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martes, 14 de julio de 2009

Hablar de Dios sin hablar de Dios.


“Un santo es capaz de hablar del mundo sin ninguna explícita referencia a Dios, de tal modo que sus afirmaciones den mayor gloria a Dios y despierten mayor amor a Dios que las observaciones de alguien menos santo, que tenga que esforzarse por establecer una arbitraria relación entre las criaturas y Dios mediante gastadas analogías y metáforas, tan débiles que hacen pensar que algo le pasa a la religión”.

Semillas de Contemplación, 21

5 comentarios:

SAN dijo...

Hablamos de Dios sin hablar de Dios siempre que amamos. Cuando nuestro corazón es de carne, y late, y vibra, y se estremece o se enamora y es corazón amante, y amigo, y hermano y prójimo.
También se puede hablar de Dios y hablar a Dios en los poemas, con la poesía.
DESEO
Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra...
Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve y único horizonte de carne:
que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...
Dulce Mª Loynaz.

Anónimo dijo...

Cuando hablamos de justicia, de paz, de belleza, estamos hablando también de Dios. Y por encima de todo hablar de amor es hablar de Dios.
San me alegra mucho volver a tenerte aquí. Me gustaría saber tu correo para poder escribirte.

Anónimo dijo...

Buena reflexión. Con palabras de una entrada anterior: se manifiesta a Dios cuando tomamos parte responsable en el curso de la historia.
Alberto

m.jesus dijo...

Y sobre todo que horror producen los que para hablar de Dios tienen que cambiar el tono de voz y hacer gestos extraños. Yo huyo de todo eso.

natalia dijo...

Es momento de que la iglesia escuche esta frase de thomas...estamos llamados a hablar de Dios como si fue un anonimo.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.