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domingo, 23 de noviembre de 2008

Trascender la dualidad.


"Dios se hizo hombre. Asumió la debilidad y la mediocridad humanas y Se ocultó, haciéndose un ser humano anónimo e insignificante en un lugar sin importancia alguna. Y no quiso en ningún momento dominar sobre los hombres, ser Rey, Jefe, Reformador o Superior a sus criaturas de alguna manera. No quiso ser más que su hermano, su consejero, su siervo y su amigo. No fue una persona important, en el sentido humano del término, aun cuando desde entonces hemos hecho de Él La Persona Más Importante. Ésta es otra cuestión: pues, aun cuando es muy cierto que Él es el Rey y Señor de todo, el vencedor de la muerte, el juez de los vivos y de los muertos, el Pantokrator, sigue siendo también el Hijo del Hombre, escondido, desconocido, sin importancia, vulnerable: pueden incluso matarlo. Y cuando el Hijo del Hombre fue ejecutado, resucitó de entre los muertos y volvió a estar con nosotros, pues dijo: "Matadme; esto no tiene ninguna importancia".

Habiendo muerto, Su Persona ya no muere más. Pero por haberse hecho hombre, haber unido la naturaleza humana a la Suya y haber muerto por el hombre y resucitado como hombre de entre los muertos, consiguió hacer Suyos los sufrimientos de todos los hombres; la debilidad y la vulnerabilidad de estos se hicieron Su debilidad y Su vulnerabilidad.; hizo Suya la insignificancia de los seres humanos. Pero al mismo tiempo dio a los hombres Su poder, inmortalidad, gloria y felicidad, y éstas pudieron hacerse de ellos. Así, si el Dios-Hombre es todavía grande, es más por nosotros que por Su deseo de ser grande y fuerte, ya que para Él fuerza y debilidad, vida y muerte, son dualidades que no le conciernen, pues está por encima de ellas en SU trascendente unidad. Con todo, quiere alzarnos también a nosotros por encima de esas dualidades, haciéndonos uno con Él. Pues, aun cuando el mal y la muerte pueden tocar el efímero yo exterior en el que habitamos, separados de Él, en el que estamos alienados y exiliados en la irrealidad, jamás pueden tocar el yo real interior donde hemos sido hechos uno con Él.

Porque Dios, al hacerse hombre, se convirtió, no sólo en Jesucristo, sino también, potencialmente, en todos los hombres y mujeres que han existido y existirán jamás. En Cristo, Dios se hizo no sólo este hombre, sino también en un sentido más amplio y más místico, aunque no menos cierto, todo hombre".


Thomas Merton.

Nuevas semillas de contemplación.

4 comentarios:

Analía dijo...

Genial este texto Manuel!
Me deja pensando...

Anónimo dijo...

Es una gracias realmente tener estas miradas tan hondas y diversas a lo tradicional en relación con los misterios de la fe. Es importante difundir en la red este "otro modo" de ser católicos, tan válido como otros, y en los que la catolicidad tiene que ver más con la fe que con la cultura. Gracias, Manuel.

inés dijo...

Gracias P. Manuel,
este párrafo de T.M. me ha dado nueva luz para profundizar en las lecturas de la misa de hoy: domingo de Cristo Rey.

inés

Anónimo dijo...

No tngo nada en contra de otras religiones o espiritualidades, pero me llama la atención cómo muchas personas hoy buscan respuestas en otras culturas, simplemente porque han vivido la propia de modo superficial, sin descubrir y aprovecharse de sus tesoros. Por eso me parece bien promover a alguien como Merton, porque su "catolicidad" es indiscutible, lo mismo que su identidad cristiana.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.