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domingo, 24 de junio de 2018

IGLESIA VERDADERA



Al escribir acerca de la santidad en uno de sus libros, y tratar la dimensión comunitaria del compromiso cristiano, Thomas Merton hace una distinción importante e iluminadora: cuando hablamos de Iglesia, una cosa es el “andamiaje” y otra “el verdadero edificio”. Dice: 
Demasiado a menudo, las personas que se toman en serio la vida espiritual  malgastan sus esfuerzos en el andamiaje, haciéndolo cada vez más sólido, permanente y seguro, sin prestar atención al edificio en sí”. 

Esto tiene que ver con el temor y la búsqueda de seguridad, una especie de miedo inconsciente, dice, a las verdaderas responsabilidades humanas. A esto, opone lo contrario:

 “El verdadero edificio de la Iglesia es la unión de corazones en amor, sacrificio y trascendencia personal. Y la solidez de este edificio depende de hasta qué punto toma el Espíritu Santo posesión del corazón de cada persona, no de la medida en que nuestra conducta exterior es organizada y disciplinada por el sistema oportuno".

Esta comparación que hace Thomas Merton entre “andamiaje” y “edificio verdadero” vale para expresar un aspecto importante de la santidad cristiana. La verdadera santidad  es aquella que apunta al edificio verdadero, mientras que hay otros elementos “santos” y una “santidad” que busca más sostener el andamiaje, es decir lo estructural, lo secundario.  Hay modelos de santidad que buscan canonizar la estructura eclesial más que la Iglesia misma. No es el caso de Merton.


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¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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