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sábado, 13 de noviembre de 2010

TESTAMENTO ESPIRITUAL

“Hoy es el primer día de mi año sabático. Estoy emocionado y nervioso, lleno de esperanza y asustado, cansado y con el deseo de hacer miles de cosas. El año que se abre ante mí me parece un extenso campo abierto repleto de flores y semillas. ¿Cómo cruzaré este campo? ¿Qué habré aprendido cuando llegue finalmente al otro extremo?” (15).


Así comienza “Diario del último año de vida de Henri Nouwen” (PPC, 2002). El 2 de septiembre de 1995 Henri comenzó este diario, intentando recoger en él todo cuanto sucediera, y sin saber que seria el último año de su vida entre nosotros. Las casi 300 páginas de este libro nos permiten encontrar al Nouwen de siempre: inquieto, preocupado por muchas cosas, inseguro, pero al mismo tiempo capaz de trasmitirnos fuerza, confianza, deseos de orar y seguir a Jesús, y un montón de cosas más.
Su comunidad de El Arca le dio la posibilidad de tomarse un tiempo para descansar y escribir, que según el mismo Henri apuntara, le hacía libre para luchar con el Ángel de Dios y pedirle una nueva bendición. Es la misma bendición que nosotros recibimos en la lectura de sus escritos, en las intuiciones espirituales que nacieron en medio de sus luchas personales. Detrás de todo lo que Henri dice, está el AMOR, infinito e incondicional de Dios.

“La oración es el puente entre mi subconsciente y mi vida consciente. Conecta mi mente con mi corazón, mi voluntad con mis pasiones, mi cerebro con mi estómago. Es la manera de que el Espíritu dador de vida penetre en todos los recovecos de mi ser. La oración es el instrumento divino de mi integridad, unidad y paz interiores” (17).

“Cada vez estoy más convencido de que es posible vivir las heridas del pasado no como abismos que nunca se pueden salvar, lo cual siempre nos asusta, sino como puertas a una vida nueva. La puerta sin puertas de la filosofía zen y las heridas curadoras de Cristo nos animan a separarnos del pasado y a confiar en la gloria a la que estamos destinados” (133).

Creo personalmente que Jesús se encarnó para abrirnos la puerta de la casa de Dios, y que todos los hombres pueden pasar por esta puerta, conozcan o no a Jesús” (73).

1 comentario:

San dijo...

Nouwen no tuvo una vida nada fácil, como él mismo ha reflejado en sus escritos. Durante toda ella atravesó por intermitentes crisis psicológicas, que le ocasionaban sufrimientos y depresiones bastante dolorosas. Cristo para él, supuso una forma muy evidente y concreta de sanación.
Me uno incondicionalmente a estas palabras de Nouwen, con esperanza y confianza plenas: "Creo personalmente que Jesús se encarnó para abrirnos la puerta de la casa de Dios, y que todos los hombres pueden pasar por esta puerta, conozcan o no a Jesús".

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.