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lunes, 18 de junio de 2018

CAMINOS DE LIBERTAD



De una carta a Victoria Ocampo del 13 de septiembre de 1958: “No hay nada en el mundo tan importante como el diálogo realmente vivo entre los seres vivos, los hijos de Dios, como lo somos nosotros: porque su diálogo no puede existir sin la intervención de Dios mismo. ¡Qué misterio maravilloso el lenguaje humano, en el que se manifiesta la Palabra de Dios!”.
                       
De la misma carta anterior, sobre el SACERDOTE: “Lo peor del diálogo oficial entre un sacerdote y quienes no lo son es esta conciencia terrible de una diferencia que, en suma, no debería contar demasiado.  En efecto, uno termina por creer que el sacerdote está suspendido, como jerarca y burócrata, en la mitad exacta del abismo que separa a los hombres de Dios. No hace allí sino anunciar decisiones oficiales, dogmáticas, morales, canónicas. Es un poco menos amigable que el médico, el abogado, el psicoanalista. No se tiene en cuenta el hecho de que Dios no se separa nunca de los hombres, porque Dios y el hombre son uno en Cristo. Lo que importa en el sacerdote, hombre de Dios, es su humanidad, porque él prolonga, más que todos los demás, el misterio de la encarnación. Ahora bien, si el sacerdote está un poco deshumanizado por su formación en el seminario…”. Luego, sigue más adelante: “No crea jamás que soy un ser distinto de usted, que estoy aquí en un monasterio bien tranquilo, sin problemas como los suyos. Muy por el contrario, vivo en el corazón mismo de su problema, porque estoy en el corazón mismo de la Iglesia. Yo no me creería un verdadero monje, un verdadero sacerdote, si no fuera capaz de sentir en mí mismo todas las revueltas y todas las angustias del hombre moderno. Pero es necesario sentir todo esto, sufrir todo esto, pero no aislado y a la deriva, sino con Cristo que lo ha soportado todo y que lleva todo en nosotros”.

Verdaderamente, lo único que puede liberarnos es Cristo, pero no lo encontramos simplemente a través de las evasiones fáciles, de las renuncias pasivas. No podemos encontrarlo realmente por medio de una abdicación, porque encontrar la verdad supone la fidelidad más heroica a todos sus reflejos en nosotros mismos, comenzando por aquellos que nos muestran nuestra propia miseria y la de los demás” (La misma cita).

Usted sabe muy bien que encontrará a Dios en el centro de sí misma… búsquelo. No va a resolver todos sus problemas en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, es el medio mismo de estos problemas donde encontrará a Dios y a Cristo, porque Él está con usted. Y es Él quien le hará salir de ellos. Pero piense en Él y no busque evadir las situaciones difíciles; tómese un poco más de tiempo para ser usted misma y encontrará sigilosamente, oscuramente, a Cristo” (Igual, 13 septiembre, 1958).

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.