Seguidores

lunes, 21 de septiembre de 2009

A la santidad por la escritura, 2.


Etapas de la obra escrita de TM: Su obra ha sido dividida por los estudiosos en tres etapas fundamentales: la primera recogería su producción más netamente espiritual, dedicada fundamentalmente a la promoción de la espiritualidad y la vida monásticas. Una segunda etapa, en la que Merton asume y ofrece una palabra sobre los conflictos sociales de su tiempo: guerra fría, amenaza nuclear, discriminación racial, etc; y finalmente una tercera etapa, que recoge su interés por las tradiciones religiosas orientales, fundamentalmente budismo y zen, a las que se acerca desde su tradición contemplativa y con un propósito esencialmente “católico”. Estas etapas no están tan delimitadas en realidad, y los temas de una aparecen también en las otras, pero nos permite comprender mejor el itinerario del autor, y la evolución de sus concepciones espirituales. Si la santidad cristiana tiene que ver con el crecimiento progresivo de la persona, en pos de un ideal, que es Cristo, a lo largo de toda su vida, entonces podemos decir que toda la obra de TM apunta en esta dirección; hay, sin embargo, algunas obras en particular en las que aparece la santidad tratada de modo concreto.


a. Primera etapa: Además de su autobiografía, La montaña de los siete círculos, ya comentada en el capítulo anterior, podemos citar dos títulos muy peculiares, que TM escribió por encargo de su abad, en los que narra la vida de dos mujeres santas, MADRE MARY BERCHMANS, monja trapense destinada a una misión en Japón, y SANTA LUTGARDA DE AYWIÉRES, mística cisterciense; ambos libros le merecían al propio Merton una juicio muy negativo, pues resultaron retóricos y excesivamente piadosos . En 1953 publica El signo de Jonás, diario que narra acontecimientos importantes en la vida de TM: sus votos solemnes, su ordenación sacerdotal y la adquisición de la ciudadanía norteamericana; esta última supuso un importante paso en la recuperación de su sentido de pertenencia a un mundo. Hay tres títulos de esta primera etapa en los que Merton reflexiona en torno al tema de la santidad de manera parcial: Semillas de contemplación (1949), Los hombres no son islas (1955) y Pensamientos en la soledad (1958); los tres desarrollan meditaciones en torno a la vida interior, y recogen profundas intuiciones acerca de la vida interior y de la búsqueda de perfección cristianas que, leídas hoy, conservan toda su actualidad. En ellos además aparecen ya temas que serán recurrentes: la búsqueda de nuestro yo auténtico, y la relación entre soledad y sociedad. De modo general, podemos decir que para TM, en esta etapa, la santidad está más vinculada a lo personal: hay que tomar distancia del mundo para acercarse a Dios y al prójimo; en la soledad el individuo se enfrenta consigo mismo y con la verdad de Dios, y recupera su Yo auténtico.

b. Segunda etapa: Sin embargo a partir de cierto momento hay una desplazamiento del interés de TM hacia lo social, sin deslindarse, por supuesto, de la espiritualidad; en esta etapa hay también una concepción renovada de lo que supone “ser santos”, pues Merton advierte que una mera retirada del “mundo”, como huida, con una intensión salvífica estrictamente personal es algo falaz e ilusorio, pues la santidad cristiana tiene que ver con el Cristo total, y este incluye el conjunto de sus semejantes, es decir, la humanidad entera, y la creación. En esta etapa aparece una espiritualidad más horizontal, que implica encontrar a Dios en la sociedad, y trabajar por el Reino, comprometidos con el mejoramiento del mundo . En Cuestiones Discutidas (1960), aparece un ensayo acerca de la soledad en el que Merton habla de la santidad como sacramento de la misericordia de Dios en el mundo, mientras que en La sabiduría del desierto (1960), de ese mismo año, reconsidera el papel que el monje ha de jugar en su mundo, también en lo social. Destaca especialmente de este período su libro El hombre nuevo (1961), que merecería un análisis particular; en él desarrolla el tema de nuestra identidad espiritual, y según F. Beltrán, es como una síntesis teológica de toda la obra de Merton, e incluso un reflejo de su propia vida . Durante esta etapa el lenguaje de Merton adquiere un nuevo estilo, más cercano al hombre de su tiempo, y renunciando a cierta retórica devocional, propia de la etapa anterior. En 1961 presenta una nueva versión de una obra de su primera etapa, ahora publicada como Nuevas semillas de contemplación, ejemplo de cómo va TM redefiniendo su visión espiritual, ahora más abierta, social e inclusiva. En esta línea aparecerá Semillas de Destrucción (1964), dedicado básicamente a temas sociales.


Merece especial atención un libro de 1963, titulado Vida y santidad, que para F. Beltrán supone un regreso a su primera etapa; yo me atrevo a decir que es una relectura de TM de los temas espirituales de su primera etapa, presentados de manera asequible para el cristiano de a pie, y teniendo como fondo las nuevas coordenadas sociales que TM ha asumido en este período. En este texto, de unas 140 páginas, es evidente la influencia del magisterio de Juan XXIII y de las primeras jornadas conciliares, y de él escribió H. Nouwen: “Es una declaración directa, clara, inteligente y muy convincente sobre lo que significa ser cristiano” . Yo creo que es un excelente compendio de lo que para TM significa la santidad cristiana, por ello dedicaré el cuarto capítulo de este trabajo a reseñar sus líneas fundamentales.

c.Tercera etapa: Finalmente, la tercera etapa de su obra escrita es un reflejo de la apertura creciente de TM a las experiencias espirituales de otras tradiciones religiosas, pero también de una profundización de la propia espiritualidad cristiana desde nuevas perspectivas, ahora mucho más amplias . En los escritos de esta etapa, que corresponde también a los últimos años de vida de Merton, se evidencia un espíritu más universal, y una inclinación a la sencillez, la humildad, el silencio, y otros valores comunes a las diversas tradiciones espirituales. También cada una de sus obras es un paso más en su viaje de exploración para encontrar el verdadero y auténtico yo del hombre nuevo, santo y sabio . Las obras de esta etapa tienen también un hondo sentido ecuménico y escatológico, y apuntan hacia la integración de la persona en la sociedad, a partir del descubrimiento de una nueva identidad. (por ejemplo: Místicos y maestros zen, o El zen y los pájaros del deseo)

2 comentarios:

Hermana Inés dijo...

"Santidad como sacramento de la misericordia de Dios en el mundo"

Acerca del Evangelio que dice "Sean Santos como el Padre es Santo; Sean Misericordiosos como el Padre es Misericordioso" que desarrolla TM en "Cuestiones discutidas" la palabra sacramento me hace pensar en la unidad que existe entre la experiencia de la misericordia en el corazón del hombre y la gracia de Dios que supone la naturaleza y la santifica.

Peguy tiene algo muy hermoso sobre esto:
"Lo sobrenatural es a la vez carnal, y el árbol de la Gracia arraiga profundo,
y penetra en el suelo hasta llegar al fondo
y el árbol de la raza es él mismo eternal"...
"el árbol de la Gracia y de la Naturaleza
han ligado sus troncos con nudos tan solemnes,
han confundido tanto sus destinos fratenos que el mismo jugo tienen y la misma estatura"...
y sigue varias estrofas más.

Gracias p.Manuel por compartirnos tu tesina. No he leído libros de la 3a etapa, debe ser interesante

(Hay en internet una página www.slideshare.net que muestra algunas presentaciones hechas por un monje trapense sobre escritos de TM. Encontré uno sobre la misericordia, basado en "Los hombres no son islas").

Unida a todos en la Eucaristía, un saludo fraterno,
H.Inés

San dijo...

Resulta muy útil para acercarse a la producción literaria de Merton este fragmento de tu tesina. Además utilizas una metodología didáctica muy clara. Enhorabuena, Manuel. Y gracias por subirla a este “balcón mertoniano”.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.