Seguidores

miércoles, 11 de junio de 2014

THOMAS MERTON, SACERDOTE

"¡Oh, el Fuerte Dios Viviente! Ardo en deseos de llegar a su paz, a su estabilidad, a su silencio, al poder y sabiduría de su acción directa, a la liberación de mis cargas terrenales.

Qué amengüe la servidumbre de los deseos que gravitan sobre mi vida, para que quede liberado y pueda acercarme más al Señor en todas las misas que oficie.

Qué cada misa ilumine mi oscuridad y sea un paso más hacia el cielo y la revelación. Qué cada misa sea un enriquecimiento y una liberación para mi alma y para todas aquellas que, en los designios de Nuestra Señora, por obra de esas misas hayan de llegar a la santidad y a la contemplación, alcanzando así la libertad y la alegría.

Ser sacerdote significa no tener nada, no desear nada y no ser nada, sino pertenecer a Cristo. Mi alegría es el gran poder de Cristo. La misa es lo más maravilloso que ha entrado a formar parte de mi vida. Mi alma está unida al alma de Cristo gracias al carácter sacerdotal que Él imprime en mí. En la Santa Misa su alma y la mía actúan tan estrechamente como les es posible, y son inseparables como un rayo de luz fundido en otro rayo de luz. Sin dejar de ser quien soy, me convierto en otro ser, elevándome a un nivel de existencia mucho más alto, puro y sencillo. La labor de un sacerdote consiste en espiritualizar al mundo.

¡Oh Señor, si la misa pudiera ser cada día lo que es en la mañana de Pascua! ¡Si las plegarias pudiesen ser tan claras, si el Cristo Resucitado pudiese brillar en mi alma, a mi alrededor y ante mí, con esta sencillez pascual! Porque en esta sencillez está nuestra alegría; este es el pan sin levadura que es maná y alimento del cielo; esta pureza, esta libertad, esta sinceridad pascual.

¡Oh Dios mío! ¿Qué podría hacer para convencerte de que anhelo tu verdad y tu sencillez, de que deseo compartir tu infinita sinceridad, que es espejo de tu verdad y de tu Segunda Persona?

¡Danos siempre de este Pan del Cielo! ¡Danos a beber siempre de esta agua para que nunca más tengamos sed!

Amen".

(Texto conformado con diferentes pasajes de “El Signo de Jonás”).

No hay comentarios:

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.