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sábado, 5 de junio de 2010

EL CUERPO DE CRISTO


El año pasado dejé una entrada a propósito de esta fiiesta litúrgica en el blog, y quiero volver a dejarla porque es un buen resumen del espíritu con que la viviré con mi comunidad parroquial este domingo, en el que además un grupo de adultos se acercará por vez primera al sacramento.

Una de las celebraciones litúrgicas anuales de más arraigo popular en los países de tradición católica es sin lugar a dudas el Corpus Christi , o la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Es una fiesta introducida en la Iglesia en un momento particular y bajo condiciones muy concretas, que estimuló la devoción a la Sagrada Forma Eucarística, más allá del momento propiamente celebrativo de la Eucaristía. Durante muchos años gozó de prestigio, y luego del Concilio Vaticano II y las reformas que desde él se propusieron algunos elementos concretos de la festividad perdieron fuerza, lo mismo que la devoción concreta de la Adoración ante el Sagrario, salvo en pequeños ambientes y grupos. Esto sucedió, no por desprecio, sino simplemente porque cambió el modo de mirar y concebir el culto cristiano, porque se centró el interés en el compromiso del discípulo con la realidad y los pobres, y por otras razones, de mayor o menor peso y seriedad.

Una devoción puede ayudar en un momento determinado de la historia de la Iglesia, y luego menguar o desaparecer, al cambiar la sensibilidad o la comprensión del mensaje cristiano; una devoción es siempre relativa frente al absoluto de Dios, y relativa también frente a la vida litúrgica de la Iglesia, centrada en la Eucaristía, celebrada y compartida. Ahora se habla desde Roma de revitalizar esta devoción, recuperar el esplendor de la celebración de la fiesta del Corpus, convocar de nuevo a los fieles a la Adoración ante el Santísimo.

Personalmente me siento tocado por la plenitud del Misterio Eucarístico: una Presencia que convoca, que une, que alimenta, que impulsa. Los cristianos, así aparece ya en el libro de los Hechos de los Apóstoles, se reunían el domingo para escucha la Palabra y partir el Pan. En medio de incontables cambios y transformaciones y durante siglos la Iglesia de Jesús no ha dejado de celebrar la Eucaristía, de apreciar el dón del Pan Vivo. Veo que en mi vida como cristiano, como consagrado y como sacerdote Iglesia y Eucaristía van de la mano, y son centrales. También valoro el hecho de que en los templos católicos de Occidente haya siempre un lugar especial para conservar y venerar el Pan Eucarístico, En la historia de la Iglesia la devoción al Santísimo apareció cuando la mayoría de los fieles se alejo de la comunión; no se sentían dignos a causa de sus pecados, y en lugar de acercarse a la mesa del perdón, se arrodillaron ante el Omnipotente que castiga. No digo que hoy suceda exactamente lo mismo, pero sí que no podemos mirar simplemente al pasado para recuperar una devoción, sino redescubrir el Misterio de una Presencia, que quiere ser fiesta del encuentro, acción de gracias ante Jesús, Señor y Maestro.

5 comentarios:

Manuel dijo...

"La expresión culto eucarístico puede entenderse en dos sentidos: culto al Padre por medio de la celebración eucarística, supremo acto del culto cristiano; y culto al santísimo sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, es decir, reconocimiento y adoración de la presencia eucarística del Señor, presencia definida como verdadera, real y substancial por el concilio de Trento. Ahora bien, este segundo sentido de la expresión culto eucarístico se desglosa también en dos momentos: durante la celebración de la misa y fuera de ella. Esta distinción no supone ruptura ni distanciamiento entre uno y otro momento, pues es en la celebración de la misa donde tiene su origen toda expresión de culto eucarístico.
Misterio eucarístico quiere decir la eucaristía en toda su integridad y amplitud “tanto en la celebración de la misa como en el culto de las sagradas especies”. Pero no siempre se ha tenido en cuenta la unidad y continuidad entre la misa y el culto eucarístico fuera de ella".

Manuel dijo...

"Las manifestaciones del culto eucarístico fuera de la misa, como la exposición del santísimo, las procesiones, la bendición eucarística, los congresos eucarísticos y otras formas de piedad pública y privada, constituyen una práctica propia de la iglesia de occidente, más exactamente de la iglesia católica; y nacieron entre los siglos IX y XII, cuando se produce un tránsito del simbolismo que caracterizaba a la doctrina eucarística de los santos padres, a una nueva corriente más realista y cosificante. Qué significó esto? Pues que se pasó de la consideración de la celebración de la misa en relación directa con el acontecimiento de la muerte del Señor a una atención casi exclusiva de la presencia de Cristo, es decir se perdió de vista la conexión entre la acción litúrgica y el hecho histórico salvífico que la sustenta.
Lo importante pasa a ser la presencia, y el recuerdo de la pasión y muerte se queda en alegoría. La misa se convierte en un acto cada vez más privativo del sacerdote, al que el pueblo asiste para conseguir dones y gracias para vivos y difuntos. La comunión es cada vez más rara e infrecuente. El desconocimiento del latín aísla la liturgia del pueblo, y esta carencia se suple con el DESEO DE VER LA HOSTIA, reforzado por una creciente tendencia afectiva hacia la humanidad de Cristo, propia de este momento histórico. Aquí está el origen de las primeras formas de culto eucarístico: ostensión y elevación de las especies, exposición prolongada del santísimo. La mirada se convierte en un acto de fe y adoración e incluso en un acto de comunión espiritual, pues algunos místicos consideraban que se obtenía idéntico beneficio espiritual que con la comunión sacramental.
A partir de este momento comienza a desarrollarse la piedad eucarística en todas las manifestaciones que hemos conocido y que recuerdan los de más edad. El deseo de CONTEMPLAR LA SAGRADA HOSTIA alcanzó rápida difusión a nivel popular, y cuando un moribundo no podía comulgar le llevaban el sacramento para que pudiera contemplarlo. Empieza a cobrar relieve el rito de la elevación y lo acompañan de campanas, luces y cantos, y se pierde poco a poco el sentido originario de realizar el propio ofrecimiento y la comunión con Cristo en ese momento de la misa.
A partir del siglo XI empieza a hacerse sobre el altar principal la reserva eucarística: sagrarios en forma de paloma, suspendidos o en pequeñas torres, que reciben el nombre de TABERNÁCULO., y poco tiempo después el uso de la lámpara, cuyo cuidado y mantenimiento estaba a cargo de las cofradías.
En 1264 el papa Urbano IV instituye para toda la iglesia la fiesta del Corpus Christi, convirtiéndola en una de las principales solemnidades del año, sobre todo después del concilio de Trento, cuando pasó a ser un signo del catolicismo, frente a la doctrina protestante.
Otras devociones posteriores fueron las CUARENTA HORAS, la Exposición durante la misa, la adoración nocturna o perpetua, que tuvieron una orientación manifiesta de reparación hacia el Señor presente en el sacramento, hecho prisionero por nosotros, humillado y escarnecido por los pecados.
Desde comienzos del siglo XX se apreciaron síntomas de una crisis en el culto eucarístico fuera de la misa (disposiciones y reformas de Pio X y Pio XII), que se consumará después del vaticano II, pero que llevó a la par una mayor comprensión y estimación de la liturgia eucarística".

Manuel dijo...

"Elementos negativos:
Sin afectar la legitimidad de este culto, padecía no obstante de insuficiencias y acentuaciones propias del tiempo en que nació:
1- Posibilidad de convertirse en una realidad desgajada de la celebración eucarística.
2- Justificación autónoma a causa de una teología esencialista y apologética
3- Escasa participación del pueblo en la misa y la comunión sacramental.
4- Devocionismo e individualismo en lugar de nutrirse de las fuentes objetivas de la Palabra de Dios y la Tradición de los Padres de la Iglesia.

El vaticano II impregnó una nueva orientación al culto eucarístico, y nos ofreció unas importantes líneas teológicas a tener en cuenta:
1- El misterio eucarístico es el centro de la liturgia, y por lo mismo, de toda la vida cristiana. Por misterio eucarístico se entiende la eucaristía en la totalidad de sus aspectos, comenzando por la celebración del memorial del Señor. Esta celebración es también el centro de la vida de la iglesia local y universal.
2- La celebración eucarística es el punto de referencia y la clave de comprensión del culto a la eucaristía, es decir, el origen y el fin de todo culto eucarístico. La eucaristía está siempre destinada a la comunión, aunque mientras tanto, pueda recibir la adoración y el culto de los fieles.
3- La conservación de la eucaristía tiene como objeto primario y primordial la administración del viático, y como objeto secundario la distribución de la comunión y la adoración de Cristo, presente en el sacramento. Por tanto, el culto eucarístico debe conducir a una participación más plena y profunda en el misterio pascual, es decir: PARTICIPAR MÄS FRECUENTEMENTE EN LA EUCARISTÏA Y CON MÄS DISPOSICIÓN; y Practicar LA UNIDAD ENTRE EUCARISTIA Y CARIDAD. El culto eucarístico no puede ser ajeno a la vida; debe haber continuidad entre eucaristía y servicio al hermano.
4- Armonizar el culto eucarístico con la estructura pascual, trinitario y celebrativo del año cristiano.
5- Importantes los signos que acompañan al culto litúrgico, para no opacar la centralidad de la misa (exposición debe ser después de la misa, no estar la reserva en el altar mayor, que no sea más solemne la exposición que la misa)".
FIN

San dijo...

Me identifico plenamente con tu visión de la celebración Eucarística. Es muy difícil expresar y argumentar más y mejor a cómo lo haces. Creo, como tú, que adoraciones, exposiciones y procesiones no pueden, no deben, desplazar la esencia radical, nuclear, de la Celebración Eucarística. Quizá deberíamos centrarnos más en vivir la frase “Jesús es pan”, que la de “Este pan es Jesús”.
Dejo un relato de Toni de Mello que creo que escenifica muy bien en lo que puede llegar a convertirse el “fuego”.
“En una tribu primitiva, uno de sus pobladores descubrió un día la manera de hacer fuego. El inventor quiso hacer partícipes a otras tribus de sus ventajas; así que cogió los bártulos y se fue a la tribu más cercana.
Reunió a la comunidad y les explicó la manera de hacer fuego y como se podía utilizar para mejorar la calidad de vida. La gente se quedó admirada al ver aparecer el fuego, como por arte de magia. Todo eran muestras de admiración y agradecimiento. El visitante, les dejó los aperos de hacer fuego y se volvió a su tribu.
Unos años después, volvió por la aldea y les preguntó por las ventajas que habían logrado con la utilización del fuego. Cuando lo vieron llegar, todos mostraban su alegría y le condujeron a una pequeña colina apartada del poblado, donde habían construido una plataforma y en lo más alto habían colocado una preciosa urna, donde habían guardado con devoción los instrumentos de hacer fuego que les había regalado.
Toda la tribu se reunía allí con frecuencia, para adorar e incensar aquellos instrumentos tan valiosos. Pero… ni rastros de fuego en toda la aldea. Su vida seguía exactamente igual que antes. Ninguna ventaja había extraído de sus enseñanzas. Seguían sin atreverse a usar el fuego”.

ines dijo...

Comulgar y quedarse adorando en silencio la Eucaristía expuesta sobre el altar es un carisma dentro de la Iglesia, que tienen algunas congregaciones religiosas, como las Hermanas Misioneras de la Caridad (de la Madre Teresa de Calcuta), las Hermanas Clarisas que son contemplativas y tienen la adoración nocturna en el monasterio, es decir en la clausura, las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús que somos de vida activa y ofrecemos el culto público a todo el que quiera estar un rato en la iglesia en la adoración... y muchas más congregaciones religiosas tienen esta práctica tan linda.

La adoración eucarística y la misión no se separan en estos carismas, son como la "sístole" y la "diástole" del corazón, voy a participar de la Misa y de la adoración eucarística que es como una prolongación de la celebración y en ese rato recibo el amor y la fuerza, la alegría de Cristo para llevarla a los demás, y del encuentro con los demás llevo a la adoración el agradecimiento, la súplica, la alabanza por tanto bien recibido a través de mis hermanos.
La gracia que nos da la Eucaristía es superabundantísima
para poder ir a la misión, con ánimo renovado, a veces lo notamos otras veces nos cuesta más, pero Dios siempre está derramando su gracia en los que se acercan a estar ante el Misterio de su Presencia Eucarística con fe y confianza.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.