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jueves, 30 de julio de 2009

Thomas Merton y Henri Nouwen.


Thomas Merton era uno de los autores favoritos de Henri Nouwen, sobre todo por el modo en que Merton hablaba de los problemas y desafíos de la vida espiritual; entre sus libros favoritos escritos por Merton, podemos citar: Semillas de Contemplación, Conjeturas de un espectador culpable, El signo de Jonás, y El zen y los pájaros del deseo. Uno de los primeros libros que Nouwen escribió estuvo dedicado a Merton, y es evidente al repasar la vida y los escritos de Nouwen escuchar ecos de las palabras e ideas del monje trapense. Nouwen pasó algunas temporadas en monasterios trapenses, y se hizo acompañar espiritualmente de uno de los discípulos de Merton. Fue este mismo, John Eudes Bamberger, quien ripostó la afirmación de que Merton y Nouwen estaban cortados por un mismo patrón; según él, ambos se hubieran entendido, pero eran dos personas absolutamente diferentes, escribían para públicos distintos y desde diversos niveles de experiencia. Henri era básicamente un profesor, que comunicaba a un nivel más popular; Merton escribía para un público más especializado, y era un poeta, una figura literaria. Henri era alguien entregado, de inteligencia notable, pero Merton tenía una inteligencia extraordinaria. Creo que estas distinciones pecan siempre de subjetividad, y para mí ambos han tenido una peculiar experiencia espiritual que han querido y sabido comunicar. En ambos, Merton y Nouwen, parece que la escritura fue parte esencial de su itinerario de crecimiento y su santidad; necesitan escribir para experimentar plenamente el encuentro con Dios; ambos escribieron diarios que fueron publicados, y ambos escribieron abundantemente. En uno de sus libros Nouwen relata un sueño que tuvo con Merton y que le dejó un mensaje de sabiduría muy importante:
“Una noche, Nouwen tuvo un sueño acerca de Thomas Merton que le pareció significativo. Nouwen y un grupo de religiosas, sin hábito, estaban esperando una conferencia de Merton, y entonces, de repente, este apareció, “calvo y con un hábito completamente blanco”. Se marchó para buscar sus notas, y todas las religiosas se desvanecieron y después retornaron con inmaculados ropajes blancos a fin de escuchar al maestro. En el sueño, Nouwen salió de la sala para buscar a Merton, al que encontró con unos pantalones marrones y una camiseta amarilla. Estaba ocupado arreglando algo. Nouwen, haciendo preguntas sobre tornillos y destornilladores, trató de ayudarle, pero Merton no le respondió. Entonces empezó a lijar un viejo banco amarillo y a repintarlo. Nouwen le preguntó dónde podía conseguir papel de lija y pintura; pero de nuevo no le respondió, aunque sí le invitó con un gesto a ayudarle. Las religiosas estaban esperando la conferencia en el fondo de la sala, pero no tenía sentido decírselo. Justamente cuando Nouwen empezó a pintar, se despertó. Su interpretación del sueño fue que la vida espiritual no consiste en pensamientos, ideas o sentimientos especiales, sino que subyace a las experiencias más sencillas de la vida cotidiana”.[1]
[1] M. FORD, Henri Nouwen. El profeta herido, Santander, Sal Terrae, 1999, 177.

2 comentarios:

SAN dijo...

Creo que Merton y Nouwen tienen en común ser buscadores de Dios y profetas. Pero poseen personalidades muy distintas, pero de gran riqueza en matices ambas, lo que influye en gran manera en sus estilos y materialización del proyecto de su camino.
El libro de Ford es muy bueno. Y ese sueño tiene mucha "miga".

Anónimo dijo...

También me parece estupendo ese libro. Y la interpretación del sueño muy acertada e inteligente.
Alfredo Gracia

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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