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viernes, 27 de febrero de 2009

Otra mirada sobre la santidad (2)

En las mentes de mucha gente de hoy, las leyendas de los santos reflejan una forma demasiado estereotipada; pasaron sus vidas orando y haciendo buenas obras; otros tuvieron visiones o llevaron a cabo milagros. Todo esto puede ser verdad, pero tiende a omitir una buena cantidad de cuestiones. Si bien hay un molde reconocible en las vidas de los santos, cada uno de ellos fue, a su manera, un "original". Llegaron a la santidad por medio del material con el que contaban; material que, en algunos casos, parecía de calidad dudosa. Muchos de ellos lu­charon duramente para inventar un nuevo estilo de testimonio cristiano en res­puesta a las necesidades de su tiempo, necesidades que eran, frecuentemente, só­lo visibles para ellos. Incluso entre los santos canonizados llama la atención cuántos de ellos pagaron caro la originalidad de su visión. Junto con muchos de los mártires aceptados, existe una innumerable cantidad de otros que sufrieron persecuciones o fueron humillados, no por ostensibles "enemigos de la fe" sino a manos de sus propios pares cristianos. Todo esto se olvida fácilmente.
Pascal, el gran apologista cristiano que escribiera en el siglo diecisiete, obser­vó con cuánta frecuencia la veneración hacia los santos puede transformarse en una trivialización bienpensante de sus desafíos. Tendemos a mirarlos como "co­ronados de gloria y de años, y considerados casi divinos en tiempos pasados". Así nos parecen con el paso del tiempo.
Pero en los tiempos en que era perseguido, este gran santo fue sólo un hom­bre llamado Atanasio; y santa Teresa, sólo una mujer. Elías era un hombre sujeto a las mismas pasiones que nosotros, como señaló san Pedro para librar a los cristianos de la falsa idea que nos hace rechazar el ejemplo de los san­tos, como careciendo de relación con nuestro estado. "Eran santos", decimos. "No es lo mismo para nosotros."
Ésta es una de las razones, aparte de la humildad, por lo que a la gente santa no le gusta que la llamen santa. Como solía decir Dorothy Day, fundadora del movimiento de Trabajadores Católicos, "no me llamen santa, no quiero que se li­bren de mí tan fácilmente". Poner a los santos en un pedestal, implica que su ejemplo no contiene ningún desafío personal. Pero cuando esto sucede, la imaginación cristiana se debilita enormemente. Al describir la función de los san­tos, Karl Rahner escribió: "son los iniciadores y los modelos creadores de una santidad que a la vez que se adecua a su época en particular, es obra de ella. Los santos crean un nuevo estilo; prueban que una forma particular de vida y de actividad es, de manera real, una posibilidad genuina; muestran de manera expe­rimental que uno puede ser cristiano incluso de 'esta manera', vuelven a este ti­po de personas, creíbles como cristianos." Los santos son quienes, de alguna ma­nera parcial, personifican -literalmente encarnan- el desafío de la fe en su tiempo y lugar. Al hacerlo así, abren el camino para que otros los sigan... (Continuará)
Este texto que compartimos forma parte del prólogo al libro "Todos los Santos", publicado por LUMEN, y cuyo autor es Robert Ellsberg.

Amor: el hecho de que tú seas tú.


"Debo admitir una cosa, un fallo de lucidez con respecto al amor. Es tan fácil dar por sentado que el amor es de alguna manera la solución a un problema... por ejemplo, la vida es un problema imposible hasta que llega alguien a quien puedes amar... O el hombre en sí mismo es un problema resuelto por el amor. El amor es la clave de una respuesta oculta en nosotros. Y así sucesivamente, pero ¿es verdad o es tan sólo que todo el mundo quiere que sea verdad? Puede que el amor, como todo lo demás, sea en gran medida absurdo. ¿También el amor tiene que tener perfecto sentido? ¿De qué modo lo tiene?

El sentido que tiene el amor, yo creo que es el único sentido que tiene, es el amado. El descubrimiento, la revelación del valor absoluto del amado. Esto no es tanto un descubrimiento de sentido cuanto un descubrimiento de bondad. Pensar en el amor como una respuesta o una solución es evadirse del carácter estrictamente directo de este descubrimiento. El hecho de que tú seas tú es algo de valor absoluto para mí. Pero si amo de un cierto modo, ello se ve cubierto y ocultado por todas las operaciones del amor, y lo que sucede entonces es que el amor ocupa el lugar del amado. Entonces el amor, en lugar de ser una solución (que no se espera que lo sea), se convierte en un problema para el cual no hay solución. Porque entonces el amor está en el camino entre los amantes; vela la bondad del amado; reviste (o desviste) al amado como objeto deseable, lo que también está bien, excepto porque se ama al deseo en lugar de al amado.

El hecho de que tú seas tú; esto es lo único que me queda. Pero es el todo del amor. Y nada puede cambiarlo".

miércoles, 25 de febrero de 2009

LIBROS DE THOMAS MERTON.


Hace varios días, visitando una biblioteca de Madrid, tuve la oportunidad de encontrar uno de esos libros de Thomas Merton que son prácticamente "incapturables, a pesar de que se editó en la década del 80 del pasado siglo, por la editorial Kairós. Me refiero a "Acción y contemplación". Es un título más que añado a la colección,pues he podido hacerme con una copia, y ya comentaremos por acá sobre él. Entre los temas que Merton trata en este texto de 8 capítulos y casi 200 páginas pueden destacarse lo vocacional frente a la contemporaneidad, el ecumenismo, la vida contemplativa y el vínculo acción-contemplación.
También he tenido la oportunidad, gracias a mi profesor, José García de Castro, de revisar una tesina de licenciatura presentada hace varios años en Comillas, sobre Thomas Merton. El título es "Thomas Merton: una propuesta de vida interior", y fue presentada por Elvira Rodenas Ciller. He disfrutado su lectura.

ANSELM GRÜN.


Si visitamos cualquier librería religiosa, e incluso no religiosa, con toda seguridad encontraremos en sus estantes libros de Anselm Grün. Este monje benedictino, nacido en 1945, doctor en teología y reconocido consejero espiritual, es uno de los autores más prolíficos del momento. Evidentemente eso puede ser también un elemento negativo, pues puede saturar el mercado, y además siempre el lector empieza a sospechar cuando se multiplican títulos y ediciones que no pueden sino acabar repitiendo las mismas ideas. No obstante, los temas que desarrolla Anselm Grün son, a mi juicio, muy importantes, porque muestran, según dice un presentador suyo, “el camino para llevar vida al alma”. Ha utilizado la psicología para humanizar aun más el mensaje cristiano, para darle palabras que toquen lo más íntimo del ser humano de estos tiempos, y ha procurado que la palabra de Jesús sea luz para cada oscuridad que pone al descubierto el pensamiento post moderno. Entre otras cosas Grün ha hecho una excelente relectura de los ritos cristianos, de los tiempos litúrgicos y de los modos concretos de aprovechar la fe para hacer una relectura de la realidad en clave sanadora y liberadora. En este blog le hemos citado, hemos compartido sus textos, le hemos comentado también, y propuesto algunos de sus libros. Pero no se agota. Por eso en esta ocasión les propongo algunas ideas claves de Anselm Grün, útiles para la propia meditación y vida espiritual, que aparecen en algunos de sus libros, y que están además también presentadas de modo sintético en “Con el corazón y todos los sentidos” (LUMEN, 2003).
1- Fe significa confianza, y es un instrumento distinto para interpretar la realidad. Cada acontecimiento de nuestra vida, mirado a través de la fe, adquiere una nueva dimensión, una nueva luz, un nuevo significado. No es simplemente algo que yo me invento, una “ilusión”, sino más bien algo que yo descubro; que está ahí, y que la fe me ayuda a develar. La Sagrada Escritura es como un mapa de la condición humana, del misterio del hombre; lo mismo ocurre con los sacramentos y rituales, sirven para activar resortes internos, resolver misterios, desatar nudos. Dice Grün que “etimológicamente, la esencia de la fe consiste en una mirada positiva de la realidad”. La fe me permite una mirada de bondad sobre todo, sobre la realidad y las cosas, sobre el otro y sobre mí mismo, y por qué no, también una mirada bondadosa sobre Dios. Este tema de “nueva interpretación” en la obra de Grün es recurrente, y para mi juicio, básico, a la hora de comprender el valor de sus propuestas en el ámbito de la espiritualidad. Él nos dice: “Es nuestra decisión cómo entender nuestra vida”.
2- De lo anterior sacamos determinadas consecuencias, ya apuntadas antes: una actitud concreta frente a la vida y frente a los otros. Una actitud solidaria. Me convierto en puente, me hago buscador incansable de la Verdad, me acepto como soy. A menudo equiparamos a Dios con nuestro super Yo, pero Dios es más benévolo que nuestras exigencias, conscientes e inconscientes. Dios es fuente de libertad y de paz, cada uno de nosotros expresa el misterio de Dios de una manera única.Son aspectos que tal vez leídos así, de corrido, no consigan entenderse del todo, pero que tomados calmadamente nos introducen en un modo concreto de entender la fe. Nos dejan acceder a un nuevo lenguaje.

Creo que en este sentido es muy valioso el aporte de Grün: enriquece la comprensión del misterio de Cristo, no sólo ya desde la teología o la espiritualidad, sino desde categorías psicológicas; es decir, antropológicas y humanistas. El tema da para más

martes, 24 de febrero de 2009

CUARESMA 2009.


Por Mario J. Paredes, presidente de la Asociación Católica de Líderes Latinos
NUEVA YORK, martes 24 de febrero de 2009 (
ZENIT.org).-

Publicamos la reflexión de Cuaresma que ha escrito por Mario J. Paredes, presidente de la Asociación Católica de Líderes Latinos (CALL) de los Estados Unidos, miembro del comité presidencial de enlace de la Sociedad Bíblica de los Estados Unidos con la Iglesia católica, quien representó a esta institución en el Sínodo de los Obispos sobre la Palabra celebrado en octubre en el Vaticano.

* * *

Cada año, con el llamado "Miércoles de Ceniza", los católicos iniciamos el tiempo de la Cuaresma, tiempo en el que la liturgia de la Iglesia católica nos invita a una reflexión y actuación sobre nuestras vidas, sobre su sentido, su origen, su misión, su destino último.
Se trata, por tanto, de un tiempo "fuerte" para la "metanoia"o "conversión" que - en teología y vida cristiana - significa una adecuación de nuestro ser, existir y actuar a la misma vida de Jesucristo, a su evangelio, a sus valores, a sus convicciones, a su propuesta de vida: gastar la vida en servicio al evangelio, es decir, a favor de los otros, especialmente de los más necesitados, para obtener la vida eterna, la vida feliz, la vida plena.
Por ello, la Cuaresma es un camino bíblico, pastoral, litúrgico y existencial para cada creyente personalmente y para la comunidad cristiana en general que comienza con la ceniza y concluye con la noche del lucernario, la noche del fuego y de la luz: la noche santa de la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
La Cuaresma simboliza, nos señala y recuerda un "paso", una pascua, un itinerario a seguir de manera permanente: el paso de la nada a la existencia, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de lo insignificante a la vida abundante en Dios, por medio de su Hijo Jesucristo. Y es que convertirnos significa destruir, dejar atrás, quemar, volver cenizas el "hombre viejo", el hombre-sin-Cristo para revestirnos del hombre "nuevo", el hombre-en-el-espíritu, que es fuego nuevo en el mundo.
El Miércoles de Ceniza, mientras el ministro impone la ceniza al penitente dice estas dos expresiones alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" y/o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver." Signo y palabras que expresan muy adecuadamente nuestra creaturalidad, nuestra absoluta dependencia de Dios, nuestro peregrinaje hacia una patria definitiva, nuestra caducidad.
Miércoles de Ceniza en particular y Cuaresma en general son un tiempo litúrgico y una invitación a volver nuestra mirada y vida a Dios y a los principios del Evangelio. Así, si Cuaresma es tiempo para la conversión, para mejorar en el proceso de humanización personal y comunitario, entonces la Cuaresma coincide con la vida misma de todo creyente, con el ser y misión de toda la Iglesia y con la vocación de la entera comunidad humana.
Cuaresma es una invitación a cambiar aquello que tenemos que cambiar en la búsqueda de ser mejores y mas felices, una invitación a construir en vez de destruir y a mirar y volver hacia formas de vida más justas, más solidarias, más humanas. Cuaresma es una llamada para buscar diligentemente nuevas formas de ser y hacer Iglesia siendo mejores y más auténticos discípulos del Crucificado Resucitado.
El tiempo litúrgico de la Cuaresma - como nuestra propia existencia - lo recorremos con la mirada puesta en la Pascua de Resurrección y en la Pascua definitiva en Dios. Pascua de vida abundante que se opone a toda forma de discriminación y de envilecimiento del ser humano, de su dignidad, a toda forma de atropello y violencia, a toda forma de mentira, maldad y muerte, a toda forma de corrupción y división, a toda forma de marginación y opresión. Porque la Pascua, como punto de llegada, culmen y superación de la Cuaresma, es absoluta novedad de vida, de la vida abundante que Dios nos ofrece y a la que Dios nos invita en este tiempo y en todo tiempo.

lunes, 23 de febrero de 2009

Libros sobre espiritualidad en la Tercera Edad.


Durante todos los años en que he venido ejerciendo el ministerio presbiteral en la Iglesia Católica he prestado una atención especial a las personas de la Tercera Edad, y en ese término incluyo un amplio conjunto de hombres y mujeres, que más cercanos o lejanos a la edad de la jubilación y con una gran experiencia vital a sus espaldas, estaban motivados por vivir una renovada experiencia espiritual. Muchas personas que, llevando años de practica eclesial, no recibieron nunca una seria y adecuada formación, para que pudieran tener una comprensión más honda y madura de lo que supone el seguimiento de Cristo.

Por lo anterior he querido aprovechar también mi estancia en Madrid para formar una pequeña biblioteca que sirva de ayuda en esta labor, para mí y para esas personas que viven ahora una búsqueda espiritual en la última etapa de la vida. He encontrado algunos títulos, amenos y prácticos, que pueden ayudar en este sentido, y se los comparto por si desean acercarse a ese mundo, por demás, muy fiel y agradecido.

1- "Testigos de la vida". Un libro para los mayores y para los que un día lo serán.
Autor: Carlos González Vallés, sj. SAL TERRAE, 2005.
2- "El arte de envejecer". La ancianidad como tarea espiritual.
Autor: Piet van Breemen, sj. SAL TERRAE, 2004.
3- "Las puertas de la tarde". Envejecer con esplendor.
Autor: Dolores Aleixandre. SAL TERRAE, 2007.

Estos libros pueden recomendarlos con entera confianza a personas interesadas. No quiere esto decir que las personas mayores de 60 años no puedan disfrutar de otro tipo de literatura espiritual, pero sí que podrán aprovechar mejor una experiencia concreta de la mano de estos maestros.

Otra mirada sobre la santidad (1)


No hace mucho, creo recordar, comenté acá un libro, "Todos los santos", publicado por LUMEN, y cuyo autor es Robert Ellsberg. Es un libro que recomendaba y recomiendo otra vez. Para que gusten algo de él durante los próximos días les compartiré buena parte de su prólogo, que habla acerca de la santidad cristiana, y de una nueva visión acerca de la misma.


"He pasado mucho tiempo, los domingos por la mañana, contemplando los vi­trales de mi parroquia. Como en muchas otras iglesias católicas, estos vitrales ¡­nos presentan una galería de santos populares y nos recuerdan que quienes se reúnen para adorar a Dios en nombre de Jesús, nunca están solos. Hay una "co­munión de los santos" más amplia, que une a los creyentes a través de las fron­teras del tiempo y el espacio; incluso a través de esa frontera que divide a este mundo del próximo.
Esta comunión con quienes han "muerto en el Señor" fue una vívida realidad
para los cristianos primitivos. Les gustaba reunirse alrededor de las tumbas de los mártires para recordar su heroico testimonio y conmemorar los aniversarios de sus muertes. Fue esta devoción la que inició el culto a los santos.
Hubo un tiempo en que el martirio era, virtualmente, la característica que de­finía la santidad. Los hombres y mujeres que murieron en la arena romana ha­bían dado un testimonio total de Cristo, no sólo al imitar su muerte en la cruz, sino proclamando, con su sacrificio, su fe en la resurrección. Su sangre, como dijo Tertuliano, fue la semilla de la iglesia. Sin embargo, cuando la era del mar­tirio pasó, se volvió claro que había otras maneras de dar testimonio. Habían per­sonas cuyas oraciones y sacrificios eran tan intensos que constituían una suerte de martirio viviente. Estos santos hombres y mujeres hicieron más que dar un ejemplo edificante: adquirieron un aura de trascendencia y poder sagrado. Su poder se extendía incluso más allá de sus muertes, de ahí los milagros asociados a sus reliquias y a la invocación de sus nombres. De manera creciente, este po­der milagroso se volvió un signo cierto de santidad. No obstante, a medida que esto sucedía, los santos servían menos como ideales del apostolado cristiano y más como hacedores de milagros o autoridades celestiales. Daba la impresión de que los santos servían más para ser venerados que imitados.
En los vitrales de mi iglesia parroquial puedo ver a varios de los más grandes santos canonizados: Teresa de Ávila, Jerónimo, Agustín, Catalina de Siena, Cla­ra y Francisco de Asís. Me pregunto si resultan visibles o si es que forman par­te de la arquitectura "religiosa" que se da fácilmente por sentada. Para muchos cristianos, los santos son apenas figuras legendarias -"cristianos perfectos"- que ejercen poca influencia en sus propias luchas y preocupaciones cotidianas. El he­cho de que muchos de estos santos estén con vestiduras religiosas no ayuda de­masiado. ¿Qué relación tiene esta gente "especial" con los desafíos de la vida or­dinaria en "el mundo"?"...... (Continuará)

domingo, 22 de febrero de 2009

Pero si tú me olvidas...

"Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita..."

Ángel González. ("Muerte en el olvido")

sábado, 21 de febrero de 2009

Thomas Merton: El Evangelio es ahora.


" ¡Cualquier palabra que viene de Dios es noticia!

Pero nuestra idea de las noticias, nuestra idea periodística de las noticias, podría llevarnos a creer que cualquier palabra es noticia excepto la que venga de Dios. Como si lo dicho por Dios hubiera de estar tan fijado, tan determinado, tan rígido en su forma establecida que nunca pudiera ser nada nuevo, nunca impredecible, nunca asombroso, nunca atemorizador.

Los que predican el Evangelio como si no fuera ni pudiera ser noticia, como si nunca pudiera volver a ser noticia, dicen a su manera, y mucho más terriblemente que Nietzche, que "Dios a muerto". Lo declaran oficialmente, lo proclaman, no como la paradoja de un excéntrico, sino como la doctrina de su iglesia.

¿Qué hace al evangelio ser noticia? La fe, que es creada en nosotros por Dios y con la cual lo oímos como noticia. Esta aceptación de la fe, este nuevo nacimiento en el Espíritu, abre una nueva dimensión en que se reunen el tiempo y la eternidad, en que todas las cosas se hacen de nuevo: eternidad, tiempo, nuestro yo, el mundo a nuestro alrededor.

Pero la noticia del Evangelio también es más que un descubrimiento personal y subjetivo, mi propia toma de conciencia aquí y ahora, de un mensaje universal. Es cierto que lo que es conocido por todos los que han creído llega a ser conocido también por mí, con alabanza, con asombro, con la luz creativa y la paz de la oración interior. Y mi descubrimiento debe enriquecer en cierto sentido la luz y la alegría de todos. Pero más que eso: el Evangelio apunta a un suceso futuro que aun no se ha cumplido: la plena revelación de la Gloria y del Reino de Cristo. Ya reina, pero su reino todavía no está manifestado como lo estará.

Pero eso lleva consigo otra tentación: la falsa noticia de los que tienen demasiado mensaje, un mensaje demasiado claro: "Mirad, ahí está Cristo, ahí precisamente. Y nosotros somos los que os lo hemos encontrado". Tienen la fecha y la hora de su venida, y ellos mismos forman parte de la noticia. Una parte muy importante, por cierto. La segunda venida es noticia de ellos.

No hay que creer tal noticia. El propio evangelio es mucho más sencillo. Ahora es el juicio del mundo, y la más nueva de todas las noticias, porque es el sencillo e inescrutable corazón de todos, la vida y el latido de toda historia de todo hombre y de toda raza y de toda nación.

El Evangelio es la noticia de que, si quiero, puedo responder ahora con perfecta libertad al amor redentor de Dios al hombre en Cristo, de que ahora puedo elevarme por encima de las fuerzas de la necesidad y del mal para decir "si" a la misteriosa acción del Espíriu que transforma el mundo aun en medio de la violencia y de la confusión y de la destrucción que parecen proclamar su ausencia y su "muerte".


Thomas Merton.
"Conjeturas de un espectador culpable".

jueves, 19 de febrero de 2009

La puerta del Cielo (Henri Nouwen).

"Jesús es la puerta a una vida en y con Dios: Yo soy la puerta, dice (Juan 10, 9).
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí (Juan14, 6).
Sin embargo, muchas personas no han oído ni oirán jamás hablar de Jesús.
Nacen, viven sus vidas y mueren sin haber descubierto a Jesús y sus palabras.
¿Están perdidos? ¿No hay lugar para ellos en la casa del Padre?
Jesús abrió la puerta de la casa del Padre para todo el mundo, incluso para aquellos que nunca han sabido ni sabrán que fue Jesús quien la abrió.
El Espíritu que Jesús envió sopla donde quiere (Juan 3,8), y puede llevar a cualquiera puerta adentro de la casa de Dios".
"Lo que cuenta en definitiva no es si conocemos o no a Jesús y sus palabras, sno que vivamos nuestras vidas con arreglo al Espíritu de Cristo. El Espíritu de Jesús es el Espíritu del Amor. El propio Jesús lo dice claramente cuando habla del Juicio Final.
Y le responderán los justos: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber?, y el Rey les dirá: En verdad os digo, que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis. (Mateo 25, 37-40).
Este es nuestro gran desafío y consuelo. Jesús se presenta a nosotros en los pobres, en los enfermos, los moribundos, los presos, los solitarios, los lisiados, los marginados. En ellos nos encontramos con Él y, en ese momento, se abre para nosotros la puerta del cielo".
Henri Nouwen ("Pan para el viaje").

Psicología de la religión 6: Fanaticos, alumbrados y sacrificadores.


Riesgos de la experiencia religiosa: Cuando la experiencia religiosa prende en una estructura personal o social deteriorada en sus raíces, corre el riesgo de convertirse en una propulsora de ese mismo deterioro, potenciando en su seno el empobrecimiento personal, el infantilismo regresivo, o incluso la destrucción y la violencia. Para este autor los fanáticos, alumbrados y sacrificadores ilustran el lado oscuro de la religión, que es utilizada como la máscara de instintos e impulsos inconfesables. (Vs lo positivo de profetas, místicos y oferentes)
En el fanático hay una perversión de las funciones cognitivas.
En el alumbrado hay una perversión de las funciones afectivas.
En el sacrificador hay una perversión de las funciones éticas.
Fanatismo y fundamentalismo: Insuficiente integración y unificación del self en los primeros momentos de la vida; terreno propicio para el desarrollo de unas defensas patológicas que encuentran en la creencia religiosa una esplendida vía de expresión. El individuo queda atrapado y vinculado a sus propias partes dañadas. El deterioro interior se proyecta al exterior, y se descubre el mundo como sumamente peligroso y amenazante. Hay un apremio integrador, generador habitualmente de posturas fundamentalistas. Es el sustituto de la protección materna que el individuo no experimentó, camuflándose en creencias y dogmas, y Dios queda reducido a ser su aliado y soporte de una identidad amenazada. El fundamentalista olvida la provisionalidad y relatividad de todo discurso humano.
Iluminados y pseudo místicos: Pone de relieve la patología religiosa que se centro en torno a las funciones de la afectividad. Dios, como objeto psíquico, puede ser simplemente la coartada para refugiarse en un mundo imaginario donde venir a encontrar una satisfacción a necesidades y carencias afectivas muy profundas. La religiosidad puede ser fuente de ilusiones y autoengaños, de ahí lo esencial de la confrontación con lo real, dolorosa, pero madurativa. No es la auténtica experiencia amorosa, que es liberadora, sino que carece de un Tú verdadero, y no es auténtica relación. (Refugio regresivo para evadir la conflictividad inherente al vivir cotidiano).
Sacrificadores y leguleyos: Es la terrible negación de lo humano a la que tantas veces ha remitido la experiencia religiosa. Es un aspecto muy importante y crítico de la religión, pues muchos creen, según Feuerbach, que “para enriquecer a Dios, debe empobrecerse el hombre”. Dios no puede ser enemigo o rival de lo humano. Aquí se supone una dinámica de la negación de sí mismo, una sacralización del sufrimiento, de la negación del goce, como los aspectos básicos de la experiencia religiosa. La norma, la ley, los valores, dejan de cumplir una función mediadora en el desarrollo personal y de fe para convertirse en absolutos idolatrizados que aprisionan y que guardan la función inconsciente de mantener el sometimiento y la negación de sí. Práctica obsesiva de rituales, con un componente básico de culpabilidad.

En resumen: Si es obligado reconocer que la experiencia religiosa ha constituido a lo largo de la historia una fuente importante de exigencia ética, de conformación y aliento de ideales sublimes y de alimento para el desarrollo de valores humanos, también se ha constituido muchas veces como fundamento de rigorismo insano, de mutilación de la vida y de asfixia para el gozo y la alegría de los seres humanos. La religión está ahí para lo mejor y para lo peor.

Esto es un resumen de: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, de Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001.

martes, 17 de febrero de 2009

El poema, agente transformador.

(Pensando en una amiga que nos regala siempre en el blog hermosos poemas)
"Cuando Merton presentaba a los novicios la obra de Rilke, describía el poema como una labor de encuentro en la que "algo estalla". Puesto que él mismo era poeta, conocía los recursos literarios precisos para que un buen poema resulte eficaz. En un mal poema -les decía-, en el que el ego se hace demasiado evidente podemos descubrir los sentimientos del poeta; en un buen poema se logra un encuentro directo, y es como si el poeta nos hiciera también a nosotros artistas. Se trata de un proceso a través del cual nos convertimos en interlocutores de una conversación o en participantes de una exploración: comenzamos a descubrir y comprender lo que hasta entonces habíamos sido incapaces de articular. Además, puede ocurrir que un poema formule algo de lo que tenemos cierta sensación, pero que no somos capaces de expresar con palabras. Un poeta puede nombrar aquello que de otro modo "quizás quede oculto en el corazón".

Al operar con paradojas y ambiguedades, la poesía actúa alusiva y metafóricamente. Y puesto que elige palabras que llaman la atención y sorprenden, muchas cosas quedan meramente apuntadas o se omiten. Un buen poema no limita o agota las realidades de las que habla. En este sentido, espero y permito que se me revele, pues un poema cobra vida sólo cuando estoy plenamente atento, es decir, dispuesto a escucharlo las veces que sea necesario.

La poesía es capaz de atrapar "breve, pero singularmente, momentos de reconocimiento y epifanía". En dichos momentos se inician, precisamente, nuevos caminos en los que el poema se convierte en un agente transformador".


Esther de Waal.
"Invitación al asombro" Sígueme, 2007.

domingo, 15 de febrero de 2009

La novedad del Evangelio.


"La mayor tentación que nos asalta a los cristianos es que, en efecto, para la mayor parte de nosotros el Evangelio ha dejado de ser noticia. Y si no es noticia, no es Evangelio: pues el Evangelio es la proclamación de algo absolutamente nuevo, perennemente nuevo; no es un mensaje que fuera antaño nuevo pero que ahora tenga dos mil años. Y sin embargo, para muchos de nosotros, el Evangelio es precisamente el anuncio de algo que no es nuevo: las verdades del Evangelio son viejas, arraigadas, firmemente establecidas, inalterables y, en algún sentido, un refugio contra todo lo que es conturbador por ser nuevo... El mensaje del Evangelio cuando se proclamó por primera vez, era profundamente conturbador para quienes querían aferrarse a cánones religiosos bien establecidos, los modos antiguos y aceptados, los modos que no eran peligrosos ni contenían sorpresas.

El Evangelio se trasmite de generación en generación pero debe llegar a cada uno de nosotros completamente nuevo, o no llega en absoluto. Si es meramente "tradición" y no noticia, no se ha predicado ni oído: no es Evangelio.

Si no hay riesgo en la revelación, si no hay miedo en ella, si no hay desafío en ella, ni no es una palabra que crea enteros mundos nuevos, y nuevos seres; si no llama a existir a una nueva criatura, nuestro nuevo yo, entonces la religión está muerta y Dios está muerto".


Thomas Merton.

"Conjeturas de un espectador culpable"

viernes, 13 de febrero de 2009

Evangelio vs Mundo.



Uno de los temas que preocupó siempre a Merton fue el vínculo entre el compromiso cristiano y la realidad social concreta en que el cristiano vive la llamada, la vocación. Es el clásico dilema del lugar del hombre o la mujer de fe frente a eso que se llama "mundo", y que no siempre entendemos que realidad incluye o abarca. Merton tuvo que lidiar con este asunto, e ir descubriendo el papel de un monje en el mundo real. Aquí les propongo algo de su reflexión al respecto en uno de sus libros:


"El cristianismo y el mundo: es un asunto sobre el que, de repente, uno tiene que tener una respuesta aprobada. Yo no la tengo. La tradicional respuesta monástica, ciertamente, no es la "aprobada". La van olvidando los monjes, silenciosa y discretamente, como algo dado por supuesto, y la van asumiendo los poetas. Brendan Behan, por ejemplo, ha declarado que, por lo que a él toca, el mundo entero se puede ir al demonio. No es exactamente tampoco la fórmula monástica ( aunque supongo que ha habido monjes que no lo habrían deseado porque les habría parecido superfluo desearlo, ya que el mundo se había ido al demonio hace mucho).

La cuestión es que hay en el cristianismo, o en la cristiandad, y en el budismo, y en muchas otras religiones, una tradición de contemptus mundi, de desprecio del mundo, que necesita ser reexaminada y comprendida. Sin duda, originalmente, se pretendía que diera al creyente cierta libertad de acción, una distancia, un desapego, una liberación del cuidado, sin lo cual no tendría sentido tratar de amor a la gente del mundo.

Por desgracia, ese contemptus mundi se hizo una formalidad de organizaciones religiosas que, a su modo, eran muy mundanas. El concepto ascético de contemptus mundi se ha transformado radicalmente desde que se elaboró la distinción teórica entre poderes espirituales y seculares durante la lucha medieval sobre las investiduras. El contemptus mundi se convirtió cada vez más es un ascetismo de obediencia al servicio del poder "espiritual", o del partido de la Iglesia en política. Se daba por supuesto que uno despreciaba al "mundo" a la vez que buscaba los mismos fines que el mundo, pero por un diferente surtido de motivos. Así, con el tiempo, la oposición entre poder "espiritual" y poder "secular" ha llegado a ser, de hecho, nada más que el espíritu de rivalidad fraterna que supongo que existe entre Ford y General Motors. Y ahora se ha llegado a ver esto como lo que es: como una postura que tiene poco significado. ¿La respuesta aprobada? Actualmente todos parecen pensar que lo mejor sería una fusión que hiciera inútil todo contemptus, ¡sobre todo, dado que ahora todo el poder es, de cualquier modo, secular!

Sin embargo, de hecho, el problema no es tan sencillo. Se halla un acuerdo general en que la Iglesia debería adquirir un saludable y elocuente respeto hacia el mundo moderno: si no, no tendría lugar en él, sino es para reducirse al nivel de grupos marginales como los testigos de Jehová. Pero ¿en qué consiste ese respeto al mundo?

La posición conservadora mantiene cierto elemento de contemptus mundi tradicional. Estimulamos nuestra cohesión y nuestra moral fulminando ciertos asuntos típicos -especialmente la mala moral sexual, el control de nacimientos, el divorcio, la pornografía- que no sólo son obvios, sino también tipológicos, y que encarnan en sí mismos todo lo que queremos decir al hablar de "el mundo" y "el pecado". (Aquí tendemos a olvidar que tipifican la "carne" más bien que "el mundo". El mundo en la triada mundo-demonio-carne, representa la codicia de riqueza y prestigio, y eso rara vez se ataca. En realidad, aquí es precisamente donde, una vez satisfecha la conciencia cristiana con los anatemas dirigidos contra la carne, podemos llegar a un acomodo con el mundo, que, admitámoslo, nos ofrece un prestigio que creemos esencial para la difusión del Evangelio. ¡El mensaje del sacerdote que conduce un Oldsmobile seguramente es más creíble que el del que anda en autobuses!".


"Conjeturas de un espectador culpable"

Thomas Merton.

Psicología y religión 5: El bien que puede hacer la experiencia religiosa en la persona humana.


Funciones de la experiencia religiosa:

Se ha hablado ya del enorme potencial psíquico con el que cuenta la experiencia religiosa. Ella puede convertirse, según el sentido y la dirección que tome, en aliado poderoso de expansión y plenitud humana, o aliarse con las fallas y el deterioro de los procesos de maduración, y originar trastornos. Aquí destacamos, de modo esquemático y simple, las funciones que la experiencia religiosa puede desempeñar en los tres niveles: afectivo, cognitivo, y ético, de la personalidad.
a- Funciones afectivas: La presencia de lo sagrado asegura en la vida de muchos sujetos una riqueza de vida y un sentimiento de felicidad y de seguridad interior que contribuyen de modo importante a asegurar el equilibrio y el gozo en sus vidas. Puede ser también un soporte afectivo importante, ofreciendo una fuente de confianza básica en el debatirse de la existencia. Es el sentirse fundado y acogido en la magnitud simbólica de Dios. También ayuda a construir una concepción unitaria de la vida. Puede canalizar y potenciar la dimensión simbólica de la vida individual y colectiva, y para algunos la pérdida de la religiosidad en las sociedades contemporáneas es una de las causas del aumento de las neurosis y desequilibrios personales.
b- Funciones cognitivas: La religiosidad reorganiza la experiencia cotidiana respecto a un significado global, constituyendo una síntesis de muchos factores, y configurando una actitud comprensiva, cuya función es “relacionar significativamente el individuo con la totalidad del Ser” (Allport). Procura también orientación y sentido al por qué y al para qué de la vida, reorientando y situando el problema del más allá, y aminorando de modo considerable el temor y la angustia ante la muerte. La religión ofrece auxilio y protección, y unas finalidades y proyectos que organizan el comportamiento y confieren sentido.

c- Funciones éticas: Religión y ética se han visto siempre, de un modo u otro, mutuamente implicadas. La creencia religiosa se presenta siempre como inseparable de unas exigencias respecto al comportamiento del creyente. Las creencias religiosas impulsan la vida moral de los sujetos. Al mismo tiempo la moralidad de las personas creyentes parece disponer de un menor grado de autonomía (Más rígidas). La religión contribuye al desarrollo de una oportuna instauración y jerarquización de valores. Fromm destaca en el impulso religioso la presencia del amor, la libertad y la razón. La fe religiosa ha demostrado ser en ocasiones poderoso impulso de superación, progreso y cambio, ayudando a la transformación social también.


Esto es un resumen de: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, de Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001

martes, 10 de febrero de 2009

La Verdad y el Amor.


"Un vigoroso defensor de la familia, de la libertad o del socialismo puede estar más lejos del espíritu de esos valores que otra persona que parece oponerse a ellos, pero que en realidad sólo está irritada contra las formas endurecidas y decadentes que han tomado". Esto lo dijo Emmanuel Mounier. Evidentemente, lo mismo es verdad de los que defienden y los que atacan la religión".


Crisóstomo tiene algunas hermosas cosas que decir sobre ovejas y lobos: "Mientras sigamos siendo ovejas, venceremos. Aunque estemos rodeados por mil lobos, venceremos y somos victoriosos. Pero en cuanto somos lobos, nos derrotan, pues enonces perdemos el apoyo del Pastor, que no alimenta a los lobos, sino sólo a las ovejas" (De la Homilía 34 sobre San Mateo).


"Sólo quien ama puede estar seguro de que sigue en contacto con la verdad, que en realidad, es demasiado absoluta para ser captada por su mente".


Thomas Merton.

"Conjeturas..."

Psicología de la religión 4: Mucho más que un sentimiento.


Componentes cognitivos en la experiencia de fe: La psicología de la religión destaco desde sus inicios la preponderancia los elementos afectivos y emocionales en la experiencia religiosa, sobre los elementos racionales. Pero en un segundo momento es importante que la experiencia religiosa se articule en las dimensiones más cognitivas de la personalidad.
Los elementos animistas, antropomórficos y mágicos que caracterizan el pensamiento infantil deberán ir transformándose, gracias al desarrollo intelectual, de modo que la experiencia religiosa no sucumba a la tentación de constituirse como un refugio para mantener estructuras infantiles que, en otros campos, sin embargo, van viéndose obligadas a remitir. Es constatable que la experiencia religiosa cuenta con más dificultades para madurar que otras dimensiones de la conducta.
El pensamiento infantil (J. Piaget) evoluciona y se ve desarrolla hacia la madurez por la intervención de tres factores fundamentales:
a. La experiencia de sus contactos con los demás, que permite al niño rectificar sus errores de perspectiva excesivamente ligados a una óptica egocéntrica.
b. El contacto con la realidad material le forzará a renunciar a una perspectiva extremadamente moralista, mágica y finalista del mundo, para percatarse de que éste funciona a través de leyes concretas y de que la causalidad física actúa al margen de la voluntad y de los deseos del hombre.
c. La dolorosa experiencia de constatar las limitaciones humanas, particularmente la de sus adultos más queridos le obligará a poner en tela de juicio la omnisciencia, omnipotencia y omnibenevolencia que a ellos les atribuyó.
Todo lo anterior traerá como resultado benéfico unas profundas transformaciones en la estructura mental que facilitarán la adaptación al mundo y dará una mayor autonomía y libertad. Ahora bien, la naturaleza del hecho religioso hace muy difícil el juego de los factores habituales de maduración mental, y el creyente corre el peligro de utilizar a Dios y la religión para evitar o disfrazar este proceso de crecimiento. La persona puede progresar en otros campos de la conducta, permaneciendo una mentalidad infantil en la esfera religiosa. De ahí la importancia de la catequesis y la formación, y de insistir en la dimensión relacional de la experiencia religiosa, y el contacto con la realidad física y social. El elemento racional de la fe puede asegurar la continuidad de la experiencia individual en el contexto histórico y social, y cumplir la importante misión de preservar a la experiencia religiosa de derivar en un falso misticismo o de caer en un puro fanatismo.
No olvidar, sin embargo, que nuestra actividad intelectual permanece siempre influida por el mundo del deseo, y que esta influencia no es del todo negativa, pues puede funcionar en la mutuo potencialización, y las ideas pueden influir positivamente sobre nuestras emociones. Para que el elemento cognitivo de la religión sea humanizador y no meramente defensivo frente al reto de la existencia es importante tener en cuenta: renunciar a un pensamiento mágico que asegure una respuesta global y definitiva a los problemas de la existencia, renunciar a encontrar en la vía religiosa la explicación que nos salve de la herida narcisista del no saber, y el diálogo permanente y abierto con el resto de los creyentes y con las personas sin fe, aceptando que, en definitiva, la creencia constituye una opción en la que no se dispone de garantías.


Esto es un resumen de: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, de Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001.

lunes, 9 de febrero de 2009

Amanecer.


"Siento la necesidad de ver el primer punto de luz que anuncia el amanecer.

Siento la necesidad de estar presente, en solitario, a la resurrección del Día, cuando el sol aparece en el silencio virginal.

En este instante completamente neutral acojo, proveniente de los bosques del este, de los excelsos robles, la palabra única DÍA, que nunca es la misma.

Nunca es pronunciada en algún lenguaje conocido".


Thomas Merton (Diarios)

viernes, 6 de febrero de 2009

Compartir la pena.


"Cuando el Dalai Lama era joven, aún un muchacho, se sentía solitario en su palacio, el Potala, y andaba por el tejado mirando con prismáticos las casas de sus súbditos a ver si celebraban reuniones, para mirarles cómo se divertían. Ellos, a su vez, se escondían y celebraban las reuniones donde él no les viera, para no entristecerle más".


"Chuang Tzu dijo: En la época presente el mundo entero está bajo un engaño, y aunque desee ir en cierta dirección ¿Cómo puedo conseguirlo? Sabiendo que no puedo ir por ahí, abrirme paso a la fuerza sería otro engaño. Entonces, lo mejor que puedo hacer es abandonar mi propósito y no perseguirlo más. Si no lo persigo, ¿a quién tendré para que comparta mi pena?".


Thomas Merton.

"Conjeturas de un espectador culpable"

Psicología de la religión: ¿Qué tienen que ver nuestros padres con nuestra fe? (3)


Raíces parentales de la experiencia religiosa: Buscando las fuentes psíquicas básicas desde las que la experiencia religiosa surge en el ser humano, habría que ir a las primeras experiencias humanas, a los orígenes del ser persona, y aquí las piezas claves son las figuras parentales, padre y madre, las que determinan la dinámica particular de cada uno y la estructuración simbólica de su deseo.

La madre es la responsable de unificar e integrar al sujeto que nace como un amasijo de emociones desordenadas y sin control racional; es la experiencia positiva de gratificación proporcionada por la figura materna la que hace posible la emergencia de un “self”, cohesivo e integrado, y fundamental para la futura salud psíquica de la persona. Se habla de un “sentimiento oceánico”, símbolo de un infinito vivido de forma inconsciente, que es fuente de la religión, mediante la apertura a la felicidad y al amor.

Pero, esto desemboca en la religión, si se trasmuta en profundidad a través del símbolo paternal, que es más bien dual. Aquí entraría el llamado “complejo edípico”; el padre aparece como elemento de conflicto en la relación madre-hijo, y aparecen sentimientos intensos, agresivos y amorosos, que son superados mediante la aceptación: hay una separación física y psíquica entre madre e hijo, que debe aceptarse para adquirir la propia identidad y autonomía personal.
La aceptación de la ley paterna hiere también los sentimientos de omnipotencia del niño. Eso hará posible el surgimiento de un auténtico yo, capaz de situarse frente a un tú; lo paterno es el símbolo de una ley que hay que afrontar: la de la limitación de la aspiración totalitaria y devastadora del deseo. Somos “separados”, y no obstante el deseo de unión y fusión plenas, esta no será nunca posible. Esta aceptación es clave en la maduración personal.
Así, la instancia paterna, representa en la estructuración del sujeto humano una ley que libera, que le proyecta hacia el futuro, y que promete una felicidad que hay que saber conquistar. Si la figura materna es la impulsora del deseo de Dios, es el símbolo paterno el que le confiere nombre, imagen y configuración.


Esto es un resumen de: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, de Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001.

jueves, 5 de febrero de 2009

Entre signos de interrogación.


"En el refectorio, en vez de leer (por un día, o poco más) están poniendo una de esas cintas litúrgicas, una exhortación grabada en cinta sobre la liturgia, de alguna conferencia o congreso sobre el tema. Es una arenga ensordecedora, que nos atruena a todos los oídos. El material en sí mismo no es malo: el planteamiento normal sobre la teología de los misterios de Cristo en la liturgia; normal, al menos, desde Mediator Dei. Claro que nada más allá o además de Mediator Dei.

Pero ¡el estruendo, el énfasis! Todo se machaca con los dos puños. No lo creería posible, pero así es. Constantemente se recalca con pasión la CU-RUZ (Así se subraya la palabra CRUZ: en dos sílabas y aterrizando con los pies juntos en la segunda.)

Uno de los monjes más viejos se harta y se va del refectorio, dando un portazo. No exactamente virtuoso, pero plenamente comprensible.

¡Pontífices! ¡Pontífices! ¡Somos todos pontífices, arengándonos unos a otros, blandiendo nuestros báculos unos contra otros, dogmatizando, amenazando con anatemas!

Recientemente, en el breviario, tuvimos un santo que, en punto de muerte, se quitó las vestiduras pontificales y se salió de la cama. Murió en el suelo, lo cual está muy bien: pero apenas hay tiempo de sentirse edificado con eso, porque uno está todavía cavilando sobre el hecho de que tuviera vestiduras pontificales en la cama.

Examinemos nuestra conciencia, hermanos: ¿Llevamos la mitra puesta hasta en la cama? Me temo que a veces sí.

Reflexiones tras esta atronadora cinta: simpatía hacia Péguy, hacia Simone Weil, que prefirieron no estar en medio de la página católicamente aprobada y bien censurada, sino sólo en el margen. Y se quedaron ahí como signos de interrogación: poniendo en interrogación no a Cristo, sino a los cristianos".


"Conjeturas de un espectador culpable"

Thomas Merton.

martes, 3 de febrero de 2009

Etty Hillesum: vivir la vida mil veces.


No me canso de leer a Etty Hillesum. Esta mujer insignificante, que dejó un precioso testimonio de la verdadera santidad. La que se confunde con la vida cotidiana, que se forja a base de golpes del destino y muchísima confianza. Su "Diario" me acompaña cuando quiero y necesito escuchar una palabra amiga; una palabra que no me consuele, sino que me despierte.


"El sufrimiento no afecta la dignidad humana. Con esto quiero decir que se puede sufrir con y sin dignidad. La mayoría de la gente de occidente no entiende el arte de sufrir y siente el miedo de mil formas. Eso ya no es vida, tal como la vive la mayoría de la gente:con miedo, resignación, amargura, odio, desesperación. Dios mío, se puede entender perfectamente. Pero cuando se les quita esta vida, tampoco se les quita tanto. Y me pregunto si hay tanta diferencia entre ser devorado aquí por miles de formas de miedo o en Polonia por mil piojos y por el hambre. Hay que aceptar la muerte como una parte de la vida, incluso la muerte más terrible. Pero ¿No vivimos todos los días una vida completa? Y ¿Qué importa entonces si vivimos un par de días más o menos? Estoy todos los días en Polonia, en los campos de batalla, se podría decir. A veces se me impone una visión de venenosos campos verdes de batalla. Estoy con los hambrientos, con los maltratados y moribundos, cada día estoy allí, pero también estoy aquí con el jazmín y el trozo de cielo ante mi ventana, en una sola vida hay espacio para todo. Para creer en Dios y para una ruina miserable.

También hay que tener fuerzas para sufrir en soledad y para no cargar a los demás con los propios miedos y preocupaciones. Eso todavía lo tenemos que aprender. Tendríamos que estar educados para ello, y si no se consigue con ternura, entonces tendrá que ser con severidad. Cuando digo: de una u otra manera he ajusado cuentas con esta vida, eso no es resignación. Toda charlatanería es un malentendido. Cuando a veces digo una cosa así, entonces la otra persona se lo toma de otra manera a como yo lo habría querido. No es ninguna resignación, seguro que no. ¿Qué quiero entonces decir en realidad? A lo mejor esto: como he vivido la vida ya mil veces y también he muerto ya mil veces, ya no puede llegar nada nuevo. ¿Es eso una especie de aburrimiento? No. Es vivir la vida de minuto a minuto mil veces y a ello corresponde dar un lugar al sufrimiento Y el sufrimiento hoy día no exige un lugar insignificante. ¿Importa al fin y al cabo si en un siglo domina la inquisición y, en otro, la guerra, y los pogromos que hacen sufrir a la gente? ¿Sufrir sin sentido, tal como dicen ellos mismos? El sufrimiento siempre ha exigido su lugar y sus derechos. ¿Importa en qué forma aparece? Importa mucho cómo uno lo soporta y si uno sabe ordenarlo en su vida y si, aun así, sabe aceptar la vida".


Etty Hillesum. "Diario".

lunes, 2 de febrero de 2009

Psicología de la religión 2: ¿Por qué creemos?


La psicología no pretende dar respuestas acerca de Dios, ese no es su campo, no puede ni debe hacerlo. Lo que la psicología busca es comprender nuestra respuesta a la fe en Dios. Y, aunque a menudo sus conclusiones son cuestionables e incompletas, nos ayudan a descubrir lo falso, patológico o ambiguo de muchas actitudes religiosas. Como en este blog se busca una experiencia más auténtica de Dios y un conocimiento interior más hondo, desde una espiritualidad liberadora, compartir ideas en torno a la mirada de la psicología sobre el hecho religioso no está de más.


Motivaciones de la experiencia religiosa:

Juega un papel determinante el grupo social específico en el que el sujeto es acogido. La conducta religiosa es un elemento más de los que cada cultura trasmite en los diversos momentos históricos. La conducta, las creencias y experiencias religiosas son simplemente parte de esa cultura que se trasmite regularmente de generación en generación. Ello explica cómo a veces se acepta la religión, pero no se tienen las motivaciones profundas que la sostengan; las conductas no se aprenden si no satisfacen determinadas necesidades.
Otros han intentado comprender la religión como mera respuesta a los refuerzos, positivos o negativos, que socialmente administra la cultura. También que las conducta religiosa supone una respuesta a determinados tipos de frustración que tienen lugar en la vida; se entendería aquí lo religioso como meramente compensatorio. Hay también intereses políticos y económicos en la religiosidad, o puede responder a un deseo de “respetabilidad”. Se ha comprobado el incremento de actividad religiosa en personas que experimentan un grado notable de soledad personal. La privación sexual parece también encontrar compensación en el ámbito de la experiencia religiosa. Las personas acuden a la religión en momentos de debilidad: enfermedad, riesgo, pérdidas, y también en la vejez. La gente se vuelve más religiosa en la medida en que envejece.
La religión también está asociada a los niveles de conflicto. Ella vendría a pacificar y aliviar los combates que el individuo experimenta en su propio interior. No sería ya tanto compensar, sino aquietar o aminorar un conflicto.
Para Freud: los conflictos originados por la tensión existente entre las pulsiones y las prohibiciones del Superyó serían una causa importante para adoptar una creencia y una práctica religiosa. Freud asocia los rituales obsesivos con la práctica religiosa. Papel de la culpa, vínculo entre angustia, culpa y religiosidad.
Las personas religiosas suelen presentar mayores tendencias auto punitivas que las no religiosas, que suelen ser más agresivas. La actividad sexual es menor en las personas con creencias y prácticas religiosas. También se asocian a lo religioso actitudes autoritarias, o de prejuicio racial. Por última, también las necesidades de comprender los enigmas de la realidad pueden conducir a la experiencia religiosa.
Todas estas explicaciones por separado resultan insuficientes, pero en su conjunto ayudan a comprender y explicar muchos aspectos de la experiencia religiosa, de su riqueza y complejidad.

Resumen: ¿por qué mantenemos una conducta religiosa?
Porque nos ayuda a integrarnos socio y culturalmente a nuestro medio particular.
Porque encontramos en esas creencias y prácticas una ayuda para asumir los problemas de la vida.
Porque nos empujan a ello nuestros conflictos internos, conscientes o inconscientes.
Porque hallamos en la fe religiosa un sistema simbólico que nos sitúa convenientemente para elaborar nuestra visión de la vida, nuestra jerarquía de valores y nuestra particular respuesta a los enigmas de la existencia.

LA FE NO RESPONDE A UN INSTINTO BÁSICO, PERO ENCUENTRA EN LAS ESTRUCTURAS PSÍQUICAS HUMANAS UNA BASE INIGUALABLE PARA DESARROLLARSE


(Esto es un resumen: “Experiencias religiosas y ciencias humanas”, de Miguel García Baró, Carlos Domínguez Morano, y Pedro Rodríguez Panizo. Madrid, PPC. 2001).

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.