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viernes, 9 de marzo de 2012

FE, OSCURA Y LUMINOSA

En el segundo domingo de Cuaresma de este año leemos el conocido pasaje del sacrificio de Abraham. A propósito de esta historia, leyendo un comentario bíblico, quiero compartir algunas ideas:
1. En este relato es importante distinguir entre el hecho en sí y su significación. Para el autor sagrado lo principal es lo segundo, el hecho en sí es secundario y cobra sentido como vehículo al servicio del mensaje. En tiempos remotos cierta comprensión de lo religioso incluía los sacrificios humanos, lo cual hablaba de los seres humanos y no de Dios.
2. Abraham, llamado padre de la fe, tuvo que pasar por varias pruebas, la primera abandonar su familia, tierra y cultura, sus orígenes, para empezar un camino nuevo. Cuando finalmente Abraham tiene a Isaac, el hijo de la promesa, Dios lo reclama y se lo manda sacrificar. Isaac era para Abraham el hijo de la promesa, además de su hijo muy amado, el hijo nacido de la fe y a través del cual recibió la bendición plena de Dios para cumplir su vocación.
3. Así, Dios, que había pedido a Abraham renunciar a su pasado para cumplir su vocación, le pide ahora renunciar también a su futuro. Así discurren los misteriosos caminos de la vida y de la fe. Dios será padre de naciones cuando sea capaz de renunciar a su paternidad, como luego María de Nazaret se convertirá en madre de la Iglesia perdiendo en la cruz a su propio hijo.
4. El Salmo 115 expresa: “Tenía fe, aun cuando dije: Qué desgraciado soy”. La fe de Abraham y la confianza de Jesús en la cruz son modelos y alicientes en nuestra propia búsqueda de verdad y amor. Los caminos de Dios son a veces complicados y difíciles de entender, pero siempre como dice Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros?”. Eso es la fe, oscura y luminosa al mismo tiempo.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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