bastantes décadas en la iglesia me demuestra lo contrario. Una fe adulta, un lenguaje nuevo, y un conocimiento religioso, son todavía necesidades que alcanzar, no realidades mayoritarias.
En definitiva, creo que la fe tiene su autenticidad en Cristo, que es en quien adquirimos nuestra identidad real. Cristo, que es Camino, Verdad y Vida para tener vida en abundancia.

Mudejarillo dijo...

Hola Manuel:

Yo he vivido una situación similar y por eso te entiendo y quiero estar contigo en este momento.

Como dice Juliana de Norwich: "Todo terminará bien, todo terminará bien, todo terminará bien".

Somos miembros de un Carmelo "espiritual y virtual" que nos une en el Señor...

Un fuerte abrazo recordando cuando pude saludarte, sin esperarlo, en la Casa del Libro de Madrid.

Mudejarillo,

Cristianos Gays

Mudejarillo dijo...

Hola Manuel:

Yo he vivido una situación similar y por eso te entiendo y quiero estar contigo en este momento.

Como dice Juliana de Norwich: "Todo terminará bien, todo terminará bien, todo terminará bien".

Somos miembros de un Carmelo "espiritual y virtual" que nos une en el Señor...

Un fuerte abrazo recordando cuando pude saludarte, sin esperarlo, en la Casa del Libro de Madrid.

Mudejarillo,

Cristianos Gays

Analía dijo...

Qué luminosas tus palabras Manuel! Te sigo de cerca, y me siento en una misteriosa comunión en este momento. Te acompaño, y te nombro delante de Jesús; que Él te regale mucha luz y paz en el camino con lo nuevo que trae.
Bendiciones!

Anónimo dijo...

Manuel,
Te sigo desde hace algún tiempo. Me encantó tu blog...he disfrutado de lo que escribes, de tus reflexiones, de la sabiduria de Merton...
Ahora comprendo tu situación, yo misma pasé por algo parecido...no voy a dar datos ¿para qué?
Sé por propia experiencia lo que vives, sé que AHORA es tiempo de salvación, y que "Dios no se muda".
Las mediaciones son sólo eso mediaciones. El Señor es el Absoluto, y en el camino de la vida esas mediaciones son relativas y por lo tanto o nos hacen crecer o no sirven...
Unida a tu oración desde un rincón de España, te envio mi apoyo.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.