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lunes, 30 de junio de 2008

Merton en Alaska.


En 1968, último año de su vida, Thomas Merton viajó como no lo había hecho desde diciembre de 1941, fecha de su ingreso en la orden cisterciense: visitó dos veces California, dos veces nuevo México, Washintong, D.C., Chicago y Alaska. Fue un año clave en la vida de Merton, año de búsqueda ininterrumpida y nuevas experiencias, que no ha sido estudiado todo igual, pues la atención que se ha puesto a su periplo asiático ha eclipsado al resto de los viajes. Lo que él buscaba era un cambio, anhelaba una catarsis, y el 9 de septiembre, dos días antes de abandonar Getsemaní y Kentucky, escribió en su diario:

“Voy con un espíritu totalmente abierto. Espero que sin especiales ilusiones. Mi esperanza es sencillamente gozar de tan largo viaje, aprovecharlo, aprender, cambiar y tal vez encontrar algo o a alguien que me ayude a progresar en mi propia búsqueda espiritual. No parto con un plan preestablecido de no volver ni con la determinación absoluta de volver a toda costa. De hecho, siento que aquí no hay de momento mucho que me atraiga y que, por este motivo, necesito estar abierto a otras múltiples posibilidades nuevas. Espero estarlo. En cualquier caso continúo siendo un monje de Getsemaní. Que vaya o no a terminar mis días aquí es algo que desconozco, ¡Y tal vez no sea importante! ¡Lo verdaderamente decisivo es responder perfectamente a la voluntad de Dios en esta oportunidad providencial, trátese de lo que se trate”.

Durante ese año y esos viajes Merton dio conferencias, dirigió seminarios y retiros, habló y charló acerca de lo que hacía, pero el objetivo fundamental que llevaba era explorar, observar, “seleccionar” lugares que le ofreciesen a él y tal vez a otros monjes, la posibilidad de gozar de mayor soledad, retiro y aislamiento que en Getsemaní, incluso en el Eremitorio, pues el sitio donde Merton vivía en el monasterio ya era demasiado accesible para personas que hacían retiro en la abadía, amigos o visitantes casuales.
Las nuevas disposiciones que asumió un abad recién elegido, diferentes a las que hasta ese momento animaban la vida de Getsemaní, y las del propio Merton, hicieron que estos viajes fueran posibles, aunque siempre tuvo claro (a pesar de los rumores de entonces y de ahora) que no tenía intensiones de abandonar la Orden o de romper sus vínculos con Getsemaní.

Merton emprendió sus viajes con entusiasmo y optimismo juvenil, y llegó a Alaska con mente abierta, aunque su mirada más larga estaba puesta en Asia. Ese entusiasmo tal vez le hizo valorar ciertas cosas en sus viajes ingenuamente y de manera poco crítica. A merton Alaska le gustó, y pensó en la posibilidad de vivir allí.

“No tengo la menor duda de que este es un lugar para la soledad”.

“Pienso que Alaska seria el mejor lugar de Estados Unidos para establecer un eremitorio”.

“Personalmente, no puedo decir con certeza que yo me sienta llamado a vivir aquí como eremita, pero ciertamente creo que esta es una posibilidad real, que debo tener en cuenta y estudiar mas atentamente, y tal vez tomar una decisión a mi vuelta de Asia”.

“He encontrado suficientes lugares solitarios como para satisfacer las exigencias de cualquier ermitaño hasta el día del juicio. Es muy posible que si vuelvo de Asia, y cuando vuelva, termine instalándome aquí”.


Pero el viaje de Merton a Asia no tuvo regreso. La muerte le sorprendió en Bangkok.

Esta entrada es un resumen, aderezado con ideas propias, de la introducción a “Dos semanas en Alaska”, Editorial Oniro, escrita por Robert E. Daggy

sábado, 28 de junio de 2008

El Diario de Alaska.


“En el año 1968, el mismo de su muerte, Thomas Merton pasó dos semanas en Alaska, como etapa preliminar de su viaje a Oriente. El diario que escribió en este breve pero intenso período resulta, pues, decisivo para conocer y compartir las reflexiones finales del autor, las conclusiones de toda una vida de búsqueda e introspección. Junto con el diario, las cartas escritas por Merton desde Alaska (16) y las ocho conferencias que allí dio constituyen un capítulo fundamental del legado de uno de los grandes maestros espirituales de nuestro tiempo”. (Contraportada del libro editado por ONIRO, 1999)


La editorial Oniro ha publicado varios libros de Thomas Merton en los últimos años, y entre ellos este que ahora comentamos. Para los seguidores de la obra de Merton es un capítulo de sumo interés, y desde el punto de vista espiritual yo resaltaría las conferencias que aparecen en la última parte del volumen, ocho en total, y que responden a los títulos siguientes:

1-Esto es obra de Dios.
2-Oración, personalismo y Espíritu.
3-Construir comunidad bajo el impulso del amor de Dios.
4-Comunidad, política y contemplación.
5- Oración, tradición y experiencia.
6-Oración y conciencia.
7- La vida que une.
8- La oración y la tradición sacerdotal.

En el prefacio del libro, David D. Cooper, apunta: El “Diario de Alaska” es hasta cierto punto algo único dentro de este racimo de escritos tardíos de Merton en forma de diario, debido a que su editor, Robert Daggy, decidió en su momento transcribir fielmente un auténtico cuaderno de notas de trabajo, pues al contrario de lo que sucediera con “Woods, Shore, Desert”, Merton no revisó, ni reelaboró o pulió sus notas de Alaska con vistas a la publicación”.
Este libro, al reunir diversos materiales de un período concreto de la vida de Merton, constituye un registro o resumen de su experiencia en Alaska, y es “testimonio convincente de la extraordinaria versatilidad de Merton”. Aparecen temas diversos y las referencias a las diversas lecturas que hizo entonces, entre las que destaco a Hermann Hess, por ser uno de mis escritores de culto. Para ser un monje, habituado a una vida tranquila y reposada, asumió bastante bien el constante movimiento de aquellos días.

Acaba diciendo el prefacio (y quiero que lean con detenimiento esta parte, que apunta a lo señalado en entradas anteriores respecto a la “humanidad” y precariedad del maestro):
“Tal vez la versatilidad, tal fiemente captada en estas anotaciones ricamente contextualizadas y a la vez fuertemente impresionistas, explique la popularidad y el atractivo de Thomas Merton para un espectro tan amplio de lectores. Esta misma versatilidad podría explicar también las incoherencias y contradicciones de Thomas Merton, que continuan suscitando interés y creando malestar entre quienes crecimos tan cerca de él. Merton habló a un grupo de monjas en Alaska del “complejo temperamento contradictorio”, añadiendo que “del tema podría decirles muchas cosas, porque dicho temperamento es una perfecta descripción de mí mismo”.

Continuaremos en próximas entradas comentando sobre este libro.

jueves, 26 de junio de 2008

Semillas de esperanza 3.


Continuamos compartiendo este artículo de Francisco R. de Pascual, presentado en uno de los Congresos dedicados a Thomas Merton, celebrados en España, y del cual el autor es co-organizador.

"A pesar de sus dudas y su gran sentido crítico, reflejado en sus propios escritos, y de sus aseveraciones sobre la Iglesia y la misma vida monástica de su tiempo, siempre se mantuvo agradecido por su voto de soledad y obediencia. Algunos de sus críticos sostienen con firmeza que Merton estuvo a punto de dejar la iglesia en 1968; pero esto no es cierto, ni estaba en la mente del monje contemplativo. Su inquietud por la apertura a los horizontes que los tiempos y el diálogo cultural e interreligioso imponían a la Iglesia, él lo vivió con intensidad y pasión, pero también con un gran equilibrio. Tenemos suficientes testimonios de ello, máxime en el ya citado Diario de Asia.
Clasificar a Merton es difícil, ciertamente. Estaba muy identificado con la mejor tradición literaria y espiritual del mundo de las religiones, incluida la católica. Sabía muy bien en qué creía y qué merecía la pena o no un buen libro o un excelente artículo. Era un monje muy comprometido con su soledad… estaba llamado absolutamente a la vida contemplativa del monasterio, pero estaba capacitado para hablar sobre las tradiciones cristianas y las tradiciones Zen y otras cuestiones similares, y, además, con una gran cualidad, el que la gente pudiera comprenderlo. Era un gran maestro espiritual y un gran comunicador.
Lo que atrajo la atención sobre Merton de la investigadora Erlinda Paguio siendo estudiante en Filipinas y posteriormente de la Universidad de Louisville, fue la teoría de ese monje innovador sobre la necesidad de descubrir la verdadera espiritualidad en vez de la falsa apariencia externa. Paguio, que trabaja en la oficina de desarrollo de esa universidad y antigua profesora de la misma, ha sido presidenta (2003-2005) de la INTERNATIONAL THOMAS MERTON SOCIETY, y ha pronunciado conferencias en muchos países. Esta sociedad (ITMS) publica el Thomas Merton Seasonal, un revista de erudición sobre los escritos de Merton, y cada dos años celebra conferencias internacionales de estudiosos mertonianos. En esta ocasión ha correspondido a Ávila y el CIEM la organización de un congreso Internacional, aunque en España ya se había producido dos “encuentros nacionales mertonianos”, uno en el 2000 (Abadía cisterciense de Viaceli, Cantabria) y otro en 2002 (Abadía de Cardeña, Burgos). “Hay una gran hambre en el mundo de espiritualidad”, afirma la profesora Paguio, “todos sentimos una necesidad de lo espiritual en nuestras propias vidas. Merton tiene una forma especial de dirigirse a nosotros para que a nuestra vez nos dirijamos hacia esa necesidad. Él nos hace guardar silencio para que podamos escucharnos a nosotros mismos. Merton está muy metido en cada uno de nosotros, facilitándonos el poder llevar una vida auténtica”.
El Abad Thompson dijo que la orientación de Merton por salvar su propia alma le vinculó a las ideas y asuntos de su tiempo: -“No puedes conocer a Dios si no conoces su mundo”, afirma Merton. “Irak, terrorismo -todo lo que afecta a la gente nos afecta a nosotros mismos aquí también. No estamos menos inseguros aquí en la abadía, debido al terrorismo después del 9 de septiembre, que el resto del mundo... Tratamos de suscitar el reino de Dios, y por ello nos preocupa aquello que es preocupación de Dios”.
La vida de Merton y sus escritos es un desarrollo natural de la combinación de su vocación de escritor y monje. Algunos de los fans de los escritos de Merton -especialmente quienes se centran en sus escritos sociales- puedan no entender que la abadía le ayudó a convertirse en escritor y en el hombre que debería ser.
Hart comentó una vez que Merton compartía una gran cualidad con el Presidente John F. Kennedy: -“Pienso que ambos tenían un carisma especial… En el caso de Merton, no puedes llegar a la gente simplemente porque eres un místico o un buen escritor de teología. Tienes que estar apasionadamente interesado por los demás. Creo que ambos tenían eso”.
Como muy bien ha dicho Fernando Beltrán Llavador, asesor del CIEM, en su presentación del libro Thomas Merton. Escritos esenciales:La voz de Merton es no sólo vigente, sino urgente, como ponen de manifiesto sus escritos en torno al misticismo, al diálogo interconfesional y a la paz. ¿Cuál es, en suma, el legado espiritual de Merton para las generaciones que le han seguido y para las venideras? … En la medida en que Merton fue capaz de leer las noticias de su siglo con el ojo interior del amor, en la medida en que supo penetrar el corazón de la complejidad social con sencillez y sin egoísmo, y en tanto se hizo portavoz, con lengua de fuego y corazón herido, de una invitación universal a la santidad (la radical cordura y la fuente de la cordialidad), sus palabras fueron las de un verdadero profeta del siglo XX. Y es que, al decir de Merton, profetizar no es predecir, sino captar la realidad en su momento de suprema expectación y tensión hacia lo nuevo. Esta tensión se descubre no en un entusiasmo hipnótico, sino a la luz de la existencia diaria”.
Final.

miércoles, 25 de junio de 2008

Un hombre de Dios.


El texto que les comparto esta vez, lo he tomado del prólogo al libro “Encuentros con Merton. Reflexiones espirituales”, de Henri Nouwen, y está escrito por John Eude Bamberger, O.C.S.O., Abad del monasterio de Genesee.

“Algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de conocer a Merton en Getsemaní durante mucho tiempo, día a día, del modo en que los monjes se conocen unos a otros: con sencillez, de inmediato, y sin pretensiones. Algunos de nosotros lo conocíamos como un discípulo conoce a su maestro, como un alumno conoce a su profesor, como un médico conoce a su paciente. Lo conocíamos con sus buenos y con sus malos días, en sus mejores momentos y en los peores. Lo sentíamos como a un hermano, porque era un hombre muy querible por su disponibilidad inagotable y desinteresada. Pero por sobre todas las cosas, lo valorábamos por ser un hombre de Dios, con un entusiasmo total e ilimitado por la vida monástica y por las prácticas centrales de contemplación, especialmente el silencio y la soledad. Comprendimos que cuando hablaba con compasión sobre los oprimidos de la tierra, hablaba desde una conciencia alcanzada con la angustia de su propio corazón y con esfuerzo y discernimiento contemplativo. Descubrió que era compasivo porque sabía que había recibido la compasión de Dios. Y finalmente descubrimos que no era su aguda inteligencia la que le permitía discernir los problemas sociológicos y políticos, sino más bien su compasión.
Todo lo que se diga sobre Merton, si se dice de verdad, debe presentar su visión y su trabajo como el fruto del conocimiento de Dios alcanzado por medio de una fe que se hizo vida a través de la contemplación”.

En otro lugar del mismo prólogo, se afirma:

“Aunque el tiempo pasa, Merton sigue teniendo un encanto que atrae a todo tipo de hombres y mujeres con distintas realidades de vida”.

Y es que, como dice Henri Nouwen, en este mismo libro, la compañía espiritual de los escritos de Merton, nos ayudan a encontrar “un fundamento contemplativo para nuestras vidas fragmentadas e inquietas”.

lunes, 23 de junio de 2008

La rueda de la transformación.


“La obra más importante del hombre es él mismo, él en cuanto hombre. Lograr la obra interior será fruto de la maduración humana. Las condiciones precisas para esta maduración son:
1- Desmantelar el pequeño yo orientado en exceso hacia el mundo y asustado ante el sufrimiento.
2- Intuir y desarrollar en sí-mismo el Ser esencial innato.
3- Hacer desaparecer posiciones o estructuras rígidas, así como aquellos hábitos que paralizan el desarrollo.
4- Tomar en serio e integrar aquellas experiencias encaminadas a tomar conciencia de este Ser esencial y de su manifestación.
5- Adoptar un comportamiento firme que Le exprese.

Y por último, todo ello debe estar impregnado de una inquebrantable fidelidad en el seguimiento del camino interior”.

“Al hablar de “practica” o de “ejercicio” en el Camino, se ha de enfocar siempre bajo dos aspectos:
1- Está el ejercicio que uno hace en un momento dado de la jornada. Son, por ejemplo, el ejercicio de respiración justa o el ejercicio de sentarse en silencio practicado media hora por la mañana; ejercitándose en ellos se entra en el soltar, en la unión con el fondo, en la renovación que se hace al margen de los deberes cotidianos.
2- De otra parte está la práctica en la vida cotidiana: a lo largo de cada día, toda acción no tiene sólo un fin externo, por el que se considere únicamente el resultado de la acción con respecto al mundo. Tiene también un sentido interno; es la forma en que se cumple la acción. Es en este sentido interno donde está, para nosotros, la posibilidad de una ventaja en nuestra evolución.

Para aquel que está en Camino, toda acción, toda obra, sea cual fuere la circunstancia, puede ser ocasión que haga girar la rueda de la transformación cumpliendo las cinco etapas: toma de conciencia de las actitudes falsas, soltar, unión con el fondo en un abandono total de sí, acoger y aceptar la imagen esencial, manifestación por medio de la acción justa”.


“Practica del Camino interior”.
Karlfried Graf Dürckheim.
Ediciones Mensajero.

sábado, 21 de junio de 2008

Dejar de ser en Dios.


El maestro de Getsemaní nos da cuenta de la experiencia mística que le aconteció el 25 de octubre de 1947 –y que, como Pascal, conmemora de acuerdo al calendario litúrgico, que ese día celebraba las fiestas de san Bernardo Calvo, San Crispín y san Crispiniano. Merton se congratula de la felicidad sin límites que le produjo haber rendido su mismidad en Dios -de haber dejado de ser en Dios:

“…después de la comunión, durante alrededor de 30 segundos, de repente supe a qué se referían San Bernardo y San Juan de la Cruz cuando hablaban de “amor puro”.
No tiene nada que ver con la paz de Dios que uno puede sentir que lleva en su interior. Uno no descansa porque sencillamente uno ya no es. No importa cuán absorto esté uno en esa paz, todas las funciones y modalidades del ser en las que uno advierte su propia existencia son laboriosas y monótonas y arduas y recuerdan y saben a la esclavitud de Egipto comparadas con ese vacío y esa libertad a través de cuya puerta entré por aquel medio minuto, que me basta ahora para toda una vida, porque implicó una vida completamente nueva. No hay nada con lo que pueda comparar esta experiencia. Podría referirme a ella como a la Nada, pero es que el carecer de todas las cosas y de uno mismo en el aire fresco de aquella felicidad que trasciende todas las modalidades de la existencia implica una libertad infinitamente prolífica.
¿Qué puedo decir acerca de ello? No quisiera construir más murallas en torno a la experiencia no sea que me quede excluido y atrapado fuera de ella para siempre”.

Como todos los místicos, Merton nos asegura que el regreso a la mismidad cotidiana es trágico, ya que la felicidad, y la libertad, última es perder el ser en Dios. Transformar el ser en Dios. En unas palabras que nos persuaden de su agobio sincero, el contemplativo nos explica cómo fue para él volver a su limitada humanidad consciente después de haber saboreado el infinito:

“Enseguida después, volví a un estado en el cual mi propia existencia, mi puro acto de ser, me pareció burdo y laborioso y miserable y ordinario y vil en comparación con la pureza de aquel amor, toda dulzura y todo reposo es intolerable comparado con esta suprema actividad que trasciende todas las formas de existencia.
…Aquello sólo duró medio minuto ¡Qué lástima tener que replegarme otra vez dentro de mí mismo! Sufrir la indignidad de pertenecer al género humano es para mí ahora, en efecto, una indignidad. Sin duda podría argumentar que es un privilegio, pero en estos momentos cualquier razonamiento lo que me produce es dolor de cabeza”.


“Asedios a lo Indecible”.
Luce López-Baralt. Trotta.

El último puesto: Charles de Foucauld.


Charles de Foucauld, nacido en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858, era un noble vizconde. Por sus venas corría sangre noble y acostumbrada al mando. Se formó en una academia militar, llegó a ser oficial del ejército francés, y a la edad de 25 años, se embarcó en lo que entonces era una empresa muy peligrosa: la exploración de Marruecos.
Sin embargo, este soldado y aventurero, y apóstata desde sus años de colegio en Nancy, habiéndose enamorado de Cristo con la fuerza de un San Francisco, buscó en el Evangelio su personalidad, su carácter, su vida.
Es raro encontrar un hombre más apasionadamente empeñado en descubrir los detalles de la vida de Jesús para imitar su actitud, sus gestos y sus intensiones ocultas.
Pues bien: en esta búsqueda amorosa, hecha para encontrar materia de imitación fiel y viva, Charles de Foucauld se asombra sobre todo de una cosa: Jesús es un pobre y un obrero.
Nadie puede contradecir este hecho. El Hijo de Dios, que libremente podía escoger, lo que no ocurre con ningún otro, escogió no sólo una madre y un pueblo, sino una situación social, y quiso ser un asalariado.
Y lo que principalmente conmovió a este noble convertido fue precisamente esta determinación voluntaria de Jesús de perderse en una aldea anónima de Oriente Medio, de anonadarse en la monotonía cotidiana de treinta años de trabajo rudo y miserable, de desaparecer de la sociedad “que cuenta”, para morir en un anonimato total.
Y se puso a buscar apasionadamente las intensiones que guiaron al divino Maestro en la elección de su vida, de toda su vida.
Y no tardó en prorrumpir en aquella exclamación que, en el fondo, será la guía ascética de la vida del gran explorador de Marruecos y del místico sahariano: “Jesús buscó el último puesto de tal manera que puede difícilmente podrá quitárselo nadie”.
Nazaret era el último puesto: el puesto de los pobres, de los anónimos, de los que no cuentan, de la masa de los obreros, de los hombres plegados a las duras exigencias del trabajo por un poco de pan.
El “Santo de Dios” realiza su santidad con una vida no extraordinaria, sino impregnada toda ella de cosas ordinarias, de trabajo, de vida familiar y social, con actividades oscuras y sencillas, compartidas por todos”.


Escritos Esenciales.
Carlo Carreto.

jueves, 19 de junio de 2008

Semillas de esperanza 2.



"Pearson dice que el interés por los escritos de Merton disminuyó por un tiempo después de su muerte, pero volvió a recuperarse a finales de 1970 y ha subido desde los 1980, cuando se publicó la primera gran biografía, la de Michael Mott. El pasado año, añade, los dos empleados que cuidan de los archivos recibieron 2,500 solicitudes sobre materiales y escritos de Merton.
En España ha sucedido paralelamente lo mismo. Desde hace unos años son dos o tres los libros nuevos o reediciones que aparecen de y sobre Merton, son numerosos los artículos publicados –especialmente por la revista CISTERCIUM- , libros traducidos y estudios de investigadores españoles –Fernando Beltrán Llavador (Thomas Merton: La educación del nuevo Adán Americano), Sonia Petisco (La poesía de Thomas Merton: creación, crítica y contemplación), Elvira Rodenas (Thomas Merton: una propuesta de vida interior), Francisco R. de Pascual (Thomas Merton. Escritos esenciales) etc., por sólo citar algunos. Así, pues, la densidad y la complejidad de la obra de Thomas Merton se ponen hoy día de manifiesto a medida que van apareciendo numerosas traducciones, reediciones y compilaciones de sus obras, y la demanda por parte de los lectores exige la aparición de nuevos volúmenes. Tal proliferación de publicaciones ha supuesto nuevas traducciones y revisión de las ya hechas. Si todas ellas son meritorias, las traducciones al castellano hechas en los últimos años se aprovechan de varios factores: mejor conocimiento de la obra global de Thomas Merton, estudios amplios y profundos sobre su obra, interés de las editoriales por ofrecer al lector textos de calidad. Hay que hacer referencia obligada a varias editoriales españolas que se han tomado con profundo interés la difusión de la obra de Merton: Sal Terrae, Oniro, Trotta, Lumen, Paidós Ibérica, Kairós, PPC, Verbo Divino, Desclée de Brouwer, (y nos disculpamos si no mencionamos más). El CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS MÍSTICOS DE ÁVILA publicó en 1997 el volumen Querido lector... Reflexiones sobre mi obra: Prefacios a las traducciones en Oriente y Occidente de las obras de Thomas Merton.
“Merton tenía una de esas mentes universales privilegiadas”, comenta P. Hart. “Tenía interés por todas las cosas de valor –humano y divino”. El Rev. Damien Thompson, actual abad de Getsemaní, es el primer abad desde la muerte de Merton que no lo ha conocido personalmente, pero comentó que siendo sacerdote y trabajando entre los pobres y marginados allá por los años 1960, ya era profundamente consciente de los escritos de Merton sobre temas sociales. “Todo el mundo sabía de Merton en aquel tiempo”, dice Thompson, “aparecía tan real, tan humano…”. Y también añade el Abad de Getsemani que Merton escribió abiertamente sobre sus luchas espirituales. “No tenía miedo de mostrar el lado de su sombra, pues la gente también se identifica con eso”.

El P. James Conner, a quien Merton tuvo como novicio y discípulo en clase, comenta que una de las razones por las que Merton continua siendo relevante es la naturaleza profética de sus escritos, por su variedad teológica y por las incursiones que hizo en los temas sociales y la literatura en general. “De vez en cuando vuelvo a leer sus escritos, y reconozco lo relevantes que son en la actualidad… Si lees lo que dijo sobre temas sociales sobre la justicia racial, la guerra y la no violencia, se ve que es tan actual como cuando escribió en 1960”.
La abierta oposición de Merton a la guerra y a las armas nucleares dio lugar a que el abad general de los Cistercienses, en los años previos al Vaticano II, llamará la atención al monje americano y lo mandará callar por un tiempo. Esa decisión, comentan Hart y Conner comentaron, disgustó a Merton, quien “se molestó y echó humo”; pero hizo honor a su voto de obediencia monástica. Ambientes más bien conservadores, incluyendo algunos católicos tradicionalistas, han tachado a Merton de abrazarse con excesivo entusiasmo a las tradiciones religiosas de Oriente al final de su vida. De hecho el libro más significativo de este viaje hacia Oriente, y hacia su propio interior cristiano y universal, fue el último libro que Merton escribió y no vio publicado: Diario de Asia (Ed. Trotta, 2001). Pero tanto Pearson como Hart afirman sin ambages que un minucioso estudio de los escritos de Merton demuestran que él nunca perdió su fe en la religión católica romana a la que se volvió de joven, apartándose cada vez más de su vida en Inglaterra y, como estudiante de Columbia University, en la Ciudad de Nueva York". (Continuará)
Autor: Francisco R. de Pascual.

miércoles, 18 de junio de 2008

Asedios a lo indecible.


“Vi a Dios tan de cerca que perdí la fe”.
(Egidio de Asís, ca. 1174)

“Cuando el entendimiento va entendiendo, no se va llegando a Dios, sino antes apartando”.
(San Juan de la Cruz, Llama 3, 48)


“Ningún místico ha podido asegurar al mundo más allá de toda duda que ha visto la Realidad última cara a cara, no importa cuán persuasivo sea el símbolo o la imagen literaria bajo la cual haya logrado objetivar su experiencia. Pero los informes que nos han ido ofreciendo los contemplativos extáticos a través de los siglos y de las culturas más diversas han sido dados, como recuerda Evelyn Underhill, con una extraña nota de certeza y de buena fe, y de alguna manera nos convencen que han alcanzado unos niveles de conciencia excepcionales, en los cuales han experimentado la transformación jubilosa en lo que los filósofos llaman el Absoluto y los espirituales Dios.
Aun a pesar de que la experiencia es insondable para la razón humana y trascendente para las capacidades expresivas del lenguaje, los místicos nos aseguran gozosamente una y otra vez que han participado de manera directa del Amor abismal que articula el sentido trascendente del universo: el objeto último del anhelo del hombre, lo único que puede satisfacer su instinto por el Todo, su pasión por la Verdad. La certeza de la unidad armonizante que subyace a la multiplicidad de lo creado no es, sin embargo, susceptible de verificación científica o racional. Para colmo, el místico que logra establecer esta relación consciente con el Absoluto se encuentra ante otro escollo comunicativo insalvable: sabe que la trascendencia lo sobrepasa y a la vez lo incluye, que el contemplador se convierte en lo Contemplado y participa, sorprendentemente, de su Esencia infinita.
Oh quanto e corto il dire, gemía Dante en el cantoXXXIII de su “Paraíso”, aceptando que le era imposible decir algo de aquel Amor que movía el sol y las demás estrellas. Y opta por terminar apresuradamente su Commedia, para quedar a solas con la experiencia abismal. El súbito silencio en el que se ensimisma el poeta florentino es elocuente: la soledad del místico es, como decía, conmovida, María Zambrano, “una soledad sin compañía posible, una soledad sin poros, una soledad incomunicable, que hace que la vida sepa a ceniza”.

Muchos extáticos auténticos han acometido, sin embargo, la empresa imposible de intentar darnos alguna noticia del trance inenarrable que les ha sobrevenido. Sometidos ab initio a la angustia de saber que no les será posible jamás dar cuenta de lo que de veras les ha acontecido, porque es de suyo ininteligible y por lo tanto incomunicable, entreveran su literatura de referencias enigmáticas como el Todo y la Nada, la inmensidad y el vacío, la oscuridad total o la luz increada; o acuden a imágenes paradójicas como el rayo de tiniebla, el mediodía oscuro o la música callada. Lo único que estos espirituales extáticos logran compartir con el lector es su propio sentido de aturdimiento y su asombro irremediable.
Pocos místicos, sin embargo, nos dejan tan nostálgicos como San Juan de la Cruz”.

“Asedios a lo indecible. San Juan de la Cruz canta al éxtasis transformante”
Luce López-Baralt.
Editorial Trotta.
(Cortesía del Reverendo Adolfo Ham)

martes, 17 de junio de 2008

Semillas de esperanza.


Este es un artículo de Francisco R. de Pascual, monje trapense español, gran conocedor de Merton, en el que aparecen muchos datos de interés sobre la vida y la obra de Merton, por lo que he querido compartirles parte de él.


"No hace mucho un corresponsal de prensa del The Courier Journal de Louisville, en Kentucky (USA), difundía en su columna periodística unas notas sobre la vigencia de la obra y vida del monje trapense americano Thomas Merton. En parte nos servimos de ellas para nuestra propia nota.
Thomas Merton murió en Bangkok el 10 de diciembre de 1968. Ingresó en el monasterio a la edad de 26 años, siendo objetor de conciencia y converso al catolicismo. Había viajado a Tailandia para asistir a una conferencia sobre el fomento para el entendimiento entre las religiones de Oriente y Occidente.
Su prematura muerte no ha disminuido en absoluto su influencia como ferviente defensor de la paz, justicia social y al diálogo interreligioso. Su reputación de erudición bien fundamentada y profunda interpretación de la teología le ha merecido la fama de ser uno de los pensadores espirituales de mayor influencia de los tiempos modernos. Tampoco le han faltado, ni le faltan, críticas y censuras a sus obras, especialmente desde los movimientos religiosos más conservadores.
El Hno. Patrick Hart, monje también de Gethsemani, fue nombrado secretario de Merton cuando éste se vio ya metido de lleno en su tarea de escritos y difusor del pensamiento religioso de su tiempo.

Patrick Hart estaba trabajando en un despacho de la Abadía de Nuestra Señora de Getsemaní cuando recibió un aviso del abad dándole noticias procedentes de Tailandia que jamás olvidaría. El mismo cuenta que, cuando entró en la habitación de su Abad, “éste estaba pálido como un fantasma, y recuerdo pensar si el abad estaría… Tomé un asiento, y él me dijo: -Tengo algunas noticias para ti, el Padre Louis ha muerto. Lo dijo tal cual, y yo no me lo podía creer".
Aún ahora, estando los Estados Unidos en la guerra de Irak, Afganistán, etc., el pacifismo de Merton provoca cartas de protesta y correos electrónicos, dice Paul Pearson, director del THOMAS MERTON CENTER, en Bellarmine University (Louisville), donde se guardan los archivos y escritos de Merton. "Hemos recibido cartas amenzantes (este año) de personas que han leído los escritos de Merton sobre la guerra," dice Pearson. "Algunos mensajes son terribles, y he tenido la sensación de que no estaba muy lejos el tiempo en que algunas personas quemaban los libros de Merton estando él en vida”.
La Abadía cisterciense de Gethsemani, conocida por su soledad y la estricta observancia de la disciplina monástica, sus quesos y su “bourbon fudge”, fue donde Merton permaneció casi todos los días de su vida desde 1941. El sentimiento de dolor reinante en la Abadía por su pérdida fue profundo, recuerda el P. James Conner, monje de Gethsemani desde 1949.
Aunque Merton es muy conocido, sobre todo por su autobiografía, publicada en 1948, La Montaña de los siete Círculos, sus hermanos lo recuerdan por su trabajo en la abadía como maestro de novicios, el monje que enseña nuevos monjes, y las charlas semanales que impartía a toda la comunidad o a grupos de la misma.

Pero Merton dejó un legado de miles de cartas y casi cien libros, entre ellos sus famosos Diarios, y cientos de horas de conferencias grabadas, además de manuscritos originales de obras publicadas, dibujos, esbozos y fotografías. En total, el archivo del TMC tiene más de 45,000 documentos. Pearson ha dicho que las obras de Merton han sido publicadas aún más después de su muerte que antes de su muerte. "En el mundo académico existe la idea de que o bien publicas o pereces, pero en el caso de Merton parece todo lo contrario: pereces, entonces publicas”.
Patrick Hart era secretario desde hacía sólo seis semanas cuando Merton falleció. Y supuso que no sería nuevamente asignado para esa función después del funeral: -"Pensé que el trabajo había terminado", comentó. "No tenía idea de que había dejado detrás tanto material. Así que el trabajo continuó por 35 años, y aquí estoy. Nunca me he arrepentido”. Durante todos estos años el Hno. Patrick ha sido responsable de editar, controlar, supervisar y animar publicaciones de Merton y sobre Merton". (Continuará...)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.