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jueves, 5 de junio de 2014

EL GIGANTE DE UN SOLO OJO...

"El hombre blanco, dijo Laurens Van Der Post, llegó a África (y Asia y América, para el caso) como un gigante de un solo ojo, llevando consigo la ceguera y la escisión que le caracterizan, que son, al mismo tiempo, su fuerza, su tormento y su ruina. Con su mente aislada y escrutadora, el hombre occidental dominaba los conceptos y las abstracciones. Era dueño de la cantidad y el conductor de aquellas fuerzas sobre las cuales el conocimiento cuantitativo le confería una supremacía carente de comprensión. Y al gobernar la materia sin comprenderla, contemplaba su yo corporal como un objeto incomprensible, aun pudiendo analizar y descomponer cada una de sus partes. Se rindió a unas pasiones que ya no consideraba malignas, pero que, aun así, eran unas fuerzas inescrutables y objetivas que volaban hacia él desde la oscuridad que circundaba el pequeño círculo iluminado por una razón moral pragmática y autocomplaciente. El gigante de un solo ojo poseía una ciencia carente de sabiduría, e irrumpió en unas civilizaciones antiguas que (como el occidente medieval) tenían sabiduría sin ciencia: una sabiduría trascendente y unitaria; una sabiduría que habitaba al mismo tiempo en el cuerpo y en el espíritu y que, hija del mito, del rito y la contemplación más que del experimento científico, abría la puerta a una vida en la que el individuo no se perdía en el cosmos y en la sociedad, sino que se encontraba en ellos. Una sabiduría para la cual toda vida era sagrada y tenía un sentido, incluso aquella que en épocas posteriores se dio en llamar secular y profana".

Thomas Merton
"Gandhi y el gigante de un solo ojo"
ONIRO

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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