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martes, 4 de octubre de 2011

SANTIDAD, NUEVOS DESAFÍOS

Nuestro tiempo, como otros antes, necesita con urgencia el testimonio de la santidad cristiana, y le urge confrontarse con modelos espirituales que puedan insertarse en la cultura, el saber y la vida moral; el “santo” toca y mueve a la persona, la identifica con un ideal, y le ayuda a pasar de la mera imitación a la recreación propia de lo que admira. El “santo” no impone, sino que propone valores, y no sustituye el esfuerzo moral creativo de cada uno, sino que indica el camino por recorrer y le presenta como posible. Y sobre todo, si el modelo de santidad es “humano” se hace imitable, reproducible, además de admirable. Simone Weil dijo que no era suficiente ser santo, sino alcanzar la santidad que nuestro mundo necesita para ser transformado según el proyecto de Dios, “una nueva clase de santidad” .
1. Nuevas coordenadas: Por eso es tan importante hoy el testimonio de hombres y mujeres creyentes que “hablen” en los acontecimientos concretos de su experiencia vital. El ser humano de estos tiempos, más libre y más osado, asume la invitación a ser santos desde nuevas coordenadas; una buena parte de los cristianos no quiere renunciar a la santidad como meta de su vida de fe, pero al mismo tiempo quiere acceder a esta desde nuevos presupuestos . Desde el pasado siglo muchos hombres y mujeres han puesto sus ojos en algunas figuras espirituales que, estando o no canonizadas, eran testigos de una búsqueda diferente a los patrones habituales y hagiográficos, pero no menos auténticos, de alcanzar la plenitud en Dios. Y la irradiación de estos hombres y mujeres ha iluminado muchos corazones, incluso más allá de las fronteras de la Iglesia. De hecho muchos teólogos y pensadores se han acercado al tema de una manera nueva, actualizando así las motivaciones de los cristianos para buscar la santidad, sin renunciar por ello a los aspectos esenciales que han acompañado esta búsqueda desde el tiempo de los apóstoles .
2. Nueva Teología: Nuestro tiempo es menos racional y está más imbuido en los sentimientos, por eso es más sensible a otro modo de comunicar; se fía menos de lo especulativo, y da más valor a la experiencia concreta. Se intenta recuperar lo que se ha llamado “teología narrativa”, más cercana para muchos al modelo de los evangelios, en la que se revalorizan las vivencias concretas de fe de hombres y mujeres que han seguido a Cristo en lugares y tiempos particulares. El hombre es un “homo viator”, y estar siempre en camino es una experiencia fundamental de nuestra existencia; por eso se intenta hacer confluir teología y vida, teología y espiritualidad , y entre los que el pasado siglo abrieron camino en este sentido están Romano Guardini, Karl Rahner y Von Balthasar . El primero anunciaba la llegada de “santos de este tiempo”, capaces de encarnar las aspiraciones de las nuevas generaciones, y en un estilo más sobrio, insertos en lo cotidiano; los otros insisten en el rostro humano de Dios y su belleza en modelos concretos, de ayer y de hoy .
Es evidente que los modelos particulares de santidad no pueden abarcar la totalidad del misterio de Dios, no son absolutos en ninguna medida, pero son caminos válidos, y más aun, necesarios para llevarnos a desear y sentir esa presencia misteriosa en nuestra vida personal, en la Iglesia y en el mundo. Por eso ha de prestar la teología siempre atención a la biografía de estos hombres y mujeres que, en las más diversas circunstancias de nuestro tiempo, han querido vivir el seguimiento de Cristo, ya sea por los caminos tradicionales de la Iglesia o por nuevos caminos, en los que descubrimos nuevas formas de vivir el evangelio. Estos modelos, es importante señalarlo, viven su búsqueda de santidad, su camino hacia la plenitud en Cristo, en lugares y tiempos concretos. La temporalidad es una dimensión esencial de la santidad, y el presente aparece bajo una nueva luz; no como tiempo que se pierde, sino que se gana, que puede incluso recuperarse. El tiempo humano es santificable y santificador al mismo tiempo; la historia humana se hace historia de salvación, y la cotidianidad una dimensión imprescindible de la progresiva santificación de la existencia.
3. ¿Una santidad nueva?: ¿Es “nueva” esta comprensión de “santidad” que se nos propone? ¿Es una santidad auténtica, cristiana, eclesial? La novedad de esta santidad no está en que sea nueva ella misma, diferente de la que siempre ha propuesto la Iglesia, sino tal vez en que hoy tendríamos que poner la atención en otros aspectos del modelo, o en la forma en lo presentamos, o caer en la cuenta de que el mensaje tiene nuevos destinatarios. La urgencia con que nuestro mundo está necesitando testigos nos obliga a encontrar nuevas formas de presentar la santidad cristiana, nos obliga a presentar modelos que hablen desde experiencias diversas, nos invita a tener en cuenta esos modelos que, sin haber sido aun reconocidos por la Iglesia, están hoy dialogando con el mundo sobre el seguimiento de Cristo .
4. Modelos de santidad: El discurso teológico se vale siempre de modelos, porque ellos, a través de imágenes y analogías, nos permiten acceder al misterio de Dios. A lo largo de la historia del cristianismo esos “modelos”, inspirados en el Modelo Original, que es Cristo, han ido variando, insistiendo en uno u otro aspecto de Jesús y su mensaje, y no siempre interpretando equilibradamente el modelo original. Hay diversos modos de acercamiento y comprensión de la santidad en la historia del cristianismo: a través de estas comprensiones, siempre parciales de la santidad, que a la vez son complementarias, podemos acceder mejor a la totalidad del ideal, y al mismo tiempo entender la dificultad y ambigüedad del asunto que nos ocupa.
Todo lo anterior nos invita a pensar que la santidad puede y debe hacerse más cercana, comprensible y creíble hoy ante los ojos de los cristianos y ante el mundo en ejemplos concretos de hombres y mujeres que durante su vida hicieron de la santidad un propósito constante y real. Si hemos visto que la vida cristiana, como toda vida auténtica, es crecimiento, y que nuestro propio origen y vocación en Dios invitan al seguimiento de Cristo y al discipulado, entonces no es posible pararse, conformarse, aceptar lo mediocre, sino que debemos trabajar por presentar la llamada a la santidad y plenitud de la vida cristiana, y hacerlo de tal modo que nuestra mensaje llegue al ser humano de nuestro tiempo. El indagar en la experiencia de hombres y mujeres concretos, en sus propias búsquedas espirituales, resulta estimulante y nos ayudará para hacer nuestras propias búsquedas, recorrer nuestro propio camino como cristianos, y descubrir algunas claves para buscar y vivir la santidad a la que estamos llamados concretamente hoy en la Iglesia y el Mundo .

Notas:
R. ELLSBERG, Todos los santos. Reflexiones diarias sobre santos, profetas y testigos de nuestro tiempo, México D.F., Lumen, 2001, 402.
Ob. Cit., 24. También, C.P. THOMPSON, Canciones en la noche. Estudio sobre San Juan de la Cruz, Madrid, Trotta, 2002, 46: “Tanto si somos creyentes cristianos o no, preferimos santos humanos y terrenos; el culto barroco a la santidad, con sus milagros y su énfasis macabro en las reliquias, despierta rechazo entre nosotros”.
Como ejemplo sencillo de esos intentos está el libro citado en la nota 36, del que apunta un comentario en la web: “expande nuestra visión de la santidad y nos llama a explorar nuestras propia manera de ser santos”. Este libro intenta, según su autor, explorar una serie de vidas que exceden el canon oficial de los santos con el propósito de ampliar la comprensión de la santidad.
“La desconexión entre la teología de las clases y la santidad real ha causado más daño a la Iglesia que todos los cismas”. S. CASTRO, “Teología de la maduración espiritual”, en: Rev. de Espiritualidad, año 38 (1980), P. 670.
S. DE FIORES, T.GOFFI, A. Guerra (dir), Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Madrid, San Pablo, 2000. Voz: Modelos espirituales, 1281- 1316.
M. SCHNEIDER, Teología como biografía, Bilbao, Desclée de Brower, 2000, 97 p. Texto de mucho interés para fundamentar una nueva visión de la santidad, a partir de una teología más vinculada con la realidad; recuperación del concepto “experiencia” para la teología. También: WEINRICH, H., “Teología narrativa”, en Concilium IX/85(1973), 210-221; METZ, J.B., “Teología como biografía”, en Concilium XII/115 (1976), 209-218;
“El hombre actual, en medio del materialismo y del racionalismo escéptico, no deja de apreciar en el fondo la ejemplaridad religiosa concreta. No la imitará literalmente. Pero advierte que en esos hombres hay una realidad que no deja de interpelar y de invitar. Los tiene que ver reales, humanos, comprometidos con lo humano y, sin embargo, en esto mismo llamando con una luz indefinible a otra dimensión.” L. ARÓSTEGUI, Ob. Cit., 212.

1 comentario:

San dijo...

Una vez más, te felicito por el enfoque con el que abordas la santidad, y agradezco que nos compartas estos fragmentos, Manuel. Son aportaciones muy valiosas para acercarnos, de la mano del corazón y de la razón, a un tema que ha sido demasiadas veces aludido y muy pocas veces bien atendido y entendido.
Y yo diría que no sólo en la santidad hacen falta “novedades”, como dice Simone Weil (profeta y maestra en muchas ideas), sino que además nos hace falta que “lluevan novedades a cántaros” en otros “campos” de nuestra iglesia cristiana católica.
Creo que uno de los primeros, y mayores, obstáculos para acercarse a la santidad, y a la transmisión de cualquier hecho religioso, es fundamentarse en la literalidad, casi fanática a veces, con la que determinada teología, sobre todo la del Magisterio, hace la lectura de las escrituras y de otros textos religiosos. Lo que da lugar a una interpretación distorsionada, al tiempo que genera una absolutización de las imágenes utilizadas, en detrimento de la sustancialidad del mensaje que transmiten. Se hace ideología.
No es posible leer un texto sin tener en cuenta su datación cronológica, y sin tener en cuenta el contexto socio político y cultural que condicionaba a quién lo escribió. Y menos cuando esa interpretación literal de los textos se arroga la posesión de la voluntad divina para imponer conclusiones que fundamentan dogmas, establecen cánones, crean un sistema comunitario piramidal y de categorías, tipifican oficialmente la santidad y, sobre todo, discriminan en función de género a los miembros de la comunidad (masculino y femenino). No se respeta un derecho humano fundamental, pero lo más grave y contradictorio es que no se respeta un valor primordial y radicalmente cristiano. Se veta a la mujer para ser administradora de sacramentos y se le niega su acceso a los órganos de dirección y administración, impidiéndole intervenir en la toma de decisiones y tener voz y voto en la organización. Cambiar todo esto es un nuevo, gran e importantísimo desafío que nos incumbe a todos los que seguimos la memoria subversiva de Jesús de Galilea, a todos los que creemos en el Cristo liberador del Amor. Una forma de contribuir a ese cambio, un comienzo, diría que también un deber moral, es expresarlo pública y libremente. Implicándonos en el reto de comunicar que otra forma de hacer teología es posible, otra forma de experimentar la santidad es posible, otra forma de iglesia y de estar en ella es posible.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.