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sábado, 7 de junio de 2014

MANTENERSE DESPIERTO

En su libro “Pensamientos en la soledad” Merton comenta acerca de la santidad cristiana y la vida espiritual [1]

La santidad no es evasión de la realidad, sino una completa entrega de nosotros a la realidad. “El temperamento no predestina a un hombre a la santidad y a otro a la condenación. Todos los temperamentos pueden ser el material de la condena o la salvación”.[2] Vida espiritual no es vida mental, no es sólo pensamiento. Tampoco es sólo cosa de “sentir”. No excluye pensamiento y sentimiento, al contrario, incluye a ambos. No es una vida concentrada “en el punto más alto” del alma, una vida de la que se excluyen mente, imaginación y cuerpo. Si así fuera, pocos podrían llevarla, y además, no sería vida. “Si el hombre ha de vivir, tiene que estar enteramente vivo, cuerpo, alma, mente, corazón, espíritu. Todo debe ser elevado y transformado, por la acción de Dios, en el amor y la fe”.[3] La vida espiritual es, principalmente, una vida[4]; es principalmente un asunto de mantenerse despierto[5]. Una vida es toda espiritual o nada espiritual, no hay término medio. Si se desea tener una vida espiritual hay que unificar la vida.[6]


[1] De 1958; recoge los pensamiento sobre la vida contemplativa e intuiciones básicas de algunos momentos de meditación de TM durante los años 1953 y 1954; de relieve el vínculo que establece entre soledad y sociedad, aspecto esencial de su andadura contemplativa. Para Merton la soledad es esencial para el hombre se halle a sí mismo, para el descubrimiento de la persona real; aquí vuelve el vínculo entre santidad o plenitud, e identidad. LCA, 54-55. 

[2] PS, 18. 

[3] PS, 22 

[4] PS, 32 

[5] PS, 33 

[6] PS, 39

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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