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lunes, 30 de enero de 2012

BAJO EL SIGNO DE ACUARIO 2

“Mis padres llegaron a Prades desde los confines de la Tierra y, aunque llegaron para establecerse, permanecieron allí sólo el tiempo necesario para que yo naciera y pudiera sostenerme sobre mis pequeños pies; y entonces partieron de nuevo. Y continuaron y yo empecé un largo viaje; para los tres, ahora, el camino ha terminado.
Y aunque mi padre vino del otro lado de la Tierra, allende muchos océanos, todas las imágenes de Christchurch, Nueva Zelanda, donde nació, recuerdan los suburbios de Londres, acaso un poco más limpios. Hay más luz en Nueva Zelanda y creo que la gente está más sana.
Mi padre se llamaba Owen Merton. Owen porque la familia de su madre había vivido durante una o dos generaciones en Gales, aunque creo que eran originarios de las Tierras Bajas escocesas. Y el padre de mi padre fue profesor de música, un hombre piadoso que enseñaba en Christ´s College, Christchurch, en la Isla del Sur.
Mi padre poseía mucha energía y era muy independiente. Me contaba cómo era la vida en la tierra de las colinas y en las montañas de la Isla del Sur, en las haciendas de ovejas y en los bosques en donde había estado; y una vez, en que una de las expediciones antárticas pasó por allí, mi padre estuvo a punto de unirse a ella para ir al Polo Sur Habría perecido helado con todos los demás, pues de aquella expedición nadie regresó.
Quiso estudiar arte, pero encontró muchas dificultades en s camino y no le fue fácil convencer a los suyos de que ésa era su verdadera vocación. Pero al fin marchó a Londres y luego a París; en París conoció a mi madre, se casó con ella, y nunca más volvió a Nueva Zelanda”.


(Thomas Merton, “La montaña de los siete círculos”, páginas 11-12, Edhasa 2008)

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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