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martes, 24 de mayo de 2011

EXPERIENCIAS JUVENILES DE TM (2)

En el relato autobiográfico que seguimos Merton introduce el tema del egoísmo, pues eso es para él el pecado, y dice que empezó a crear una fuerte resistencia a todo lo que fuera no hacer su propia voluntad, y eso fue reforzado cuando recibe la independencia o emancipación económica de parte de su abuelo, que intentaba asegurar su manutención y estudios para los años siguientes. Junto a esa nueva independencia Merton desarrolla otras cualidades: pasa temporadas en casa de su padrino , un amigo de su padre, y aprende a fumar, lee nuevos libros, descubre y disfruta de la música de la época, y amplia sus conocimientos de pintura, teatro y cine, siempre fundados en valores más cosmopolitas y mundanos; y apunta que en la casa de su padrino desarrolla “una maledicencia deslenguada contra quienes no estaba de acuerdo o cuyos gustos o ideas chocaban con los míos”.

De los días de la enfermedad de su padre, Thomas Merton recuerda en su autobiografía un momento particular:

Un día encontré su cama cubierta de notas de papel azul, sobre las que había estado dibujando. Y eran verdaderos dibujos. Pero no representaban nada de lo que había visto…retratos de pequeños santos, airados, de aspecto bizantino, con barbas y grandes aureolas”.

(Merton interpreta así el acontecimiento: De todos nosotros, mi padre era el único que tenía alguna fe Ahora no dudo de que tenía mucha fe, que tras los muros de su aislamiento, de su inteligencia y su voluntad incólumes, no embarazadas por la parcial obstrucción de ninguno de sus sentidos, se habían vuelto a Dios y se comunicaban con Dios, que estaba con él y en él y que le daba, sin duda, luz para entender su sufrimiento en su propio bien y perfeccionar su alma”. M7C, 129).

La figura paterna y lo que acompañó el momento de su muerte son un referente muy importante para el crecimiento espiritual de Merton. Son como detonantes, estímulos, que hacen que el joven tome consciencia de una realidad más honda. Como un anuncio de lo que vendría resultó lo sucedido en Roma, en el año 1933; así lo resume Ramón Cao Martínez en su biografía de Thomas Merton:

Una noche, en su habitación, aun con la luz encendida tuvo por un instante la vivísima sensación de la presencia de su padre. Fue una experiencia sobrecogedora que le hizo percibir con horror el sinsentido de su vida, su profundo extravío moral, su vacío religioso. Experimentó desde lo más hondo el deseo de una transformación radical. Fue como una oración que brotaba de la totalidad de su ser, desde sus más remotas raíces. Entre abundantes lágrimas habla a Dios, como nunca lo había hecho, y a su padre “como si fuera una especie de intermediario”.

Su entrada a la universidad en 1933 empeora la situación, y al año siguiente se ve obligado a regresar a Estados Unidos. Hay en estos años de su vida una cadena de hechos adversos, de conductas desordenadas, que si bien responden a ambientes concretos en los que el joven Merton se desenvolvía, suponen también cierta elección de su parte. Hay una experiencia fuerte que va minando su seguridad y confianza interior, y que le prepara para el momento de dar el “salto” espiritual. Merton describe varios momentos que son como fogonazos que van provocando en él un despertar progresivo a la conciencia de su propia verdad y a la presencia de Dios. Estos acontecimientos no resultan siempre claros en el momento que suceden, pero luego, mirando atrás, caemos en la cuenta de que resultaron claves para que consiguiéramos liberarnos de lo accidental y encontrásemos lo esencial.

sábado, 21 de mayo de 2011

EXPERIENCIAS JUVENILES DE TM

Las experiencias que Thomas Merton vive en los primeros años de su vida le van preparando indudablemente para el salto cualitativo que supone en un momento concreto su petición de ser bautizado en la Iglesia católica. El ambiente artístico en que vivió, la pérdida de su madre, los continuos viajes, la enfermedad y la muerte de su padre, los múltiples contactos con personas y ambientes muy diversos, su temprana autonomía económica, sus dotes naturales y su sensibilidad, todo esto fue sembrando las bases para el momento en que Merton siente la llamada de Dios con tanta fuerza que le impele a salir de sí mismo para encontrar al que le habla en su corazón.

El período de 1929 a 1936 fue decisivo en este proceso de maduración que le dispuso para la conversión; fue una etapa difícil para Merton por muchas razones. No en balde, en su autobiografía, le da el título de “El horror del infierno”. Cuando ingresa en Oakham, otoño de 1929, se describe a sí mismo como “aquel muchacho de 14 años, cohibido, desmañado y bastante sincero, pero interiormente infeliz, que llegó con una maleta, un sombrero de fieltro, un baúl y una sencilla caja de madera con golosinas”. Luego vendrá la enfermedad de su padre, que lo preocupa y llena de tristeza; al evocar aquellos momentos, Merton se describe a sí mismo con fuerza dramática:

Me senté en la sala oscura y triste, incapaz de pensar, de moverme, con los innumerables elementos de mi aislamiento agolpándose sobre mí desde todos los lados: sin, hogar, sin familia, sin patria, sin padre y al parecer sin amigos, sin paz interior o confianza o luz o comprensión propia… sin Dios, también sin Dios, sin cielo, sin gracia, sin nada”.

Owen Merton fallece de un tumor cerebral en 1931, tras una prolongada enfermedad que el joven Tom sigue con angustia , y que le dará a esa etapa de su vida adolescente un tinte aun más dramático y triste, cerrando así una etapa, la de la niñez y la inocencia, ya lastimada además por la situación concreta en que había tenido lugar años atrás la muerte de su madre. Cuando Merton cumple 15 años, está teniendo lugar en él una transformación interior, que es producto de toda su historia personal, pero que lleva además los naturales cambios de la edad y la maduración de todo ser humano. Aunque él lo describe con tintes oscuros y sin nada positivo, al leerlo no podemos dejar de ver a cualquier adolescente de esa edad, y algunos aspectos que apuntan a lo que Merton será en el futuro:

En 1930, después de cumplir los 15 años y antes de que estas cosas ocurriesen, empezó a prepararse el camino para mis variadas rebeliones intelectuales con un súbito y muy definido sentido de independencia, un despertar de mi propia individualidad que, por ser natural a esa edad, tomó un insano giro egocéntrico. Todo parecía coadyuvar a envalentonarme para separarme de los demás y seguir mi propio camino".
(Continuará...)

Apenas 6 días para viajar a Santo Domingo, capital de la Republica Dominicana, y luego participar del Capítulo Regional OCD del Caribe, entre el 1 y el 4 de junio. Lo vivo como el final de una etapa, de un trienio, cuya primera parte viví en Madrid, asistiendo a la Universidad de Comillas, y la segunda, en la Habana, al frente de la casa y parroquia de Nuestra Señora del Carmen. El año que viví en Madrid fue altamente positivo, por lo que aprendí, por lo que logré, por lo que recibí, por las personas que conocí. Luego, la segunda parte del trienio ha sido más difícil, muy difícil en algunos momentos, experiencias dolorosas y purificadoras. Sólo cuando deje esta etapa atrás podré valorarla justamente.

Ahora, ante la perspectiva de recibir otro destino y otra responsabilidad, experimento sentimientos encontrados: mi espíritu solitario y aventurero me empuja siempre a cualquier otra parte; al mismo tiempo miro alrededor y me da tristeza abandonar algunas cosas, personas, lugares y proyectos. Pero aquí estoy: abierto, disponible, esperanzado.

Como siempre digo, al estar lejos de casa, fuera del país, no puede prever si tendré conexión para actualizar el blog. De modo que entre el 26 de mayo y el 5 de junio estaremos de viaje, si es posible dejaré alguna entrada para informar del Capítulo

jueves, 19 de mayo de 2011

MODELOS DE SANTIDAD

  Son muchos, pero creo que todos se complementan, no se excluyen necesariamente, y personalmente me interesa destacar la comprensión de la santidad entendida como ruptura, como novedad, como comunión y como rendición. Así, podemos acercarnos a la santidad cristiana desde diversos ángulos, que se complementan y purifican mutuamente, y que dependen del modelo de santidad que intentamos presentar, de las posturas teológicas, o de la imagen de Dios a la que el modelo apunta.

 Intentemos una descripción somera de algunos de estos “modelos” o modos de comprender la santidad en la historia de la Iglesia y la vivencia concreta de los cristianos:

a- La santidad como ascesis y esfuerzo personal: La santidad que depende fundamentalmente de lo que hacemos nosotros, de nuestro esfuerzo y voluntad. Qué pone el énfasis en las prácticas penitenciales y las renuncias del individuo, que se vincula siempre a la austeridad extrema. Que toma poco en cuenta lo “gratuito” de la fe, que puede acabar exigiendo a Dios, negociando con él.

b- La santidad como privilegio: Puede entenderse la santidad como una especie de “clase alta privilegiada” en la Iglesia, y luego en el “Cielo”, por encima del común de los mortales. Una especie de aristocracia espiritual. Ellos han alcanzado o se les ha concedido algo que no está al alcance de todos. Pienso ahora en la insistencia de las familias religiosas de asegurar el linaje de sus fundadores, en la pertenencia a las clases altas de la sociedad de una buena parte de los hombres y mujeres canonizados por la Iglesia. Este modelo encuentra rechazo en el marco de una mentalidad “democrática”.

c- La santidad como problema: La santidad aparece ante algunos como una idealización de la realidad que hay que superar. No tiene sentido hablar hoy de santidad. Las hagiografías del pasado son el mejor ejemplo de que los santos no nos valen hoy como modelos de seguimiento y vida cristianos. Para muchos cristianos ser santo no es una opción en la que piensan, y si lo hacen simplemente les causa preocupación e inquietud, porque lo ven como algo imposible.

d- La santidad como desafío: Un ideal alto es una invitación siempre a buscar más allá de nosotros mismos, a salir de nuestra vida, dejar todo atrás y emprender un camino de liberación de todo lo terreno y mundano, de lo sensible y sensual. Algunas corrientes de la psicología contemporánea valoran la santidad cristiana como estímulo para la búsqueda de plenitud humana. Muchos hombres y mujeres de fe dedicaron su vida a buscar la santidad, a imitar a Jesús, a tratar de vivir la propuesta del Evangelio. La santidad es un desafío a la mediocridad o conformidad en la vida.

e- La santidad como ruptura: Esta comprensión de la santidad cristiana es propia de fuertes experiencias de conversión. Hay un salto, un cambio total de vida. Se rompe con todo lo anterior para asumir una nueva realidad. Hay siempre un antes y un después, una experiencia transformadora, que destaca y aparece como algo espectacular de alguna manera. Renuncia de dimensiones vitales que antes fueron importantes.

f- La santidad como rendición: La santidad es ponerse en las manos de Dios, y aceptar su voluntad en todo. Más que mi obra es su obra, es mi entrega generosa a Dios lo que me alcanza la liberación y la plenitud. Puede ser un pretexto en los comienzos de la vida espiritual para no trabajar por la madurez cristiana, y es generalmente el signo de madurez espiritual en aquellos que han hecho un camino interior durante años. Hay una confianza total, un abandono, que no supone en modo alguno “pasividad”, sino aceptación confiada.

g- La santidad como comunión: Habla de la santidad buscada, recibida y vivida en el seno de una comunidad. Redimensiona el esfuerzo individual por alcanzar la perfección a una búsqueda en común, con otros, compartiendo juntos alegrías y penas, esfuerzos y confianza. Tiene su imagen perfecta en el Misterio de la Trinidad Santa, que es comunión de personas. Es contraria a una búsqueda individual y egoísta de “perfección”, y está además abierta al mundo.

Vistos estos modelos o aproximaciones que se han hecho y se hacen hoy para entender y vivir la santidad, podemos pensar que una realidad tan compleja no puede presentarse a la Iglesia y al mundo con suficiente claridad y poder de convencimiento, y ciertamente ya hemos mencionado antes la “ambigüedad” con que se presenta frecuentemente.

(Estas notas las escribí mientras preparaba mi tesina de licenciatura sobre la santidad en Thomas Merton, y luego quedaron fuera del texto final)

martes, 17 de mayo de 2011

NUESTRA MÁS ÍNTIMA VERDAD

“La santidad de Dios es la vocación universal de todos los seres, cada uno a su manera. Pero no hay santidad sin misericordia. Vocación y llamada a hacer el bien y ser feliz haciéndolo, y por hacerlo. Aspirar a conseguir hacer de la bondad hacia el otro una dicha para nosotros. Más aún. La santidad es nuestra más íntima verdad: somos santos. No somos santos porque seamos perfectos, sino simplemente porque somos, y vivimos y nos movemos y somos siempre en Dios y Dios en nosotros, también cuando nos sentimos mediocres e incluso fracasados”. (SAN)

lunes, 16 de mayo de 2011

Modos infantiles de concebir la SANTIDAD CRISTIANA.

Dice Thomas Merton que no siempre el fracaso de los cristianos para buscar y alcanzar la santidad se debe a su falta de voluntad, a pereza o al pecado. Con mucha frecuencia se debe más bien a confusión, ceguera, debilidad y malentendidos. No conoce muchas veces el cristiano la grandeza de su vocación y su condición, no sabe distinguir entre perfección y santidad, no puede vislumbrar el sentido de lo que se le pide, perdido como está entre tantas imágenes deformadas a su alrededor de lo que significa ser santos. Y sobre todo se pierde de vista que lo más importante en este camino es la confianza, el trabajo interior, la obra de la gracia.

El misterio de Dios resulta nebuloso e irreal, incluso para los hombres de fe; reducimos nuestra vida cristiana a una especie de propiedad gentil y social; falsificamos y deformamos las verdaderas perspectivas de la santidad; santidad se vuelve conformidad, aceptando lo que parece bueno de la sociedad en la que vivimos; se pone el acento en la “respetabilidad”.

“Puede haber mucha bondad real en esta clase de respetabilidad. Las buenas intensiones no se pierden a los ojos del Señor. Sin embargo, siempre habrá cierta falta de profundidad y una determinada parcialidad y falta de totalidad que hará imposible que tales personas alcancen la plena semejanza con Cristo, o al menos, logren trascender las limitaciones de su grupo social haciendo los sacrificios que les exige el Espíritu de Cristo, sacrificios que los alejan de algunos de sus allegados y les impondrán decisiones de una solitaria y terrible responsabilidad”. VS; Página 29.

Aquí hay una importante intuición de Thomas Merton, que toca un aspecto esencial de la llamada “religión tradicional”. Como un ejemplo de cristiano que logró superar este escollo pienso en Santa Teresita, cuya santidad Merton admira a pesar justamente de su entorno religioso y social, que ella consiguió trascender.
La santidad, dice, exige sacrificios, es un camino duro y austero, en el que debemos orar, ayunar, abrazar las dificultades, sacrificar muchas cosas por amor, con tal (importante esto) “de mejorar la condición del ser humano sobre la tierra”. El cristiano no puede vivir cómodamente, ignorando cuanto pasa a su alrededor, limitándose a hacer algunos gestos piadosos, mientras vive mediocremente su condición bautismal. Nuestro amor al prójimo no es simbólico, sino real.

Merton advierte: “Nos nos engañemos con fáciles e infantiles concepciones de la santidad”. Y pone algunos ejemplos concretos que me parece importante destacar:

1- El pensar que un aumento de la práctica religiosa (“resurgimiento religioso”) suponga necesariamente que la sociedad se esté abriendo realmente a Dios. Dice: “! No lo aseguremos tan a la ligera!” Al contrario. “El mero hecho de que las personas estén asustadas e inseguras, se aferren a eslóganes optimistas, acudan con más frecuencia a la iglesia y busquen pacificar sus atribuladas almas mediante máximas estimulantes y humanitarias, no es en modo alguno índice de que nuestra sociedad esté volviéndose “religiosa”. De hecho puede que sea un síntoma de enfermedad espiritual”.

2- Una religiosidad superficial carente de raíces realmente cristianas e ignorante de las necesidades de los seres humanos y de la sociedad, puede acabar siendo en verdad una evasión de los compromisos cristianos, y puede acarrear a la fe mucho descrédito. “Nuestra época necesita algo más que personas devotas que acuden asiduamente al templo, que evitan cometer faltas graves (al menos las faltas fácilmente identificables como tales), pero que raras veces hacen nada constructivo o positivamente bueno. No basta con ser exteriormente respetable”.

3- Algunos cristianos pueden vivir en sociedades injustas, mientras cierran los ojos a toda clases de males a su alrededor. Es el caso de los sistemas totalitarios del pasado siglo XX, o las sociedades capitalistas de libre mercado, de mayoría cristiana. “Están interesados tan sólo en su propia vida de piedad compartimentada, cerrada a cualquier otra cosa sobre la faz de la tierra”. Esto ha supuesto, y Merton es profeta cuando lo dice, “que dicha pobre excusa de religión contribuye efectivamente a la ceguera e insensibilidad moral y, en última instancia, conduce a la muerte del cristianismo en naciones enteras o en zonas muy amplias de la sociedad”.

sábado, 14 de mayo de 2011

CRISTIANOS ADULTOS

Una persona puede simplemente apartarse de la fe porque ha vivido aceptando una visión de la Iglesia, de Cristo, de Dios, totalmente deformada, es decir, falsa. Hay muchas personas que crecen en edad, en conocimiento intelectual e incluso psicológicamente, pero su fe es infantil, no crece con ellos, y acaba resultándoles inútil. ¿Cuándo la fe se hace madura? Responde Merton: “Nuestros ideales han de ser puestos a prueba de la manera más radical. Y esto es algo que no podemos evitar. No solo tenemos que revisar y renovar nuestra idea de la santidad y la madurez cristianas (sin temor alguno a desechar las ilusiones de nuestra infancia cristiana), sino que incluso es posible que tengamos que vérnosla en la vida con ideas inadecuadas de Dios y de la Iglesia. En efecto, tal vez topemos con abusos reales en la vida de los cristianos, en una sociedad que se autodenomina cristiana, e incluso dentro de la misma Iglesia”.

 Merton invita a cuestionar el concepto de “sociedad cristiana”, todavía hoy presente, consciente o inconscientemente, en algunas mentes, pues nuestras sociedades actuales (postmodernas y neoliberales, diríamos hoy) han dejado de ser genuinamente cristianas. Aferrarnos a los vestigios de una supuesta grandeza ya pasada puede hacernos creer que todavía vivimos en un mundo cristiano. Los acontecimientos históricos dejaron en la Iglesia y los creyentes “cierto espíritu de rigidez e incluso un cierto miedo ante los nuevos desarrollos”.

 Frente a todo esto, el cristiano maduro sabe hacer frente a la realidad con una sincera y humilde solicitud por la verdad y la gloria de la Iglesia de Dios. “Tiene que aprender a prestar ayuda para corregir estos errores sin incurrir en un celo indiscreto o rebelde. La arrogancia nunca es un signo de gracia”. El cristiano ha de ser guiado siempre por un espíritu de amor, humildad y servicio. Lo que vemos mal en la Iglesia no ha de ser disculpado ni ignorado, sino aprovechado para seguir creciendo y madurando en la fe. Son una oportunidad para la purificación, para la obediencia, para el amor. Aquí tiene Merton una importante intuición espiritual: ante estas situaciones irregulares en la vida eclesial muchos cierran los ojos, simplemente no pueden ver, o se rebelan, condenan o se apartan de la institución. Dice: “No se dan cuenta de que es en ese momento cuando están muy cerca de comprender el significado real de su vocación cristiana, y que están en condiciones de hacer el sacrificio que se exige a las personas cristianas adultas: la aceptación realista de la imperfección y la deficiencia en ellas mismas, en los demás y sus instituciones más queridas”. Se trata de afrontar la verdad, de aceptar que la Iglesia no existe para mí consuelo y edificación, para darme paz y seguridad o santificarme pasivamente. Es para darnos a ella, darle nuestra sangre y nuestro dolor, participando activamente en todas sus luchas (2 Co 9, 6-8). Por eso la santidad exige heroísmo, entrega, capacidad de renuncia, y mucha fe para ver, tras lo aparentemente inútil y frustrante, la gracia y la obra de Dios.

“Cuando perdemos de vista el elemento central de la santidad cristiana, que es el amor, y cuando olvidamos que la forma de cumplir el mandamiento cristiano del amor no es algo remoto y esotérico, sino, por el contrario, algo inmediatamente presente, entonces la vida cristiana se vuelve complicada y enormemente confusa. Pierde la sencillez y la unidad que Cristo le dio en su Evangelio y se convierte en un laberinto de realidades que no guardan relación entre sí: preceptos, consejos, principios ascéticos, casos morales y hasta tecnicismos legales y rituales. Estas cosas resultan difíciles de entender en la medida en que pierden su conexión con la caridad que las une y proporciona a todas una orientación hacia Cristo”. VS, 57

miércoles, 11 de mayo de 2011

Escritos sobre TM en español.

Si en el mundo anglosajón se mantuvo el interés de por Thomas Merton después de su muerte, en el mundo hispano fue decayendo progresivamente; en la década del 90 del pasado siglo apenas había alguna que otra reedición de sus obras o estudios sobre ellas. Fue pionero en España el trabajo que realizaron Fernando Beltrán Llavador y Francisco R. de Pascual, en la recuperación del legado de Merton. De 1996 es el estudio “La contemplación en la acción. Thomas Merton”, de Fernando Beltrán, que supone un conocimiento amplio del tema y una profundización en la espiritualidad del monje trapense . Presenta una semblanza de la vida y la obra de Merton, calificándolas, la primera como “testimonio de un monje del siglo XX”; y la segunda, como “una inmensa carta de amor al mundo”. Luego, en la segunda parte, que titula “El vuelo monástico”, intenta sistematizar ya el paradójico pensamiento de Merton que oscila entre dos polos: soledad y sociedad; ya aludiremos a ello más adelante.

Francisco R.de Pascual ha preparado la edición de “Escritos Esenciales. Thomas Merton”, publicada por Sal Terrae, en el año 2006. A la selección esmerada de los textos de Merton precede una cronología de su vida y obra, y una introducción en la que pretende también presentar una especie de guía biográfico-doctrinal sobre la que luego desplegará la selección de textos de la obra de Merton . Así, todo el libro gira sobre unas coordenadas que recogen de modo esencial las ideas fundamentales desarrolladas por Merton a lo largo de su vida y de su obra. Los títulos de estas son: Entrar en el mundo es gracia; Libre por naturaleza; Intuiciones difíciles; Un submarino en el fondo del mar; Mi lugar en el mundo; De la soledad a la compasión; y La visión unificada y la integración final. Como se puede constatar estas aluden a una comprensión concreta de la vida de Merton, que apuntan a su vez a la manera que este tuvo de buscar la santidad cristiana en su vocación personal, como bautizado y como consagrado también.

Una religiosa española, que ha trabajado durante muchos años en Asia ha dedicado también parte de su tiempo a estudiar la vida y la obra de Thomas Merton, y como resultado ha editado dos libros, breves, pero sugerentes sobre la vida y la obra del monje trapense, y en especial sobre su vínculo con lo español; me refiero a María Luisa López-laguna, y sus libros “Thomas Merton: una vida con horizonte”, y “Ni ángel ni estatua. El sacerdocio en los escritos de Thomas Merton”, en Ediciones San Pio X.

Otra obra, clásica, traducida a nuestro idioma, es la de Jim Forest, que fuera amigo de Thomas Merton, y vinculado al movimiento social de la década del 60 en los Estados Unidos. Lo que esta aporta fundamentalmente a la biografía de Merton es su acercamiento de primera mano al compromiso que el monje tuvo con los movimientos por la paz y el desarme, además de leer la vida del monje desde una comprensión laica, que permite participar de las dudas que muchos manifestaron a Merton acerca de su permanencia en el monasterio en la década del 60, en medio de un fuerte movimiento contestatario, tanto social como religioso.

Mención aparte merece el estudio realizado por Henri Nouwen, en el año 1981, y que también está vertido al español. Para comprender el valor de las afirmaciones que sobre Merton aparecen en esas páginas citamos a quien fuera discípulo de Merton, y es hace años abad del Monasterio de Genesee, John Eude Bamberger:
Henri Nouwen estuvo con Merton sólo una vez; sin embargo, a causa de una afinidad de sentimientos y percepción logró comprender la principal fuerza motivadora de la vida de Merton: meditación y oración. Pudo reconocer esta fuerza con mayor certeza y profundidad que algunos que, aseverando haber sido amigos íntimos de Merton, pasaron por alto el hilo conductor de su trabajo y de su vida por falta de afinidad con su visión de Dios, de la humanidad y del cosmos”.
Los títulos de los acápites que Nouwen desarrolla resultan también clarificadores para comprender las intuiciones que este tuvo sobre TM: Del sarcasmo a la contemplación, El camino hacia el silencio, Conquistando la soledad, Desenmascarando la ilusión, El descubrimiento de Oriente.

Por último, en la muy reciente biografía de Ramón Cao Martínez, que nos presenta el itinerario vital de Thomas Merton en 5 etapas fundamentales, los títulos son también importantes para comprender de modo general el proceso de maduración humana y espiritual del biografiado: Hogares cambiantes (infancia), De la furia al silencio (juventud y conversión), En el vientre de una paradoja (maduración espiritual), Desierto y comunión (Soledad y compromiso), y El viaje de un sin hogar (El final del camino). Esta es una biografía breve, pero muy completa, que recoge los momentos básicos de la vida de TM.
Finalmente, quiero mencionar en este sentido la tesis de licenciatura presentada en la universidad de Comillas por Elvira Rodena, titulada “Thomas Merton, una propuesta de vida interior”, año 2005, y publicada recientemente.

sábado, 7 de mayo de 2011

THOMAS MERTON, según el P.Segundo Llorente, S.J. (final)

Aquí está, al fin, la conclusión del testimonio del P. Segundo Llorente, misionero español en Alaska, sobre Thomas Merton. La falta de tiempo no me había permitido sentarme a pasarlo al formato digital. Creo que es un aporte interesante para los interesados en la vida del monje trapense, al presentarla desde una particular visión eclesial y teológica.
 
“En la mañana del día diez, Merton leyó un trabajo que había hecho para la asamblea. Se convino en que después de la siesta se juntarían de nuevo todos para discutir el trabajo de Merton en charla familiar de preguntas y respuestas. Durante la siesta se oyó un grito cerca de la habitación de Merton. Salieron algunos a ver qué pasaba, pero como no se oyó nada más, se creyó que había sido una ilusión o cosa al menos sin importancia. Como no hizo acto de presencia en la reunión, fueron a llamarlo y le encontraron muerto. Estaba en el suelo con pijama y los pies mojados. Parecía evidente que se había duchado. Encima del cadáver estaba un ventilador eléctrico. ¿Qué había pasado? No hubo modo de saberlo a punto fijo.
Tal vez tuvo un ataque al corazón y cayó contra el ventilador que a su vez cayó sobre él. O tal vez al mover el ventilador tocó un alambre eléctrico que le electrocutó; porque con los pies mojados y encima un poso de piedra se pudo establecer fácilmente una corriente eléctrica. Tenía un golpe en la nuca que le produjo sangre. Del lado donde estaba el ventilador, en el brazo y el costado, tenía una quemadura y unas cortadas. El ventilador estaba todavía funcionando. Los médicos que fueron traídos a todo correr le pronunciaron muerto. Se llamó a la policía para que todo estuviera en orden. Toda la tarde y hasta pasada la medianoche los monjes y asistentes velaron el cadáver y al día siguiente se celebró una misa de Réquiem en presencia del Delegado Apostólico, el arzobispo de Bangkok y de otras dignidades eclesiásticas. Convencidos como estaban de que Merton era un alma dada del todo al servicio y gloria de Dios, decidieron celebrar la misa con vestiduras de color blanco, para testimoniar la alegría ante el triunfo de la vida sobre la muerte. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?”.
El consulado norteamericano, debidamente informado, despachó un secretario para reclamar el cadáver. Lo trasladaron en avión a Estados Unidos y lo depositaron en la abadía de Getsemaní del estado de Kentucky, la residencia oficial de Merton. El 17 de diciembre la comunidad de la abadía celebró un funeral acostumbrado y acto seguido Merton fue enterrado en el cementerio común de los monjes. Tenía 53 años.

Esta noticia detallada se nos notificó desde Getsemaní y no hay que decir que nos dejó a todos asombrados. ¡Planes de Dios! ¡Qué inescrutables son esos planes! Parecía que Merton iba a estrechar los contactos religiosos con el Lejano Oriente. No lo pudo hacer en vida. A ver si intercede desde el cielo. Parecía que iba a venir a Cordova, la de Alaska, a pasar los domingos conmigo, hablar de San Juan de la Cruz, darnos mutuamente cuenta de conciencia, animarnos, alentarnos, espolearnos a seguir más de cerca las pisadas sangrientas de Cristo. No nos fue permitido eso. Cuando miro el sillón donde se sentó mientras estuvo en mi casa no puedo menos que recapacitar en lo que podría decirme ahora Merton si bajase y se sentase de nuevo a desayunar conmigo, o mejor, a verme desayunar, porque él ya tiene otro manjar del que no nos es dado gustar a los viandantes de este valle de lágrimas.
Ahora podrá despacharse a sus anchas con San Juan de la Cruz y discutir sobre los diez grados de amor de Dios que enumeró el santo castellano, entre otras cosas”.

viernes, 6 de mayo de 2011

BIBLIOGRAFÍA SOBRE THOMAS MERTON

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-- BELTRÁN, F., “Hermano silencio y hermana palabra. Conversión y conversación de Thomas Merton en soledad y sociedad”, Cistercium, 49 (1997) 646-654.

-- BELTRÁN, F., “Thomas Merton”, Cónfer-Comunidades, XXIV/92 (1997) 99-175. Incluye “Mertoniana: Aproximación a los estudios de Thomas Merton”, fichero de materias, 40 p.

-- BELTRÁN, F., “Apertura e intimidad. Directrices espirituales de Thomas Merton para el Siglo XXI”, Cistercium, 53 (2001) 17-26.

- BELTRÁN, F., “Introducción a la figura de Thomas Merton: premisas y promesas del humanismo cristiano”, Cistercium, 54 (2002) 489- 510.

- BELTRÁN, F., “Una lectura de Thomas Merton en tiempos de globalización”, Cistercium, 55 (2003) 297-311.

- BELTRAN, F.; PASCUAL, R., “La respuesta del monje en tiempo de opciones cruciales”, Cistercium, 56 (2004) 521-543.

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- MOTT, M., The seven mountains of Thomas Merton, Boston, Houghton Mifflin, 1984.

- NOUWEN, H.J.M., Encuentros con Merton. Reflexiones espirituales, Buenos Aires, Bonum, 2007, 111 p.

- DE PASCUAL, F. R., “Compendio general de la obra de Thomas Merton: estudio bibliográfico”, Cistercium, 55 (2003) 433-471.

- DE PASCUAL, F.R., “Montañas, puertas, horizontes… símbolos de contemplación en Thomas Merton”, Cistercium, 53 (2001) 107-118.

- DE PASCUAL, F.R., “Thomas Merton: Desierto”, Revista de Espiritualidad, 62 (2003), 117-160.

- PENNINGTON, M.B., Un retiro espiritual con Thomas Merton, Buenos Aires, Estaciones Editorial, 1994, 141 p.

-- PETISCO, S., “Verbo poético y verbo profético en Thomas Merton”, Cistercium, 54 (2002) 535-545.

- PETISCO, S., “La poesía de Thomas Merton, creación crítica y contemplación”, Cistercium, 55 (2003) 919-928.

- RODRÍGUEZ, M.D., “Zen y cristianismo en Thomas Merton”, Cistercium, 53 (2001) 43-70.

- ROLLÁND, M.S., “La fragua de una nueva humanidad”, Cistercium, 54 (2002) 571-586.

- SATUÉ, P., “Edith Stein y Thomas Merton. Vía de holocausto en un mundo violento”, Cistercium”, 54 (2002) 587-604.

- SKUDLAREK, W., Célibes y libres para amar, Santander, Sal Terrae, 2008, PP. 41-65.

-THURSTON, B., “Epifanía y Edén. Amor divino y amor humano en ‘Dieciocho poemas de Thomas Merton’”, Cistercium, 53 (2001), 141-152.

- VANDERGRIFT, N.V., Meditando con Thomas Merton, Buenos Aires, Lumen, 1997.

martes, 3 de mayo de 2011

PARA LEER A THOMAS MERTON

A menudo me preguntan los amigos del blog: ¿Cuáles consideras que son los mejores libros de Thomas Merton? Esta pregunta está vinculada en muchas ocasiones al interés por su lectura, ¿Por dónde empezar a leer a TM? ¿Cuáles son sus libros más importantes? No conozco toda la obra de Merton, aunque he leído buena parte, al menos toda la que se ha publicado en nuestro idioma; no obstante, tengo mis preferencias, y creo lo he dicho en alguna ocasión, me quedaría siempre con sus escritos más personales: autobiografía y diarios. Así, pues, menciono en este sentido los básicos:
1. La montaña de los siete círculos (Sudamericana)
2. El signo de Jonás (Lumen).
3. Diarios (2 tomos) (Oniro).
4. Cartas: Correspondencia con Ernesto Cardenal (Trotta), y Coraje para la verdad (Lumen).

Además de lo anterior, en sus escritos sobre espiritualidad, destacaría:
1. Conjeturas de un espectador culpable (Pomaire).
2. Nuevas semillas de contemplación(Sal Terrae)
3. Místicos y maestros zen (Lumen)
4. Tiempos de celebración (Pomaire)
5. Humanismo cristiano (Kairós).
6. Vida y santidad (Sal Terrae).
7. La experiencia interior (Oniro).

Algunos libros que recogen escritos personales y a la vez espirituales, organizados para una lectura más orante:
1. Escritos esenciales (Sal Terrae).
2. Diálogos con el silencio (Sal Terrae).
3. El libro de las horas (Sal Terrae).
4. Un año con Thomas Merton (Sal Terrae).

Este listado es muy subjetivo, por supuesto, y quedan fuera de él cosas importantes; pero puede valer para orientar a quien descubre a TM y quiere adentrarse en su mundo. Sería sumamente interesante poder ofrecer una propuesta de lectura de los textos de Merton que hacen referencia a la vida consagrada en la iglesia, o en torno a temas sociales (Lucha a favor de la paz o contra el racismo); lo mismo en torno a su acercamiento a otras experiencias religiosas. Puedo hacerlo en otra entrada: en esta hago una mirada más general, que abarca todo.

¿Cuál es el libro de TM que más veces yo he leído? Sin lugar a dudas: “El signo de Jonás”. ¿Y el que descubrí más tarde y me deparó una lectura muy agradable y estimulante?: “Conjeturas de un espectador culpable”.

Como una pequeña joya, que me gusta repasar de vez en vez, sencillo, que incursiona en temas de diversa índole: “Los manantiales de la contemplación” (Sudamericana).

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.