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jueves, 3 de mayo de 2012

MERTON Y MARGIE 2

Voy a citar a un cisterciense contemporáneo de Merton en Gethsemani, en la recensión que hace de este libro, el Volumen VI de sus Diarios, el titulado Aprendiendo a amar, y comentando este lance: "Escribir, en todas sus formas, era una parte integral de Merton en su búsqueda de la santidad. Fue un instrumento que le conservó honesto y claro y él lo usó a fondo. El resultado, especialmente en este caso, es un extraordinario registro del profundo dinamismo de la vida de un monje. Quizá en ninguna parte, en casi 2000 años de literatura monástica, haya habido nunca semejante visión íntima del esfuerzo y real purgación en relación con el celibato. Ni en relación al profundo amor y total afección que un monje puede sentir por una mujer. Teniendo en cuenta todas las centurias de literatura monástica, ésta es una de las más distinguidas contribuciones que se han hecho para la comprensión de la vida solitaria, y la necesidad de integrarla con amor humano y pasión, y por supuesto compasión. Puedes leer capítulo tras capítulo de Juan Casiano o Elredo de Rieval sobre la virtud de la castidad, del amor humano y divino, de la afección y la amistad. En ninguna parte encontrarás más que una idea abstracta del personal esfuerzo que implica. Esos escritos están hechos con desapego, en tercera persona, asépticos y objetivos, provechosos cuando son usados correctamente, pero lejos y limpios de la confusión, tensión y desorden de momentos críticos y decisivos. Aprendiendo a amar nos deja con una gran impresión del inmenso conflicto de sus sentimientos de lealtades divididas que su amor por M. le presenta. Aquí leemos las propias palabras de Merton sobre ello y lo vemos desde su propio punto de vista, con toda la urgencia e intensidad que desvela la historia.Como siempre, Merton es más compulsivo escribiendo acerca de sí mismo que los que escriben acerca de él. La apertura de Merton, su facultad de expresión, sus puntos de vista, preparación y conocimiento, todo va tras él en este episodio de tres a cinco meses de duración. Comienza comentando sus contactos con las atenciones y cuidados de las enfermeras: “Yo tengo una estudiante de enfermería que muy devota y amigablemente se ocupa de mis vendajes, etc., y esto alivia todo considerablemente. De hecho, quizá nos estemos volviendo demasiado amistosos...” (pág. 38). Más tarde, reflexionando sobre su propio libro, Pensamientos en la soledad, escrito 15 años antes, él se impresionó con la idea de que “nada cuenta sino el amor y la soledad, pero una soledad que no sea simplemente apertura al amor y a la libertad, no es nada”. Con esto él está definiendo la polaridad de la gran crisis que virtualmente ya tiene encima: “Amor y soledad son el único terreno de verdadera madurez y libertad”. Hay quien se pregunta cómo Merton pudo incurrir en tal riesgo, peligro y posible daño hacia sí mismo y hacia otros, con esta relación de dependencia. Precisamente en su desarrollo él le advirtió a ella que era una relación imposible. Enseguida él se dio cuenta de su tremenda seriedad y urgencia. Ambas cosas: su ideal espiritual y su necesidad de madurez, parecían conducirle lejos. La vida le presentó a una persona que le amaba de una manera que nunca había experimentado. Y ante esta realidad, aunque con perplejidad, él respondió. Juzgarlo sea quizá una falsa perspectiva y una hermenéutica infructuosa en todo caso. Sin embargo, yo soy un monje, y leyendo en una hermenéutica de ascetismo, encuentro mucho de valor y útil en el ardor de su lucha con el corazón. Es ahí donde se halla en alborotada confusión la real tensión entre soledad y amor, entre libertad y obediencia, entre pureza y pasión -todos los opuestos de una vida completa-. La literatura monástica necesita el escenario de las batallas del corazón que aparecen aquí. La honestidad, apertura y profundidad de sentimientos articulan la experiencia que muchos monjes y monjas, sacerdotes y religiosos comprometidos, están a veces demasiado desconcertados para expresarlos por sí mismos. Ello abrió en Merton una nueva comprensión acerca de la integración de amor y soledad. El nunca proclamó ese episodio como un éxito, y en algún momento de su reflexión postrera lo tuvo que calificar de frívolo¬ ¬ –pero “sin recargar con amargura esa frivolidad”-¬ .No habla en términos de tragedia. “La vida no es frívola, si tú, simplemente, vives. En cualquier caso se vuelve frívola, si te reservas al vivir”. El mensaje de este diario me parece a mí que consiste en esto: una inconsciente manera de vivir día a día, con sus usuales intereses, sobresaltos y recompensas. Pero el peso de la situación y su propia elección le conducen a continuar la vida en la ermita. Para alguien que pretende una hermenéutica monástica u otras, esto nos lleva a una apertura a la crítica para conjeturar qué sabiduría alcanzó de esta experiencia. A causa de esta experiencia, ¿fue Merton mejor o peor? ¿Qué puede un monje o monja, un alma consagrada en el celibato aprender de ello? El texto que nos han presentado en este volumen muestra suficiente profundidad de belleza, amor y lealtad, más allá de toda ambigüedad para darnos la necesaria sabiduría sobre lo que celibato y vida monástica significa para alguien tan profundamente comprometido en la búsqueda de Dios como Thomas Merton" Hasta aquí el resumen de la recensión de Aprendiendo a amar escrita por Paul Quenon OCSO, monje de la Abadía de Gethsemani y discípulo de Merton. María Luisa López Laguna, rcm. Universidad de Eichi, Kobe (Japón

2 comentarios:

Cor Ad Cor dijo...

En esta continuación del tema Margie-Thomas, me reafirmo en lo que expresé en mi anterior comentario: sería muy interesante, y también muy justo, conocer lo que supuso para Margie este amor, y sobre todo cómo vivió ella el modo y los motivos que Merton le dio para concluirlo.
Pero además creo que es “justo y necesario” evidenciar que todo lo que se expresa y argumenta en las dos entradas, es fruto de la interpretación de un monje cisterciense y una religiosa concepcionista, y eso hace que sea una visión condicionada y hasta cierto punto interesada. Si analizamos bien el texto, más allá de su aparente aproximación contemporánea y comprensión tolerante, se ve su auténtica visión, conservadora y ortodoxa, sobre el significado del sacerdocio y la vida religiosa (patente en sus valoraciones, análisis y reflexiones).
Enfoques ideológicos como los de estas entradas son los que hacen ver que son muy necesarias las críticas que reivindiquen cambios y reformas en la concepción y funciones de los ministerios y la vida religiosa. Y que sean imprescindibles propuestas como las que hace Pikaza, que alguien ha mandado al blog.
Estos fragmentos de la conferencia están plagados planteamientos e ideas que se alejan bastante de la buena nueva de Jesús: valoraciones piramidales (sacerdote y religioso sobre laico), estados de gracia superiores (sacerdote y religiosos sobre laico), llamadas categóricas y verticales de Dios (sacerdote sobre laico), amores excluyentes (Dios y el amor humano), sacralización y divinización del sacerdocio ministerial…y un largo etcétera de evaluaciones dualistas y discriminatorias.
Merton decidió cortar y apartarse de Margie. Sin duda lo hizo porque optó por elegir lo que más feliz le hacía. Prefiero pensar así a que lo hizo porque no pudo sustraerse a los “efectos secundarios” de las “recetas” y el “adoctrinamiento” que le suministraron en seminarios y noviciados. Pero me vuelvo a preguntar ¿su decisión también le hizo igual de feliz a Margie? Por esto también me sumo a lo que expresaba el comentario de una persona en otra de las entradas de tu blog: el que hacía referencia a las “victimas” de la sacralización y endiosamiento del sacerdocio. Porque determinadas concepciones y doctrinas, cuando arraiga en las conciencias de forma imposible de superar, son las causantes de que tenga que morir el amor entre un hombre y una mujer en alguna de las muchas carreteras que atraviesan las montaña de la vida. A pesar de que no puede haber nada más triste, y radicalmente contradictorio con el Misterio de Amor, que el que una pareja tenga que renunciar a amarse en nombre de Dios.

Caminante dijo...

Lo de Merton y Margie fue cosa de dos. Estos artículos ofrecen una lectura sesgada y mediatizada por el corporativismo eclesial de la conferenciante y la reseña del OCSO. No considero honesto sacar conclusiones de un enamoramiento que afiancen y apoyen las concepciones y reglas establecidas por la institución católica para sus funcionarios Queda claro que ninguno de los dos religiosos va a ser amonestado ni enjuiciado por los inquisidores guardianes de la doctrina oficial de la fe. Sus opiniones se conjugan a la perfección con lo católicamente correcto. Así que la conferenciante puede estar tranquila, la van a seguir requiriendo para enseñar y conferenciar en todos los círculos y eventos oficialmente bendecidos. Pero no conviene olvidar lo último: el episodio bochornoso de las jerarquías católicas amonestando e intentando silenciar la libertad de pensamiento y expresión de las congregaciones femeninas norteamericanas que reivindican reformas que se basan en la fidelidad al Evangelio.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.