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viernes, 18 de noviembre de 2011

DESIERTO

“La perspectiva de tener que atravesar este desierto es algo que horroriza tanto
a la mayoría de las personas que se niegan a entrar en sus ardientes arenas y a
caminar entre sus rocas. No pueden creer que tienen que encontrar la
contemplación y la santidad en una desolación donde no hay alimento, refugio
ni refrigerio para su imaginación, su intelecto y los deseos de su naturaleza.
Convencidas de que la perfección se mide por las brillantes intuiciones de Dios
y las fervientes resoluciones de una voluntad inflamada de amor, persuadidas de
que la santidad es cuestión de fervor sensible y resultados tangibles, no quieren
saber nada de una contemplación que no complace a su razón ni llena sus
mentes y voluntades de consuelos y gozos sensibles. Quieren saber adónde van y
ver qué están haciendo, y nada más entrar en regiones donde su actividad
queda paralizada y no da fruto visible, retornan a los campos exuberantes
donde pueden estar seguras de que están haciendo algo y van a alguna parte. Y
si no pueden conseguir los resultados que desean tan intensa y ansiosamente, al
menos se convencen de que han avanzado mucho si han dicho muchas
oraciones, si se han mortificado mucho, si han predicado muchos sermones,
leído (y tal vez también escrito) muchos libros y artículos, hojeado muchos
libros de meditaciones, adquirido cientos de nuevas y diferentes devociones, y
peregrinado por toda la tierra. No es que todas estas actividades no sean
buenas en sí mismas; pero hay, en la vida de una persona, momentos en que
pueden convertirse en una huida, un calmante, un refugio contra la
responsabilidad de sufrir en las tinieblas, la oscuridad y la impotencia, y de
permitir a Dios que nos despoje de nuestro falso yo y haga de nosotros los
hombres nuevos que realmente estamos destinados a ser”.


THOMAS MERTON, Nuevas semillas de contemplación.

2 comentarios:

San dijo...

Desierto tal vez sea cualquier espacio recorrido con el corazón cercado por una muralla, y ¿no sería bueno recorrerlo con el alma desnuda? Quizá así sería más sencillo nacer nuevos, experimentarnos vivos, completamente vestidos de Dios, con auténtico corazón humano.
Desnuda
Desnuda en el centro mismo de mi coraza
Desnuda sin ruido, sin más, sin casa
Desnuda con la destreza del que regresa
con miedos, fobias, y una certeza.
Desnuda sin más adornos que mi tristeza
Desnuda dispuesta a oír que todo empieza
Con la paciencia que dan los años
y con la urgencia de dar abrazos.
Nada tengo, todo es nuevo, nada pido,
Sólo un hueco en tu abrazo, en mi miedo.
Sal para tu boca, pan en la derrota,
Abrazándome a mis dudas, repensándome
desnuda, desnuda, desnuda...
Desnuda sin más defensa que mi palabra
Dispuesta a empezar de nuevo, a estrenar el
alma
Desnuda con la cordura que da el fracaso
Desnuda con el arrojo que dan tus manos.
Desnuda llamando al centro de cada cosa
Desnuda te apunto al pecho con cada estrofa
Como quien descubre el cielo,
como quien besa de nuevo.

Rougek dijo...

Totalmente identificada Manuel. Son tantas las angustias del ser humano, las preguntas, los gritos de la conciencia... estos no pueden ser acallados con el hacer cosas, o realizar oraciones milagrosas. Dios también nos invita a la oscuridad y al silencio. Quizás aunque aparente ser un desierto o un estanque en el que dejamos de existir para nosotros y para otros, realmente, puede que nunca antes seamos nosotros mismos que cuando ninguna luz se pone sobre nosotros.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.