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martes, 24 de mayo de 2011

EXPERIENCIAS JUVENILES DE TM (2)

En el relato autobiográfico que seguimos Merton introduce el tema del egoísmo, pues eso es para él el pecado, y dice que empezó a crear una fuerte resistencia a todo lo que fuera no hacer su propia voluntad, y eso fue reforzado cuando recibe la independencia o emancipación económica de parte de su abuelo, que intentaba asegurar su manutención y estudios para los años siguientes. Junto a esa nueva independencia Merton desarrolla otras cualidades: pasa temporadas en casa de su padrino , un amigo de su padre, y aprende a fumar, lee nuevos libros, descubre y disfruta de la música de la época, y amplia sus conocimientos de pintura, teatro y cine, siempre fundados en valores más cosmopolitas y mundanos; y apunta que en la casa de su padrino desarrolla “una maledicencia deslenguada contra quienes no estaba de acuerdo o cuyos gustos o ideas chocaban con los míos”.

De los días de la enfermedad de su padre, Thomas Merton recuerda en su autobiografía un momento particular:

Un día encontré su cama cubierta de notas de papel azul, sobre las que había estado dibujando. Y eran verdaderos dibujos. Pero no representaban nada de lo que había visto…retratos de pequeños santos, airados, de aspecto bizantino, con barbas y grandes aureolas”.

(Merton interpreta así el acontecimiento: De todos nosotros, mi padre era el único que tenía alguna fe Ahora no dudo de que tenía mucha fe, que tras los muros de su aislamiento, de su inteligencia y su voluntad incólumes, no embarazadas por la parcial obstrucción de ninguno de sus sentidos, se habían vuelto a Dios y se comunicaban con Dios, que estaba con él y en él y que le daba, sin duda, luz para entender su sufrimiento en su propio bien y perfeccionar su alma”. M7C, 129).

La figura paterna y lo que acompañó el momento de su muerte son un referente muy importante para el crecimiento espiritual de Merton. Son como detonantes, estímulos, que hacen que el joven tome consciencia de una realidad más honda. Como un anuncio de lo que vendría resultó lo sucedido en Roma, en el año 1933; así lo resume Ramón Cao Martínez en su biografía de Thomas Merton:

Una noche, en su habitación, aun con la luz encendida tuvo por un instante la vivísima sensación de la presencia de su padre. Fue una experiencia sobrecogedora que le hizo percibir con horror el sinsentido de su vida, su profundo extravío moral, su vacío religioso. Experimentó desde lo más hondo el deseo de una transformación radical. Fue como una oración que brotaba de la totalidad de su ser, desde sus más remotas raíces. Entre abundantes lágrimas habla a Dios, como nunca lo había hecho, y a su padre “como si fuera una especie de intermediario”.

Su entrada a la universidad en 1933 empeora la situación, y al año siguiente se ve obligado a regresar a Estados Unidos. Hay en estos años de su vida una cadena de hechos adversos, de conductas desordenadas, que si bien responden a ambientes concretos en los que el joven Merton se desenvolvía, suponen también cierta elección de su parte. Hay una experiencia fuerte que va minando su seguridad y confianza interior, y que le prepara para el momento de dar el “salto” espiritual. Merton describe varios momentos que son como fogonazos que van provocando en él un despertar progresivo a la conciencia de su propia verdad y a la presencia de Dios. Estos acontecimientos no resultan siempre claros en el momento que suceden, pero luego, mirando atrás, caemos en la cuenta de que resultaron claves para que consiguiéramos liberarnos de lo accidental y encontrásemos lo esencial.

1 comentario:

San dijo...

Una buena aproximación a los acontecimientos juveniles de Merton y a su manera de traducirlos existencial y espiritualmente, Manuel.Un cúmulo de circunstancias vitales que influyeron en la construcción de la interesante y compleja personalidad de este hombre y en la adopción de un tipo concreto de espiritualidad para iniciar un camino que, por azar, terminó antes de lo previsto como natural.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.