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viernes, 21 de octubre de 2011

DE LA MANO DE TERESA

Hace más de 20 años leí por vez primera un libro de TERESA, la mujer orante y emprendedora, que recorrió los caminos de Castilla, en el siglo XVI, sembrando comunidades vivas centradas en el seguimiento y la amistad de Cristo. La lectura del “Libro de la Vida” fue un verdadero acontecimiento espiritual para mí, recién converso; con él, aprendí a orar, y descubrí la gratuidad del amor de Dios y de su gracia. Superando progresivamente la dificultad del lenguaje, propio de la época de Teresa, me sumergí en una realidad totalmente nueva para mí, y me encontré caminando en la fe el camino de Cristo de la mano de esta mujer, determinada a superar cualquier obstáculo, para abrazarse al Amor. Teresa se convirtió en mi maestra, en mi madre espiritual y en mi amiga; con ella de la mano llegué al Carmelo, y en la medida en que conocí más y más aquel carisma, fui también conociéndola más a ella, leyendo sus libros, y los de quienes fueron sus discípulos: Juan, Gracian, Teresita, Isabel, Francisco, etc.
En 1998 llegué a Ávila, la ciudad en la que vivió TERESA, y durante un año recorrí sus calles, aspiré sus olores, me llené de imágenes y recuerdos, para sentirle más viva y cercana; fue allí donde dediqué tardes innumerables a leer pacientemente sus escritos, subrayando y anotando el ejemplar de sus obras completas que me acompaña siempre a donde voy. Eran tardes largas, mirando nevar a través de una pequeña ventana, en las que la voz de Teresa, desde lo que ella escribiera, sonaba en mis oídos como un manantial de agua viva. Aquel año fue fundamental en mi camino espiritual, y regresé a mi tierra lleno de entusiasmo para vivir y compartir todo lo aprendido y descubierto en aquel tiempo.
Otra dos experiencias importantes en mi relación con TERESA resultaron mi amistad con un presbítero, párroco de mi pueblo, que me invitó a ver, más de una vez, y debatir, la serie de televisión española, de ocho capítulos, “TERESA de JESÚS”, una verdadera joya, y que luego, a lo largo de estos años, he visto una y otra vez. Hoy mismo, para celebrar en este pequeño refugio donde pasé los últimos meses la memoria de Teresa, he vuelto a ver algunos capítulos, los que narran la historia de la primera fundación teresiana, y el despegue de su actividad fundadora. Y luego, la tercera experiencia importante, fue llevar durante un tiempo un blog dedicado a TERESA y su carisma, desde una visión personal y encarnada; no creo que llegara a ser lo que hubiera querido, pero estoy satisfecho. Tal vez en el futuro vuelva a intentarlo, desde una óptica diferente, porque TERESA será mi maestra y mi compañera de camino, aun cuando yo no sea parte formal de su familia en la Iglesia.
Hoy, 15 de octubre de 2011, he celebrado particularmente mi amistad con TERESA: he rezado su oficio, he celebrado la eucaristía en mi habitación, he repasado las páginas de sus libros, y por supuesto, también me he sentido en comunión con todo el Carmelo Teresiano, mujeres y hombres, los que de muchos modos diferentes se sienten discípulos de esta “mujer fuerte” que nos dejó un legado valiosísimo, el de su experiencia interior y su “determinada determinación” de buscar y buscar, sin rendirse, el rostro auténtico de Dios. De TERESA, amiga y maestra, he aprendido la amistad con Jesús y el deseo de seguirle en libertad; ahora, que me adentro en una nueva etapa del CAMINO, no he de privarme de su sabiduría y su luz, todo lo contrario. Hoy más que nunca ella seguirá siendo maestra, y en cualquier lugar donde levante mi tienda, se hablará de TERESA.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu Teresa, Manuel,que "me enamoró desde que la conocí" como decías en algún blog, es una de las mujeres más admirables y seguibles de la historia de la humanidad.
Todo fuego, todo amor y todo Amor, enorme sufridora, amilanada ante nada en Aquel que la conforta. Incomprendida pero perseverante. Enseñadora para todos los que la hemos buscado en la intimidad de la lectura, de la oración. ¿Quién de nosotros, que tiene las Obras Completas de Teresa, no tiene el libro manoseado y casi desarticulado?. Y esas adorables murallas de Avila parecen encerrar todavía sus suspiros, sus anhelos, su entrega.
En la Eucaristía que celebraste en su día en lo más profundo de tu intimidad, ojalá que hayamos estado presentes tus lectores, en tu oración.
Y donde quiera que pongas la tienda, cuando quiera que la pongas, ella estará contigo susurrándote al oído:
Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda....

Gracias por esta entrada.
Un abrazo
Sol

Anónimo dijo...

Querido Manuel:
Hago mías tus palabras sobre TERESA de JESÚS. También para mi vida, la lectura de sus obras hace más de 30 años, significó un "antes y un después". En mi camino de seguimiento de Cristo esta mujer significó un punto altamente relevante. En sus palabras y en su vida pude vislumbrar una experiencia tan profunda del amor de Dios, un conocimiento intuitivo tan enorme de la Persona de Cristo, que significó para mí un verdadero descubrimiento espiritual de realidades totalmente desconocidas para mí, o más bien, sólo conocidas de modo "intelectual" y fragmentario.
Teresa me sumergió en el mundo de la experiencia de Dios. Y hoy veo que este camino de vuelta a la mística es el único posible para vivir una fe auténtica, una religiosidad que no sea alienante.
Un abrazo,
Graciela Moranchel

San dijo...

Bella reflexión, Manuel. No cabe duda. Lo verdaderamente grande, como en este caso es Teresa, trasciende cualquier tipo de barrera, la que sea. Ella está con los que la admiramos y amamos, más allá de hábitos, órdenes, fronteras y siglos… Estará viva en cualquier mirada que desee verla. El posicionamiento, o lugar desde el que dirijamos esa mirada, es secundario.

Maria del Mar dijo...

Hola manuel, es bello lo que escribes de nuestra amada Teresa.
Para mí, leer a teresa es ver a Cristo a traves de sus ojos y poder encontrar la mirada Amorosa de Jesus, mirada que invade totalmente mi ser.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.