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miércoles, 2 de abril de 2008

Resurrección.


La piedra que tapa el sepulcro es un símbolo de los obstáculos que bloquean nuestra vida. Muchos conocen la sensación de sentir sobre ellos una piedra que no los deja vivir. Puede ser una carga del pasado, lesiones y heridas que no nos permiten levantarnos y seguir nuestro camino. Pueden ser inhibiciones que nos paralizan. A veces, el futuro pesa como una piedra sobre nuestro corazón. Tenemos miedo de una conferencia, de una prueba, de una operación seria. A veces, son las personas las que nos pesan como piedras. Tienen poder sobre nosotros. Estando cerca de ellas, no podemos siquiera respirar con libertad. Nos cohíben. Nos bloquean. No nos mostramos tal como somos. Nos atemoriza el potente alboroto, el poder destructivo que irradian. Obstaculizan la vida que pugna por brotar en nosotros como una piedra.
Resurrección significa que el ángel desciende del cielo y quita la piedra. Hace rodar el peso que bloquea nuestra vida. Podemos respirar con libertad de nuevo. De pronto, no sentimos más la piedra. El ángel se sienta triunfante encima de la piedra que ha sido desplazada. La piedra se convierte en un símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte. Nos recuerda que nos ha sucedido un milagro, que nuestra tumba se ha abierto y finalmente podemos levantarnos. Probablemente hemos reflexionado sobre el tema e intentado por medio de conversaciones liberarnos de la carga de piedra. Pero nada sirvió. De improviso, un ángel entra en nuestra vida. Y, sin que sepamos cómo, la piedra es retirada y volvemos a sentirnos vivos”.

Anselm Grün.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todos necesitamos experimentar la resurrección de Jesús en nuestra propia vida. Llevamos dentro mil oscuridades y solo llevándolas a la presencia de Cristo, a su luz, pueden ser sanadas y resueltas. Se necesita confiar. Cuando vivimos cada día la fe, Jesús está atuando, está viviendo su nueva vida en nosotros. La Resurrección de Jesús es la luz de cada jornada nuestra.
Enrique.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.