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martes, 6 de diciembre de 2011

ISAÍAS EN ADVIENTO

Meditaciones a partir de textos del profeta ISAÍAS, para el tiempo de ADVIENTO:

“Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor… De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ve, caminemos a la luz del Señor”.
(Isaías 2, 1-5)


Sión es la colina que domina la ciudad de Jerusalén. En ella se halla el templo, casa de Dios, lugar de culto y signo de su presencia. En visión profética, Isaías contempla esta colina en el momento de la intervención salvífica de Dios al final de los tiempos. Por la presencia de Yahvé en ella, Sión será el centro de la tierra, punto de atracción y cita de todos los pueblos. Desde ella se difunde el conocimiento de Dios, su palabra que ilumina a los hombres y les indica el camino de la salvación. La intervención de Dios inaugura una época de perfecta paz. Los instrumentos de guerra se transforman en aperos de labor.

“Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor. Nos juzgará por apariencia, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre… Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea… porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar”.
(Isaías 11, 1-10)


Este pasaje es un texto mesiánico del Libro del Enmanuel (7-11). El tronco familiar de David parece ya seco, pero Dios va a infundir en él una nueva vida. Brota un retoño, penetrado en plenitud del espíritu, germen de vida y salvación. Con él se inaugura un orden nuevo, una nueva creación. Se renuevan la paz y armonía del paraíso, desaparecen las tensiones y enemistades que hacen que la vieja creación sea un infierno. El hombre recupera la ciencia del Señor, y la nueva situación se extiende al mundo entero.

“Preparará el Señor para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera…y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lagrimas de todos los rostros”
(Isaías 25, 6-10)


Dios, un vez vencidos los enemigos, dispone un banquete abundante e invita a todos los hombres, a quienes les regala la visión de su presencia, quitando el velo que les impedía contemplarlo. Su presencia es fuente de alegría, el llanto y el dolor desaparecen, y hasta la misma muerte es aniquilada.

1 comentario:

San dijo...

Muy buenas estas meditaciones en torno a la palabra de Isaías, Manuel. El profeta del Adviento, de la esperanza. Textos, palabras, que nos convocan a esperar un Misterio de vida, alegría, a confiar en un Dios, el de Jesús, portador de la felicidad y salvación que nacen en nuestra auténtica humanidad. Ojala estemos bien despiertos, vivos, para mirar y ver la belleza de la manifestación humana de ese Misterio.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.