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lunes, 27 de febrero de 2012

FIESTA CRISTIANA

“Aun los momentos más oscuros de la liturgia están llenos de gozo, y el Miércoles de Ceniza, el comienzo del ayuno cuaresmal, es un día de felicidad, una fiesta cristiana. No puede ser de otro modo, ya que forma parte del gran ciclo pascual”.

Thomas Merton
“Tiempos de celebración”, 119.


“En la tradición del platonismo cristiano, por espléndida que sea, la antropología bíblica ha tendido a tomar un matiz griego. Se dice que la verdadera vida del hombre es la vida del alma en cuanto distinta y opuesta a la vida del cuerpo. El ascetismo cristiano llega a verse como la liberación del alma saliendo de una especie de prisión en el cuerpo. Las cosas temporales, pertenecientes al dominio del cuerpo, son malas o en todo caso inferiores a las cosas espirituales en el ámbito del alma y de la eternidad. La vida espiritual del hombre es entonces una retirada desde el tiempo a la eternidad, y eso a su vez implica descuido o desprecio de la corriente vida activa y temporal de cada día. La espiritualidad entonces parece requerir la negación de la realidad diaria y la retirada a un dominio de ángeles y puras esencias, donde acabará por obtenerse una unión con Dios fuera del tiempo y más allá de la contaminación de todo lo que es corporal y temporal.
¿Es esa una auténtica perspectiva cristiana? ¿No es el cristianismo más bien una aceptación humilde y realista de la vida cotidiana y de la voluntad de Dios en espíritu de obediencia y libertad?”

Thomas Merton
“Tiempos de celebración”, 132,133


“La función de la negación de sí mismo es llevarnos a un aumento positivo de energía y vida espirituales. El cristiano muere, no sólo para morir sino para vivir. Y cuando toma su cruz para seguir a Cristo, el cristiano se da cuenta, o al menos cree, que no va a morir a nada más que a la muerte. La cruz es el signo de vida. Es el emparrado sobre el que crece la Viña Mística cuya vida es gozo infinito y cuyas ramas somos nosotros”.

Thomas Merton
“Tiempos de celebración”, 136.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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