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jueves, 1 de enero de 2015

2015: CENTENARIO DE MERTON

En el año que estamos comenzando celebramos el centenario del nacimiento de Thomas Merton. 
Yo he seguido una lectura y un estudio sistemático de su  vida y su obra, ante todo, porque se fue convirtiendo en un maestro espiritual para mí y porque creo que su experiencia, su propuesta, su testimonio espiritual, siguen siendo actuales, importantes y necesarios.

 Para todo creyente la llamada a la santidad sigue siendo un desafío. ¿Cómo seguir viviendo y proponiendo hoy esa llamada desde modelos concretos, atractivos, convincentes? Merton, como figura relevante dentro del horizonte de la espiritualidad, no solo dentro del marco cristiano, nos ayuda a redescubrir algunas claves importantes.

Este monje contemplativo católico, que nació el 31 de enero de 1915 en Prades, Francia, vivió los primeros años de su vida en Europa. Su juventud estuvo marcada por una necesidad de plenitud que le condujo, como a otros grandes conversos, por caminos complejos y oscuros, hasta que el encuentro con la fe católica produjo en él una verdadera transformación.  Luego de recibir el bautismo y de descubrir su vocación sacerdotal, entró en un monasterio de la orden contemplativa de los trapenses en los Estados Unidos y allí vivió el resto de su vida;  convertido en un notable escritor, sus libros ayudaron a mucha gente a redescubrir el camino de Dios. Sus búsquedas espirituales lo llevaron al compromiso con los grandes problemas sociales de su tiempo, y luego hasta Asia, para confrontar y enriquecer su propia tradición y saber con los de otras religiones.

Merton es prototipo del hombre de su tiempo, que abraza la fe sin renunciar a la razón, cuya inteligencia y sensibilidad artística le permitieron ver más allá de lo tradicional y lo devocional sin renunciar a esto, que intenta combinar en su persona lo paradójico del ser humano, que ama la soledad y a la vez la comunidad, el silencio y la palabra, la fe y la vida, lo personal y lo universal.



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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.