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viernes, 27 de abril de 2012

MERTON y MARGIE

Proyección profético-sacerdotal de Thomas Merton (Fragmentos de una conferencia de María Luisa López Laguna, rcm. Universidad de Eichi, Kobe (Japón. La nota más característica de la espiritualidad, e incluso misticismo, de Merton es que pone su acento más hondo en lo humano de la persona; esa es la cantera de donde extrae los materiales que le conducen a su ascenso hacia Dios. Lo mejor de Thomas Merton es su deseo constante de no reservarse ni excluir nada de lo que acontece en su vida: lo más ordinario, lo extraordinario, lo simple, lo ejemplar, lo reprobable... Todo forma los accidentes de ese pan vital, cotidiano (el que Dios nos da con nuestro propio existir) que, como el pan eucarístico, alimenta a la multitud que seguimos al Maestro con hambre y sed. Todo en él fue así sacerdotal y profético. Permítaseme, pues, que arriesgue una lectura “profético-sacerdotal” de una de sus últimas experiencias, que acaeció casi al final de su vida, siendo ya monje "maduro”, y que no ha sido comprendida adecuadamente por algunos lectores de Merton (que han sentido cierta extrañeza o decepción ante este hecho). Un punto muy delicado y que implica cierta madurez en la persona que lo analiza desde fuera. Me refiero a las relaciones afectivas con la enfermera que lo atiende en el hospital durante su operación de la espalda y que para muchos es lo “más escandaloso” de una persona que se suponía tan contemplativa y espiritual como revelaban sus escritos. ¿Qué decir, si además es sacerdote? Tanto los “padres” del Desierto como infinidad de autores espirituales ponen en alerta a las personas espirituales que siguen el camino de la perfección acerca del “demonio de mediodía”, porque cuanto más sincera y decididamente avanzan por el camino de la perfección más posibilidades tienen de toparse con él. Prestando un mínimo de atención a los síntomas psicológicos de las personas de nuestra sociedad al alcanzar esa típica edad, nos daremos cuenta del despliegue que el tal demonio nos muestra en la edad de la madurez .También aquí Merton paga el tributo de “ser un hombre como los demás”. No porque hubiera llegado a la edad del cansancio espiritual, sino precisamente, a nuestro parecer, por desear ir “más allá” en su camino de búsqueda espiritual. Parece incoherente; pero no lo es. No voy a entrar en detalles, ya que con la honradez y sinceridad propias de Merton, todo el asunto está publicado. Lo recoge el Volumen VI de sus Diarios, el titulado Aprendiendo a amar. (No podemos negar que es un detalle magnífico de su coherencia como escritor y como hombre espiritual. Esto pertenece a su vida y quiere que no sea “censurado”. Y porque es parte de su vida, es parte de su “biografía salvífica”: un momento en el que también la gracia se hizo presente, un momento en el que, como Jacob, “luchó duramente” por ver a Dios en medio de un amor humano que, por primera vez en su vida, experimentaba desde lo más profundo de su corazón; y no tanto por conseguir el amor humano o las caricias de una mujer, sino por querer amarla desde lo más profundo de su ser espiritual. Esta es la clave, nos parece, para entender lo que pasaba en su interior, y -¿por qué no?-, la invitación que Dios le hacía a hacer una opción por Él desde una mayor experiencia espiritual, de hombre maduro, de sacerdote. Esta nota es de la autora de este artículo). Continuará...

1 comentario:

Cor Ad Cor dijo...

El amor de pareja es sólo cosa de dos. No se puede ni debe interpretar desde fuera. La versión íntegra del amor de Merton y Margie sólo la conocen ellos dos. Merton hizo público lo que quiso y consideró oportuno dar a conocer. Y no podremos saber nunca lo que opinaría sobre todos los comentarios que se han hecho sobre este tema. Pero lo que me pregunto es ¿a nadie le ha interesado lo que significó y supuso esa ruptura sentimental en la vida de Margie, las consecuencias que pudo tener para ella? Porque aunque el maestro reconocido sea él, Margie posee en Cristo la misma categoría humana que Thomas. Hubiera sido muy interesante conocer la versión de ella.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.