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viernes, 1 de junio de 2018

VOCACIÓN BELLA Y TERRIBLE...


“¡Cuán bella y cuán terrible es a un tiempo la vocación sacerdotal! Un hombre, débil como cualquier otro, imperfecto como cualquiera, tal vez con menos dotes que muchos de aquellos a quienes es enviado, tal vez menos inclinado a la virtud que muchos de ellos, se encuentra dividido sin posibilidad de escape entre la misericordia infinita de Cristo y el casi infinito espanto del pecado del hombre. No puede evitar que en el fondo de su corazón sienta algo de la compasión de Cristo por los pecadores, algo del aborrecimiento del Eterno Padre al pecado, algo del amor inexpresable que lleva al Espíritu de Dios a consumir el pecado en el fuego del sacrificio. Al mismo tiempo puede sentir en sí mismo todos los conflictos de la debilidad, la irresolución y el temor humanos, la angustia de la incertidumbre, el desamparo y el miedo, el fuego ineludible de la pasión. Todo lo que él aborrece en sí mismo se le vuelve más aborrecible a causa de su infinita unión con Cristo.  Pero también a causa de su misma vocación él está obligado a encarnar con resolución la realidad del pecado en sí mismo y en otros. Está obligado por vocación a luchar contra ese enemigo. No puede eludir el combate. Un combate que él por sí solo nunca podrá ganar: tiene que dejar que Cristo luche contra el enemigo en él; debe luchar en el terreno escogido por Cristo y no por él. Ese terreno son la cumbre del Calvario y la Cruz. Pues, para decirlo de una vez, el sacerdote no tiene sentido en el mundo sino es para perpetuar en éste el sacrificio de la Cruz y para morir con Cristo en la Cruz por amor de aquellos a quienes Dios quiere que el sacerdote salve” (1956).

Thomas MERTON sobre el sacerdocio, en LOS HOMBRES NO SON ISLAS (Capítulo VIII, La vocación, páginas 133-135). 


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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.