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miércoles, 22 de diciembre de 2010

AL FINAL DEL ADVIENTO...

-I-
Lo primero, el SÍ de Dios al mundo. Lo necesario, lo vital, el SÍ del hombre y del mundo, a través del hombre, a Dios. El hombre es el encargado del mundo, su administrador. Ha de ponerlo todo al servicio de sí mismo, pero no como dueño, sino como quien ha de rendir cuentas, es decir, responsablemente, pues fue creado libre. En el último domingo de Adviento, aparece MARÍA como figura de ese SÍ necesario, liberador, que lo creado ofrece a su Creador. María es la mujer del Adviento, la que se atreve a esperar, más allá de realidades concretas y turbadoras. Me atrevo a decir que ella es la mujer que sueña, la que ofrece un modelo para el "alma" que acepta entrar en una senda de renovación y encuentro con el Otro, el Infinito, el Inconmensurable. Dice San Bernardo que toda la creación aguardaba expectante la respuesta de María. Pero María no es básicamente la figura única, sino la figura integradora de un SÍ progresivo, un SÍ creciente, un SÍ amoroso; es el asentimiento de una Humanidad que es toda ella Cuerpo de Cristo sin saberlo. María es por eso también imagen de la Iglesia, que también ha de trocar el No en SÍ, que ha de descubrirse día tras día llena de Gracia, y permitirle a su Señor que la transforme nuevamente en lo que Él quiere.
Nosotros también esperamos con María, con la Iglesia, con la Humanidad; anhelamos la novedad de Dios.
¿Encontrará lo nuevo espacio en nosotros?

 
-II-
Se trata de ponerse en camino para salir al encuentro de Cristo que viene. Se trata de un DESPERTAR, para que no nos sorprenda lo que está por venir. Se trata de mantenerse en pie ante el Hijo del Hombre. Estas y muchas otras imágenes, bíblicas, nos ayudarán a preparar un lugar en nuestra vida para CRISTO QUE VIENE. Necesitamos ENSANCHAR EL CORAZÓN, deshacernos de trabas, prejuicios, temores, y SOÑAR CON FUERZA.
He pensado que ISAÍAS desde muy lejos en el tiempo soñó a Jesús.
Luego, JUAN BAUTISTA le preparó el camino, hablando cuando nadie quería escuchar.
Finalmente, MARÍA se ofreció a sí misma para la obra final, Y ENTONCES EL VERBO SE HIZO CARNE.

-III-

Nosotros podemos TRABAJAR POR LA ESPERANZA del mismo modo:
-Soñando como Isaías.
-Preparando el camino, como el Bautista.
- Poniendo la "carne" como María.
Entre unos y otros construimos el Reino.
PERO, dice Juan: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron".
DIOS ESTÁ SIEMPRE AHÍ, pero no le vemos. Estamos ciegos, sordos, mudos. Estamos dormidos.
Jesús nos llama a la vida, que brota de nuestra carne bendecida, la que Él bendice. NECESITAMOS LA FE, que mueve montañas. NECESITAMOS LA ESPERANZA, que abre caminos. NECESITAMOS EL AMOR, que, dice el poeta, "convierte en milagro el barro".

1 comentario:

San dijo...

Me sigue gustando esta entrada tanto como cuando la leí por primera vez. Es un boceto estupendo de los pilares del Adviento: sueño, preparación, esperanza, despertar, encuentro, amor…
Precisamente hoy me han entregado un regalo con una tarjeta que llevaba impresa una frase de Suenens alusiva a la espera de la llegada encarnada de Dios: “¡Felices los que tienen la audacia de soñar y están dispuestos a pagar el precio que sea necesario para que ese sueño tome cuerpo en la historia de la humanidad!”.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.